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El fantasma de Jomeini en Irak

Perseguidos por el régimen de Saddam Hussein, los chiitas representan entre el 60 y el 65% de la población iraquí y tienen diferentes pertenencias, laicas y religiosas. Una de sus organizaciones, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Irak, entró en negociaciones con Washington desde antes de la invasión estadounidense. Caído Saddam Hussein, exige la retirada de las fuerzas invasoras y se propone implantar un Estado islámico al estilo del que implantó el ayatollah Jomeini en 1979 en la vecina República islámica de Irán.

El 7 de junio pasado, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Irak (CSRII) dirigido por Mohamed Baqer Al-Hakim, un ayatollah de 63 años, anunció que no participaría del equipo de treinta personas designado por el nuevo administrador civil estadounidense Paul Bremer para dirigir a Irak. Para el ayatollah Al-Hakim, un gobierno iraquí designado por una potencia extranjera no tiene la más mínima legitimidad. El CSRII se muestra inflexible: Estados Unidos debe ajustarse a su plan inicial, que preveía la organización de una convención nacional, cuyos delegados eligirían un gobierno de transición1.

El CSRII posee una base de masas populares y un ala paramilitar de diez a quince mil combatientes entrenados: la brigada Badr, dirigida por el hermano menor de Baqer Al-Hakim, Abdul Aziz Al-Hakim. Sin embargo, el CSRII puede modificar su actitud, pues participa de las enmarañadas y complejas negociaciones entabladas con Washington hace más de un año.

Con sede en Teherán, el CSRII es el único grupo islamista que se unió a la iniciativa estadounidense para derrocar a Saddam Hussein y ya había participado en las reuniones organizadas en Washington durante el verano de 2002. A partir de la caída del régimen baasista comenzó a reforzar su presencia, sobre todo en las ciudades con mayoría chiita, cercanas a la frontera iraní. Es allí donde se agrupan los repatriados de la brigada Badr, milicia compuesta de iraquíes exilados en Irán y entrenados por sus Guardianes de la Revolución.

Los chiitas representan entre el 60% y el 65% de la población iraquí. En las ciudades se reparten entre elementos laicizados de las capas medias y obreras, y sectores que se sienten atraídos por los partidos religiosos. Los chiitas laicos no están organizados políticamente, pero antaño, en la década de 1950, muchos de ellos se contaban entre los 500.000 militantes que entonces poseía el Partido Comunista. En el medio rural, sin ser laicos, muchos chiitas siguen a los sheiks tribales antes que a los dirigentes clericales.

Los chiitas practicantes están bien organizados y se dividen en cuatro grupos principales. La mayoría es partidaria de la familia Sadr, liderada actualmente por el joven y dinámico Muqtada Al-Sadr, 30 años, cuyo padre, un ayatollah, fue asesinado en febrero de 19992. El CSRII es popular en las ciudades del Este, cercanas a la frontera con Irán. En el centro de las zonas chiitas, fundamentalmente en Nasirya y Basora, domina el partido Al-Da’wa. Por último, un sector de chiitas sigue al gran ayatollah Alí Sistani, figura quietista, pero cuyo peso político es mucho menor de lo que induciría a pensar su alto grado en la jerarquía religiosa.

El CSRII se caracteriza por un alto nivel de organización, por su capacidad paramilitar y sus muy cambiantes relaciones con Washington. Creado en Teherán en 1982 por Mohamed Baqer Al-Hakim junto a otros dirigentes religiosos iraquíes exiliados, desde el principio se opuso a Saddam Hussein. En varias ocasiones el CSRII mantuvo contactos con el Congreso Nacional Iraquí, apoyado por Washington durante el otoño e invierno boreal de 2002-2003. Pero Estados Unidos parece sentirse cada vez menos cómodo en esa alianza, a causa de los estrechos vínculos del CSRII con las facciones iraníes más duras. Así fue como aceptó la participación de las milicias kurdas en la guerra contra Saddam Hussein, pero rechazó los servicios de la brigada Badr. Fue por eso que el CSRII se negó a participar en la primera reunión de la oposición (el 15 de abril) luego de la caída del régimen, reunión que suscitó manifestaciones de miles de chiitas en repudio a la ocupación.

La ciudad de Baquba (280.000 habitantes), situada al noreste de Bagdad, es uno de los sitios donde el CSRII se muestra activo desde el fin de la guerra. Los infantes de marina estadounidenses tardaron varias semanas en llegar a esa localidad, capital de la provincia de Diyala. Durante ese tiempo, las rivalidades locales se pusieron de manifiesto con virulencia. A comienzos de abril llegaron a la ciudad combatientes de la brigada Badr procedentes de Irán, para disputarle el poder a los hombres del partido Baas y a los mujaidines del pueblo. Esta organización iraní que combate al régimen de Teherán, había sido autorizada por Saddam Hussein a instalar bases en Irak. El grupo figura en la lista de “organizaciones terroristas” elaborada por Washington.

El 28 de abril, unos 3.000 soldados estadounidenses llegaron a Baquba. El 4 de mayo el teniente Robert Valdivia declaraba a Arab Times3 que “las fuerzas estadounidenses encontraron ‘íconos’ (material de propaganda) iraníes y un escondite de armas pesadas en la comisaría de la ciudad”, y que “la policía local colabora con los milicianos de la llamada brigada Badr, brazo armado de la principal organización chiita de Irak” (es decir, el CSRII). El 9 de mayo un capitán se lamenta: “todas las noches somos blanco de disparos”. Un combatiente de la brigada explica: “yo quiero que la gente viva bajo un régimen islámico y voy a utilizar los medios y la posibilidad de expresarme para convencerlos”4.

Al mismo tiempo, en las vecinas ciudades de Shaharaban y Khalis, la brigada Badr organiza políticamente a la población chiita y gana una gran popularidad. Por otra parte, milicianos de esa brigada ayudan a un religioso llamado Sayyid Abbas Fadhil, en su intento por tomar el poder en Kut, ciudad de 380.000 habitantes. Fadhil ocupa la alcaldía junto a sus hombres y se proclama alcalde. En un principio, los infantes de marina piensan simplemente en matarlo. Hacia mediados de abril tratan de intervenir contra Fadhil, pero unos 1.200 manifestantes se enfrentan inmediatamente a 20 infantes de marina, quienes abandonan la partida. Según Washington, Fadhil cuenta con el apoyo de Irán y utiliza su escolta armada para intimidar a los otros candidatos al poder municipal.

El 16 de abril, Abdul Aziz Al-Hakim, comandante de la brigada Badr, de regreso de Irán, es recibido en Kut por una multitud estimada en 20.000 personas, reunidas por su partidario Fadhil, gracias al ventajoso lugar que ocupa. Desde allí lanza un llamado a una manifestación antiestadounidense en Kerbala, sin éxito. Dos días más tarde, en una entrevista con la televisión iraní, expone la visión que su partido tiene de Irak: “En primer lugar optaremos por un sistema político nacional” donde estén representados todos los partidos y las religiones. “Pero –agrega– finalmente el pueblo se inclinará por una república islámica”. Finalmente, estima que en un sistema democrático se impondrá la voluntad de los chiitas para instaurar un gobierno islámico, ya que representan el 60% de la población.

En Kut, donde reina el orden y donde los servicios públicos funcionan normalmente, la gente hace cola en la puerta de Fadhil para obtener sus favores políticos. Interrogado sobre sus relaciones con Irán, el hombre desmiente, pero admite: “no tiene nada de malo recibir ayuda de Irán, pues son musulmanes, son nuestros hermanos y es un país vecino”. A fines de abril los efectivos estadounidenses dan un ultimátum a Fadhil para que abandone la alcaldía. Este obedece a regañadientes, pero se jacta de poder controlar la ciudad desde la mezquita como lo hacía desde la alcaldía.

El CSRII sigue teniendo una gran audiencia política en las ciudades chiitas del Este, como Baquba, Kut y Amara. También está instalado en zonas urbanas más importantes como Basora, desde donde envía misioneros a las pequeñas poblaciones de los alrededores para obtener apoyo político.

Mientras tanto, en Teherán, el ayatollah Al-Hakim, dirigente del CSRII, sigue exigiendo que las fuerzas estadounidenses se retiren lo antes posible. A comienzos de mayo establece cuatro objetivos urgentes: extirpar los restos del régimen Baas; poner término a la presencia de las fuerzas de la coalición; establecer un nuevo régimen capaz de responder a los problemas materiales y de restablecer el orden; instaurar un gobierno elegido por todos, sin distinción de comunidades étnicas ni religiosas.

Engaño a las clases medias

El 10 de mayo, el ayatollah Al-Hakim regresa finalmente a Irak en una caravana de un centenar de vehículos. Hace un primer alto en Basora, que sus partidarios habían cubierto con sus afiches, y afirma frente a una multitud de cerca de diez mil personas: “Soy un soldado del islam al servicio de todos los iraquíes. No deseamos un islamismo extremista, sino un islam que signifique independencia, justicia y libertad”. Sin embargo, admite que aspira a la vigencia de la ley islámica (entiéndase, “chiita”) en todo Irak. Sus partidarios en Basora lo llaman “el nuevo Jomeini”. Aunque en esa localidad el entusiasmo por Al-Hakim es más bien moderado: una manifestación de 10.000 personas no es muy impresionante para una ciudad de 1.300.000 habitantes.

Más tarde, en una conferencia de prensa, el ayatollah dice anhelar un Estado “moderno e islámico” donde todo el mundo se sienta seguro y donde las mujeres cumplan una función esencial. Afirma que si Irak es gobernado según principios modernos, se convertirá en el país de la “guerra santa por la reconstrucción, el amor y la amistad, no de la guerra y la destrucción”. Y agrega, sin nombrar a Estados Unidos: “queremos un gobierno independiente. Rechazamos cualquier gobierno impuesto; (…) las leyes iraquíes deberán basarse en las reglas islámicas y prohibir ciertos comportamientos que quizás pueden ser aceptados en Occidente, pero que el islam no admite”.

Al descifrar sus declaraciones se ve que Al-Hakim sueña con un Irak jomeinista, pero que es un político demasiado sagaz para ponerse en contra a las mujeres y a los sunitas proclamando sus ideas abiertamente. En los años previos a la revolución islámica de 1979 en Irán, el ayatollah Jomeini y su entorno habían engañado de la misma manera a las clases medias iraníes sobre sus verdaderos objetivos.

El primer director de la Oficina de reconstrucción y de asistencia humanitaria del Pentágono, el general retirado Jay Garner, invitó al CSRII a la segunda conferencia de notables: el Consejo envió una delegación, pero de bajo nivel. El 5 de mayo Garner trató de ganarse la simpatía del CSRII anunciando que en junio un consejo de dirigentes organizaría un congreso nacional, en el que los delegados elegirían un gobierno de transición. Entre los participantes incluyó a los dos partidos kurdos, otro formado por ex funcionarios baasistas, el Congreso Nacional Iraquí de Ahmad Chalabi, y el CSRII. Luego agregó un partido nacionalista sunita creado en la década de 1960 y el partido chiita al-Daawa.

Proyectos fallidos

Por medio de esas maniobras los halcones del Pentágono trataban de dejar nuevamente el país en manos de sus antiguos aliados, en particular de Chalabi. Pero el proyecto del Ministerio de Defensa estadounidense fracasó. El Departamento de Estado hizo ver al presidente Bush que bajo la dirección de Garner la situación en Irak se había vuelto catastrófica, logrando imponer su visión. Paul Bremer, que reemplazó a Garner el 12 de mayo, abandonó poco a poco los planes de su predecesor, restando importancia al “Grupo de los Siete” hasta convertirlo en un simple “comité de planificación”. Anunció además su intención de sumar al mismo a otros 23 miembros, entre ellos muchos iraquíes que habían permanecido en el país, con lo que logró diluir el poder de los expatriados y de los dos partidos kurdos. Anuló también el proyecto de organizar este verano un congreso nacional para elegir gobierno y anunció que todos los milicianos deberán entregar sus armas antes del 15 de junio, salvo las milicias kurdas del Norte.

Esas medidas, que contradicen las promesas anteriores, enfurecieron a los dirigentes del CSRII. Sus jefes se mostraron de acuerdo en entregar las armas pesadas, pero insistieron en que los combatientes de la brigada Badr conserven sus armas automáticas. El 7 de junio, Abdul Aziz Al-Hakim declara que sólo participará del consejo designado por Bremer si el mismo tiene poder para elegir un gobierno en un plazo breve.

Las relaciones entre Estados Unidos y el CSRII siempre fueron turbulentas. Son apenas socios de conveniencia y ya cada cual ha traicionado al otro sin escrúpulos cuando así lo exigió la coyuntura. No se sabe muy bien por qué los halcones de Washington se prestaron a semejante alianza, pero es probable que Chalabi haya cumplido allí un papel importante, presentándolo como un movimiento moderado y que goza de gran popularidad entre los chiitas practicantes.

En realidad, la influencia del CSRII es limitada. Sus militantes están presentes en todo el sur del país, pero su implantación es superficial. La gran mayoría de las mezquitas y de los hospitales de Bagdad Este, de Kufa y de otra ciudades, están bajo control del movimiento de Muqtada Al-Sadr, quien se niega a mantener el más mínimo contacto con Estados Unidos. Al-Sadr da a entender, no sin amargura, que los Al-Hakim son unos cobardes que escaparon del régimen de Saddam Hussein para refugiarse en Teherán, mientras que la familia Sadr afrontó todo tipo de riesgos al quedarse en Irak.

El CSRII es un partido pragmático, dispuesto a negociar incluso con Estados Unidos, pero en el fondo sus objetivos son los mismos de Al-Sadr: ambos desean una república islámica bajo control religioso de los chiitas. Es probable que ninguno de los dos alcance su meta, debido a la importante minoría sunita existente en Irak y a la hostilidad de Estados Unidos a cualquier tipo de teocracia. Entre Washington y el CSRII las idas y vueltas pueden durar aún algún tiempo, alternando momentos de cooperación y de ruptura. Pero esa pareja mal avenida, que antaño coqueteaba apasionadamente entre una y otra pelea conyugal, probablemente esté condenada al divorcio en un plazo más o menos cercano.

  1. David Baran, “Irak: la realidad trucada”, Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, junio de 2003.
  2. Alain Gresh, “Qui a tué l’ayatollah Mohamed Sadek Al-Sadr”, Le Monde diplomatique, París, julio de 1999.
  3. Arab Times, Kuwait, 4-5-03.
  4. Knight Ritter Newspaper, 9-5-03.
Autor/es Juan Cole
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 49 - Julio 2003
Páginas:30,31
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Estado (Política)
Países Irak