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Otra mundialización es posible

Cinco meses después de los atentados terroristas contra Estados Unidos, episodio a partir del cual los representantes de la globalización económica han intentado asimilar al movimiento antimundialización con el terrorismo, tendrá lugar en Porto Alegre el segundo Foro Social Mundial. Volverá a reunir a movimientos y asociaciones muy heterogéneos, pero mancomunados en la voluntad de oponerse a la mundialización económica y financiera, con su secuela de atentados contra los derechos humanos y el medio ambiente y por un mundo más justo e igualitario y no sometido a la ley del más fuerte.

Enero de 2001. En la inminencia de una tempestad tropical, la Guaiba toma colores atormentados, del azul acero al marrón. La laguna ribereña de Porto Alegre funciona como barómetro para miles de visitantes no habituales. El cielo descarga repentinamente sus olas tibias sobre la capital del Estado de Rio Grande do Sul sin alterar la pasión de los 4.702 delegados registrados oficialmente (más de 13.000 con sus allegados), procedentes de 117 países para participar en los debates del primer Foro Social Mundial (FSM). Convertido en el símbolo del movimiento internacional de resistencia a la mundialización liberal, este FSM1 nació en respuesta al Foro Económico Mundial de Davos, donde un cenáculo de pudientes dirigentes de empresas “globales” se reúne desde hace treinta años durante una semana del mes de enero.

El movimiento antimundialización se había iniciado en Seattle en noviembre de 1999, poco más de un año antes, en ocasión de la conferencia de ministros de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Desde entonces se tomó la costumbre de responder con una manifestación y foros de información a las principales reuniones de las instituciones multilaterales. En cada ocasión las manifestaciones son significativas, incluso cuando la reunión se cancela (como sucedió con la del Banco Mundial en Barcelona en junio de 2001), y señalan al mundo entero quién y dónde decide las grandes orientaciones que pesan sobre la vida cotidiana, cuáles son los mecanismos que maniatan a los funcionarios electos, cuáles son las fuerzas e intereses que actúan por encima de las leyes y los Estados.

Unos días después de Davos 2000, dos responsables de asociaciones brasileñas y el presidente de ATTAC Francia se encuentran en París para discutir la creación de un contra-foro económico mundial2. No se trata solamente de crear un lugar más desde donde criticar la mundialización liberal, sino sobre todo de proponer una cita de intercambio de experiencias y de formulación de propuestas alternativas que emanan de las sociedades, tanto del Norte como del Sur. Se denominaría Foro Social Mundial y se celebraría al año siguiente, exactamente en la misma fecha que el de Suiza.

Para enero de 2001 y después de una rápida revisión de las posibles opciones, eligen un país, Brasil, y una ciudad: Porto Alegre. La capital del Estado gaúcho, con 1.300.000 habitantes, tiene una dimensión simbólica, dado que los intendentes del Partido de los Trabajadores (PT) que la gobiernan desde hace doce años (sucesivamente Olivio Dutra, Tarso Genro y Raúl Pont) desarrollaron allí una forma de democracia original: el presupuesto participativo. Y el mismo Estado acaba de elegir como gobernador a Olivio Dutra. Entre sus primeras decisiones se cuenta la prohibición del cultivo de Organismos Genéticamente Modificados (OGM).

El FSM de Porto Alegre no nace de la nada: fue precedido por un año de manifestaciones “globales” posteriores a Seattle (Bangkok, Washington, Ginebra, Boloña, Millau, Praga, Bangalore, Melbourne, Seúl, Niza). A la mercantilización del mundo los ciudadanos responden inventando la manifestación mundial por procuración. El principio es simple: cada institución-objetivo, en primer lugar el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial de Comercio (OMC), la Banca mundial, y por último el Consejo de Europa, es objeto de una movilización regional engrosada por delegaciones extranjeras. Los manifestantes regionales llevan las reivindicaciones de los otros continentes a los encuentros, debates y foros organizados en ocasión de cada acontecimiento, así como en sus consignas, banderas y pancartas.

Más allá de la apariencia heteróclita de quienes se reúnen –hay asociaciones de todo tipo, sindicatos, movimientos feministas, ecologistas, de defensa de las libertades– los une lo esencial: imponer barreras contra la desregulación liberal, la especulación financiera, los atentados a los derechos humanos y al medio ambiente. No hay competencia entre las reivindicaciones, sino más bien una sinergia que pone en primer plano la deuda de los países en desarrollo, la negativa a la privatización de lo viviente, la defensa de los servicios públicos, la protección de los recursos naturales.

Las manifestaciones que tuvieron lugar en 2001 en México, Buenos Aires, Quebec, Gotemburgo, Génova, Beirut, Bruselas, llevaron la impronta de Porto Alegre; profundizaron la reflexión sobre las soluciones, mundializaron la esperanza de que “otro mundo es posible”. En México en marzo de 2001 se reúnen algunos de los actores importantes del FSM junto al subcomandante zapatista Marcos, en vísperas de la entrada de la marcha por la dignidad a la capital mexicana. El encuentro con Marcos es ante todo un homenaje a quienes se sublevaron el 1º de enero de 1994, el día en que entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), abriendo el camino a la resistencia contra la globalización liberal.

En el Viejo Continente los partidarios del orden económico liberal toman consciencia de que el movimiento se instala de modo duradero y es portador de soluciones de recambio. Entonces se asiste en Gotemburgo, Barcelona y sobre todo en Génova, al despliegue de una estrategia de criminalización de aquellos a quienes los medios llaman los “antimundialización”. El 15 de junio en Gotemburgo, en ocasión del último Consejo Europeo bajo presidencia sueca, la policía abre fuego contra los manifestantes con balas reales. El balance es un herido de gravedad (que afortunadamente se recuperaría después) y varios heridos leves. Un mes después, en Génova, en ocasión de la reunión del G8, unos 200.000 manifestantes que acudieron al llamado del Foro Social de Génova padecen las provocaciones y violencias policiales, con el resultado de un muerto y cientos de heridos.

Attac en treinta y cinco países

Símbolo del movimiento contra la mundialización, con sus banderas rojo y blanco que se hacen ver en todas las movilizaciones, figura la asociación ATTAC, fundada en Francia en junio de 1998 y que ha logrado difundirse a escala internacional. Hay estructuras de ATTAC en 35 países, 17 de ellos europeos. Nacido en enero de 2001, ATTAC Suecia tiene en diciembre 6.000 adherentes. Los finlandeses son 3.000, los suizos y belgas, más antiguos, casi 5.000. ATTAC Alemania, que celebró su congreso fundador en octubre de 2001, recluta desde entonces cientos de nuevos adherentes por mes. El movimiento se desarrolla también en Polonia y Rusia. En América hay grupos de ATTAC en Quebec, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Uruguay. A pesar de las dificultades de todo orden que traban la vida asociativa en África, el mismo fenómeno se da en Magreb, Burkina Faso, Senegal. Cada movimiento nacional ATTAC es independiente, pero se compromete con la plataforma internacional elaborada en diciembre de 1998.

Para François Dufour, uno de sus dos vicepresidentes en Francia, este éxito se debe a “la capacidad de ATTAC para reunir gente de diferentes sensibilidades para desmontar la máquina infernal liberal, para lograr una coherencia en la construcción de una reflexión descentralizada y de una acción”. Para Raffaele Laudani, uno de los responsables de ATTAC Italia, “en la península ATTAC cubre un vacío político: es una asociación capaz de vincular la dimensión internacional con el arraigo en el territorio y las ciudades. ATTAC está concebido como un lugar de intercambio entre gente organizada en otras instancias, que sin ATTAC no trabajarían juntas. Su configuración de movimiento de educación popular volcado a la acción es la verdadera novedad”.

En Francia 27.000 adherentes con su cotización al día a fines de 2001 y alrededor de 230 comités locales constituyen un hecho social que suscita ya múltiples trabajos universitarios, libros y artículos. Los funcionarios electos lo observan con preocupación o simpatía, según los casos. Un centenar de diputados franceses, miembros o simpatizantes de la asociación reunidos en la Coordinación de los diputados de ATTAC en la Asamblea nacional (una coordinación idéntica existe en el Senado y el Parlamento europeos), obligaron a adoptar el 19 de noviembre pasado el principio de la tasa Tobin, en una enmienda a la ley de finanzas.

Cofundadora de esta coordinación con sus colegas Yann Galut (PS), Jean Claude Lefort (PC) y Georges Sarre (MDC), así como Yves Cochet (Verdes) convertido en ministro de medio ambiente, Chantal Robin Rodrigo, diputada radical de izquierda de los Altos Pirineos ve en ello “una victoria simbólica por cierto, dado que la deducción sólo va a entrar en vigor si los demás países de la Unión Europea adoptan una medida idéntica. Pero el trayecto recorrido en tres años es considerable”. Sin embargo la asociación vela por su estatuto de movimiento de educación popular, y por consiguiente por su independencia respecto de los partidos: ATTAC no presenta ni apoya a ningún candidato en las elecciones de 20013.

Con posterioridad a los atentados del 11 de septiembre pasado, el intento de ciertos liberales de presentar a sus opositores como aliados objetivos de Ben Laden, mediante el silogismo de que “ser antiglobalización es ser antiestadounidense, por lo tanto cómplice de los terroristas”, no prospera en la opinión pública. Lo cual no significa que el movimiento antimundialización liberal no tenga que afrontar problemas importantes. Uno de ellos es el de la violencia, principal argumento presentado por sus adversarios para desacreditarlo.

En este sentido, Génova constituye un hito, en la medida en que allí se pudo observar cómo la policía italiana había infiltrado ciertos elementos del movimiento anarquista o “autónomo” (el Black Block) con el objetivo de tratar de sabotear y criminalizar una manifestación monumental y pacífica. Las voces que tendían a aceptar a esos grupos en el movimiento como compañeros de ruta, aun cuando sus métodos resulten contraproducentes, ya no encuentran eco. La enorme mayoría condena de ahora en más enérgicamente el empleo de la violencia y se disocia de quienes la practican. No por eso los transforma en adversarios: ¿quién tiene la culpa si la sociedad liberal produce semejantes grupos? En ocasión de las manifestaciones de Bruselas del 13 de diciembre (por iniciativa de la Confederación Europea de Sindicatos) y del 14 de diciembre (a la que llamaron solamente asociaciones, sindicatos y partidos próximos al “movimiento”, y que reunieron 80.000 y 25.000 personas respectivamente), los actos violentos fueron de hecho inexistentes.

Los hechos del 11 de septiembre plantean además otras dificultades. Aun cuando las políticas neoliberales siguen produciendo efectos catastróficos, como se constata entre otros en Argentina, lo cierto es que la lucha contra el terrorismo modificó en parte el panorama. El gobierno de Estados Unidos, que ya había reclutado a la OMC en su cruzada “antiterrorista”4 se propone incrementar su ventaja en todos los terrenos. Como subraya José Bové, “globalización militar y económica van de la mano desde la caída del muro y la guerra del Golfo. Hay que comprender que una sirve a la otra”. Pero por otro lado, por mucho que hayan cambiado las prioridades mediáticas, las organizaciones multilaterales no se hacen excesivas ilusiones: conocen bien el rechazo de que son objeto sus políticas liberales y tratan de “dialogar” con los “antimundialización”, y en lo posible engatusarlos. Hasta el momento a pura pérdida.

En este contexto contradictorio, el segundo Foro Social Mundial de Porto Alegre cobra una importancia suplementaria. No será simplemente el encuentro de miles de representantes sindicales, asociativos y de funcionarios electos para definir los bienes en común de la humanidad, la exigencia de adecuar a ellos la actividad económica y la formulación de políticas alternativas. Será también la ocasión de pesar en la balanza, casi cinco meses después del 11 de septiembre, a favor de un mundo no sometido a la ley del más fuerte.

  1. Ignacio Ramonet, “Porto Alegre” y Carlos Gabetta, “Propuestas para cambiar el mundo”, en Le Monde diplomatique edición Cono Sur de enero y febrero de 2001, respectivamente.
  2. Para la génesis del FSM véase Bernard Cassen, “Uma virada politica e cultural”, en Forum Social Mundial. A construçao de um mundo melhor, bajo la dirección de Antonio David Cattani, coeditado por seis instituciones, entre ellas la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Porto Alegre, 2001.
  3. Este principio será recordado en ocasión de una reunión festiva organizada por la asociación en Zenith, París, el sábado 19 de enero.
  4. Véase Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2001.

Datos de interés

El segundo Foro Social Mundial (FSM) tendrá lugar en Porto Alegre, en Brasil, del 31 de enero al 5 de febrero. El Foro Económico Mundial, más conocido bajo el nombre de la estación suiza que lo hospedaba, Davos, prefirió a último momento romper el paralelismo de las fechas que irritaba en grado sumo a sus responsables (se desarrollará del 29 de enero al 4 de febrero), y sobre todo elegir domicilio en Estados Unidos, en el Waldorf Astoria de Nueva York. ¿Preludio, según se murmura, de su adquisición por un gran grupo estadounidense de comunicación?

Durante el FSM se celebrará un Foro internacional de parlamentarios, los días 1 y 2 de febrero. Antes de su apertura, del 28 al 30 de enero, tendrá lugar un foro de autoridades locales para la inclusión social. Estos dos encuentros son organizados respectivamente por el gobierno del Estado de Rio Grande do Sul y la intendencia de Porto Alegre, de modo que no son responsabilidad del comité brasileño de organización del FSM. Lo cual no impide que la concentración durante una semana de responsables asociativos y sindicales y de funcionarios nacionales y locales electos de más de cien países vaya a facilitar intercambios y permitir el lanzamiento de numerosas iniciativas.

Le Monde diplomatique estará presente en Porto Alegre, donde organizará un seminario sobre comunicación, y varios de sus responsables y colaboradores animarán sesiones plenarias y talleres. La asociación de Amigos de Le Monde diplomatique también estará presente con un taller sobre lectores comprometidos, vinculado con otras asociaciones de lectores.

El sitio oficial del FSM: http://www.forumsocialmundial.org.br/fra/index.asp.

Sitio de preparación y animación del FSM, instalado por la edición brasileña de Le Monde diplomatique: http://www.portoalegre2002.net


Autor/es Gilles Luneau
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 31 - Enero 2002
Páginas:14,15
Traducción Marta Vassallo
Temas Mundialización (Cultura), Mundialización (Economía), Derechos Humanos, Movimientos Sociales