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Recuadros:

Creciente influencia israelí en las decisiones de la Casa Blanca

Un equipo de intelectuales de origen israelí aumenta su participación directa en el corazón político de Washington, con tentáculos en la prensa y en grupos de opinión. De este modo, logra gravitar –y en determinadas circunstancias decidir– sobre aspectos clave de la estrategia estadounidense en los países de la península arábiga.

Fundado en 1985, el Washington Institute for Near East Policy (WINEP) se convirtió rápidamente en el think tank con mayor influencia sobre las autoridades estadounidenses y los medios de comunicación en los asuntos relacionados con Medio Oriente. El fundador del WINEP, Martin Indyk, había sido investigador del American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), el poderoso lobby pro israelí en Estados Unidos. Mientras que el AIPAC es abiertamente partidario, Indyk logra presentar al WINEP como una organización “a favor de Israel, pero capaz de realizar análisis imparciales sobre Medio Oriente”1. Y mientras la influencia del AIPAC se ejerce principalmente sobre el Congreso, a través de enormes aportes a campañas políticas2, la del WINEP se concentra en los medios de comunicación y el Poder Ejecutivo.

A tal efecto, el WINEP invita a los periodistas a desayunos semanales, publica análisis y provee de “especialistas” a las emisoras de radio y los talk-shows televisivos. Así, altos responsables de la organización como Robert Satloff, Patrick Clawson o Michael Eisenstadt aparecen regularmente en la radio y la televisión. El punto de vista del WINEP es sistemáticamente recogido por U.S. News & World Report y The New Republic, cuyos directores o propietarios, Mortimer Zuckerman y Martin Peretz, forman parte del consejo directivo de esta organización. Los colaboradores israelíes del WINEP, entre ellos los periodistas Hirsh Goodman, David Makovsky, Ze’ev Schiff y Ehud Yaari, gozan además de un acceso directo a los medios de comunicación estadounidenses.

El WINEP mantiene estrechas relaciones con los responsables de los dos grandes partidos, demócrata y republicano. Su primer gran éxito ha sido la publicación de un informe titulado Construir la paz: una estrategia estadounidense para Medio Oriente, justo antes de las elecciones presidenciales de 1988. Este documento exhortaba al presidente que sucediera a Ronald Reagan a “resistir a las presiones tendientes a un rápido avance de las negociaciones israelo-palestinas, hasta que estuviesen dadas las condiciones”3. Seis miembros del grupo de trabajo que elaboró este informe integraron la administración Bush (padre), que adoptó su opinión y decidió no hacer nada antes de ser presionada al respecto. Así, Estados Unidos apoyó la negativa israelí a negociar con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) durante la conferencia de Madrid en 1991, pese al hecho de que la OLP reconoció la existencia de Israel a partir de la sesión de su Consejo Nacional de noviembre de 1988.

La administración Clinton adoptó la misma postura a favor de esperar. En consecuencia, entre 1991 y 1993, los once encuentros que reunieron a israelíes y palestinos no miembros de la OLP no llegaron a ningún resultado. Cuando los israelíes, por su parte, se decidieron a iniciar verdaderas negociaciones, aceptaron reunirse con la OLP en Oslo, sin informar al respecto a la administración Clinton. Dichos encuentros conducirían a la declaración de principios israelo-palestina de septiembre de 1993.

A lo largo de los años 1990, el fin de la Guerra Fría amenaza con reducir la importancia estratégica de la alianza entre Israel y Estados Unidos. El WINEP se dedica entonces a preservar esta alianza apoyando la posición del primer ministro israelí Itzhak Rabin, que presenta a su país como un firme aliado de Washington en la lucha contra el extremismo musulmán. En diciembre de 2002, Itzhak Rabin ordenó la expulsión al Líbano de más de 400 islamitas palestinos. Para justificar una acción semejante, el periodista israelí de televisión Ehud Ya’ari denunció, en The New York Times, una gran conspiración detectada en Estados Unidos y destinada a financiar a Hamas4.

Ese mismo año el simposio del WINEP plantea el peligro que puede representar el islam para la política exterior estadounidense. En dicha ocasión, Martin Indyk sostuvo la tesis según la cual Estados Unidos no debe fomentar el desarrollo de la democracia en los países cercanos a Washington, como Jordania o Egipto. En estos países, una apertura política sólo debería legalizar partidos no-religiosos5. Esta estrategia llevará a los movimientos islámicos a abandonar la lucha política y a orientarse hacia la lucha armada. Y, en la medida en que se perciba a Estados Unidos como favorable a los regímenes autoritarios instaurados en estos dos países, será tomado como objetivo, especialmente en Egipto entre 1992 y 1997.

Del lobby al poder

El gobierno de Clinton será colonizado por el WINEP aun más que sus predecesores. Once signatarios del informe publicado en 1992 por la comisión del WINEP sobre las relaciones entre Estados Unidos e Israel, Una alianza duradera, ingresan en la administración demócrata. Entre ellos, Anthony Lake, asesor de Seguridad Nacional, Madeleine Albright, embajadora en la ONU y futura secretaria de Estado, el subsecretario de Comercio Stuart Eizenstat y el secretario de Defensa Les Aspin.

A partir de 1993, el gobierno de Clinton implementa la “doble contención” contra Irán e Irak, estrategia que anuncia el “eje del mal” de George W. Bush. Convertido en asesor especial del Presidente y director general de la Sección Medio Oriente / Sudeste Asiático del Consejo de Seguridad Nacional (National Security Council, NSC), Martin Indyk es el principal arquitecto de esta política. De origen australiano, deberá naturalizarse estadounidense antes de ingresar en la administración Clinton. Más tarde, será embajador en Israel, asistente del secretario de Estado para Medio Oriente, luego nuevamente embajador en Israel. En todos estos cargos, Indyk desempeñará un papel destacado en el “proceso de paz” iniciado en Oslo.

Miembro también del WINEP, Denis Ross participa asimismo en el “proceso”. Estrecho colaborador del secretario de Estado James Baker, Ross contribuye en la elaboración de la política estadounidense en Medio Oriente durante el gobierno de Bush (padre), luego se hace cargo de la organización del “proceso de paz” bajo el gobierno de Clinton. Tras abandonar la administración, asumirá la dirección del WINEP.

Antes de la llegada al poder de Bush (hijo) y de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el WINEP se acercaba a las posiciones defendidas por el Partido Laborista israelí y los generales “moderados” del Jaffee Center for Strategic Studies de la Universidad de Tel Aviv. Los halcones como Martin Kramer o Daniel Pipes (ver recuadro) raramente tenían derecho a la palabra. Pero George W. Bush instalará en el poder a una camarilla de extremistas cercanos al Likud y de think tanks ultraconservadores como el American Enterprise Institute, el Project for a New American Century, el Jewish Institute for National Security Affairs (JINSA) y el Center for Security Policy (CSP). Así, el vicepresidente Richard Cheney, el subsecretario de Seguridad Internacional John Bolton y el subsecretario de Defensa Douglas Feith eran todos asesores del JINSA antes de ingresar en la administración de George W. Bush. En total, veintidós miembros del CSP integran los cenáculos vinculados a la seguridad nacional estadounidense.

El WINEP no tenía sino vínculos limitados con estas instituciones, aunque éstos concerniesen a personalidades destacadas. Padre ideológico de la guerra contra Irak y hasta hace poco presidente de la Defense Policy Board, Richard Perle pertenecía al JINSA y al WINEP. Su superior en el Pentágono, el halcón Paul Wolfowitz, era también miembro del WINEP antes de ingresar en la administración Bush. Pero el WINEP reafirmó su influencia en Washington sumando los servicios de neoconservadores destacados. Ex analista del Middle East Forum, Jonathan Schanzer se convirtió en miembro honorario del WINEP. El director del Middle East Forum no es otro que Daniel Pipes, una de las voces estadounidenses más hostiles a los árabes y los musulmanes. Pipes se convirtió también en analista del WINEP. Max Abrahms, también miembro honorario y especialista en cuestiones de seguridad israelí, colaboró en la National Review Online, órgano sumiso a los neoconservadores. Especialista en cuestiones de terrorismo y ex analista del FBI, Matthew Levitt escribe asimismo en la National Review Online, donde apoya públicamente las operaciones de contra-terrorismo.

Joshua Muravchik, otro investigador vinculado al WINEP, trabaja también para el American Enterprise Institute (AEI), coto privado de Richard Perle. Un “análisis” realizado por Michael Ledeen, también miembro del AEI, pone en evidencia la ideología de esta institución: “Cada diez años aproximadamente, Estados Unidos debe elegir un paisito de morondanga y aplastarlo, para que el resto del mundo comprenda bien que no bromeamos”6.

El rechazo manifiesto a la Hoja de Ruta establecida por el Cuarteto traduce con bastante claridad la conversión del WINEP a las ideas del Likud. Robert Satloff afirmó su oposición a esta iniciativa que, según él, se basa en “un paralelismo tan artificial como ofensivo entre la conducta de los israelíes y la de los palestinos”. Para Joshua Muravchik una posición semejante constituye el análisis “más profundo” de las fallas de ese documento7. Ex diplomático, Dennis Ross formula su crítica de manera menos directa, pero considera también que “la Hoja de Ruta exige muy poco esfuerzo por parte de los jefes árabes”8.

Este desvío de la derecha repercute en el de la elite política y militar israelí. En efecto, desde el comienzo de la segunda Intifada, la posición pro israelí “moderada” a la cual se vinculaba el WINEP fue marginada del discurso político en Israel. Este movimiento general está también en sintonía con el sentimiento antiárabe y antimusulmán que invadió la sociedad estadounidense desde el 11 de septiembre. Un reposicionamiento ideológico semejante permite al WINEP tener un acceso privilegiado al entorno más cercano a la administración de George W. Bush, a pesar de una presencia que, en resumidas cuentas, parece menos fuerte que bajo las administraciones Bush (padre) y Clinton.

Las críticas formuladas por el WINEP en contra de la Hoja de Ruta parecerían ubicar a la organización en una situación incómoda con el gobierno estadounidense, pero nada de eso existe. Pocos observadores serios consideran que la Hoja de Ruta producirá resultados duraderos. Y la crítica formulada por el WINEP, que considera esta iniciativa “pro árabe”, permitirá atribuir su fracaso a los palestinos. Del mismo modo en que el presidente Clinton hizo que Yasser Arafat cargara con toda la responsabilidad del fiasco de Camp David.

  1. The Washington Post, 24-03-1989.
  2. Serge Halimi, “Le poids du lobby pro-israélien aux Etats-Unis”, Le Monde diplomatique, París, agosto de 1989.
  3. Washington Institute for Near East Policy, Building for Peace: An American Strategy for the Middle East, Washington D.C., 1988.
  4. The New York Times, 27-01-1993.
  5. Martin Indyk, “The Implications for U.S. Policy”, en Islam and the U.S.: Challenges for the Nineties, Washington Institute for Near East Policy, Washington D.C., 27-4-1992.
  6. Jonah Goldberg, “Baghdad Delenda Est, Part Two”, National Review Online, 23-4-02. www.nationalreview.com/goldberg/ goldberg042302.asp
  7. Joshua Muravchik, “The Road Map to Nowhere: Do we really need another doomed Mideast peace process?” The Israel Report, abril de 2003. www.cdn-friends-icej.ca/isreport/apr03/nowhere.html
  8. Dennis Ross, “Through Street or Cul-De-Sac? Assessing the Latest Quartet”, www.washingtoninstitute.org/ watch/peacewatch/peacewatch2002/408.htm

Vigilar e informar

Un trío de intelectuales estadounidenses encabeza la embestida contra todo pensamiento crítico relativo al islam y a Medio Oriente, especialmente en los campus universitarios. Explotando los temores legítimos surgidos de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los documentos y los discursos de Martin Kramer, Daniel Pipes y Steven Emerson procuran imponer una ortodoxia islamófoba y antiárabe.

Poco después del 11 de septiembre, Kramer, ex director del Centro Dayan de estudios sobre Medio Oriente de la Universidad de Tel Aviv, publicó un texto incendiario que condenaba al conjunto de universitarios especialistas en Medio Oriente1. El autor proclama allí que “mandarines” de la Middle East Studies Association of North America, inspirados en los análisis del libro de Edward Said Orientalismo, habrían impuesto un carácter “políticamente correcto” y se habrían mostrado incapaces de advertir al público estadounidense sobre los peligros del islamismo. El fracaso del FBI y la CIA el 11 de septiembre no fue objeto de los mismos reproches.

Kramer es además responsable de Middle East Quarterly, publicación del Middle East Forum, un think tank dirigido por Daniel Pipes. Este último acostumbra tener conceptos antiárabes2. En 1990, ya escribía: “Las sociedades de Europa occidental no están preparadas para la inmigración masiva de pueblos con piel oscura que cocinan platos extraños y tienen reglas de higiene diferentes. (…) Pero las costumbres musulmanas son las más preocupantes”3.

Campus Watch representa uno de los proyectos más recientes del Middle East Forum. Se trata de un sitio de internet encargado de “vigilar e informar sobre los profesores que alimentan las llamas de la desinformación, la incitación y la ignorancia”. Según Campus Watch, los universitarios estadounidenses especialistas en Medio Oriente “parecen a menudo no querer a su país y apreciar menos aun a los aliados extranjeros de Estados Unidos”. La explicación no tarda en llegar: este campo de estudio sería “el coto privado de árabes de Medio Oriente que trajeron consigo su ideología”. Recientemente, Pipes fue designado por el presidente Bush miembro del directorio del United States Institute for Peace, una fundación financiada por el Congreso con el fin de “promover la prevención, la gestión y la resolución pacífica de conflictos internacionales”.

Steven Emerson es periodista y director cinematográfico. Desde su documental de 1994, Jihad in America, no para de proclamar que Estados Unidos sirve de base a miles de terroristas musulmanes. Su última obra, Los terroristas que viven entre nosotros, retoma este filón. Los atentados del 11 de septiembre confirmaron aparentemente su tesis. Pero Emerson también divaga. Así, atribuyó al islamismo el atentado contra un edificio federal en Oklahoma City, en 19954, y el accidente de un vuelo de la TWA, en 1996. En ambos casos, equivocadamente.

  1. Martin Kramer, Ivory Towers on Sand: The Failure of Middle Eastern Studies in America, Washington Institute for Near East Policy, octubre de 2001.
  2. Véase Dominique Vidal, “Croisés de père en fils”, Le Monde diplomatique, París, marzo de 2003.
  3. National Review, 19-11-1990.
  4. Serge Halimi, “Expert en terrorisme”, Le Monde diplomatique, París, julio de 1995.


Autor/es Joel Beinin
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 49 - Julio 2003
Páginas:26,27
Traducción Gustavo Recalde
Temas Estado (Política), Geopolítica
Países Estados Unidos, Israel