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Recuadros:

La izquierda es favorita en El Salvador

El triunfo del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN, una de las organizaciones guerrilleras que protagonizó la guerra civil de los años ´80), en las elecciones legislativas salvadoreñas de marzo de 2000 permitió que la capital, San Salvador, siguiera gobernada por Héctor Silva, ex diputado del partido de centro izquierda Convergencia Democrática, tradicionalmente aliado de la ex guerrilla. A pesar de los manejos de la derecha y de la marcada tendencia abstencionista del electorado, Silva es el candidato con mayores posibilidades para las muy reñidas elecciones presidenciales de 2004.

En la entrada de San Salvador un monumento honra a la paz. Pero nada, en ninguna parte, evoca a las 75.000 víctimas de los 12 años de guerra civil (1980 a 1992), que devastaron el país. Las autoridades salvadoreñas se ocuparon en cambio de rendir homenaje a sus ciudadanos muertos en las torres gemelas del World Trade Center. Cien cruces de colores jalonan el asfalto de la calle Primera Poniente. En señal de solidaridad con las familias estadounidenses enlutadas, se eliminaron las fiestas de conmemoración de los 180 años de la independencia, el 15 de septiembre pasado.

Las paredes están desgarradas por graffitis que parecen salir de otra época: “La revolución continúa”. Y su contracara: “Patria sí, comunismo no. El Salvador será la tumba de los rojos”, tal como aún se escucha en las reuniones de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), el partido que deslizándose por etapas de la extrema derecha a una derecha liberal más presentable, gobierna ininterrumpidamente desde 1989. Es que en 10 años los ex guerrilleros del FMLN lograron una difícil transición: pasar de las armas a las urnas, de la condición de clandestinos a la de partido oficial que, tras su victoria en las elecciones municipales del 12-3-2000, se convirtió en la primera fuerza política en el Parlamento1.

En esa oportunidad “el Frente”, como se lo llama familiarmente, ganó 80 intendencias, 12 de ellas en coalición, lo que significa 25 más que en 1997. Entre ellas, siete de las 14 ciudades más grandes del país y, en el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS), 12 de los 19 municipios. Con el 50% de los sufragios, el candidato de la alianza FMLN-Unión Social Cristiana (USC), Héctor Silva, fue reelegido por el FMLN para gobernar la capital que ya administraba desde el 16 de marzo de 1997. Nuevo poder local, los consejos municipales del FMLN gobiernan ya al 68% de la población. Y sus dirigentes quieren creer que allí donde fracasó la revolución socialista, triunfará la revolución democrática.

Calle Rubén Darío, una de las principales avenidas de San Salvador. El calor es húmedo y mugriento. Angustia y miseria, los “rebuscas” –vendedores de subsistencia cotidiana– invaden las veredas. Todo se vende, todo se negocia. Ropas o electrodomésticos, cerveza o “coche bomba” (un alcohol de metanol que aniquila a los desocupados), crack o cocaína. Consejero municipal para la rehabilitación del centro histórico, Francisco Altschul describe la amplitud del fenómeno: “Actualmente hay 8.000 vendedores ambulantes en el centro de San Salvador y más de 12.000 en toda la municipalidad. Consecuencia de 12 años de guerra civil y siete de recesión económica, la ciudad está sumergida por la pobreza nacional. Las administraciones anteriores perdieron toda autoridad: el espacio público se entiende como espacio personal”. Como muchos habitantes del área metropolitana, Rosa ya no pisa la ciudad, “demasiado apocalíptica”, desde hace años. Prefiere las galerías comerciales al estilo estadounidense que se multiplican en los accesos al centro.

En noviembre de 1989, en el curso de una ofensiva espectacular, el FMLN intentó sin éxito tomar militarmente San Salvador. Habiéndola conquistado ahora democráticamente, trata de hacerla más vivible. En 1998, cuando Silva lanzó un plan de rehabilitación, la consigna de la intendencia resonó como surrealista en los oídos de los ciudadanos: “Los parques y calles para los peatones, no para los vendedores”. Querían desalojar a los rebuscas y sus puestos, que obstruyen las veredas… Nadie podía creerlo. Tanto menos cuanto que el sector informal vota en buena parte por el FMLN. “Significaba atacar a su propio electorado”, comenta un comerciante.

Políticamente arriesgada, la iniciativa fue objeto de crítica, pero las negociaciones iniciadas hace tres años entre la intendencia y las asociaciones de vendedores para encontrar lugares nuevos alcanzan su objetivo. A cambio de un sitio en los mercados municipales o en grandes infraestructuras de chapa instaladas en el centro de la ciudad para albergarlos, varios centenares de vendedores aceptaron liberar las veredas. A nivel sanitario y financiero, también en términos de seguridad, sus nuevas condiciones de trabajo no se pueden comparar con las de la calle. La solución propuesta por la intendencia resulta convincente. Con los rebuscas que se niegan a desplazarse porque temen perder su ya escasa clientela, la municipalidad negocia, lo cual no impide que en caso de fracasar los desaloje por la fuerza.

Poco a poco, plazas y bulevares son devueltos a los ciudadanos y hay empresas privadas que se involucran pragmáticamente en la restauración de los espacios públicos2. Se dispara una dinámica que prueba que un cambio es posible. “Silva logró avanzar sobre lo que parecía irrealizable. Devolver un rostro humano a ciertos rincones del centro. El cambio es visible, pero la intendencia no puede afrontar sola problemas de dimensión nacional, se trate de la economía informal o del transporte por carretera. Está fuera de sus capacidades y de su competencia. El gobierno debe tomar el toro por las astas”, explica Tomás, que nació en la capital. Fabio Castillo, ex coordinador general del FMLN, comenta que “la gestión de la capital cumplirá una función determinante para la elección presidencial de 2004”. La función de intendente de San Salvador constituyó tradicionalmente un trampolín hacia la presidencia. En esta perspectiva no hace falta precisar que el Arena no se muestra muy dispuesto a colaborar con Silva.

“En San Salvador el FMLN no constituyó sin embargo un consejo rojo”, ironiza Eugenio Martínez, diputado del partido en el Parlamento centroamericano. Ginecólogo de formación, nacido en Estados Unidos y diplomado en Harvard, el intendente Héctor Silva fue diputado por la Convergencia Democrática, partido de centro izquierda, que incluso en el apogeo de la guerra mantuvo estrechos lazos (a veces distendidos) con la guerrilla. Pero ni militó ni combatió en el seno del FMNL, lo cual le permitió reunir, además de las bases sociales de la ex oposición armada, a muchos otros votantes seducidos por esta política de apertura. En la intendencia están representadas muchas corrientes políticas.

Los trucos de la derecha

En diciembre de 1998 ardió la mitad del mercado de San Salvador, dejando en la calle a 2.700 vendedores. Estimada en poco más de ocho millones de dólares, la reconstrucción del edificio permitiría instalar a 6.000 rebuscas. Aunque el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) aprobó el otorgamiento de un préstamo para financiar la operación, el ministerio de Finanzas bloquea el legajo desde junio de 2001. Sin su aval no se puede tomar ninguna decisión, así que no se hará nada. Diputado de Arena en la Comisión de obras públicas de la asamblea nacional, Roberto D´Aubuisson pretende que “no hay ningún bloqueo por parte del gobierno”, pero enseguida fustiga al intendente y su consejo, “conjunto de incapaces y malos administradores”. La evocación de Silva o del FMLN le saca espuma por la boca. No en vano es hijo del “arcángel de los escuadrones de la muerte”3.

Paralizada por los vendedores, San Salvador también lo está por su transporte público: 137 líneas y 9.000 ómnibus atraviesan a diario el centro de la ciudad4. El gas que sale de los caños de escape oscurece la vista, erosiona los edificios y los pulmones. Rehenes de una competencia feroz, los usuarios viajan en las peores condiciones. “Es una carrera para ver quién recoge más, deteniéndose no importa dónde, no importa cuándo, no importa cómo”, protesta una pasajera. “Desde hace meses, Silva negocia una reorganización con los transportistas, pero la hostilidad del gobierno hacia la intendencia es tal que hizo que la iniciativa entrara en corto circuito”, explica un joven salvadoreño desalentado.

En octubre de 2001, ignorando olímpicamente las propuestas del consejo municipal –que trataba de establecer un trazado de las rutas para sustentar su plan de rehabilitación del centro de la ciudad– el vice ministerio de transportes (VMT) lanzó su propio plan de reorganización del transporte por carretera en San Salvador. Aunque la intendencia se propone descongestionar las principales avenidas restringiendo el paso de autobuses y microbuses, sus discusiones con los transportistas no dieron fruto. “El VTM no nos consultó”, confirma Genaro Ramírez, presidente de la Asociación de Empresas Salvadoreñas de Autobuses (AEAS). Finalmente, el plan gubernamental aparta a los autobuses del centro de la ciudad, pero no los micros. “El ministerio es concesionario de microbuses, así que hace lo necesario para favorecerlos instalando rutas y paradas en la ciudad”, constata Ramírez.

A medio camino entre Apopa y Nejapa (dos suburbios situados en el norte de San Salvador), el vertedero del área metropolitana afea un urbanismo ya caótico, dejando un panorama de desechos a lo largo de la ruta. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) se negó recientemente a dar permiso para construir una estación de transferencia y reciclaje de desechos en Apopa. La iniciativa, liderada por Silva y nueve intendencias FMLN, fue evaluada por el gobierno como “no viable”. La Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillas (ANDA), evoca riesgos de contaminación de las aguas subterráneas, última opinión que contradice sus peritajes precedentes y los de la empresa canadiense Cintec-Mides, contratada por la intendencia.

Para Juan Estrada, intendente de Apopa por el FMLN, “no se trata de contaminación, sino de plusvalía sobre la tierra”. Cosa que apuntala Facundo Guardado, asesor de Silva para medio ambiente: “Los motivos son políticos y económicos. Después de los temblores de tierra de enero y febrero últimos, los terrenos del sur de San Salvador, más inestables, perdieron valor. La presión urbana y territorial se orientó hacia el norte, especialmente hacia Apopa. Apoyado por el gobierno, el propietario del terreno se opone a la construcción de la estación porque ahora puede extraerle un precio más interesante”. Diputado del Arena a la comisión de asuntos municipales de la Asamblea, Norman Quijano niega la existencia de “todo interés personal en el negocio”. Afirma en cambio que Cintec-Mides tiene contactos con sindicatos canadienses que habrían apoyado durante la guerra al FMLN. “Este proyecto nació muerto, porque la criatura está corrompida”.

Procuradora de la oficina por los derechos de la persona, un organismo creado por los acuerdos de paz, la señora Beatriz de Carillo intentó modificar la posición del gobierno. En vano. Como todos los que se ocuparon de este legajo, asegura que “nada permite oponerse a la construcción de la estación, y con toda seguridad no el estudio ANDA: dos páginas que se contradicen”. La inversión de 15 millones de dólares debía permitir la creación de 150 empleos. Hasta nueva orden, los desechos del área metropolitana seguirán acumulándose en el vertedero al aire libre al borde de la ruta. Pero Silva no cede: “Esta negativa muestra los serios bloqueos del Poder Ejecutivo: se pronuncia sobre un proyecto, no en función del beneficio que puede significar para el país, sino según el color de la oposición”.

La opción progresista

Una misma pintada se multiplica en los lugares públicos de San Salvador: “No armas”. El país, uno de los más violentos de América, contabiliza de 6.000 a 8.000 homicidios por año; 100 por cada 100.000 habitantes5. Creada y encargada de la seguridad pública por los acuerdos de paz de 1992, la Policía Nacional Civil (PNC), no logró frenar la violencia que devasta a la sociedad6. En la capital, la intendencia optó por movilizar a su Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM), “el ejército rojo de la municipalidad”, como lo llama la derecha.

Designado por Silva en 1997, Eduardo Linares (ex comandante del FMNL y diputado) tomó bajo su responsabilidad “a un apéndice de la policía minado por la indisciplina, la violencia y el abuso de poder”. Apartó a los elementos más nocivos e incrementó de modo considerable el nivel de formación. El CAM cuenta hoy con una mayoría de civiles que no participó en el conflicto. En los mercados, las calles o bares, para hacer aplicar la nueva reglamentación de la intendencia sobre la venta de alcohol7, sus agentes cumplen una función tanto preventiva como disuasiva. Sin demasiados medios ni apoyo real de la PNC, imponen algo de orden en la ciudad.

“Constitucionalmente, el CAM no está habilitado para garantizar la seguridad”, explica Miguel Varela, miembro de la comisión de municipalidades del FMLN, “pero los 17.000 policías de la PNC son demasiado pocos como para afrontar los altos niveles de delincuencia del país y las necesidades de los dos millones de habitantes de la AMSS”, completa Oscar Bonilla, director ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP). Tanto más cuanto que el profesionalismo de la PNC suscita serias reservas. En el año 2000, se recibieron 1.680 demandas contra la policía por agresión, asalto a mano armada, secuestro y a veces asesinato8. Hace dos años, el presidente Francisco Flores intentó una depuración de más de 1.500 miembros, y tanto la prensa como la población la consideraron un fracaso. Del mismo modo que el poder en el país, la imagen de la PNC sigue siendo la de un organismo corrupto.

Quince años de gobierno “arenista” significaron “la privatización salvaje de los servicios públicos, un ascenso vertiginoso de los precios y el empobrecimiento consiguiente de la población”, se lamenta la directora de una ONG. “En tres años, las facturas de electricidad y teléfono se multiplicaron por tres. Sólo faltan el agua, la salud y la educación”. Como explica el sociólogo Antonio Uribe, “los acuerdos de paz pusieron el acento en la reforma de las instituciones. Contrariamente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que en la mesa de negociaciones plantean continuamente la reflexión sobre el modelo económico, en El Salvador ese tema ha sido completamente abandonado”9.

En descargo de la ex guerrilla salvadoreña, es preciso apuntar que en 1992 Estados Unidos había asumido un compromiso masivo en América Central. La situación internacional y la relación de fuerzas no permitieron ir más allá de la imposición del estado de derecho y la democracia, en un país oprimido desde siempre por una oligarquía retrógrada y el ejército. La alternativa era prolongar una guerra mortífera durante largos años, cuando no se podía siquiera vislumbrar un triunfo en el terreno militar.

Diez años más tarde hasta la naturaleza parece ensañarse sobre el “Pulgarcito” de América Central. Además de los dos temblores de tierra que sacudieron la mitad del territorio a comienzos de 2001, una sequía terrible se abatió sobre sus tierras atormentadas en los meses que siguieron. El país está de rodillas y sólo la cooperación internacional alivia sus heridas. Más de un millón de salvadoreños viven exiliados en Estados Unidos. Sus remesas, el dinero que envían a sus familias, salvan a la economía nacional10. La población reclama “una alternancia política”. El FMLN representa una opción. Las encuestas de opinión señalan a Silva como el favorito en las elecciones presidenciales de 2004. Para muchos simpatizantes de izquierda, “es el candidato más potable del FMLN, el que genera menos anticuerpos en la derecha”. Falta saber si su nombre se impondrá definitivamente en el debate político que atraviesa al partido.

Porque la expectativa popular sobre un cambio en el ejecutivo no garantiza necesariamente un triunfo próximo del FMLN. Las elecciones legislativas y municipales de 2000 tradujeron además de un incremento de votos en su favor la declinación electoral de Arena, iniciada en 1997. Marcando el desfasaje entre las dificultades concretas de la población y la vida política, el abstencionismo alcanzó el 67%, y en total sólo el 11,7% de la población votó en 2000 por el FMLN11, que por el momento hace el aprendizaje de su experiencia democrática a escala local. Su gestión de las intendencias, especialmente la de San Salvador, su capacidad para innovar y superar los obstáculos planteados por la derecha, constituyen otras tantas posibilidades de demostrar su capacidad para dirigir el destino del país. Los salvadoreños esperan pruebas tangibles, “para que 75.000 personas no hayan muerto en vano”.

  1. En las elecciones legislativas, el FMLN obtuvo 31 diputados, contra 29 de Arena y 24 distribuidos entre cuatro partidos pequeños.
  2. Con la privatización de las telecomunicaciones y la imposición de un impuesto sobre cada cabina en la ciudad, Telefónica y Telecom acumularon importantes deudas ante la intendencia. Después de negarse a pagarlas, finalmente aceptaron hacerse cargo de la restauración de dos plazas del centro de San Salvador.
  3. Muerto en 1992, Roberto D´Aubuisson padre fue descripto en 1980 por el embajador de Estados Unidos en El Salvador, Robert White, como “un asesino psicópata”. Dirigente de los escuadrones de la muerte, se lo considera el autor intelectual del asesinato del arzobispo de San Salvador monseñor Oscar Romero.
  4. Según el proyecto de reorganización del transporte público realizado en 1997 por la empresa israelí Tahal Consulting Engineers, a pedido del vice Ministro de Transportes.
  5. Más de 400.000 armas de fuego (sobre 6 millones de habitantes), circulan en manos de civiles. Ver José Miguel Cruz, El Salvador: Diagnóstico de las armas de fuego, Instituto de Opinión Pública, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, San Salvador, julio de 2000.
  6. Los acuerdos de paz preveían la integración del 60% de los civiles, el 20% de miembros de los ex cuerpos de policía y 20% de ex guerrilleros en la PNC.
  7. Desde septiembre de 2001, la intendencia de San Salvador prohibió la venta de alcohol después de medianoche en los lugares públicos (Ley Seca). Otras municipalidades asumieron la iniciativa, pero ante las protestas de bares y discotecas la Asamblea prolongó la hora límite de venta a las 2 de la mañana.
  8. El Estado actual de la seguridad pública y de la justicia penal en El Salvador, Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho, San Salvador, 2001.
  9. Maurice Lemoine, “La guerra en Colombia: una nación, dos Estados”, en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2000, y “Colombia: guerra sucia en Sur Bolívar” en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2001.
  10. El Banco Central de Reserva del Salvador (BCR) calcula en 1.900 millones de dólares los envíos de dinero procedentes del exterior, fundamentalmente desde EE. UU. Estas transferencias equivalen al 63% de las exportaciones salvadoreñas y permiten cubrir el 85% del déficit fiscal del país. El Diario de hoy, San Salvador, 15-9-01.
  11. “Unos resultados electorales desafiantes”, en Estudios centroamericanos, Universidad José Simeón Cañas, Nº 617, marzo de 2000.

El FMLN contra el FMLN

San Salvador, 15 de septiembre de 2001. Salvador Sánchez Cerén, presidente del grupo parlamentario del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) en la Asamblea Nacional, participa en una marcha de protesta convocada por diversas organizaciones sociales. La manifestación degenera: quema de banderas estadounidenses e israelíes, gritos de alegría que hacen la apología del 11 de septiembre. Aparecen graffitis en las paredes del centro de la ciudad: “¡Osama, estamos contigo!” La Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y su órgano de prensa acaparan el asunto, acusando a Cerén de haber orquestado los desbordes y al FMLN de no ser más que un grupo terrorista.

En el seno del Frente, las reacciones difieren según las corrientes –revolucionaria socialista (CRS, “ortodoxa”), Renovadora y Unionista (RU, comprometida con la unión del movimiento)– cuyos respectivos nombres son emblemáticos de su ideología. Los socialistas revolucionarios, entre cuyos líderes está Cerén, no pueden condenar sin traicionarse el arrebato de la base del FMLN: ¿quién podría olvidar que en el punto más álgido de la guerra, Estados Unidos inyectó un millón de dólares por día para alimentar el conflicto? Pero RU critica con virulencia a Cerén. Le reprochan “un comportamiento irresponsable que comprometió a todo el partido”. Fabio Castillo, antecesor en la coordinación general de la organización, prefiere sostener que “las tres tendencias son especies en vías de extinción” y que “una conciencia común asciende en el seno del partido…” ¿Hacia la unidad?

Resulta un tanto dudoso, teniendo en cuenta que el 25-11-01, al término de las primeras elecciones directas para la coordinación general del FMLN, detentada hasta ese momento por los renovadores, Cerén accede a la dirección del partido y Shafick Hándal, otra figura emblemática de la Corriente Socialista Revolucionaria, lo sucede a la cabeza del grupo parlamentario del FMLN en la Asamblea. Este cambio no solamente no se decidió por unanimidad, sino que los representantes de las corrientes renovadora y unionista hablan de un fraude. Francisco Jovel, diputado y candidato renovador en la coordinación del partido, declara: “Esta victoria de los ortodoxos favorecerá la de Arena en la presidencial de 2004”. Surgirían nuevas dudas cuando el 1º de octubre un tribunal de honor del FMLN expulsó a Facundo Guardado, estrecho colaborador de Héctor Silva en la municipalidad de San Salvador y candidato del partido a la elección presidencial de 1999, por haber “vulnerado la credibilidad y la identidad del FMLN”.

Más allá de ciertos episodios en los que no están ausentes los conflictos personales –todos los protagonistas son ex comandantes históricos o importantes jefes de la ex guerrilla– el duro debate que sacude al FMLN desde su transformación en partido político no tiene nada de excepcional: atraviesa a toda la izquierda latinoamericana (e incluso europea). ¿Hay que optar por una política radical de cambio o, con criterio pragmático, establecer alianzas con el centro del tablero político, es decir, impulsar una “blairización” del partido?

En El Salvador, las dos alternativas pueden juzgarse según sus resultados. Cuando el 16-3-1997, al término del segundo escrutinio en el que pudo participar, el FMLN obtiene prácticamente la paridad en la Asamblea con Arena (27 y 28 escaños, respectivamente) y consigue 60 municipalidades sobre 262 –entre ellas la de San Salvador– gracias a una política de apertura que lleva a la municipalidad a Silva, los “ortodoxos” tienen en sus manos la dirección. La abandonan en diciembre de ese mismo año, cuando el reformador Facundo Guardado, apoyándose en los mandos medios, asume el control del partido. Privilegiando un discurso que apunta a las clases medias, sustituyendo “lucha de clases” por “ciudadanía”, Guardado lleva a la izquierda a un estridente fracaso en las elecciones presidenciales del 7-3-1999 (29% de los votos). Ocurrió que en su viraje hacia el centro, sostuvo poco más o menos el mismo discurso que su adversario Francisco Flores, desorientando al electorado y en particular a los militantes del FMLN, más radicales que sus dirigentes.

A principios de mayo de 1999, la derrota permite que los “socialistas históricos” recuperen la dirección de un FMLN “que ha reencontrado sus valores” y que el 12 de marzo de 2000 triunfa en las elecciones legislativas.

Sucede que estas luchas internas y la expulsión de Guardado, legítima o no, tienen lugar en el momento en que la derecha, en dificultades a causa de su fracaso económico y social, estrecha filas en torno a los nuevos dirigentes del Consejo Ejecutivo de la Arena: banqueros y gerentes de empresas monopólicas asumieron su dirección, eliminando a los intermediarios políticos. La idea de la derecha (vender la imagen de empresarios que han triunfado en los negocios) es simple, pero logra impacto sobre una población empobrecida y una “sociedad civil” en descomposición a la que se le repite todo el tiempo que hay que agrandar “la torta” para distribuirla mejor.

Las querellas internas de la oposición generan amargura en los salvadoreños. Como reacción a la expulsión de Guardado, el intendente de San Salvador, Silva, amenazó con alejarse de “ese tipo de izquierda para la cual no estoy dispuesto a militar”. A pesar de que el Frente es la primera fuerza política del país –aunque las estrategias de alianza les impiden ser mayoría1–, algunos simpatizantes se preguntan: “Muchos de los elegidos del FMLN parecen estar más cómodos en el rol de opositores. Se diría que la presidencia no les interesa. Si lograran ganar el Poder Ejecutivo, deberían asumir la responsabilidad de la crisis económica. Pero por el momento no tienen los medios para actuar sobre los problemas económicos y sociales del país”. Sin embargo, desde la guerrilla hasta su constitución como partido político, el FMLN recogió una apuesta audaz. Pero la población espera signos claros de democratización interna y pruebas tangibles de la capacidad de sus dirigentes para superar sus querellas ideológicas y políticas. Para la elección presidencial de 2004, sólo el FMLN parece estar a la altura de desplazar al FMLN.

  1. En la Asamblea Nacional, la mayoría absoluta es de 56 votos, la mayoría simple de 43


Autor/es Karim Bourtel
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 33 - Marzo 2002
Páginas:18,19,20
Traducción Marta Vassallo
Temas Estado (Política), Políticas Locales