Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Entre Washington y los talibanes

La complacencia con Estados Unidos, la persecución de Al-Qaeda, el vuelco en las relaciones con Afganistán, la contención del conflicto entre India y Cachemira, la proliferación nuclear, satisfacer al ejército, son algunas de las delicadas y contradictorias cuestiones que afronta el gobierno de Pervez Musharraf, todo un maestro de la ambigüedad política. El sueño de un “Gran Pakistán” y la emergencia de India.

La onda de choque del 11 de septiembre de 2001 sigue sacudiendo a Pakistán. El presidente, general Pervez Musharraf, debe ceder a la presión estadounidense y cambiar de rumbo en los tres puntos que Washington define como esenciales: la "guerra contra el terrorismo" y Al-Qaeda que se lleva a cabo en Afganistán, reavivada con el fortalecimiento de los neotalibanes 1; la relación indo-pakistaní para tranquilizar la situación en Cachemira, reiniciar el diálogo con Nueva Delhi y eliminar los riesgos de conflicto entre los países nuclearizados; por último -pero esto en sordina- la proliferación nuclear.

Pero Musharraf mantuvo la presión sobre Cachemira hasta 2003, ejerció contra Al-Qaeda y los talibanes una acción significativa pero incompleta, reafirmó su poder, pero al mismo tiempo negoció con los partidos políticos islamistas y preservó los intereses de la casta que domina el país: el ejército.

Notable equilibrista, maestro en situaciones de márgenes de maniobra estrechos, el Presidente-general navega entre dos aguas, llevando adelante una política que le asegura al mismo tiempo los ostensibles favores de la administración Bush, las iras de los grupos terroristas que en diciembre de 2003 atentaron dos veces contra su vida, la perplejidad de una población que se interroga acerca de su futuro y las dudas de su vecino indio.

Calculada ambigüedad

Cuando la Corte Suprema pakistaní avaló el golpe de Estado de octubre de 1999, impuso al general Musharraf, nombrado Presidente por referéndum en 2001, la obligación de organizar elecciones generales antes de terminar 2002. El general aceptó, pero al mismo tiempo se dedicó a debilitar a las fuerzas parlamentarias, ya en desventaja por el exilio de sus jefes, Nawaz Sharif por la Liga Musulmana y Benazir Bhutto por el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP). Apostó a una facción de la Liga Musulmana aliada y favoreció la inédita unión de los partidos islamistas, bautizada Coalición por la Acción, Muttahida Majlis-e-Amal (MMA).

El PPP ganó los comicios de octubre de 2002, seguido de cerca por una facción pro-Musharraf de la Liga, luego por el MMA, con una fuerza de unos sesenta diputados sobre 342, lo que representa un apreciable éxito para los islamistas. Después de un mes de negociaciones, Zafarollah Jamali Khan fue nombrado primer ministro de un gobierno dirigido por la facción pro-Musharraf de la Liga Musulmana, incrementada con los desertores del PPP. Entre Musharraf y los partidos islamistas se entabla una confrontación que oculta un juego más sutil. Los principales líderes islamistas Qazi Hussain Ahmed, emir de la Jamaat-e-islami, y Fazlur Rehman, jefe de una facción de la Jamaat-e-Ulema-e Islam, denuncian la línea proestadounidense del Presidente (al que llaman "Busharraf") y su status de jefe de Estado mayor. Pero asimismo intervienen en el juego del poder al participar en las estructuras políticas. Por lo demás, el MMA se alió a la Liga pro-Musharraf para gobernar Baluchistán, provincia vecina de Afganistán, y un año más tarde ratificó el status presidencial de Musharraf. La ambigüedad táctica del MMA es norma. En cuanto al ejército, se mantiene en el mando.

En realidad, desde el 11 de septiembre de 2001 Musharraf comprendió la absoluta necesidad de cambiar de rumbo en Afganistán y se alió a la "guerra contra el terrorismo". Pakistán se conviertió así en un "Estado del frente" que apoya a las fuerzas estadounidenses que luchan contra los talibanes. Los islamistas protestan, pero sin mucho resultado. La toma de Kabul por la Alianza del Norte, de tradición antipakistaní, y el gran peso que va adquiriendo en el seno del gobierno de Hamid Karzai, que goza del apoyo de la administración estadounidense, contrarían a Islamabad, que quisiera ver mejor representados a los pashtunes y se inquieta por el discreto retorno de la influencia india en Afganistán.

Aliado de Estados Unidos, Pakistán se compromete en la lucha contra Al-Qaeda, pero manteniendo un juego ambiguo en las zonas tribales de la Provincia Frontera del Noroeste, tradicionalmente cerradas al ejército pakistaní y santuario elegido por los fugitivos afganos. En verdad, las detenciones más importantes de miembros de Al-Qaeda, a veces personajes notables, se produjeron en ciudades pakistaníes y no en las zonas tribales, donde sin embargo las fuerzas armadas empiezan a entrar intentando incorporar a los jefes tribales a la nueva línea. Cuando en 2003 los neotalibanes retornaron al este afgano, Washington hizo saber a Pakistán, calificado de "fiel aliado", que en adelante serían necesarias medidas más eficaces.

Diálogo con India

Las relaciones indo-pakistaníes, deterioradas desde la llegada de Musharraf al poder, también están evolucionando. En 1999, antes de su golpe de Estado, el general había propiciado la injerencia de las fuerzas pakistaníes en Kargil, en la Cachemira india. La "guerra de Kargil", aun siendo mesurada, impulsó a India a teorizar el concepto de guerra limitada bajo el paraguas nuclear y torpedeó las esperanzas de normalización 2. En realidad, después del atentado del 13-12-01 contra el Parlamento de Nueva Delhi, India movilizó sus tropas a lo largo de la frontera indo-pakistaní. Esta "operación Parakram" se prolongó durante diez meses, pero no degeneró en conflicto abierto, a pesar de fases de grave tensión que alertaron a la comunidad internacional, muy activa en la cuestión.

El 12-1-01 Musharraf anuncia que Pakistán no apoyará la yihad islámica en Cachemira ni en ninguna otra parte, declaración que Delhi recibe con escepticismo. India no estaba dispuesta a reiniciar el diálogo con Islamabad en tanto se siguieran infiltrando combatientes en Cachemira.

A fines de 2002, las elecciones en Jammu y en la Cachemira india daban el triunfo a una nueva fuerza política, el Partido Democrático del Pueblo (PDP), que gobierna aliado con el Partido del Congreso (PdC) y predica un diálogo abierto que incluya a los separatistas. La estrategia de tensión propiciada por Nueva Delhi pierde intensidad, hasta que el 18-4-03 en un discurso pronunciado en Srinagar, el primer ministro Atal Baihari Vajpayee decide "tender una mano amiga" a Pakistán "por tercera y última vez". La respuesta pakistaní es alentadora, dado que la sombra de la guerra preventiva lanzada por Washington en Irak pesa sobre los ánimos. Entonces comienza una larga fase de contactos discretos y luego de señales más visibles, entre ellas el retorno de los embajadores a sus respectivas capitales. Durante meses se intercambian medidas de confianza y frases mínimas, hasta que el 23-11-03 Islamabad propone un alto el fuego incondicional a lo largo de la línea de control. Nueva Delhi acepta.

El 6-1-04, el encuentro entre Vajpayee y Musharraf 3 da lugar a un comunicado en común que anuncia la reanudación del "diálogo integrado" bilateral antes de abordar los contenciosos, incluida la cuestión de Cachemira 4. Musharraf declara "no permitir que ningún territorio bajo control paquistaní sea utilizado para actividades terroristas". Quince días antes había anunciado que su país podría "dejar de lado" las antiguas resoluciones de Naciones Unidas que convocaban al referéndum en Cachemira. Dos puntos esenciales para India.

Tal como convenido, el diálogo anunciado comienza en febrero de 2004, referido a cuestiones secundarias pero portadoras de esperanza. Sin embargo, algunas discordancias atemperan el optimismo 5. La cuestión del futuro de Cachemira llegará más tarde. Islamabad sigue rechazando cualquier oficialización de partición de hecho preconizada por Nueva Delhi, la que en paralelo mantiene entrevistas de alto nivel con una fracción de separatistas cachemires, divididos desde 2003.

El problema nuclear

En el momento en que se inicia el diálogo indo-pakistaní, emerge otra cuestión delicada: la proliferación nuclear. Presionadas por las autoridades iraníes, que habían aceptado la visita de expertos de la Agencia Internacional de Energía Atómica, a comienzos de febrero de 2004 las autoridades pakistaníes confiesan lo que siempre habían negado: Pakistán contribuyó mucho a la proliferación nuclear en Libia, Irán y Corea del Norte.

El régimen encuentra una puerta de salida al obtener del principal responsable, Abdul Qadir Khan, héroe nacional y padre de la bomba, una confesión pública. Khan afirmó que la proliferación se había realizado sin el aval de las autoridades, quienes, por su parte, denuncian esta "iniciativa privada" motivada por la búsqueda de ganancias al tiempo que "perdonan" al culpable. Que la administración estadounidense haya aceptado esta fábula y haya otorgado al general Musharraf un certificado de buena conducta, prueba hasta qué punto son flexibles los criterios de Washington según sus intereses del momento. Lo mismo cabe decir de India, que se mantiene muy discreta en lo que hace a esta cuestión, en nombre de la normalización en curso.

Aliado mayor extra OTAN

Para dar mayores pruebas de seriedad después de las perturbadoras confesiones de Abdul Qadir Khan, a partir de mediados de febrero pasado Islamabad lanza contra Al-Qaeda la primera gran ofensiva que implica a las fuerzas armadas, en la zona tribal de Waziristan. Con gran repercusión mediática, ésta culmina cerca de Wana, tras doce días de combates y de transacciones que involucran a los jefes tribales. El anuncio anticipado de la detención del número dos de Al-Qaeda, Ayman al Zawahiri, se malogra. El 30 de marzo el ejército suspende sus operaciones, habiendo perdido cuarenta y seis hombres. El balance en el terreno es más bien pobre. Pero el 18 de marzo, en Islamabad, el secretario de Estado Colin Powell solicita al Congreso estadounidense, con grave perjuicio para Delhi, la admisión de Pakistán en la categoría de "aliado mayor extra OTAN" de Estados Unidos 6, condición que permite ampliar la venta de armas mediante el levantamiento de las últimas sanciones impuestas en ocasión de los ensayos nucleares de 1998 y del golpe de Estado de 1999.

Al reafirmar poco a poco su poder al mismo tiempo que instala un gobierno civil, ¿abandona el general Musharraf esa ambigüedad? En la década de 1980 la ocupación soviética de Afganistán y la alianza con Washington permitieron al general Zia ul Haq instrumentar la causa del islam y los mujaidines al servicio de los intereses estratégicos pakistaníes, en especial la voluntad de controlar Afganistán y dotarse de armas nucleares. En 1989 la insurrección anti-india en Cachemira había abierto un segundo frente al aventurerismo pakistaní. Se trataba de utilizar a ciertos grupos cachemires para extender la influencia de Islamabad en la región.

Esta línea se ha vuelto insostenible por múltiples razones, que sobrepasan la sola caída del régimen de los talibanes. El aumento de poder económico y militar de India, que se acercó a Estados Unidos, hace inviable la idea de paridad relativa, a despecho del poder igualador de la disuasión nuclear. Después del 11 de septiembre se agudizaron las contradicciones pakistaníes frente a la impaciencia de India, que denuncia la contradicción entre los discursos oficiales de un Pakistán aliado de Estados Unidos en la caza de Al-Qaeda y la preservación de los grupos armados islamistas que operan en Cachemira. Más allá de los conflictos que oponen a sunitas y chiitas, los ataques contra extranjeros, luego los atentados de fines de 2003 contra el mismo Musharraf, circunscriben los límites de una política de medio tono, que había prohibido los grupos ultras a comienzos de 2002 y ahora les permite reconstituirse. Desde ahora, una fracción de esos grupos dirige la fuerza del terrorismo al corazón del poder.

Esta desviación no hace más que amplificar las voces que en el mismo Pakistán reclaman al régimen que termine con el extremismo islamista. Paralelamente, la comunidad internacional aumenta su apoyo económico para evitar que se hunda un país donde cohabitan el poder nuclear, el terrorismo y el activismo de un ejército que define desde hace mucho la política regional y estratégica.

Hasta ahora, Musharraf supo manejar tanto a sus generales como al islamismo parlamentario. No obstante, el resultado de la partida es incierto. La dicotomía entre el ejército y las grandes fuerzas políticas no facilita el consenso que generarían las grandes reformas estructurales y estratégicas impuestas por un nuevo paradigma.

El general Musharraf, que propicia un islam moderado y moderno, no hace otra cosa que reanudar el sueño de un Pakistán de 150 millones de habitantes erigido en país de referencia para el mundo musulmán. La vieja práctica del doble discurso y la imagen mediática que ofrece ese turbulento país están lejos de semejante ideal. No obstante, a largo plazo el problema es decisivo, puesto que el vecino indio busca afirmarse como potencia emergente. 

  1. Se entiende por neotalibanes a los grupos que de nuevo agitan el este afgano y a quienes se ve como aliados con las fuerzas del antiguo régimen que huyeron de la intervención estadounidense.
  2. En Lahore, en febrero de 1999, los primeros ministros indio y pakistaní habían propuesto las bases de una normalización posterior a los ensayos nucleares.
  3. Encuentro al margen de la reunión en Islamabad de la Asociación por la Cooperación Regional en Asia del Sur (SAARC), que en enero de 2004 definió un calendario establecido por etapas para crear una zona regional de libre intercambio.
  4. No había ocurrido así en el encuentro de Agra, en julio de 2001, a falta de un compromiso frente al terrorismo.
  5. El encuentro previsto para materializar el proyecto altamente simbólico de instalar una línea de autobuses que una las capitales de las dos Cachemira -india y pakistaní- ha sido postergado en dos oportunidades.
  6. Sin embargo tanto Pakistán como India decidieron no enviar tropas a Irak sin el mandato de la ONU.
Autor/es Jean-Luc Racine
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 60 - Junio 2004
Páginas:18,19
Traducción Teresa Garufi
Temas Conflictos Armados, Militares, Terrorismo, Estado (Política)
Países Estados Unidos, Afganistán, India