Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Esos soldados israelíes que dicen no

La población israelí es cada vez más consciente de los abusos a los que sus fuerzas armadas y de represión someten a los palestinos. La negativa por parte de sectores del ejército a ocupar territorios palestinos, a defender a colonos y a cumplir órdenes ilegales, es una cabal expresión de ello. Heredero del movimiento de objetores de conciencia nacido en Israel a finales de la década del ´70 y lejos de circunscribirse a franjas marginales, este rechazo se extiende entre civiles y militares, sionistas y no sionistas, iluminando el horizonte de la paz.

“Nosotros, oficiales y soldados reservistas miembros de unidades combatientes de las Fuerzas de Defensa de Israel, criados según los principios del sionismo, el sacrificio y la entrega por el pueblo y por el Estado de Israel, que siempre servimos en las líneas del frente y fuimos los primeros en asumir cualquier misión, difícil o fácil, para defender el Estado de Israel y para fortalecerlo (…) Nosotros, que hemos sentido cómo las órdenes que recibimos en los Territorios destruyen todos los valores que nos fueron inculcados en este país. Nosotros, que entendemos que el precio de la ocupación es la pérdida del carácter humano de Tsahal y la corrupción moral de toda la sociedad israelí. Nosotros, que sabemos que los Territorios no son Israel, y que finalmente habrá que evacuar todas las colonias. (…) Nosotros no vamos a combatir más fuera de las fronteras de 1967 para dominar, expulsar, hambrear y humillar a un pueblo entero. Nosotros declaramos que continuaremos sirviendo en Tsahal y cumpliendo cualquier misión que sirva a la defensa del Estado de Israel. Las misiones de ocupación y de represión no sirven a ese objetivo; no vamos a participar más en ellas”.

Publicada por primera vez en forma de solicitada en el diario Haaretz el 25 de enero pasado, esta petición firmada entonces por 52 soldados y oficiales de reserva1 va multiplicando adherentes. A mediados de febrero había reunido 230 firmas. Desde que estalló la Intifada en octubre de 2000 alrededor de 500 reservistas se negaron a cumplir funciones en los territorios ocupados. Doscientos comparecieron ante los Comités de conciencia del Ejército. Mientras tanto, la iniciativa provocó una conmoción en todas las esferas de la sociedad, empezando por el ejército, y desató un amplio debate que llegó al seno de la Knesset, el parlamento israelí.

Testimonios

El mismo 25 de enero, el diario Yedioth Aharonot publicó testimonios de reservistas: Ariel Shatil, suboficial de artillería, relató cómo había descubierto que soldados de su unidad practicaban el tiro al blanco sobre personas inocentes. David Zonshein, teniente paracaidista, vio a sus camaradas apropiarse de casas por la fuerza y luego destruirlas. Ishai Sagi, teniente de artillería, había sido enviado para defender a colonos que golpeaban a los palestinos y quemaban autos en Cisjordania. Shoki Sadé, suboficial paracaidista, había oído a soldados de su batallón relatar con indiferencia cómo habían matado a un niño en Khan Yunes. Sionistas comprometidos, estos cuatro veteranos de las guerras libradas por Israel en el Líbano se dicen dispuestos a cumplir con su deber de reservistas, pero no en los territorios ocupados, donde –explica el diario– “sintieron que perdían su perfil humano. Desde entonces ya no aceptan callarse. Su objetivo: crear un movimiento de rechazo popular que modifique el orden de las prioridades nacionales”.

Nadie o casi nadie en Israel se engañó hasta el punto de pensar que el ejército podía reprimir la sublevación palestina sin cometer crímenes de guerra. Hasta el ministro de Transportes, el ex general de brigada Efrain Sneh, había advertido sobre los riesgos de escalada seis meses después de iniciada la Intifada: “Yo no iré con Sharon al tribunal internacional de La Haya”2. Pero la opinión pública comprendió sólo gradualmente la dimensión de las exacciones cometidas por el ejército en su guerra contra los palestinos, hasta que alcanzaron el paroxismo a mediados de enero de 2002 con la destrucción de varias casas habitadas en Rafah, al sur de la banda de Gaza. Los desmentidos del comando en jefe no convencieron a nadie.

Una semana antes se había realizado en Tel Aviv un coloquio sobre el tema “¿Tomaste el camino a La Haya?”. Ex coronel, ex piloto de combate, prisionero de guerra luego de que su aparato fuera derribado en Egipto en agosto de 1970 durante la “guerra de desgaste”, el médico Igal Shohat evocó en ese coloquio el veredicto de la Corte que condenó a algunos responsables de la masacre de Kfar Kassem (29 de octubre de 1956) y que legalizó la negativa a obedecer órdenes ilegales. “Matar civiles intencionalmente es un crimen de guerra”, declaró. Pidió luego a los soldados que se nieguen a entrar en los territorios ocupados; a los pilotos que no acepten bombardear las ciudades, y a los conductores de topadoras, que no destruyan viviendas. Es decir, que cada cual en su terreno debe desobedecer las órdenes “cubiertas por la bandera negra de la ilegalidad”. “Hay personas que nunca ven la presencia de la bandera negra, ni siquiera cuando se asesina a un árabe atado de pies y manos. Otras la ven sólo cuando envejecen. Como yo: cuando era un joven piloto no me preocupaban los medios utilizados”3.

En medio de esa polémica, el ex general Ami Ayalon, ex jefe de la marina de guerra y sobre todo ex jefe del servicio de seguridad, el Shin Bet, se sorprendió porque “muy pocos soldados desobedecen órdenes evidentemente ilegales. Ahora bien, matar a niños desarmados es una orden ilegal”4. Esa gota hizo desbordar la copa y desató el furor del establishment político-militar, decidido a quebrar el movimiento. El general Shaul Mofaz, jefe del Estado Mayor, previno a todos los firmantes de la petición que serían presentados ante cortes marciales y castigados si se obstinaban en negarse a servir en los territorios ocupados. Por su parte su predecesor, el ex general Amnon Lipkin-Shahak, describió esa negativa como una brecha que podía hacer derrumbar la “muralla” del Estado de Israel5.

Un “monstruo catastrófico”

El movimiento apareció en Israel a fines de los años ’70, cuando algunos soldados se negaron, en forma individual, a servir en los territorios ocupados y luego en el Líbano. Aquellos pioneros no imaginaban que años más tarde sus hijos se hallarían en una situación similar. En abril de 1970, durante la guerra de desgaste entre Israel y Egipto, un grupo de estudiantes secundarios dirigió, poco antes de su movilización, una carta abierta a la primer Ministro Golda Meir, solicitándole que no rechazara ninguna posibilidad de paz. Durante el verano de 1980, veintisiete jóvenes anunciaron al ministro de Defensa Ezer Weizmann que se negarían a efectuar su servicio en los territorios ocupados: algunos de ellos fueron condenados a penas de prisión efectiva. En el verano de 1983 otros decidieron negarse a ir al Líbano y crearon la asociación Yesh Gvul (“hay un límite”), que sigue actualmente en actividad.

El primero en alentar a los objetores de conciencia fue el profesor Yechayahu Leibovitz (1903-1994), que ya en marzo de 1969 advertía a Israel sobre los peligros de la ocupación de territorios árabes y de la dominación de cientos de miles de árabes. Para Leibovitz, el Gran Israel era sólo un “monstruo catastrófico” que podría “pervertir al hombre israelí y aniquilar al pueblo judío” al “envenenar la educación” y “afectar la libertad de pensamiento y de crítica”6. Años más tarde, afirmó: “Si yo digo que esos jóvenes objetores de conciencia son verdaderos héroes de Israel, es porque se niegan a obedecer al gobierno y al comando del ejército. Es decir, dos instituciones legales cuyas órdenes transforman el carácter del Estado de Israel, que no fue creado para dominar a otro pueblo. De organismo político de la independencia nacional del pueblo judío, los dirigentes civiles y militares quieren transformarlo en aparato represivo de un poder judío violento contra otro pueblo, para imponer una fuerza judía guarnecida del hierro estadounidense a todos los territorios situados más allá de la ‘línea verde’”7.

Desde que se inició la represión de la actual Intifada, Yesh Gvul apoyó a los soldados que se negaban a servir en los territorios ocupados hasta que, ante el hecho de que eran cada vez más numerosos, las autoridades condenaron a varios de ellos a penas de prisión efectiva. Pero la asociación también llevó adelante una campaña sobre el tema “La guerra para la defensa de las colonias judías en Cisjordania y en Gaza y de sus sicarios, no es nuestra guerra”, y propuso a los soldados firmar una solicitud declarando que se negaban a participar en la represión del pueblo palestino y en la custodia de la colonias judías8. En diciembre de 2001, Yesh Gvul dio un nuevo paso adelante al recordar a los soldados que “disparar sobre civiles desarmados, bombardear barrios poblados, participar en ‘eliminaciones dirigidas’, destruir casas, privar de provisiones, de alimentos o de atención médica, o destruir empresas, son todos crímenes de guerra”. Invitaba por lo tanto a los conscriptos y reservistas a responder: “Yo, no”9.

Una asociación reciente, “Nuevo perfil para una sociedad cívica”, difundió una petición de jóvenes estudiantes de secundaria, en la que se dirigen al Primer Ministro, al Ministro de Defensa, y al Jefe del Estado Mayor, para condenar la política agresiva y racista del gobierno y del ejército, y anunciar que se negarán a participar en la represión del pueblo palestino10. Dos de los firmantes ya estuvieron en la prisión militar en enero de 2002.

Es evidente que la negativa ya no tiene nada de marginal. El fenómeno no sólo aumentó, sino que además afecta a nuevos sectores, como unidades del ejército regular, en particular las de reservistas. De esas acciones participan no sólo simples soldados, sino también oficiales. Más allá de los jóvenes de extrema izquierda, de los no sionistas y de los pacifistas, el movimiento se extiende entre los israelíes que se definen como sionistas y que hasta hace poco participaban del consenso nacional sobre el tema: Right or Wrong, my Country (“Con razón o sin ella, es mi país”).

Evolución de la opinión pública

El impulso que cobró el movimiento traduce una evolución más general de la opinión pública israelí. Muchos ciudadanos ya no quieren participar en las exacciones cometidas en los territorios ocupados. Otros, de manera más general, rechazan la política del gobierno actual en todos los terrenos, incluidos el económico y el social. Algunos sienten miedo o angustia, tanto frente a la resistencia armada de los palestinos como a los atentados terrorista suicidas y contra civiles. Muchos que el año pasado habían votado por Ariel Sharon, se sienten defraudados porque no cumplió para nada su promesa de lograr la paz y la seguridad, sino lo contrario. Electores laboristas consideran una traición que dirigentes de su partido avalen, con su participación en el gobierno, el aventurerismo de Sharon. Otros critican más ampliamente el fracaso de la izquierda, que no movilizó o que no quiso movilizar a la opinión pública contra la desastrosa política del gobierno actual y del precedente. La crítica no exceptúa a los medios que, en su mayoría, están al servicio de las autoridades en lugar de asumir su misión de informar honestamente a los ciudadanos11.

Un movimiento contestatario trata de llenar ese vacío político. Participan en él fundamentalmente asociaciones de defensa de los derechos humanos (como Médicos por los derechos de la persona; Rabinos por los derechos de la persona; el Comité contra la destrucción de casas B´Tselem; el Centro de información por los derechos de la persona en los territorios ocupados, Goush Shalom), a las que se unió un nuevo grupo árabe-judío Taayush, que en árabe significa “vivir juntos”.

Taayush nació luego del inicio de la Intifada de al-Aqsa. En pocos meses la asociación logró movilizar a una nueva generación de jóvenes militantes que realizan actividades en Israel y en los territorios ocupados. Marcados por los trágicos acontecimientos de octubre de 2000 –el asesinato de 13 ciudadanos árabes por la policía israelí– esos jóvenes lamentaban que no existiera un grupo de acción combativo judeo-árabe que desafiara la política racista y segregacionista. De allí surge el objetivo de Taayush: desarrollar acciones de masa no violentas sobre una base local y sobre problemas concretos, para de ese modo crear una política alternativa judeo-árabe. Ésta apunta a detener la demonización de los palestinos y a construir puentes de solidaridad para el presente y el futuro. Según los miembros de Taayush, para derrotar al miedo y al racismo hay que desarrollar una solidaridad directa, una alianza en la base.

Hasta ahora la asociación organizó ocho caravanas de camiones y autos particulares para llevar víveres a los poblados palestinos sitiados. Esas acciones fueron preparadas en coordinación con militantes palestinos locales. Muchas veces tuvieron problemas para pasar los controles de Tsahal, que trató, aunque en vano, de impedir por la fuerza que llegaran hasta donde estaban sus interlocutores palestinos. El verano pasado, 400 militantes de la asociación participaron en un campamento de trabajo voluntario judeo-árabe de tres días, en el poblado árabe israelí de Dar al-Hanun, donde acondicionaron una ruta y construyeron un terreno de juegos para los niños12.

Si durante meses el gobierno y el ejército israelí pudieron encarnizarse contra los palestinos de los territorios ocupados sin hallar resistencia significativa en la sociedad israelí, esa página negra parece haber quedado atrás. Un movimiento pacifista se opone de manera cada vez más intensa a esa política aventurera, trayendo consigo la esperanza de ver brillar, al final del túnel, esa luz que necesitan tanto Palestina como Israel.

  1. www.seruv.org.il
  2. Yediot Aharonot, Tel-Aviv, 20-4-01.
  3. Haaretz, Tel-Aviv, 18-1-02. Salvo indicación particular, todas las citas son extraídas de Haaretz.
  4. Primera cadena de TV, Tel Aviv, 1-2-02
  5. Segunda cadena de TV, Tel Aviv, 2-2-02
  6. 16-3-1969.
  7. Yechayahu Leibovitz, La mauvaise conscience d’Israël. Entretiens avec Joseph Algazy, Le Monde-Editions, París, 1994.
  8. 1-12-00.
  9. 9-12-01.
  10. 6-9-01.
  11. Le Monde. 10/11-2-02.
  12. www.Taayush.tripod.com
Autor/es Joseph Algazy
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 33 - Marzo 2002
Páginas:21,22
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Armamentismo, Conflictos Armados, Militares, Movimientos Sociales
Países Israel, Palestina