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Recuadros:

El catolicismo popular

El 18 de diciembre pasado, más de 300 mil personas se reunieron en el Obelisco para celebrar la misa oficiada por el arzobispo de Buenos Aires, que iniciaba así el llamado Jubileo del 2000. Un indicio más de que ante los sectores populares la iglesia ha devenido un importante dador de identidad. Su creciente credibilidad se funda en buena parte en su capacidad de adaptación a las demandas de una época incierta y angustiosa: atención a necesidades básicas, promesa de curaciones, presencia, énfasis puesto en la cuestión social. Todo un porvenir para la caridad.

La crisis del Estado de Bienestar, reducido a su mínima expresión, arrastró consigo a las instituciones "legítimas", como partidos políticos y sindicatos. Pero la llamada "crisis de representatividad" y "de credibilidad" no afecta por igual a todos los actores e instituciones. En esta situación, ¿qué está sucediendo con el catolicismo argentino?1

Una encuesta sobre la confianza de la población en algunas instituciones, realizada por Gallup en marzo de 1997, indicaba que la iglesia católica se posicionaba segunda con el 58% de aprobaciones, después de la escuela pública (63%), entre las instituciones que inspiraban "mucha confianza", mientras que los partidos políticos apenas obtenían un 11%. La misma encuesta, realizada en 1998, indica que la iglesia católica encabeza la lista con el 64% de los votos, seguida de las entidades de bien público sin fines de lucro (58%) y de la escuela pública (56%).

¿Cuál fue el proceso que permitió a la iglesia católica recomponer en poco más de quince años su imagen en la sociedad? En 1983, al finalizar la dictadura militar, aparecía como uno de sus principales cómplices y sufría de un gran descrédito en la sociedad. Su cercanía histórica con el poder militar, su colaboración en la legitimación del terrorismo de Estado y su poca confianza en la democracia eran algunas de las razones centrales de su mala imagen2.

Adhesión e identidad

En Argentina existe un activo y vital "mercado religioso" que ha quebrado el monopolio católico en los sectores populares. Asistimos así a una profunda reestructuración del catolicismo3, de la que los últimos datos muestran algunas tendencias. Un estudio reciente indica que "entre mayo de 1991 y noviembre de 1997 la proporción de quienes se identifican como católicos pasa del 83 al 89% al tiempo que disminuye el de los que se definen como ateos (pasa del 11 al 5%). Del resto de los entrevistados un 4% se declara evangélico, un 1% judío y otro 1% protestante"4. Estos datos pueden también verificarse en el primer trabajo sistemático de fines de los ´90 sobre el mapa actual de las creencias. Los autores estudian el municipio de Quilmes (poco más de 500.000 habitantes), en el conurbano bonaerense (9.000.000 de personas) para conocer cómo se combinan comportamientos y creencias religiosas según sexo, estrato social y pertenencia institucional5. Los resultados son concluyentes: una abrumadora mayoría de la población (93,6%) cree en Dios. El catolicismo sigue siendo la religión mayoritaria (77%). Se percibe un crecimiento del campo evangélico (10,2%), que se eleva al 22% en sectores populares. Sólo el 7,2% de los católicos participa del culto casi siempre, mientras que un 45,1% lo hace de vez en cuando y un 37,8% no participa. En los grupos evangélicos aparece una mayor ligazón entre adhesión y participación. Mientras que sólo el 2,3% de los católicos forma parte de núcleos activos, en el caso de los evangélicos se eleva al 25,1% y sólo el 18,4% no participa en las actividades religiosas. Es decir que para una gran mayoría de los ciudadanos el catolicismo aparece como un gran dador de identidad social y cultural.

Un hecho relevante es que la disonancia con mayor repercusión social ante el discurso del "pensamiento único" neoliberal, por parte de una institución "autorizada o políticamente correcta", proviene de diferentes grupos de la iglesia católica. El cuestionamiento de significativos sectores católicos al "capitalismo salvaje", al "modelo que excluye y destruye a las personas", a "la desocupación que destruye las familias" ha dejado de ser circunstancial o esporádico. Se trata de un proceso que comienza a abarcar al conjunto de las relaciones entre la institución católica y el modelo actual. Podemos citar en el ámbito institucional: las continuas críticas de la Comisión Episcopal de Migraciones a las políticas xenófobas del gobierno y de ciertas empresas contra los llamados "inmigrantes ilegales"6; el pedido de un grupo de obispos de renunciar al aporte estatal al "sostenimiento del culto" (9.900.000 dólares anuales) a fin de aumentar su autonomía y credibilidad; las constantes denuncias del presidente de Caritas en referencia al ofrecimiento de donaciones en dinero a cambio de apoyo a las políticas oficiales; las manifestaciones cotidianas de obispos de todo el país contra el "plan y modelo económico neoliberal"; el acompañamiento de sacerdotes y religiosas en barrios a los reclamos sociales y la formación de nuevas organizaciones7… Por último, las discusiones públicas entre obispos en torno a la candidatura del actual gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires y el rechazo de otros a la utilización de lo religioso con fines partidarios8.

Estos conflictos no nos deben hacer olvidar, sin embargo, las estrechas relaciones que mantuvo el gobierno de Carlos Menem con el Vaticano, con el apoyo del Nuncio apostólico en Argentina. En esos años, el gobierno argentino era uno de los pocos de América Latina que votaba junto al Vaticano. Tampoco pueden obviarse las irregulares relaciones económicas entre sectores del gobierno y algunos obispos católicos9, ni los grupos activos con conexiones militares (ver artículo de M.L. Lenci, en pág. 20).

Cinco tipos de catolicismo

Tan importante como la lógica institucional es la de los actores. De allí la importancia de analizar los grupos católicos presentes en los sectores populares. Podemos distinguir allí al menos cinco tipos significativos:

Uno está ligado a la presencia festiva de la religiosidad popular, en el que participan miles de creyentes. Van desde las vírgenes de Luján, de San Nicolás, del Valle, de Itatí, la "Desatanudos", pasando por San Cayetano o el señor de Mailín, hasta las devociones para los inmigrantes de los países vecinos: virgen de Copacabana y de Caacupé.

El segundo es el del sincretismo, el bricolage y el "cuentapropismo religioso" de miles de creyentes que construyen sus propias maneras culturales y sociales de ser católicos. Este catolicismo difuso, en el que se cree sin pertenecer, es la religión de la gran mayoría de los argentinos.

En el tercer tipo hay mayor insistencia en la comunidad emocional y priman las experiencias, como la Renovación Carismática y los "sacerdotes sanadores", donde se destaca la demanda de salud. Este tipo fue cuestionado en sus comienzos, pero hoy goza de apoyo institucional ya que opone una "barrera" al crecimiento de otras expresiones religiosas similares no católicas.

En el cuarto modelo hay mayor relevancia del compromiso social, de organizaciones ligadas a las parroquias con su "solidaridad asistencial". Las respuestas a lo social van acompañadas de denuncias de tipo moral: crecimiento del divorcio y el aborto; el "hedonismo reinante" y la necesidad de afirmar valores católicos, especialmente a partir de las escuelas y colegios propios10.

En el quinto modelo también se insiste en el compromiso solidario, pero desde el fortalecimiento de la sociedad civil y el respeto a la diversidad. Estos grupos están compuestos por numerosas redes, órdenes religiosas y personas insertas en sectores populares discriminados y excluidos. Asumen posturas críticas frente al Estado y el modelo neoliberal, planteando un catolicismo flexible en la identidad y los dogmas e intransigente en la defensa de los derechos humanos y sociales.

Un caso de "continuidad en la renovación" es el de Cáritas, presente en todas las parroquias: a los tradicionales comedores y roperos se han sumado planes de construcción comunitaria de viviendas, cursos de capacitación, microemprendimientos, bolsas de trabajo, proyectos de asistencia técnica, etc. La casi totalidad de la "ayuda social" de origen católico es canalizada por esta organización. La explicación de que Cáritas, hasta hace poco desacreditada por asistencialista, sea hoy uno de los principales referentes de la ayuda social, no hay que buscarla en un cambio interno de la institución, sino en la retirada del Estado y en los cambios en la sociedad civil y política.

Crítica de la modernidad

La importante ayuda social de la iglesia católica viene acompañada de una deslegitimación creciente, tanto a nivel nacional como internacional, de los actuales modelos económicos dominantes y las consecuencias morales de su aplicación. Este discurso antiliberal o anti-neoliberal católico no es nuevo y genera afinidades con grupos y personas críticos o negadores de la modernidad (o mejor, de la llamada posmodernidad), también enfrentadas -aunque desde perspectivas distintas- con el modelo hegemónico de fundamentalismo de mercado. Puesto que en la mayoría de los casos este discurso es acompañado de la denuncia a la clase política como cómplice de las injusticias, es el discurso identitario católico el que se resignifica. Si hasta hace unos años esto colaboraba con el imaginario golpista, hoy genera el aumento en la credibilidad institucional de "virtuosos no contaminados".

El catolicismo se ve obligado a rehacer una nueva identidad. Lo que hoy parece estar legitimado es más una presencia que una doctrina; un estar junto al sufrimiento más que una afirmación dogmática; una profesionalización creciente, dadora de sentido, más que una mirada compasiva; una identidad barrial fortalecedora de la sociedad civil más que una presencia religiosa ¿Cómo, con quiénes y desde dónde será construida otra identidad? Las ofertas de certezas, emociones y pluralidad disputan la hegemonía.

La búsqueda de sentido en sociedades angustiadas e inciertas como las actuales se ha pluralizado y ninguna institución dispone hoy del monopolio. Que la iglesia católica gane confiabilidad y se presente con prácticas y discursos de oposición al modelo económico, al mismo tiempo que se posiciona con dogmas a nivel sexual, familiar, educativo e individual, enseña que la relación entre catolicismo, sociedad y Estado es un proceso abierto, fruto de la dinámica de los distintos actores presentes en un momento histórico determinado.

  1. Existen actualmente 68 circunscripciones eclesiásticas, 105 obispos, 5.238 sacerdotes, 10.823 religiosas, 2.418 parroquias, 100 radioemisoras eclesiales, 10 universidades católicas, 32 editoriales. A estos datos debemos agregar los miles de alumnos en escuelas parroquiales y colegios católicos a nivel de jardín de infantes, primario y secundario. Ver Guía eclesiástica Argentina 1995, Buenos Aires: AICA, 1995.
  2. Emilio Mignone, Iglesia y dictadura: el papel de la iglesia a la luz de sus relaciones con el régimen militar, Buenos Aires, EPN, 1986. Un análisis de estas relaciones en el largo plazo: Fortunato Mallimaci, "Catolicismo y militarismo en Argentina (1930-1983). De la Argentina liberal a la Argentina Católica" en Revista de Ciencias Sociales, Nº 4, Universidad Nacional de Quilmes, 1996.
  3. F. Mallimaci, "Diversidad católica en una sociedad globalizada y excluyente. Una mirada al fin del milenio desde Argentina" en Sociedad y Religión, Nº 14/15, Buenos Aires, 1996
  4. Graciela Romer y Asociados, "Religión y religiosidad. Capital y conurbano bonaerense". Noviembre de 1997.
  5. García-Esquivel-Hadida, Quilmes: creencias y prácticas, Buenos Aires, Eudeba, 1998, en prensa.
  6. Maria Inés Pacecca, "Un preverso circuito de ilegalidad", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur Nº 5, noviembre de 1999.
  7. "Fuertes críticas al plan neoliberal" en El Liberal, Santiago del Estero, 20-8-97, y Documento del Encuentro Sacerdotal reunido en San Antonio de Arredondo, en agosto de 1998.
  8. Solicitada en los diarios argentinos del 20-10-99.
  9. Debemos recordar los aportes al arzobispado de Córdoba del grupo Yabrán y las relaciones del quebrado Banco de la familia Trusso con el arzobispado de Buenos Aires, que llevaron a la detención del sacerdote Toledo.
  10. Este discurso vuelve a cobrar fuerza especialmente con el actual arzobispo de la ciudad de Buenos Aires Jorge Bergoglio, caracterizado históricamente por sus posturas conservadoras y sus relaciones con sectores militaristas. Al mismo tiempo que acompaña los restos del sacerdote tercermundista Carlos Mugica a su nuevo destino en la capilla de la villa de Retiro, pide educación católica en las escuelas públicas y hace saber a la clase dirigente sus prevenciones acerca de sectores políticos con posturas progresistas.

Modernidad incumplida

Paolo Flores d'Arcais, El desafío oscurantista, prólogo de Fernando Savater, Anagrama, Barcelona, 1994, 227 págs. 17 pesos.

El contradictorio papado de Juan Pablo II y su influencia y relación con política y sociedad. El autor reconoce que la democracia realmente existente (así la llama), fue el fruto de luchas sociales -sobre todo obreras y casi siempre encabezadas por socialistas y comunistas- que costaron mucho, pero luego de subrayar que ese espacio se comprime ahora, deja en suspenso cómo se reconquistará lo perdido: "… la respuesta a la completa antítesis de la democracia que es el totalitarismo comunista no puede ser, pura y simplemente, la democracia occidental realmente existente, ya que ésta es la primera en vivir un eclipse. No ya por ser puramente formal, sino porque hasta su carácter jurídico y representativo se está convirtiendo en ficción".

En los capítulos más interesantes (sobre la razón, la aceptación de la idea de finitud y los trascendentalismos y determinismos de izquierdas y de derechas), Flores señala que los valores éticos del espíritu religioso (caridad, piedad, etc.) han procurado a la humanidad más desdichas que beneficios. Es entonces la razón democrática la que debería orientar a los seres humanos más allá del egoísmo.

Ante la evidencia de que la utopía democrática es, hoy por hoy e igual que en 1789, la única alternativa razonable, Flores denuncia el florecimiento de los fundamentalismos ante el desencanto del socialismo que realmente existió y la democracia que realmente existe; en particular la insidiosa confluencia de los integrismos de las tres religiones del Libro: "Es tan común a las tres el diagnóstico como la terapia: declarar la impotencia de la sociedad para resolver sus propios problemas en tanto pretenda el hombre gobernarse con la mera razón".

El análisis sobre la doblez de Juan Pablo II es impecable, del mismo modo que la argumentación para rechazar una posmodernidad vacua y estúpida, expresada quizá mejor que nada por el movimiento de lo "políticamente correcto" en Estados Unidos.

La tesis de Flores es que la premisa de la modernidad, una sociedad de hombres libres e iguales, guiados por la razón y liberados de trascendentalismos ("la confluencia de ciencia y herejía") no se ha cumplido.


Perón y el mito de la nación católica

Loris Zanatta

Iglesia y Ejército en los orígenes del peronismo (1943 - 1946), Sudamericana, Buenos Aires, 1999, 452 págs., 28 pesos.

Se trata de una continuación lógica de la obra del autor1. La "nación católica" -esa conformación ideológica que a partir de 1930 promueve la militarización y confesionalización de la vida política- aparece ahora como "mito" transformado por el desarrollo de la revolución del 4 de junio de 1943, y como tal retomado por Perón en la campaña electoral previa a las elecciones del 24 de febrero de 1946.

A partir de las políticas implementadas por el gobierno de la Revolución, Zanatta ve desplegarse la nación católica, que finalmente parece haber llegado al poder. Pero las distancias entre el proyecto original y los resultados reales se hacen evidentes. Emerge una serie de fenómenos inesperados: las masas, la exacerbación de las disidencias internas en el seno del catolicismo y del Ejército, y finalmente la figura de Perón. En este proceso de encuentros y desencuentros el autor muestra cómo Perón (y el peronismo como movimiento) es percibido ambiguamente por la iglesia: la posibilidad de la colaboración o el riesgo de la competencia entre el peronismo y el modelo de la nación católica, o tal como se plantea en el libro, la ambigüedad de ver a Perón como "Hombre de la Providencia o mal menor". En otros términos, hijo rebelde de la nación católica, pero hijo al fin.

El libro posee una serie de virtudes poco frecuentes: está basado en un universo de fuentes documentales, periodísticas y testimoniales muy amplio; logra una reconstrucción muy precisa de un periodo corto pero de gran densidad de la historia argentina; atiende al juego de continuidades y rupturas entre el proyecto inicial y las formas que va adquiriendo; enfatiza las diferencias dentro del hipotéticamente homogéneo mundo católico; da cuenta de esa lógica difícil y fundamental para entender la historia, que es la lógica de los acontecimientos.

Un libro preciso y necesario para entender los tan vapuleados y tantas veces discutidos orígenes del peronismo.

  1. Loris Zanatta, Del Estado liberal a la nación católica. Iglesia y Ejército en los orígenes del peronismo (1930 - 1943). Bernal, UnQui, 1996.


Autor/es Fortunato Mallimaci
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 7 - Enero 2000
Páginas:24, 25
Traducción María Laura Lenci
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Políticas Locales, Iglesia Católica
Países Estados Unidos, Argentina, Vaticano