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"Nueva economía"… antiguas convulsiones

¿Existe en la realidad una "nueva economía"? Esta noción fue impuesta por el semanario estadounidense Business Week y acompañada por anuncios optimistas acerca del fin de la inflación, el auge ininterrumpido, el reemplazo de la ganancia por crecimiento acelerado, la transformación del cliente en dueño del poder de decisión y de cada individuo en gran capitalista. Ya antes del último derrumbe de valores en Wall Street y de la reaparición de signos inflacionarios en Estados Unidos estas certezas habían dejado de serlo para gobernantes y gobernados en países subdesarrollados. La doctrina económica "neoliberal" era ya contestada en voz alta con argumentos keynesianos y aun más radicales. Pero la abrupta caída de las acciones tecnológicas pusieron en cuestión las bases mismas del "pensamiento único". Luego de haber superado los 5.000 puntos en marzo, el Nasdaq cayó a 3.700, es decir, un 9% menos respecto del comienzo del año. Con todo, la sobrevaluación sigue siendo por demás elevada: + 70% en relación a comienzos de 1999, y + 150% medida desde principios de 1998. Ahora, el temor a nuevos derrumbes ocupa el lugar del optimismo.

Una empresa que comercializa sus productos por Internet; un hombre de negocios que sigue la evolución de la bolsa a través de su teléfono celular; una multinacional que utiliza la red para todo tipo de comunicaciones entre sus filiales, son ilustraciones de ese nuevo paradigma de nuestro tiempo en que -al parecer- se ha convertido la "nueva economía".

Definirla equivale -como lo señalan Bernard Maître y Grégoire Aladjidi1- "a precisar sus tres elementos fundadores: una materia prima, una fuente de energía, un medio de transporte". Así, la información -generalmente bajo forma digital- es la materia prima de la "nueva economía". La energía indispensable para "tratar, transformar, organizar" esa materia prima no es la electricidad, sino "la electrónica, y muy particularmente la industria de los semiconductores". Por último, las "redes digitales, en las cuales Internet juega un papel determinante" constituyen el medio de transporte destinado a vehiculizar la información bajo todas sus formas, incluidas el sonido y la imagen.

Fue en diciembre de 1996 que el concepto de "nueva economía" se impuso al público desde la tapa del semanario estadounidense Business Week, que se extasiaba entonces ante un verdadero milagro: "Desde comienzos de 1995 el mercado ha crecido en un resonante 65%. ¿El mercado se ha vuelto loco? Nada de eso".

Y subrayaba "la emergencia de una nueva economía edificada sobre la base de los mercados globales y la revolución informática. Desde comienzos de los años 80, y de manera acelerada en los últimos años, la economía estadounidense ha iniciado una reestructuración fundamental. Un tercio del crecimiento económico se debe a las inversiones en computadoras y en telecomunicaciones. De Internet a la televisión, nuevas empresas aparecen prácticamente de un día para el otro para aprovechar las tecnologías de vanguardia".

La expresión, que definiría una economía "fluidificada" por las redes electrónicas, se puso de moda. Actualmente designa -más que el auge de las nuevas tecnologías de la información- un verdadero proyecto de sociedad, una economía de los nuevos tiempos, que permitiría terminar con la alternancia de los ciclos de crecimiento y de recesión. Gracias a una productividad sostenida, un verdadero potencial de crecimiento -que combinaría baja inflación y bajo desempleo con tasas récord de inversión y de expansión- provocaría el encadenamiento virtuoso de un "hipercrecimiento" sin precedentes en la historia. Pero, como lo señala Anton Brender en Le Nouvel âge de l"économie américaine2, la expansión récord que registra desde hace diez años la economía estadounidense proviene antes que nada de una hábil estrategia micro-económica, que se despliega en un medio excepcionalmente liberal, cada vez más flexible y desregulado.

A decir de sus admiradores, esta "nueva economía" sin inflación prevé que el crecimiento reemplazará al rédito como concepto central de las empresas. En ella, el cliente tendrá todo el poder, en detrimento del proveedor, y la competencia será universal, fundamentalmente en Internet. La "nueva economía" es global, da prioridad a los objetos inmateriales, como por ejemplo la información, y está fuertemente interconectada. La informática, la mundialización y la flexibilidad serán por lo tanto el núcleo de una tercera revolución industrial: los sistemas en red son capaces de producir en función de las exigencias particulares de cada cliente, aumentando así el mercado potencial.

Esta vulgata se hizo doxa en todos los países industrializados, como lo muestra -entre mil discursos parecidos- esta exposición de Bruno Vanryb, director de la firma francesa BVRP Software: "La nueva economía es más de todo: más finanzas y más Bolsa, más competencia, equipos, crecimiento, servicio, y menos tiempo y distancia. Las empresas de la nueva economía muestran en efecto crecimientos anuales de 200%, 300% y hasta de 600%. En cuanto un producto aparece, al cabo de dos o tres meses surgen los competidores. Más finanzas y más Bolsa: las empresas pueden obtener capitales en la Bolsa y utilizarlos para hacer compras. Es también un acelerador del crecimiento: se puede aumentar más rápidamente la facturación y la presencia en el mercado. Más servicio: si uno vende abonos, hay que satisfacer a los abonados, entonces el modelo económico puede ser puesto en tela de juicio cada mes. Más espíritu de equipo: los empleados representan un verdadero team. Están asociados a la riqueza de la empresa por medio de stock options. Es ese equipo el que desarrolla la empresa, y ya no más un solo directivo. Internet es un booster, un acelerador. La nueva economía existía antes de que apareciera, pero ahora Internet permite a flamantes start-up volverse rápidamente eficaces, a escala mundial"3.

Para Manuel Castells, uno de sus gurús4, la "nueva economía" reestructura el capitalismo y es la culminación de un movimiento lanzado hace veinte años. Las nuevas tecnologías favorecen fundamentalmente la expansión del comercio electrónico, la automatización de las órdenes de producción y de aprovisionamiento, y el uso masivo de subcontratistas. Se trata de una evolución de fondo, acompañada de una reestructuración del mercado laboral. En EE.UU. el atascamiento del mercado del empleo ha sido superado gracias a una política abierta de inmigración, con la importación masiva de trabajadores especializados. "Para consolidar la "nueva economía", a EE.UU. le conviene desarrollar una verdadera política de inmigración que apunte fundamentalmente a los jóvenes que poseen títulos. Estamos viviendo una ocasión única de dar mayor densidad al capital humano de nuestro país", declaró Gary S. Becker, premio Nobel de economía 1992.

Éxito sin rentabilidad

Pero, para sus panegiristas, la "nueva economía" también significa empowerment, una manera de fomentar la iniciativa individual. Así, Castells predice la llegada de un "capitalismo individualizado y descentralizado. Con Internet todas las personas podrán convertirse en capitalistas individuales. El modelo de Silicon Valley prefigura ese movimiento: la mayor parte de la remuneración se efectúa bajo la forma de stock-options, o sea, de partes de la empresa. El empleado se siente más accionista que asalariado. Y si vende su parte, puede luego lanzarse a nuevas inversiones, aún más facilmente teniendo en cuenta que Internet le permite trasladar su dinero on line de una empresa a otra"5.

Muchos se mantienen prudentes respecto de esta nueva revolución industrial. Andrew Shapiro, director de Internet Policy Project, en el Aspen Institute, estigmatiza ese entusiasmo desbordante: "Hay que mirar más allá de los indicadores que los campeones de la nueva economía exhiben afirmando que se trata de una economía postindustrial impulsada por la información. Todo eso es cierto. ¿Provocará eso acaso una prosperidad mundial sin precedentes? (…) Su resultado implica también la creación de un ámbito en el cual el gobierno aparece debilitado, el poder individual crece ínfimamente, y el peso de las empresas -que dictan la legislación y la reglamentación- es gigantesco"6.

El economista André Gauron -que fuera consejero del ministro de economía francés Pierre Bérégovoy- pone énfasis en una dimensión generalmente ocultada en el debate sobre la "nueva economía": "Su principal defecto está en el carácter exclusivamente tecnológico del análisis. Pues, de ese modo, no se ve lo esencial: lo que hay de nuevo en las tecnologías de la información no es la tecnología digital, sino la transformación en mercancías de todo un sector de la actividad humana: la comunicación. El invento del teléfono, de la radio, del disco, de la televisión, había iniciado ese proceso a lo largo del siglo. La novedad no está en su convergencia, sino en la industrialización y en la reducción al estado de mercancía de toda comunicación. Al apoderarse de ella, el mercado se apodera de una relación propiamente humana; extiende su frontera interna y se adueña de un territorio inmenso hasta ahora virgen -o casi- de cualquier relación monetaria"7.

La otra gran crítica que muchos expertos formulan respecto de la "nueva economía" reside en los riesgos que las sociedades que adhieren a ella hacen correr a la economía real. Desde 1997 se ha creado en la Bolsa una verdadera burbuja especulativa respecto de las sociedades de Internet. Lejos aún de ser rentables, registrando a veces pérdidas récord, las mismas muestran sin embargo importantes niveles de valorización en la Bolsa. En la historia económica esta es la primera vez en que, a gran escala, sociedades que cotizan ven sus acciones aumentar a veces más del 100% en pocas semanas, mientras que sus rendimientos económicos son negativos.

"Esas sociedades ofrecen a los inversionistas promesas de ganancias para los años venideros. Todos partimos del principio de que entre ellas se oculta el Microsoft del futuro. Pero no nos engañemos: decenas de empresas van a desaparecer y millones de dólares ahorrados van a hacerse humo" explica un analista de Goldman Sachs. Más aún teniendo en cuenta que -es un hecho comprobado- las clases medias estadounidenses ya no ahorran más y gastan a cuenta de sus ganancias virtuales en la Bolsa. Pero si las cotizaciones cayeran masivamente y por un largo plazo -hipótesis que parece ser admitida desde mediados de marzo último- el actual aumento del consumo en EE.UU. se bloquearía rápidamente. Enfrentadas a sus deudas, las familias pondrían fin a su bulimia consumista, afectando con ello a las economías del resto del mundo industrializado.

La invasión de Internet

Es en ese contexto que, desde el otoño boreal de 1999, muchos economistas se preocupan cada vez más de un posible regreso de la inflación. Ya en tres oportunidades, durante 1999, el presidente de la Reserva Federal estadounidense (FED) Alain Greenspan se vio obligado a subir las tasas de interés para tratar de prevenir cualquier descontrol de los precios. Los riesgos de una patinada aumentan a medida que el crecimiento llega a Europa, Asia y América Latina. Los inversionistas pueden verse tentados de colocar allí sus capitales, lo que provocaría una caída del dólar y alentaría la inflación. Esa es la hipoteca que pesa cada vez más sobre mercados y plazas financieras fragilizados y desestabilizados por la incertidumbre actual sobre el futuro y sobre la fiabilidad de los valores líderes de la "nueva economía".

"Desde un punto de vista bursátil, esta situación no tiene precedentes. De un día para el otro aparecen nuevas start-up cuyas acciones suben vertiginosamente, mientras que dichas empresas han generado muy pocas riquezas. Por lo tanto, también pueden perfectamente desaparecer en pocos meses, lo que no hace más que agravar el clima de inestabilidad de las plazas financieras", señala Catherine Mann, del Instituto de Economías Internacionales, de Washington.

"Pienso que los ciclos económicos siguen existiendo. Si los inversionistas no están preparados para ello, si tienen los ojos clavados en los cambios estructurales, la van a pasar mal", declaraba el 21 de abril de 2000 al diario Le Monde Stephen Roach, jefe de economistas del Banco Morgan Stanley Dean Witter. En su opinión, la transformación de la antigua economía (por oposición a la nueva economía) sigue estando amenazada por una vuelta de la inflación.

Pero, mientras que la insolente buena salud de la economía estadounidense comienza a despertar dudas y a hacer temblar a todas las bolsas mundiales, un estudio de la Asociación Nacional de Economistas de EE.UU. (Nabe), publicado el 19 de abril pasado subraya que las empresas estadounidenses han iniciado efectivamente una profunda mutación de sus estructuras, modelos económicos y estrategias, para responder a la creciente competencia de Internet. El estudio, que abarcó 107 empresas, establece que un 25% de las mismas ya realizaron cambios en la organización interna de sus servicios, y que 19% modificaron radicalmente sus proyectos económicos. Además, 24% de las empresas consultadas ya han reestructurado sus modos de venta y corregido sus procedimientos de comercialización para enfrentar el creciente poder del comercio electrónico. Cerca de un tercio de los empresarios interrogados estiman que Internet los ha hecho "mucho más competitivos", y un 43% opinan que "un poco más". Una empresa de cada cinco utiliza Internet para realizar sus compras y sus ventas, e igual proporción planea hacerlo dentro de poco. Finalmente, algo más de un tercio de las empresas afirma que la red las ayudó a mejorar las cifras de ventas, mientras que el 47% dice que les permitió aumentar el volumen de las mismas. El de 1999 quedará en la historia como el año en que Internet invadió la economía estadounidense. Sin embargo, parece efectivamente estar cumpliéndose el análisis de Kevin Kelly, autor del libro New Rules for the New Economy, (Nuevas reglas para la nueva economía), según el cual ésta no reemplazará a la antigua, sino que se injertará en ella por infiltración progresiva de las capas inferiores.

Pero afloran otros desafíos. El desarrollo de la "nueva economía", cuando se lo mira de cerca, aparece muchas veces como incompatible con la protección de la vida privada. Miles de informaciones concernientes a las personas circulan en la red, son vendidas o intercambiadas, generalmente sin que los interesados lo sepan y sin que los gobiernos se preocupen de verdad. Por último, la velocidad de propagación de la "net-economía" está lejos de ser igual en todo el mundo. Mientras que los países del Norte invierten billones de dólares en infraestructura (fibra óptica, telefonía móvil, generalización de útiles informáticos en las escuelas y en la administración pública, etc.), los del Sur, a falta de créditos, siguen a la rastra. Luego de haber perdido el tren de la revolución industrial, esa región ahora corre el riesgo de perder toda posibilidad de engancharse a la economía mundial.

  1. Bernard Maître y Grégoire Aladjidi, Les business models de la nouvelle économie, Dunod, París, 1999.
  2. Anton Brender, Le Nouvel âge de l"économie américain, Editions Economica, París, 1999.
  3. Forum de l"Expansion, octubre de 1999.
  4. Manuel Castells, La société en réseaux. Le Pouvoir de l´identité-Fin de millénaire, Fayard, París, 1999.
  5. Manuel Castells, "L"Internet crée un nouveau capitalisme", Libération, 5-7-99.
  6. Andrew L. Shapiro, "The Control Revolution: how new technology is putting individuals in charge and changing the world we know", Century Foundation Book, Public Affairs, Nueva York, junio de 1999.
  7. André Gauron, "La nouvelle économie et sa monnaie", Libération, 23-11-99.
Autor/es Akram B. Ellyas, Marc Laimé
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 11 - Mayo 2000
Páginas:4, 5
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Mundialización (Economía), Nueva Economía
Países Estados Unidos