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Las bacanales de los empresarios-pillos

Los honorarios e indemnizaciones fuera de toda proporción con que son remunerados los ejecutivos de las grandes empresas no están relacionados con el talento de los beneficiarios, sino con la crisis de un sistema que todo lo corrompe. Las quiebras resonantes y los escándalos financieros que sacudieron al mundo en los últimos años, perjudicaron a accionistas y dejaron en la calle a decenas de miles de empleados, son inseparables de los ingresos obscenos de quienes condujeron esas empresas. La “Ley” es una palabra obscena para ciertos patrones.

Si tuviera que empezar mi vida de nuevo, haría exactamente lo mismo.

Jean-Marie, 5.630.000 euros.

Llevó tiempo, pero no lo lamentamos.

Eric y Pierre, 9.200.000 euros.

Es algo que cae justo, pues yo no estaba dotado para los estudios.

Denis, 3.200.000 euros.

Nuestros lectores pueden estar tranquilos. Al citar estas “declaraciones” –de estudiado populismo– supuestamente pronunciadas por ganadores de la lotería en Francia y estampadas en los omnipresentese afiches publicitarios de los transportes públicos de París, el Dipló no intenta hacer campaña subliminal a favor de la lotería. Además, tomamos la precaución de cambiar las cifras y los nombres: allí donde figuraban “Françoise”, “Jean y Sylvie” y “Vincent” colocamos los de personalidades que no necesitaron comprar un billete para enriquecerse excesivamente en pocos meses.

Un punto en común que tienen esos millonarios en euros es que son ex empleados de Vivendi-Universal (VU) obligados a renunciar en 2002, lo que no los dejó en la miseria: Jean-Marie Messier, ex presidente-director general de la firma, recibió 5.630.000 euros por seis meses de trabajo; Eric Licoys, ex director general, 5.098.000 euros por ir a su despacho durante algo más de ocho meses; Pierre Lescure, ex presidente-director general de Canal Plus, 4.124.000 euros por cuatro meses de asistencia; Denis Olivennes, de Canal Plus, fue despedido en abril de 2002 con un cheque de 3.200.000 euros. En los tres últimos casos, las sumas incluían la indemnización por despido, los famosos “paracaídas dorados”. En el primer caso, el monto no incluye el “super premio” de 20.500.000 euros que el ex “dueño del mundo” se hizo atribuir por un tribunal estadounidense, pero que el tribunal de gran instancia de París acaba de confiscar provisoriamente a requerimiento de la Comisión de Operaciones Bursátiles (COB).

Toda la crema de los negocios participa de esas bacanales de “la plata loca”. Entre sus miembros más eminentes figuran: Philippe Jaffré, despedido de la presidencia de Elf Aquitaine en 1999 con un cheque de 10 millones de euros libres de impuestos y 30 millones de stock-options (opciones sobre acciones); Pierre Bilger, que acaba de abandonar la presidencia de Alstom con 5.100.000 euros; Serge Tchuruk, presidente-director general de Alcatel, quien, no conforme con ganar 1.500.000 euros anuales, se hizo entregar 500.000 stock-options en marzo de 2003, al precio preferencial de 6,70 euros cada una. Cabe recordar que, al contrario de lo que ocurre con la lotería, el beneficiario de un plan de stock-options jamás pierde su apuesta, lo que tiene una explicación: nunca compra las acciones en el mismo momento, sino que espera a que la cotización supere el precio fijado previamente. Entonces, concreta la adquisición de los títulos que le fueron asignados y los vende inmediatamente… embolsando la diferencia. Diferencia que puede ser colosal: 12 millones de euros para Martin Bouygues en 2001; 8.100.000 euros, también en 2001, para Jean-René Fourtou, cuando presidía Aventis, antes de reemplazar a Messier al frente de VU y de darle lecciones de moral. Lo que no le impidió asignarse a sí mismo un salario que en 2003 debería llegar a los 2 millones de euros, y un enorme paquete de stock-options; 5.600.000 euros para Michel Pébereau, presidente-director general de BNP-Paribas, etc.1.

Estos son los personajes que, de manera individual o a través del Movimiento de Empresas de Francia (Medef), cantan permanentemente loas al “riesgo”; que no tienen palabras suficientemente duras para criticar el “corporatismo” de los asalariados; que incitan a realizar “reformas”; que cuestionan los “arcaísmos” (traducción: conquistas sociales); todo ello luego de haberse dotado de férreos dispositivos personales de seguridad financiera: de un lado las stock-options, verdaderas cavernas de Alí Babá para quienes –como ellos– poseen el “ábrete sésamo”; de otro, los “paracaídas dorados”, comparados con los cuales, los regímenes jubilatorios de los funcionarios parecen despreciables arreglos de gente improvisada. Sin embargo, algunos dirán que esas remuneraciones son necesarias para atraer y conservar a los dirigentes empresarios más talentosos…

Veamos un poco más de cerca algunos de esos talentos. Por piedad no insistiremos con Messier y con su equipo, que literalmente hundieron una empresa floreciente. Pero lo de Tchuruk no fue mejor: al cometer el grave error estratégico de centrar las actividades de Alcatel en las telecomunicaciones tres años antes de que estalle la “burbuja” internet, llevó a la firma al borde del abismo, en el cual hizo caer a miles de empleados. Pierre Bilger, por su lado, recibió un cheque de 5.100.000 euros en momentos en que Alstom anunciaba pérdidas por 1.430 millones de euros y 5.000 despidos.

Ni el último empleado de esas firmas se habría mostrado tan incapaz como esos supuestos capitanes de la industria. No hace mucho, a fines de la década de 1990, en pleno auge de la “nueva economía”, cuanto más dinero perdía una empresa, más aumentaba la cotización de sus acciones. La misma lógica vale para las remuneraciones de los patrones de grandes firmas: en 2002, mientras las empresas del CAC 40 (índice bursátil de las 40 principales firmas francesas) perdieron en total 20.100 millones de euros, los sueldos de sus dirigentes aumentaron un 11%.

En esta especie de búsqueda del tesoro, esos dirigentes muestran un cierto “atraso” respecto de sus homólogos anglosajones. Pero pronto los alcanzarán. La remuneración básica promedio (sin contar las numerosas primas) que perciben los patrones de empresas del CAC 40, es de “apenas” 2.070.000 euros anuales. Sus colegas de Estados Unidos percibieron en 2002 una remuneración promedio (salario + primas) de 6.800.000 dólares (algo más de 6 millones de euros)2. Un escalón más abajo, tomando las empresas cuya facturación supera los 1.000 millones de dólares, la remuneración promedio de los máximos directivos fue, en 2002, de 2.500.000 dólares en Estados Unidos, y de 1.600.000 en el Reino Unido3. ¿Durante cuánto tiempo más aceptará el barón Seilliere –presidente del Medef– que las prestigiosas primeras figuras parisienses sean pagadas como un vulgar jefe de una gran PyME? Después de todo, según la ley, nada prohibe un eventual “realineamiento”…

¿La ley? Palabra obscena para todos los responsables patronales. Es cierto que nadie pretende negar los “lamentables” escándalos Enron, WorldCom, Andersen, Tyco, Focal Communications, Global Crosing, Qwest, etc.4, que obligaron al gobierno estadounidense a actuar (a sobreactuar, dicen en el Medef) promulgando en el verano de 2002 la ley Sarbanes-Oxley. ¿Acaso esa ley no prevé, entre otras medidas, que todas las empresas cotizadas en bolsa deben habilitar un número telefónico público y gratuito donde los empleados podrán denunciar de forma (teóricamente) anónima las malversaciones, desvíos de fondos, falsificaciones y demás maniobras contables que pudieran observar5? ¿Y qué decir de Eliot Spitzer, ese fiscal general del Estado de Nueva York, que decide aplicar una multa colectiva récord (1.400 millones de dólares) al establishment financiero de Wall Street (Citigroup, Crédit Suisse, First Boston, Lehman Brothers, J. P. Morgan, Goldman Sachs, Morgan Stanley, etc.) para enseñarle a respetar la “muralla china” que se supone debe separar sus actividades como analistas financieros de sus otras actividades como bancos de inversiones?

El binomio corrupción-crisis

Nada bueno se puede esperar tampoco de esos accionistas que comienzan a organizarse para protegerse de los dirigentes demasiado ávidos. Así, en el Reino Unido, una asamblea general de la multinacional farmacéutica anglo-estadounidense GlaxoSmithKline (GSK), rechazó el informe del comité de remuneraciones, que preveía un “paracaídas dorado” de 35 millones de dólares para su director general6. En Estados Unidos la lucha contra las remuneraciones faraónicas fue iniciada por un personaje fuera de toda sospecha, Warren Buffet, presidente del fondo de inversiones y de seguros Berkshire Hathaway, uno de los más eficaces del país. A comienzos de mayo de 2003, hablando ante una asamblea general que reunía 10.000 accionistas, Buffet denunció el hecho de que las stock-options no eran contabilizadas como cargas y criticó duramente la codicia de los managers: “En 5 años se registraron en Estados Unidos más casos de remuneraciones indebidas en la esfera de los negocios que en todo el siglo precedente”7. Dos meses después, el 8 de julio, Microsoft anunciaba el fin de sus planes de stock-options, reemplazados por distribución de acciones. No caben dudas de que la decisión adoptada por esa empresa-líder hará escuela.

Se trata de un nuevo indicio del agudo y creciente temor que existe en Estados Unidos y en el Reino Unido: desde el caso Enron, los accionistas –y no sólo los pequeños– desconfían de los dirigentes empresarios, a los que perciben como potenciales pillos. La economía mundial, que está al borde de la recesión, verdaderamente no necesitaba de ese perjuicio extra. Consciente de la magnitud del peligro, el semanario ultraliberal The Economist lanzó un llamado de atención a los responsables políticos: “Muchos de los escándalos financieros que se registraron en Estados Unidos en los últimos años son manifestaciones de pura criminalidad. Un Estado de derecho sabe como tratar a los criminales, y si los dirigentes políticos que se declaran ‘pro-business’ dudan en reprimir los crímenes de los empresarios, se estarán comportando como anticapitalistas militantes”8. En otras palabras, para que las cosas vuelvan a la normalidad bastaría con aplicar las leyes a los delincuentes de cuello blanco y restaurar la ética.

Claude Bébéar, presidente del consejo de vigilancia de Axa, el hombre que logró “bajar” a Messier y a quien se considera el “padrino” indiscutido de la plaza de París, desarrolla un discurso paralelo en el libro Ils vont tuer le capitalisme9. Bébéar sugiere a los empresarios que se dediquen a producir, sin dejarse influenciar por los analistas financieros, por los agentes de calificación y por los banqueros de inversiones, cuyos despistes describe como gran conocedor que es de ese tema. Pero sus exhortaciones a la responsabilidad individual, como las del editorialista de The Economist, dejan traslucir cierta desesperación. Es como si tuvieran la secreta intuición de que el problema es mucho más grave, más estructural, y que nombrarlo abiertamente equivaldría a cuestionar la lógica que domina el capitalismo desde hace veinticinco años, es decir, su total sumisión a las finanzas globalizadas.

Para ayudarlos a llevar ese pensamiento hasta sus últimas consecuencias les recomendaríamos, al igual que a nuestros lectores, obtener el brillante ensayo donde Frédéric Lordon10 describe cómo los responsables políticos ofrendaron todo tipo de poderes al cruel dios de las finanzas. Y cómo éste, a semejanza de una máquina infernal fuera de control, fue destruyendo las empresas, convertidas tanto en víctimas como en depredadoras. Es el sistema lo que está en tela de juicio y no sólo el comportamiento de los individuos. ¿Pero no es demasiado pedirle a los liberales que se retracten de lo que vienen predicando desde hace tanto tiempo?

  1. Esas cifras provienen de las siguientes fuentes: Le Point, París, 30-5-03; La Tribune, París, 2-7-03; y Le Nouvel Observateur, París, 10 y 16-7-03.
  2. The Financial Times, Londres, 5-5-03.
  3. The Financial Times, Londres, 21-5-03.
  4. Véase Tom Franck, “Las mil y una estafas de Enron”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2002; y Denis Duclos, “Patrons fraudeurs et tueurs fous”, Le Monde diplomatique, París, agosto de 2002.
  5. Le Monde, París, 21-5-03.
  6. The Financial Times, Londres, 21-5-03.
  7. Resulta significativo que esta información haya sido publicada a toda página en la tapa de The Financial Times, el 5-5-03.
  8. The Economist, Londres, 28-6-03.
  9. Claude Bébéar (entrevista con Philippe Manière), Ils vont tuer le capitalisme, Plon, París, 2003.
  10. Frédéric Lordon, Et la vertu sauvera le monde…, Raisons d’agir, París, 2003.
Autor/es Bernard Cassen
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 50 - Agosto 2003
Páginas:24,25
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Corrupción, Nueva Economía