Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

¿La representación política relegitimada?

¿Qué fue del “que se vayan todos”? Luego de las elecciones del 27 de abril, esa pregunta atraviesa el heterogéneo campo de los movimientos sociales, especialmente las asambleas y organizaciones de trabajadores desocupados que hicieron campaña a favor de la abstención, el voto en blanco o el voto nulo.

La gran concurrencia a las urnas y el retorno del voto positivo a su nivel histórico representaron un duro revés para los impulsores de la “contracampaña electoral”1. No les fue mejor a las organizaciones sociales que habían dado su apoyo a las fórmulas de los partidos de la izquierda tradicional, cuya pobre convocatoria cuestionó seriamente el papel de estas fuerzas como expresión de la masiva rebeldía popular que tuvo su punto culminante en las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 20012.

En lo que concierne a las asambleas autónomas, la lectura de estos datos provocó un clima de desánimo a la hora de evaluar el resultado de la contracampaña, en el marco del plenario metropolitano celebrado a mediados del mes de mayo. Según señala Pablo Bergel, de la Asamblea de Colegiales (Buenos Aires), “la concurrencia colectiva a las elecciones relegitima el sistema de representación y cierra la brecha que se había abierto el 19 y 20”.

En el seno del movimiento coexistían desde mucho tiempo atrás dos concepciones opuestas respecto del papel posible de las asambleas ante la profundización de la crisis de representatividad de la dirigencia política. Según apunta Cristina Feijóo, de la Asamblea de Núñez (Buenos Aires), sintetizando el debate: “Un sector percibía la crisis como crisis de dirigentes, en la que el problema se resuelve cambiando malos funcionarios por buenos. Para este sector, el problema se resolvía con una reforma constitucional hecha desde el tentador poder del Estado, a través de mecanismos institucionales. El otro sector, en cambio, consideraba liquidado el sistema de representación política, considerando que el Estado ni fija las políticas nacionales ni es el lugar central del poder, ocupado ahora por el mercado, los capitales financieros y los organismos internacionales que los representan”3.

Las tensiones entre los partidarios de la construcción de una herramienta política apta para disputar el poder y quienes reivindican las experiencias autónomas respecto del Estado, de corte anticapitalista, sin duda consumieron buena parte de las energías del movimiento de asambleas y lo condujeron a un progresivo aislamiento. Para Ezequiel Adamovsky, de la Asamblea del Cid Campeador (Buenos Aires), el ensimismamiento en el propio quehacer obturó la percepción del cambio del humor colectivo respecto de las elecciones: “Existe el peligro de que terminemos viviendo en nuestra propia burbuja de activismo radical… El fracaso de nuestra estrategia para las elecciones –el boicot activo– es un buen ejemplo de aquel peligro”4.

La pronunciada merma en la concurrencia de vecinos y la agudización de sus conflictos internos imponen un replanteo que, según Bergel, reenvía al origen del movimiento: “Las asambleas, habiendo generado muchas experiencias fragmentarias de rearticulación social5, no lograron plantear una nueva institucionalidad democrática que fuera suficientemente visible y creíble como para convocar a una buena parte de la población. No bastaba con desconocer el llamado electoral, sino que era necesario formular una propuesta y movilizarse en su defensa”.

La visión piquetera

El llamado a elecciones introdujo una nueva divisoria de aguas en el ya fragmentado campo de los movimientos de trabajadores desocupados6, propiciando un deslinde coyuntural entre los sectores que concurrieron en apoyo de alguna fórmula partidaria y aquellos que, convergiendo en la denuncia de la “trampa” electoral, impugnaron la convocatoria. Unos y otros coinciden en relativizar el fracaso de sus respectivas apuestas al tiempo que tratan de posicionarse frente al nuevo gobierno, tal como consigna la socióloga Maristella Svampa, quien acaba de publicar el resultado de una extensa investigación que abarcó a la totalidad de las expresiones del movimiento piquetero7: “Casi todas las corrientes se han dado cuenta del cambio de coyuntura, de que nos enfrentamos a la tentativa de construcción de una nueva institucionalidad. Hasta ahora, ninguno de los movimientos ha hecho una autocrítica abierta acerca del rol que los partidos de izquierda cumplieron en estas elecciones o acerca del fracaso del voto programático aconsejado por los grupos abstencionistas. La mayoría de ellos es consciente de que hay un gran hartazgo por parte de la sociedad con respecto a los cortes de ruta; que la resonancia con las clases medias movilizadas es menor; que cuentan con un menor apoyo de los sectores progresistas. Están reviendo su metodología de lucha, a la búsqueda de nuevos repertorios de acción, con los cuales hacer visibles sus demandas”.

Desde la visión de las organizaciones vinculadas con los partidos de izquierda, nucleadas en el Bloque Piquetero8, las medidas inaugurales del gobierno de Néstor Kirchner no ameritan un apartamiento de la línea confrontativa que caracterizó su posicionamiento frente a la anterior gestión. Al decir de Néstor Pitrola, dirigente del Polo Obrero: “Nuestra perspectiva es la construcción de la independencia política de los trabajadores respecto de las variantes del Estado capitalista, de los partidos tradicionales y de los políticos que el pueblo echó en las calles el 19 y 20 de diciembre de 2001. Se abre un período en que el gobierno, que es minoritario aunque no necesariamente débil, será puesto a prueba. No nos separa una cuestión de tiempos, sino de proyectos”.

Sin embargo, la percepción del extendido consenso que han logrado las primeras medidas del nuevo gobierno traza límites a la intransigencia. Jorge Ceballos, del movimiento Barrios de Pie, que participó de la contracampaña abstencionista, señala: “Kirchner ha generado expectativas en la sociedad, tanto en los sectores medios como en los más humildes, lo cual indica el potencial de un pueblo que sepultó al neoliberalismo en las urnas y está dispuesto a transitar un camino progresista para salir de la crisis. Somos respetuosos del proceso colectivo, pero aún aguardamos políticas concretas en materia social y, especialmente, un proyecto de recuperación del modelo económico productivo”.

Las vertientes autonomistas del movimiento piquetero, sostienen el abstencionismo electoral como una posición de principios. Para Juan Cruz, del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, de Florencio Varela, es necesario abrir un compás de espera ante el nuevo gobierno: “En el marco de un país devastado, las soluciones que reclama el pueblo sólo pueden ser satisfechas en el largo plazo, según se afronte el problema de la desocupación y se impulse la redistribución de la riqueza. Nuestro reclamo principal es por una política firme en la lucha contra la impunidad del aparato represivo. Si este gobierno es diferente del anterior, deberá juzgar a los responsables materiales y políticos de la criminalización de la protesta social”.

Si bien los sectores que responden a la Corriente Clasista y Combativa (CCC), liderada por Juan Carlos Alderete, habían llamado a votar en blanco, con posterioridad a las elecciones reconstruyeron su alianza estratégica con la Federación por la Tierra, Vivienda y Hábitat (FTV), que encabeza Luis D’Elía, coincidiendo ambas vertientes en una postura de apoyo crítico al nuevo gobierno, que no excluye la movilización de las más numerosas organizaciones piqueteras en defensa de sus políticas “transformadoras” en materia económica y social9. “Este gobierno combina rasgos de continuidad y de ruptura con el pasado”, define Alderete. “Compartimos algunos aspectos de su discurso, al tiempo que advertimos posibles escenarios de confrontación con los sectores del privilegio. La amenaza de un recorte de los aportes del Banco Mundial al sostenimiento de los planes de ayuda social es parte de la presión del FMI para incidir en la negociación de la deuda”.

Hoy, los movimientos sociales afrontan el desafío de pasar de la crítica y la resistencia a la afirmación de una alternativa que incluya a los amplios sectores que a través del voto –no sin escepticismo ni desconfianza– se expresaron en contra del neoliberalismo y que hoy manifiestan una extendida expectativa ante los primeros pasos de un gobierno que hace suyas muchas de las consignas del movimiento contestatario que, ayer nomás, puso en jaque a la institucionalidad argentina.

  1. El voto positivo alcanzó el 75% del padrón total, lo que representa 17 puntos más que el registrado en las elecciones legislativas de octubre de 2001, cuando el masivo voto “bronca” expresó un generalizado cuestionamiento de la legitimidad del sistema de representación política.
  2. Las fórmulas de Izquierda Unida y el Partido Obrero alcanzaron, sumadas, sólo el 2,6% de los votos.
  3. Cristina Feijóo, “Elecciones en la Argentina. La representación y el movimiento social”, Znet (www.zena.secureforum.com/Zena/Spanish/).
  4. Ezequiel Adamovsky, “¿Qué quedó del Que Se Vayan Todos?”, www.lavaca.org.
  5. Alberto Castro, “La solidaridad y sus razones”, Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, enero de 2003.
  6. Marta Vassallo, “Existir contra el aniquilamiento”, Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, agosto de 2002.
  7. Maristella Svampa, Sebastián Pereyra, Entre la ruta y el barrio: la experiencia de las organizaciones piqueteras, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2003.
  8. Además del Polo Obrero que responde al Partido Obrero, integran la Mesa Nacional del bloque el Movimiento Territorial de Liberación (que responde a Izquierda Unida), el Movimiento Teresa Rodríguez, la Coordinadora de Unidad Barrial, la Federación de Trabajadores Combativos y la Corriente de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Luego de las elecciones, sus planes de acción volvieron a contar con el apoyo del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), conducido por Raúl Castells, y de Barrios de Pie, liderada por Jorge Ceballos, quienes habían llamado al voto en blanco.
  9. Luis D´Elía, “Los pobres como protagonistas”, Clarín, Buenos Aires, 14-6-03.
Autor/es Alberto Castro
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 49 - Julio 2003
Páginas:10
Temas Neoliberalismo, Estado (Política), Movimientos Sociales, Políticas Locales
Países Argentina