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El próspero mercado de la vigilancia

Existen técnicas de videovigilancia a partir de las cuales resulta difícil establecer un límite entre los intereses públicos, el abuso de poder y la invasión de la intimidad. Las cámaras en los metros y el acceso protegido a condominios se instalan en nombre de la prevención y la seguridad, pero se convertirían con demasiada facilidad en instrumentos de discriminación y exclusión. También en nombre de la "protección" los padres pueden seguir a sus hijos sin que ellos lo sepan y en honor de la publicidad los teléfonos portátiles se pueden usar para llegar al peatón con las más variadas promociones.

Los teléfonos portátiles, computadoras, tarjetas bancarias y muchos otros objetos de uso cotidiano nos van a espiar constantemente. Registran nuestros desplazamientos, nuestros trámites, nuestras conductas, nuestro consumo, en suma, nuestra intimidad. Poco a poco nuestra vida privada va quedando a la merced de una nueva generación de mirones. Y esto se va a agravar más aun. Los fabricantes de teléfonos portátiles se disponen a beneficiarnos con una innovación de efectos temibles: la geolocalización. Gracias a una nueva tecnología, el Mobile Positioning System (MPS), pronto vamos a poder localizar en todo momento al usuario de un teléfono portátil.

El potencial comercial de estas técnicas de vigilancia resulta considerable. Por ejemplo, una sala de cine con cierta cantidad de localidades sin vender podría detectar a los que se pasean por los alrededores y proponerles plazas rebajadas… Esta oferta, y un mapa del barrio, aparecerán en la pantalla del teléfono. La localización puede efectuarse sin que la persona buscada lo sepa: desde que entra en la zona cubierta por las antenas receptoras, una señal imperceptible repercute en su aparato y vuelve enseguida a la antena. El tiempo transcurrido indica a los vigilantes la distancia que separa a la persona de la antena y les permite saber dónde se encuentra exactamente…

Los usuarios del servicio Zagme, en Inglaterra, que indicaron previamente sus centros de interés, son alertados a través de su teléfono portátil cuando pasan delante de un almacén, si se supone que una oferta les concierne… La máquina decide en su lugar, seduciendo con el precio o dirigiéndole un discurso promocional adaptado a sus gustos personales. Otros empleos de esta tecnología: un empleador puede verificar el comportamiento de sus empleados; los padres pueden seguir continuamente a su hijo, sin que él se entere.

El grupo Siemens quiere ir más lejos: producir un peluche telefónico para localizar mediante satélite a un niño cuando éste se encuentra en presunta situación de riesgo. Un centro de llamada colocará entonces al niño bajo escucha. “La cuestión es saber si la persona dio su acuerdo para ser localizada, y en caso contrario si puede hacer realmente algo para oponerse”, indica el periodista Jerôme Thorel. La respuesta no es muy clara, ni por parte de los operadores ni de las fuerzas del orden, que tienen interés en poder seguir la pista de la gente sin que el interesado lo sepa. En ocasión de las manifestaciones antimundialización en Praga, Milán y Niza, la policía utilizó un sistema comparable para localizar a los dirigentes de la manifestación e intentar limitar su campo de acción1.

Thorel es miembro de Privacy International, una asociación cuyo objetivo es alertar a la opinión pública sobre las amenazas que las nuevas tecnologías significan para las libertades individuales. En diciembre de 2000 la asociación otorgó los primeros “Big Brothers Awards” franceses, recompensando a las empresas que desarrollan tecnologías dignas de la novela de George Orwell, 1984.

Ericsson, el grupo de telefonía sueco, trata de asociar el video con la geolocalización. Para elegir el itinerario más despejado, un automovilista podria conectarse, gracias a su teléfono portátil, con las cámaras de vigilancia de la red de autopistas más próxima… Viendo las imágenes, evaluará la intensidad del tráfico. ¿Y por qué no imaginar con el desarrollo del digital hertziano una libertad de conexión con todos los sistemas de videovigilancia en circuito cerrado de una ciudad? Entonces sería posible conectarse con el sistema de video del banco o del museo o del cine para evaluar la importancia de la fila de espera…

Con Internet y las webcam ya la intimidad de miles de hogares en el mundo no tiene más secretos2. Y algunas cadenas de televisión satelital proponen vistas en directo y permanentes de muchos sitios. Las cámaras dan vueltas continuamente, proponiendo la visión real del clima en una zona precisa, e incluso la altura de la nieve en diferentes estaciones de esquí.

Con el digital el telespectador se ve tentado de convertirse en director de sus programas. Ya puede elegir, pago mediante, la posición de la cámara en una carrera automovilística o en un partido de fútbol. Poco a poco, esta nueva interactividad transforma al consumidor pasivo de imágenes en organizador de sus propios deseos. Como el héroe del film Videodromo3, el telespectador podrá hundirse en la inmensidad crepitante de su pantalla de televisión.

Sospechosos

La “visión inteligente” (smart vision) es también una técnica en vías de rápida difusión, como lo atestiguan las cámaras del proyecto “Chromatica”. Actualmente experimentadas en el metro de Londres, Milán y París, estas cámaras son capaces de detectar en los viajeros los comportamientos “que se apartan de la norma”. Conectada con el conjunto de la red de cámaras, la computadora está provista de programas de detección: apenas el “sospechoso”, un vendedor clandestino o un mendigo, llega al metro, es detectado de inmediato. Si se queda inmóvil por más de un minuto, su imagen se vuelve verde en la pantalla de control. Después de dos minutos pasa al rojo, y se lanza el alerta. Quedarse inmóvil durante demasiado tiempo, caminar contra la corriente, detenerse en grupo, franquear zonas prohibidas, se convierten en otros tantos comportamientos equívocos… que las cámaras delatan de inmediato.

Las primeras víctimas de estos soplones tecnológicos serán los indeseables del metro, los cirujas y otros ocupantes de bancos durante el día. Quien no se mueve no acuerda con el flujo incesante de los nómades del productivismo. Así es como se abre camino la idea de la “tolerancia cero”. Con la llegada del digital, la videovigilancia y el control social experimentan una nueva vuelta de tuerca, probablemente irreversible. Ya no es la persona quien tiene la última palabra. Conectada con una enorme red de cámaras, la computadora se transforma en juez implacable. Lo real tiene que plegarse ahora a los movimientos de la imagen.

Muchas comunas no vacilan en equiparse con los sistemas más perfeccionados4. Hace un año la próspera ciudad de Lyon decidió instalar en el centro 50 cámaras de vigilancia que pueden girar 360 grados y sacar una foto de identidad a más de 300 metros… Esta red no suscitó oposición alguna y tampoco un verdadero debate. Los electos de derecha la aprobaron, lo mismo que buena parte de la izquierda. “Si los resultados son concluyentes, vamos a intensificar la interconexión de redes y desarrollar la red en otros barrios”, dijo Jean François Mermet, adjunto del alcalde.

En ocasión de las elecciones municipales en marzo de 2001, la alcaldía de Lyon pasó a la izquierda. Sin embargo la concepción de la seguridad no cambió. Jean Louis Touraine, primer adjunto a cargo de la seguridad, se refiere a un flamante centro de vigilancia: “Buscamos un efecto de disuasión. Lo hacemos con la mayor transparencia. Se publicó en muchos diarios municipales, y todo el mundo sabe dónde están las cámaras. Así que hay un afianzamiento de la sensación de seguridad”.

En los comandos de ese centro, tres operadores vigilan noche y día las idas y venidas en las calles. Con un simple clic manejan las 52 cámaras digitales. Sin embargo, está lejos de haberse establecido la eficacia de la videovigilancia contra la inseguridad. La delincuencia tiende a alejarse, a desplazarse hacia la periferia de la red5

Peligro de abusos

¿Esas cámaras se utilizarán para otros fines? “Para evitar que el ojo llegue demasiado lejos un programa oculta automáticamente las habitaciones privadas”, asegura Touraine. Un parapeto que según la asociación lionesa “No a Big Brother” no se aplicaría estrictamente. “¿Cómo tener la certeza de que esas cámaras no se utilizan para espiar a la población, conocer sus modos de consumo, rastrear las pertenencias políticas en las manifestaciones e incluso excluir de los barrios vitrina de la ciudad a los que no tienen domicilio fijo?”.

Algunas ciudades instalaron comités de ética para evitar los abusos. La ciudad de Lyon no lo hizo todavía. La de Newham, un suburbio de Londres, tampoco. Aquí se franqueó una etapa suplementaria: la del reconocimiento facial. En la calle, cámaras biométricas escanean el rostro de los peatones. Sistemáticamente la computadora compara esos rostros con las fichas policiales. Su objetivo es detectar en la muchedumbre a las personas buscadas.

Comprender la tolerancia de la opinión pública hacia esos sistemas de vigilancia es difícil… hasta que se descubre que los mismos habitantes de un condominio o una residencia las aplican. En algunos inmuebles colectivos, sistemas experimentales proporcionan a los habitantes la posibilidad de seguir a través de su televisor las idas y venidas de personas que se encuentran en las zonas compartidas: la entrada, los paliers, las escaleras. En el sur de Francia, siguiendo el modelo estadounidense, florecen las residencias de categoría protegidas por redes de videovigilancia ultrasofisticadas.

Puerta de acero galvanizado, portero automático de apertura por telecomando y cámaras de alta resolución permiten visualizar en detalle la entrada a la residencia e identificar a sus visitantes. En 2002 se pondrán en marcha 20 de estos conjuntos. En esas residencias de acceso vigilado los jóvenes ejecutivos se agrupan por afinidad de ingresos. No sea cosa que se mezclen los orígenes sociales.

Estas doradas fortalezas que conjugan en el corazón de las ciudades dos principios alarmantes: vigilancia e intolerancia. ¿Anuncian el final de la vida privada?

  1. Yahoo! Actualidades, 15-12-00.
  2. Ignacio Ramonet, “Celebridades descartables”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2001.
  3. Videodromo, de David Cronenberg, 1983.
  4. El mapa de la instalación de las cámaras en Lyon, Saint-Étienne, Vauls-en-Velin, Levallois Perret, Montpellier, etc. puede verse en Transfert, París, junio de 2001.
  5. Philippe Rivière, “Vidéosurveillance jusqu´à l´ocean”, Manière de voir Nº 56, “Sociétés sous contrôle”, París, marzo-abril 2001.
Autor/es Frank Mazoyer
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 26 - Agosto 2001
Páginas:34
Traducción Marta Vassallo
Temas Tecnologías, Nueva Economía, Derechos Humanos