Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Los caminos de la memoria

Es indiscutible que la gestión dictatorial iniciada por el hoy detenido general Jorge Rafael Videla el 24 de marzo de 1976 imprimió a la Argentina un rumbo económico y social del que no se ha desviado esencialmente desde entonces y que ha licuado pertenencias, discrepancias y tradiciones partidarias. También es cierto que la ilusión (¿el propósito?) de hacer desaparecer de la memoria colectiva, junto con los militantes, las alternativas de la historia de los años ’60 y ’70, ha sido sistemáticamente resquebrajada desde la restauración de la democracia, hace 18 años. Esta pelea contra el olvido y la mentira cobra formas múltiples: desde el activismo de los organismos de derechos humanos, pasando por el silencioso trabajo de investigación y archivos que resulta en ensayos, documentales, centros de documentación y cursos, hasta actos públicos y manifestaciones artísticas en todos los rincones del país.

“Cómo reconocer la exultante pasión de un sueño muerto”.

Omar Pacheco, Cautiverio

“Tenemos necesidad de la historia para vivir y obrar”, había escrito Federico Nietzsche en sus Consideraciones intempestivas. Sumido en el apogeo de la cultura histórica de la que se enorgullecía su siglo, buscaba el punto justo entre la capacidad de olvido y la de recordar el pasado, dado que si por una parte “es imposible vivir sin olvidar”, sólo la conciencia histórica hace al ser humano, condenado a envidiar la felicidad del animal invariablemente confinado en su presente.

¿A qué vidas, a cuáles acciones dará lugar la persistente búsqueda de reconstitución de la estigmatizada década de 1970, que parece alcanzar un clímax en este año 2001, marcado por el 25 aniversario del último golpe militar, y también por una grave crisis política y económica?

Las multitudinarias manifestaciones que atravesaron las ciudades argentinas el 24 de marzo último, lejos de circunscribirse a una conmemoración respondieron al apremiante presente, convirtiéndose en manifestaciones de repudio a la reciente designación de Domingo Cavallo como ministro de Economía con poderes especiales, y arrojaron luz sobre la evidencia de la continuidad entre el rumbo económico inaugurado en 1976 por el ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz y el que siguieron los presidentes democráticamente elegidos desde 1983.

Casi simultáneamente con ese aniversario salía a la venta El dictador, la sólida y copiosa investigación de María Seoane y Vicente Muleiro que inserta la biografía de Jorge Rafael Videla en el marco de la historia social y política de la década de 1970, y hoy va por su cuarta edición1.

“Me niego a que su historia quede sepultada en las aguas del Tigre”, es lo primero que dice la voz en off en el documental de Alberto Maquardt Yo, Sor Alice, mientras la cámara se detiene en las aguas del río que corren bajo los sauzales en la oscuridad de la noche. Como se trata de un pasado cuyos rastros fueron minuciosamente sustraídos y sus hechos ocultados y distorsionados, buena parte de esta búsqueda consiste en una reconstitución. Y la reconstrucción primordial es la de la personalidad y actividades de los “desaparecidos” durante la dictadura. De la mayor parte de ellos no se obtuvieron ni los restos, y los restos existentes han tenido y aún tienen que pasar por un complejo proceso de identificación. “La ausencia de la lápida marca la ausencia de un nombre. Hacer desaparecer el nombre es hacer desaparecer el crimen. El que no existió no pudo ser asesinado.Tal es el invento de la barbarie moderna. Borrar las pruebas de que ella tuvo lugar”, dijo Alexis Nouss, de Montreal, en una conferencia pronunciada el 2 de mayo pasado en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo2.

Sendos documentales nos acercan a personajes de la historia de esos años. Uno de ellos, el mencionado Sor Alice, a Alice Domon, la monja misionera francesa que pasó en Argentina los últimos diez años de su vida, antes de ser secuestrada junto con Azucena Villaflor –fundadora de Madres de Plaza de Mayo– y otras personas en diciembre de 1977 en la iglesia de Santa Cruz, en Buenos Aires. Una mujer que en medio de las iniquidades contra las que luchaba esperaba ver romperse el silencio de Dios. El otro, a los docentes Marina Vilte (coplera además de maestra), Isauro Arancibia y Eduardo Requena, tres de los fundadores de la Confederación de Trabajadores de Educación de la República Argentina (CTERA), evocados en el documental Maestros del viento elaborado por esa central sindical. El acercamiento a sus personalidades logrado a través de testimonios de familiares y compañeros de militancia, con ayuda de material documental (la imagen de Alice Domon junto a Léonie Duquet, también “desaparecida”, en la ESMA, Escuela de Mecánica de la Armada, campo clandestino de detención de la Armada argentina; la voz de Isauro Arancibia rescatada de una vieja cinta, son verdaderos hallazgos) desmiente la caricatura que el discurso político dominante ha transmitido de los “subversivos”: sanguinarios, psicópatas que se abalanzaron a su propia muerte, o irresponsables títeres manipulados por conducciones siniestras. Las víctimas del terrorismo de Estado aparecen en estos y otros documentales en toda su heterogeneidad; Maestros… atestigua precisamente el difícil logro de la construcción de un sindicato plural desde el punto de vista de las filiaciones políticas, que se unifica en torno de la noción de “trabajadores de la educación”. Lo que se va perfilando más allá de las singularidades de cada persona evocada es un estado de cosas donde el ejercicio de la voluntad política de cambio aparece como algo “natural”. Aun cuando sea al precio de la propia vida. “Vale la pena dar la vida si es necesario”, escribe Alice Domon en una de sus cartas a sus padres. “Teniendo en cuenta el contexto se entiende que hayan dado la vida. Empezamos a entenderlo”, dice Agustín Demichelis, responsable junto con Emiliano Fabri del guión y edición de Maestros…, sobre una idea de su padre Alejandro Demichelis. Como hijos de docentes que militan en CTERA, “nos criamos entre estas historias”, dice Emiliano. Surge de inmediato el contrapunto con el presente: el de una generación juvenil “golpeada por la falta de expectativas” pero también por “la falta de referentes”, sorprendida ante ejemplos de dirigentes políticos y gremiales honestos y entregados a su causa hasta el martirio.

El cuarto de siglo transcurrido desde entonces significa que los niños que nacieron en aquel período hoy ya son jóvenes adultos. E independientemente de su historia personal, pertenecen a la generación de los hijos de los “desaparecidos”, entre quienes los casos más dramáticos son los de los “apropiados” por familias de partícipes en la represión; esto es, ese sector de población para quien el reconocimiento y reconstrucción de la época está ligado con el acceso a su propia identidad. Historias cotidianas, el excelente documental de Andrés Habberger (hijo a su vez del periodista y militante montonero desaparecido Norberto Habberger) entrelaza los testimonios de seis jóvenes hijos de padres desaparecidos, cuyos recuerdos e imágenes han reconstruido; se han planteado la opción de ser o no continuadores de sus padres, pelean con sus propios sentimientos de abandono y resentimiento… Vivencias a las que cada cual ha dado su personal respuesta; situación simbolizada en el gesto de la periodista Victoria Ginzberg, quien intenta encontrar el lugar exacto de una plaza de Buenos Aires donde sus padres (aproximadamente a la edad que ella tiene ahora) posaron para una foto que tiene en sus manos.

No es casual que esta generación haya pasado a protagonizar las campañas por la memoria, y no sólo a través de los “escraches”3. El 7 de junio último, día del periodista, la organización H.I.J.O.S. (Hijos por la identidad y la justicia contra el olvido y el silencio) plantó su bandera en la puerta de los Tribunales haciendo público que iniciaba una querella por calumnias e injurias contra el periodista Daniel Hadad4. Al recuerdo de los 101 periodistas desaparecidos durante la dictadura añadieron la mención de esos “desaparecidos sociales” que son los numerosos periodistas despedidos de las empresas donde trabajaban en lo que va del año.

Teatro militante

“La ficción contra la mentira”, declaraba un cartel de un grupo de teatro en la manifestación del 24 de marzo. El “arte-al-servicio-de” despierta a esta altura de los acontecimientos muchas y justificadas prevenciones. Lo que no ha impedido la puesta en marcha de por lo menos dos ciclos: el de Teatro por la Identidad y el de los Jueves de la Memoria, proyecto que se propone “convertir al teatro en un hecho de militancia, sin dejar de ser teatro”.

El ciclo Teatro por la Identidad es una iniciativa surgida del grupo que en el año 2000, por sugerencia de las Abuelas de Plaza de Mayo, presentó A propósito de la duda, un texto elaborado por Patricia Zangaro sobre la base de testimonios de miembros de H.I.J.O.S. y de Madres y Abuelas de Palza de Mayo, con la dirección teatral de Daniel Fanego. Una convocatoria a gente de teatro en noviembre de 2000 dio lugar a la presentación de 114 obras, entre las cuales un Comité de lectura seleccionó 41, todas referidas a la búsqueda de una identidad expropiada. Todos los lunes, desde el 9 de abril al 16 de julio, se presentan en 14 salas de teatro de la ciudad de Buenos Aires, con entrada libre y gratuita, tres piezas de media hora de duración. Salvo El nombre de Griselda Gambaro (el monólogo de una empleada doméstica cuyas sucesivas patronas le van poniendo el nombre que se les ocurre), las demás son obras concebidas y realizadas ad hoc. Buena parte de ellas sortea airosamente el desafío de ser “el brazo artístico de Abuelas”, según define la actriz Marcela Ferradás, miembro del Comité de dirección del ciclo. Por ejemplo, la magnífica Blanco sobre Blanco. Sus coautores y directores Ita Scaramuzza, Alfredo Rosenbaum y Alejandro Mateo admiten que desecharon varios borradores antes de alcanzar la originalísima concepción de su pieza, “porque me iba a la bajada de línea”, dice Rosenbaum; “porque nos dimos cuenta de que no podíamos resolverla apelando a la estética de los ’70”, apunta Ita. “En una sociedad estallada, insiste Rosenbaum, no se puede presentar un problema socialmente no resuelto como si lo estuviera. Cualquier respuesta cerrada desde el escenario sería falsa”.

Organizadores y participantes del ciclo se muestran sorprendidos por la respuesta del público (un promedio de 2.500 espectadores cada lunes), y por su eficacia política: a mediados de junio más de 40 jóvenes con dudas sobre su identidad se habían comunicado con Abuelas, y ese organismo vio incrementarse en esos meses las denuncias de nuevos casos. Ya hay un proyecto de Teatro por la Identidad itinerante, que llevaría las obras a las Universidades, y ciclos análogos se han iniciado en las ciudades de Mendoza, Córdoba y Mar del Plata.

Organizado por la Fundación Somigliana para Estímulo del Autor Teatral (SOMI), y presentado por el dramaturgo Roberto Cossa y por Laura Bonaparte, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el 21 de junio dio comienzo en el Teatro del Pueblo el ciclo Jueves de la Memoria, que planifica poner cada dos meses un espectáculo referido a algún aspecto de los derechos humanos. Entre realismo y didáctica, las dos piezas inaugurales, Sesión de gimnasia de Jorge Savoia y La muerte, teatralización de un relato de Antonio Dal Masetto, comparten el tema del cultivo deliberado y obsesivo de la memoria de los crímenes cometidos por la dictadura militar.

La grieta

El 9 de junio último se emplazó la primera de las esculturas del Parque de la Memoria, en homenaje a los desaparecidos en la última dictadura, que se extenderá en un predio de 14 hectáreas entre la Ciudad Universitaria de Buenos Aires, y el borde del río. La escultura de acero y madera ya emplazada es Victoria, del estadounidense William Tucker: “Un marco geométrico articulado de manera tal que crea un espacio interior inestable y acosado…” según lo presenta su autor. “Surgió… del deseo de plasmar el sufrimiento y el terror del mundo contemporáeno, en especial en Irlanda del Norte (de donde es la familia de mi madre) y en Latinoamérica”.

Doce esculturas, seleccionadas por un jurado internacional entre los 665 proyectos presentados desde 44 países, a las que se sumarán seis de artistas invitados (entre ellos los argentinos Norberto Gómez, Roberto Aizenberg, Juan Carlos Distefano y Leo Vinci), rodearán el centro del monumento: una grieta, “una herida abierta”, la llama Mabel Gutiérrez (Familiares de Desaparecidos), miembro de la Comisión Pro Monumento a las Víctimas del terrorismo de Estado5. En placas de pórfido figurarán en esa grieta los nombres de todos los desaparecidos, y quedará espacio para los nombres que añadan posibles nuevas denuncias. La grieta, los espacios, remiten al conflicto que se libra en el corazón del ambicioso proyecto, objeto de no pocas controversias: ¿cómo congelar en un monumento un pasado tan estremecedor como inconcluso?

La memoria tiene sus caminos. Y ellos van del Parque a levantarse junto al río a la efímera inmediatez del espectáculo Cautiverio, que viene a completar la trilogía teatral de Omar Pacheco y su Grupo deTeatro Libre sobre los años de terror: una previsible historia de secuestros, tortura, pérdidas y reconocimiento es transmitida casi sin palabras a través de mímica y danza, con ayuda de máscaras y muñecos, mediante el movimiento de cuerpos alumbrados por una antorcha o envueltos en la penumbra, de sonidos y gritos, en un opresivo escenario de rejas y confesionarios.

La profundidad de la actual crisis social y política hace de la indagación en ese segmento del pasado parte de la voluntad de proyectarse, todavía, hacia un futuro diferente.

  1. María Seoane, Vicente Muleiro, El dictador, Sudamericana, Buenos Aires, 2001. Reseña en Le Monde diplomatique edición Cono Sur, abril 2001.
  2. Alexis Nouss, “La poesía contra el olvido”, Página 12, 15-6-01.
  3. Actos callejeros que ante el domicilio actual de alguno de los miembros de las fuerzas de represión dictatoriales denuncian su presencia ante los vecinos.
  4. Daniel Hadad, director de Radio 10, el programa de tv Después de hora y la revista La primera de la semana, involucró a HIJOS en un hecho del pasado 12 de abril, cuando dos jóvenes resultaron heridos por la explosión de una bomba que ellos mismos trasladaban en un coche.Ver Carlos Mangone, “El negocio de la discriminación”, en Le Monde diplomatique edición Cono Sur, mayo de 2000,
  5. La Comisión pro Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, creada por ley en julio de 1998, está integrada por miembros de 10 organismos de Derechos Humanos (los inspiradores del proyecto), diputados, un representante de la Universidad de Buenos Aires y funcionarios del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. La Comisión se encargó de organizar el concurso internacional de esculturas y actualmente supervisa la ejecución de las obras.
Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 25 - Julio 2001
Páginas:34,35
Temas Militares, Genocidio, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Justicia Internacional, Estado (Política)
Países Argentina