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Resurgimiento de la nación católica

La recuperación por parte de la iglesia Católica de un papel político protagónico parece a priori desproporcionada, vistos los bajos niveles de práctica religiosa de la población. Para empezar a entenderla, es preciso remontarse en la historia y rastrear la evolución de un proyecto de "nación católica" en conflicto con el origen liberal de la constitución de Argentina como nación.

Pocos recuerdan que no siempre el Estado argentino tuvo buenas relaciones con la iglesia católica1. Pareciera que desde siempre ésta fue protagonista de la política, consultora obligada y árbitro en asuntos clave a la que el Estado se sometió sin osar nunca enfrentar, discutir o siquiera molestar. El silencio de los libros de texto y la actitud obsecuente de la mayoría de los gobernantes y políticos han contribuido a conferir a la iglesia un sitial político preponderante, que no se corresponde con la práctica religiosa concreta de la mayor parte de la población, aunque casi todos se declaren creyentes.

Tal vez sea el momento de recordar un momento diferente, fundante del país: en 1884 el gobierno del presidente Julio A. Roca rompió relaciones con el Vaticano, después de expulsar a cuatro obispos y al Nuncio Apostólico, como consecuencia de la violenta reacción eclesial al paquete de medidas secularizadoras que el Estado estaba implementando. El Estado liberal había iniciado un proceso de laicización radical: la subordinación de los tribunales eclesiásticos a los tribunales civiles (eliminación de los fueros) en 1881; el Congreso Pedagógico de 1882; la ley 1420 de enseñanza laica, gratuita y obligatoria de 1884; la ley de Registro Civil de 1884; y finalmente las leyes de Matrimonio Civil y de secularización de los cementerios de 1888. Cuando la iglesia se declaró prácticamente en rebeldía ante estas medidas de modernización, la clase dirigente argentina de entonces, encarnada por Roca, no vaciló: puso al Nuncio en un barco rumbo a Roma y rompió relaciones por varios años con el Vaticano.

Hoy parece increíble que un gobierno desafíe a la iglesia. ¿Qué ha cambiado desde 1884? Para responder a esa pregunta y entender las relaciones entre iglesia y política en Argentina es preciso dar cuenta de procesos que se articulan: en primer lugar el de la iglesia como institución universal y sus relaciones con la iglesia latinoamericana y argentina. En segundo, la iglesia argentina y su relación con la política. Finalmente la coyuntura actual, en la que el desguace del Estado parece prometer a la iglesia la recuperación de espacios que el proceso de laicización del último cuarto del siglo XIX primero y la crisis con el segundo gobierno de Perón después, parecían haberle arrebatado para siempre: la acción social y la educación.

Desde los años ´20, pero más claramente después del golpe militar de 1930, se gesta en la Argentina un nuevo proyecto de país, alternativo al proyecto liberal de la generación del ´80. El contexto histórico es el de una serie de crisis convergentes: la del modelo primario exportador, la industrialización y la urbanización crecientes y, por lo tanto, un nuevo panorama que supone una puesta en primer plano de la cuestión social. Por otra parte, en esos años también entra en crisis un cierto paradigma político-ideológico vinculado con el sistema democrático liberal que venía acompañado por una idea clara de progreso y confianza en la razón. Es a partir de estas nuevas situaciones que se da la génesis de lo que Loris Zanatta ha llamado la "nación católica"2: la convergencia del ejército y la iglesia en la instauración de un nuevo orden autoritario y antiliberal, basado en la incorporación de las masas y que apela a una identidad nacional caracterizada por el catolicismo.

Este nuevo proyecto se plasmará a partir del golpe del 4 de junio de 1943 y se desarrollará, con las transformaciones y ajustes que todo proceso histórico real impone, a partir del ascenso de Juan Perón como protagonista de la política argentina. Es así que se puede ver una suerte de "afinidad electiva" entre este catolicismo nacionalista y el peronismo3, porque si bien a partir de la crisis entre Perón y la iglesia este proyecto se desdibuja, es el movimiento peronista el que altera el papel de la iglesia y su relación entre el Estado y la sociedad civil4. A pesar del conflicto, algunos rasgos comunes persisten y los lazos entre peronismo e iglesia se reconstituyen bastante rápidamente después del golpe de 1955. Más importante aún es que subsiste en la cultura política argentina una impronta fuerte del "pacto fundacional" implícito que fundamentó el proyecto y que le permitió a la iglesia católica ocupar un lugar preferencial en la arena política y en la toma de decisiones.

De hecho se puede pensar que en los primeros tiempos del gobierno de la Revolución Libertadora (1955), en los ensayos neoperonistas posteriores, en la autodenominada Revolución Argentina (1966, sobre todo en sus primeros tiempos) hay intentos de reconstruir el mismo pacto, pero sin la figura de Perón. Finalmente, durante la dictadura militar instaurada en 1976 se puede ver el último intento de definición de una identidad nacional basada en la conjunción catolicismo y autoritarismo militar.

En el negro periodo 1976-1983 la iglesia como conjunto asume un papel de testigo mudo en una interpretación benevolente; de cómplice decidido en una interpretación suspicaz. Ni la política económica neoliberal a ultranza y desindustrializadora; ni las violaciones de los derechos humanos; ni siquiera los asesinatos5 de un obispo, de religiosos y de laicos provocaron reacciones explícitas y contundentes por parte de la jerarquía católica, salvo raras excepciones. La amenaza que significó la protesta social y la inestabilidad política de los años setenta funcionó como aglutinador de los sectores defensores del statu quo. Esto legitimó, a los ojos de la iglesia, una "cruzada" en la que no estaba en cuestión ni el autoritarismo político, ni el liberalismo económico con sus consecuencias disruptivas en el plano social. Nadie resumió mejor esta actitud que el entonces vicario castrense, monseñor Victorio Bonamín, quien poco antes del golpe de Estado de 1976 saludó a los militares "purificados en el Jordán de la sangre para ponerse al frente de todo el país"6.

Históricamente, este protagonismo de la iglesia se retrae en las coyunturas en las que avanza la sociedad civil. Esto es visible por ejemplo en las relaciones entre iglesia y Estado durante el gobierno de Raúl Alfonsín7. Se verifica en los constantes reclamos del episcopado ante los pujos laicizantes del gobierno; en las disputas en torno a la educación durante el desarrollo del Congreso Pedagógico; de la sexualidad (la educación sexual, la contraconcepción, el aborto); la ley de matrimonio civil (el divorcio vincular) y también en cuestiones que apuntan al centro de esa identidad católico-militar, como fueron los juicios a las Juntas de Comandantes, el cuestionamiento de lo actuado por las Fuerzas Armadas de la última dictadura y sus vinculaciones con sectores de la iglesia. Esta actitud contrasta nítidamente con la asumida por los obispos ante el candidato del peronismo en las elecciones de 1989, Carlos Menem.

Iglesia y menemismo

Así como antes de las elecciones de 1946 la iglesia emitió el ya célebre documento que -aunque por la negativa y con algunas reticencias- llamaba a votar por Perón8, en 1989 otro documento convocó a votar candidatos antiabortistas, antidivorcistas y partidarios de la enseñanza libre. Los acercamientos entre el nuevo gobierno y la jerarquía estuvieron representados en dos figuras paradigmáticas: el presidente Carlos Menem y el nuevo arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, Antonio Quarracino. Las relaciones entre la iglesia y el menemismo estarán caracterizadas por un intercambio fluido y mutuamente provechoso: el gobierno conseguirá apoyo y legitimidad y la iglesia se convertirá en interlocutor -y en algunos casos censor- de las políticas gubernamentales referidas a la educación: la incidencia del episcopado en la modificación de los Contenidos Básicos Comunes de la E. G. B., cambiando el término "género" por sexo, "grupo familiar" por familia, etc. y eliminando cualquier posibilidad de educación sexual y toda mención a la teoría de la evolución. La iglesia también arbitró respecto a la sexualidad (es llamativa la posición recalcitrantemente antiabortista del gobierno); a la política hacia los militares (no sólo se propuso como mediadora en el levantamiento carapintada de Seineldín, sino que apoyó y avaló -con honrosas excepciones- las dos tandas de indultos a los procesados por violaciones a los derechos humanos). En este periodo un logro adicional, pero no menor, fue la posibilidad de poseer medios de comunicación.

Sin embargo, la tradición antiliberal de la iglesia católica argentina no impide a su episcopado mantener el silencio y en algunos casos apoyar la aplicación de un plan económico neoliberal. Sólo algunos obispos aislados9 plantean los riesgos del desguace del Estado, de la fe ciega en el mercado y de la exclusión social. El Episcopado, basándose en las últimas encíclicas sociales de Juan Pablo II10, defiende la economía de mercado haciendo de vez en cuando, eso sí, alguna alusión a la necesidad de "humanizar" el sistema. Esta paradoja acompaña la pendularidad del propio Menem, que es también la del liberalismo argentino cuando llega al poder: llevar a cabo una política económica de claro corte neoliberal, pero sostener posiciones antiliberales en cuestiones tan caras al liberalismo original como la vida privada.

En los últimos tres años se ha podido verificar un cierto alejamiento de la jerarquía eclesiástica respecto del gobierno de Menem, sobre todo a partir de la elección de monseñor Estanislao Karlic como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, y un avance en la ocupación de espacios vinculados con la "cuestión social". Desde 1994 la iglesia ha empezado a poner el acento en la crisis económica y sus consecuencias sociales: subempleo, desempleo, pobreza y marginalidad, así como en la desatención del Estado a estos problemas.

La iglesia argentina está recuperando un protagonismo perdido hace décadas; será interesante seguir la evolución de este fenómeno en su articulación con la democracia política y ante el nuevo gobierno electo. A partir de la recomposición de las autoridades del episcopado después de la última reunión de la Conferencia Episcopal Argentina se puede prever que, al menos en el futuro próximo, el nuevo gobierno deberá negociar con una iglesia conducida mayoritariamente por un sector moderado, que defiende la autonomía de la institución. Pero queda también un sector -hasta ahora vinculado al menemismo- resistente y "conservador" en el área de educación11. Un hecho significativo es la elección que, luego de sufrir presiones ante la eventual designación de Graciela Fernández Meijide, hizo el Presidente electo para el ministerio de Educación: Juan Llach, una figura explícitamente vinculada al catolicismo y al neoliberalismo económico, recibida con beneplácito por amplios sectores de la iglesia. En forma paralela, pero quizá convergente en el futuro con el nuevo gobierno nacional (sobre todo si se analiza su actitud represora ante los sucesos sociales de la provincia de Corrientes, de previsible repetición en otros ámbitos), el nuevo gobierno peronista de la provincia de Buenos Aires ensaya sin tapujos la tradicional fórmula del nacional catolicismo, la vieja alianza de la cruz y la espada, esta vez apoyada en las carencias populares de empleo, asistencia y seguridad12.

  1. En esta nota no se hace referencia al catolicismo argentino en general, sino a la Jerarquía Eclesiástica Argentina, a la palabra oficial de la iglesia (ver págs. siguientes, artículo de F. Mallimaci).
  2. L. Zanatta, Del estado liberal a la nación católica. Bernal, UNQui, 1996; Romero, L. A. "Una Nación católica 1880-1946"; en (Ed.) La Argentina en el siglo XX, C. Altamirano, Buenos Aires, Ariel, 1999.
  3. L. Zanatta, Perón y el mito de la nación católica. Iglesia y Ejército en los orígenes del peronismo, 1943- 1946, Buenos Aires, Sudamericana, 1999.
  4. M. L. Caimari, Perón y la iglesia católica. Religión, Estado y sociedad en la Argentina (1943-1955), Buenos Aires, Ariel, 1994.
  5. Los casos más escandalosos fueron el asesinato, encubierto en accidente, del obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli, la masacre de cinco sacerdotes palotinos en Buenos Aires y el secuestro y asesinato de dos monjas francesas. Pero los ejemplos se multiplican. Cabe recordar las denuncias de Adolfo Scilingo respecto de los capellanes de la marina en relación a los "vuelos de la muerte" y las denuncias contra el cura Christian Von Wernich en relación a las violaciones a los derechos humanos. Horacio Verbistky, El vuelo, Planeta, Buenos Aires, 1996.
  6. Homilía del 23-9-75 ante los comandantes en jefe de las tres armas. Emilio Mignone, Iglesia y dictadura, Universidad de Quilmes, Buenos Aires, 1998.
  7. R. Dri, Proceso a la iglesia Argentina. Las relaciones de la Jerarquía Eclesiástica y los gobiernos de Alfonsín y Menem. Buenos Aires, Biblos, 1997.
  8. "Pastoral Colectiva del Venerable Episcopado Argentino sobre los deberes de los cristianos en el momento actual", en Reaba (revista ecclesiástica del arzobispado de Buenos Aires, págs. 705-711), diciembre de 1945.
  9. Los obispos que siempre levantan sus voces son Jorge Novak y Miguel Hesayne y en un tono menor Joaquín Piña, Justo Laguna y Jorge Casaretto. El ejemplo más recordado es el del fallecido Jaime de Nevares.
  10. Ver la Encíclica Centessimus Anno, sobre todo el Capítulo IV "La propiedad privada y el destino universal de los bienes".
  11. La iglesia católica considera tener derecho de veto sobre la designación de los ministros de Educación. La única vez que no fue consultada fue en el caso de Jorge Sábato durante el gobierno de Alfonsín.
  12. Horacio Verbitsky, "Plin caja", Página 12, Buenos Aires, 19-12-99.
Autor/es María Laura Lenci
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 7 - Enero 2000
Páginas:20, 21
Temas Historia, Deuda Externa, Neoliberalismo, Estado (Política), Políticas Locales, Iglesia Católica, Educación
Países Argentina, Vaticano