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Un nacional-populista para Austria

En el marco del inmovilismo político generado por la alternancia en el gobierno de dos grandes partidos que terminaron aplicando la misma política liberal, el político hábil y voluble que es Jörg Haider captó el voto de jóvenes y obreros presentándose como líder de la única formación política preocupada por las conquistas sociales y los jubilados. Pero no pudo evitar el regreso de los nunca resueltos fantasmas del pasado austríaco pronazi.

Desde que en 1986 asumió la dirección del Partido Liberal (Freiheitliche Partei Österreichs, FPÖ), el líder "nacional-populista"1 Jörg Haider continúa acumulando éxitos electorales. Del 5% de votos obtenidos en los años ´60, el FPÖ pasó -bajo la conducción de Haider- al 16,6% en 1990, al 22,5% en 1994 y al 26,9% el 3-10-99. Al superar por 415 votos a los conservadores del Partido del Pueblo Austríaco (Österreiche Volkspartei, ÖVP), la formación de Haider se convirtió en el segundo partido de Austria. ¿Cómo se explica semejante crecimiento?

Muchos observadores ven en el éxito del FPÖ la expresión de un voto-protesta contra un "sistema" político bloqueado. De hecho, desde comienzos de los años ´50 los socialdemócratas (Sozial-demokratische Partei Österreichs, SPÖ) y los socialcristianos del ÖVP se han repartido los puestos de responsabilidad -políticos, administrativos y económicos- gracias a un dispositivo no reconocido oficialmente pero eficaz, denominado Proporz. Los gobiernos socialdemócratas que rigieron el país entre 1970 y 1983 no modificaron ese modo de funcionamiento. La gestión de los antagonismos sociales, conocida como Sozialpartnerschaft, cuya función es administrar paritariamente todos los aspectos de la vida social, llevó al inmovilismo político. Así es como los sindicatos negocian con las entidades patronales sin apelar al compromiso individual de sus afiliados.

Ese bloqueo de la sociedad se hizo más evidente a partir de 1986, año de inflexión en la historia austríaca contemporánea: por entonces Haider llega a la dirección del FPÖ, los Verdes entran por primera vez al parlamento, y se vuelve a crear una gran coalición SPÖ-ÖVP, que gobernará hasta octubre de 1999. Al ignorar los pedidos de transparencia, desatender los problemas ambientales e imponer programas de austeridad presupuestaria, la coalición se expuso abiertamente a las críticas del FPÖ, y en menor medida a las de los ecologistas.

Pero 1986 fue también el año en que Kurt Waldheim llegó a la presidencia, con lo cual la sociedad austríaca se veía por primera vez enfrentada a una parte de su historia que siempre había negado2. Las protestas internacionales, la creación de comisiones históricas y luego, en 1988, los debates a propósito del cincuentenario del Anschluss3 y de la Noche de Cristal4 contribuyeron a poner en tela de juicio la tesis oficial, defendida desde 1945, según la cual Austria había sido "la primera víctima del nazismo".

Tanto el canciller de entonces, Frantz Vranitzky, como el presidente Waldheim, reconocieron oficialmente que los austríacos habían estado implicados personalmente en los crímenes cometidos en nombre del Tercer Reich. Tal reconocimiento figura también en los documentos que el presidente Thomas Klestil hizo firmar el pasado 3 de febrero al canciller conservador cristiano Wolfgang Schlüssel y a su aliado nacional populista antes de consagrar al nuevo gobierno… Sin embargo, en el seno de la sociedad austríaca continúa prevaleciendo una actitud desenvuelta respecto de la historia. Claro que -contrariamente a ciertas apreciaciones terminantes que suelen oírse- en Austria se realizó efectivamente una tarea de desnazificación, aunque nunca tuvo la resonancia simbólica necesaria5. Aún hoy, los manuales escolares no contienen ninguna explicación seria de ese período.

Sobreprotegidos y blanqueados de sus responsabilidades históricas, los austríacos se muestran naturalmente receptivos a la denuncia del prójimo, omnipresente en el discurso y en las prácticas de los nacional populistas. El recurso a la xenofobia no es nuevo: el pangermanismo y antisemitismo de Georg von Schönerer, al igual que el del alcalde de Viena, Karl Lueger, tanto como el antieslavismo de los nacionalistas alemanes, son elementos esenciales del imperio de los Habsburgo, habitualmente mitificado o reducido al esplendor de la Viena finisecular. También se podría evocar la violencia de la Noche de Cristal, o el difícil -cuando no imposible- regreso a su país de los antifascistas austríacos, que al fin de la guerra eran catalogados de agentes del extranjero. El caso de Waldheim reactivaría entre muchos austríacos ese reflejo de repliegue sobre ellos mismos, reiterado ante las medidas adoptadas por la Unión Europea a raíz de la participación del FPÖ en el gobierno.

Los años ´90, con la caída de la cortina de hierro y las guerras en la ex Yugoslavia, devolvieron a Viena y a las otras ciudades austríacas parte del rostro cosmopolita que tenían antes de 1914. Pero esa súbita presencia de poblaciones alógenas permitió que el discurso de Haider encarnase. El FPÖ y su jefe exacerbaron fácilmente la xenofobia latente difamando a los refugiados y a los turistas pobres de Europa Central y de los Balcanes6. Optaron además por hacer campaña contra la ampliación de la Unión Europea (UE) hacia el Este, afirmando que esa apertura ponía en peligro el mercado laboral y la seguridad de Austria.

Sin embargo, estas explicaciones no son suficientes. Hay que analizar los profundos cambios a los que en pocos años se vio confrontada la sociedad austríaca: la mundialización y el proceso de integración del país a la UE impusieron, entre otras cosas, la privatización de un amplio sector nacionalizado. La integración a Europa fue realizada a un ritmo muy rápido por la coalición SPÖ-ÖVP, sin preocuparse de sus repercusiones en la vida cotidiana de los austríacos.

De manera más general, hay que tener en cuenta que los partidos tradicionales aplican desde fines de los años ´80 una política económica y social neoliberal, en contradicción con sus compromisos iniciales de solidaridad, de asistencia a los pobres y de justicia social. Esto permitió al FPÖ y a Haider presentarse -al menos durante la campaña electoral- como defensores de los jubilados y de las conquistas sociales. El programa de la nueva coalición puede sorprender a los electores, que del discurso nacional populista del FPÖ retuvieron solamente los ataques contra los "viejos partidos" y la denuncia de los "privilegios de los grandes". Esa demagogia resulta aún más rentable para el FPÖ, dado que la imagen de las dos grandes familias políticas en que se reconocen los austríacos se halla desdibujada.

La Iglesia católica, que durante siglos dominó en el país e impuso sus leyes, actualmente debe hacer frente a una descristianización masiva: cada año se alejan de ella oficialmente 40.000 miembros. Además, los obispos designados por Juan Pablo II se oponen a la línea del Concilio Vaticano II seguida hasta ahora, lo que produjo una profunda crisis interna que afecta al conjunto del campo católico.

En cuanto a la socialdemocracia, que durante décadas había tolerado una cierta oposición interna y ofrecido la perspectiva de un futuro mejor, luego de treinta años ininterrumpidos en el poder y de trece años de gestión liberal, ya no entusiasma a nadie. Los partidarios del liberalismo desenfrenado hallaron mejores representantes en otras formaciones. A partir del 3 de febrero, fecha en que se presentó el programa de gobierno de la coalición FPÖ-ÖVP, varias generaciones de austríacos y austríacas descubrieron estupefactos algo que ignoraban: existen dos gestiones del capitalismo, una socialdemócrata y otra ultraliberal. Ese ultraliberalismo es una de las características del Freiheitliche Partei, nombre que literalmente significa Partido Liberal. Fundado en abril de 1956, ese partido difícil de entender nació de la unión de varias formaciones, la más importante de las cuales era la Unión de los Independientes (Verband der Unabhängigen, VdU). Ésta, a su vez, había sido creada en 1949, luego de las primeras leyes de amnistía de 1948 que devolvían sus derechos cívicos a los "menos implicados" de los ex nazis. La gran mayoría de estos fue acogida por el VdU, pero los partidos tradicionales (SPÖ y ÖVP) no les cerraron sus puertas.

El jefe manda

Desde sus orígenes, el FPÖ está atravesado por varias corrientes, que comparten una herencia nacionalista alemana y una filiación liberal. En noviembre de 1997 el partido adoptó un nuevo programa, que borraba las explícitas referencias al pangermanismo y al nazismo, en particular la noción de Volksgemeinschaft (comunidad del pueblo). A partir de entonces proclama un "cristianismo que defiende sus valores". Pero el FPÖ se distingue de los partidos socialcristiano y socialdemócrata en que no es el sucesor de un único partido, sino de varias formaciones muy descentralizadas. Principalmente implantadas en Carintia, en la Alta Austria y en la provincia de Salzburgo, esas formaciones nunca lograron encuadrar a la sociedad en organizaciones de masas, como los socialdemócratas y los socialcristianos. Tal es así que el electorado del FPÖ es fluctuante y que ciertas categorías están sobrerepresentadas en sus filas, como por ejemplo los varones, los protestantes, el electorado descristianizado, la pequeña burguesía y la población urbana, al menos hasta que Haider logró atraer a los obreros y a los jóvenes.

En ese partido, el jefe cumple un papel federador, arbitrando en las luchas de fracciones. Los paladines de la tendencia liberal, que con Norbert Steger participaron del gobierno socialdemócrata entre 1983 y 1986, han perdido toda influencia. Los liberales apegados al respeto de los derechos humanos y del individuo abandonaron el FPÖ en 1983. Jefe del partido desde hace catorce años, Haider amonesta, sanciona y excluye. Así alejó fundamentalmente a los elementos más comprometidos con el neonazismo. Actualmente dispone de un aparato muy reducido pero totalmente a sus órdenes, excepto, quizás, el millonario xenófobo Thomas Prinzhorn, electo vicepresidente del parlamento gracias al apoyo de los socialcristianos.

Cabe preguntarse entonces quién es Jörg Haider, hombre de sorprendentes aptitudes políticas. Nació en 1950, en una familia nazi. Su padre fue militante clandestino del partido nazi en Austria, en la época en que éste estaba prohibido por el régimen austrofascista. Su madre había militado en la organización femenina de las Juventudes Hitlerianas. Haider se movió siempre en el ambiente nacionalista alemán. Afiliado a grupos de esa tendencia, tanto en la escuela secundaria como en la Universidad, entró en la política mayor gracias a Friedrich Peter, un ex-SS que presidía por entonces el FPÖ.

Allí comienza su irresistible ascensión. Haider acostumbraba a hablar pestes de los políticos, cuando él mismo era un puro producto del aparato partidario. En 1968 ya es el responsable de la Juventud Liberal de Alta Austria y de 1972 a 1974 ejerce ese cargo a nivel federal. En 1976 es llamado a Carintia para hacerse cargo del secretariado provincial del FPÖ. Por entonces apoya la línea "nacional" de un partido dividido en un ala liberal y otra nacionalista alemana. Cuando Haider utiliza en esa época el término "nacional", lo hace dando al mismo el sentido de nacional alemán, pues niega la realidad de una nación austríaca, a la que considera un "aborto". Por entonces niega todo derecho a la minoría eslovena de Carintia y a las otras minorías nacionales. En 1979 se convierte en diputado y diez años más tarde, a los 39 años, en gobernador de Carintia, cargo del que será removido en 1991 a causa de su frase, tristemente célebre, sobre la "correcta política de empleo del Tercer Reich".

Haider es el arquetipo del jefe "nacional populista" capaz de abordar cualquier registro: usa y abusa de su carisma, de sus excesos verbales, de sus declaraciones estruendosas y de sus piruetas inesperadas. Se contradice constantemente, como por ejemplo en el tema de la UE. El domingo siguiente a la entrada del FPÖ en el gobierno exigió una investigación parlamentaria, acusando de alta traición al presidente de la República jugando sobre el mito del "complot internacional", caro a la extrema derecha. Una vez cumplido el efecto de semejante anuncio, al día siguiente Haider renunció a su iniciativa.

Después de haber denunciado desde su llegada a la dirección del FPÖ a los "viejos partidos putrefactos", al parlamentarismo y a los extranjeros, durante 1999 cambió de táctica. Sintiéndose más cerca del poder, quiso hacerse salonfähig (presentable) no sólo en Austria, donde su partido gobierna en Carintia y en Vorarlberg gracias a los conservadores cristianos, sino también en Europa. Esto explica las excusas públicas presentadas en noviembre respecto de sus "desafortunadas" declaraciones del pasado.

Como herencia de su época de estudiante, cuando triunfaba en los concursos de elocuencia, Haider posee una curiosa capacidad para adaptar su nivel discursivo según el público. Si por un lado seduce al electorado popular utilizando fórmulas lapidarias, que tienen como blanco a sus adversarios y como objetivo producir hilaridad o lograr la aceptación del elector promedio, por otro puede transformarse instantáneamente en el distinguido Doktor Haider. Sus "humoradas" se permiten todos los excesos, y solo apuntan a destruir -en un momento dado- tal o cual tabú de la sociedad austríaca, ya sea por medio de una tentativa revisionista de rehabilitación del pasado nazi o de una crítica al pacto social. Otra ventaja de Haider es su lenguaje corporal. Sabe moverse bien y combinar el tradicional saco austríaco con el jean, a la inversa de los notables. Si las mujeres se muestran reacias a su discurso y a sus maneras, los hombres se identifican fácilmente con él.

Este hombre que hasta 1995 llamaba "a respetar a los veteranos de las SS", que califica a los rumanos de carteristas, que compara a Europa con un gallinero, que pone al mismo nivel la suerte de los alemanes en los Sudetes y la de los judíos víctimas del nazismo, está al frente del partido con el que los socialcristianos optaron por aliarse el 3 de febrero pasado, en medio del ensordecedor silencio de la Iglesia Católica.

  1. Utilizado muchas veces de manera confusa, el concepto de "populismo" es pertinente con la condición de definirlo con claridad, a partir de cinco criterios: voluntad de borrar las líneas de clase en beneficio de un pueblo mítico o de una dicotomía "grandes/pequeños" ; sistemático recurso a la demagogia y a un discurso simplista; convocatoria directa al pueblo, acompañada de un antiparlamentarismo visceral y de un odio al sistema, a la burocracia y a los intelectuales; denuncia de un complot, que explicaría todas las amenazas que se ciernen sobre el país; nacionalismo. En el caso del "nacional-populismo" hay que agregar la exclusión del otro, que se traduce en la estigmatización del judío o del inmigrante.
  2. Kurt Waldheim fue Secretario General de las Naciones Unidas desde 1972 hasta 1982. Posteriormente fue acusado de haber participado durante la Segunda Guerra Mundial, y con uniforme alemán, en la deportación de judíos y en la represión de los guerrilleros antinazis en los Balcanes.
  3. Anschluss: palabra alemana con que se designa la anexión de Austria por parte de Alemania, impuesta por Adolf Hitler en 1938, pero masivamente aceptada por los austríacos, que duró hasta 1945.
  4. Con el nombre de la Noche de Cristal se conoce la jornada de ataques contra los bienes y las personas judías, organizada por los nazis el 9-11-38 en todo el Reich, incluida Austria.
  5. A partir de agosto de 1945 se instauraron tribunales especiales, que hasta 1953 instruyeron 136.829 causas y condenaron a 13.607 personas. Al respecto, ver, en particular, Claudia Kuretsidis-Haider, Winfried R. Garscha (Hrsg.) Keine "Abrechnung" NS-Verbrechen, Justiz und Gesellschaft in Europa nach 1945. Leipzig-Viena, 1998; Klaus Eisterer, La présence française en Autriche (1945-1946). Occupation, dénazification, action culturelle. Ruán, PUR, 1998.
  6. Ver Pierre Daum, "Xénophobie à l´autrichienne" , Le Monde diplomatique, París, octubre de 1998.
Autor/es Paul Pasteur
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 9 - Marzo 2000
Páginas:6, 7
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ultraderecha, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Derechos Humanos, Estado (Justicia)
Países Alemania (ex RDA y RFA), Austria, Francia, Vaticano, Yugoslavia