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Ciudadanos contra las elites tradicionales

Al compás del deterioro en las condiciones de trabajo y de vida resultantes de una sostenida crisis económica, la opinión pública japonesa se vuelca contra las dirigencias políticas. El abanico de alternativas esbozadas en el creciente rumor de protestas es muy amplio, a la vez que aumenta la participación. La sociedad se replantea las nociones culturales y políticas dominantes desde el fin de la guerra y expresa a la vez ansias de más democracia y un cambio radical de partidos y gobernantes a todos los niveles.

Ueda es una pequeña ciudad japonesa de 60.000 habitantes, situada en la prefectura de Nagano, que fuera sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1998. El domingo por la mañana, en la calle principal, casi desierta, las cortinas metálicas están bajas. Las dos grandes tiendas que ocupaban el centro de la ciudad cerraron sus puertas. Sogo está en quiebra, y la situación de Daiei, el otro gigante de la distribución, es muy dificultosa. El porcentaje de desempleo es superior al promedio nacional1. Los empresas subcontratistas de los grandes de la “high-tech”, víctimas de la competencia china, ya no toman más personal. Los jóvenes parten a Tokio, mientras que los numerosos agricultores de la región se ganan apenas la vida y no encuentran empleos asalariados para complementar sus ingresos.

Aquí, como en otros puntos del país, se levantó un viento de fronda contra las elites políticas del Partido Liberal Demócrata (PLD) que dominaron Japón por espacio de casi medio siglo. En octubre de 2000 la población de la prefectura eligió a Yasuo Tanaka2, escritor y militante asociativo, como nuevo gobernador, poniendo fin a 40 años de reinado de los altos funcionarios convertidos en políticos. Los electores, desde intelectuales a agricultores, se pronunciaron contra la continuidad. Encabezados por el director del banco local y por una pintora, sancionaron la política de privilegios adquiridos, la urbanización a ultranza de los Juegos Olímpicos y un clima de corrupción generalizada. El comité de apoyo a Tanaka tenía un aspecto de movimiento “verde”, aunque se negaba a aceptar esa etiqueta. Los partidos políticos tienen demasiada mala prensa en un Japón que perdió toda confianza en sus elites3. Ese movimiento representa más bien una red de micro-asociaciones locales bautizadas katteren (como queremos), nombre simbólico del viento de rebelión que sopló sobre Nagano.

Cambio de paradigma

“El gobernador Tanaka es diferente de sus predecesores. Es libre, consulta a la población y resiste (contra los antiguos del PLD)” dice Fumio Tsuruta, jubilado de 66 años que de joven había militado contra el tratado de paz nipo-estadounidense y que, gracias a la campaña electoral, volvió a la política. Para otros miembros de movimientos asociativos que volvieron a vivir en esta Suiza japonesa situada a dos horas de tren rápido de Tokio, el voto era el medio para expresar su ideal ecologista: “No es una opinión, es un modo de vida”, insiste Yasuo Okamoto, un alfarero de 50 años. Kuroda Toshiko, un ama de casa de 40 años que regresó a Nagano luego de haber pasado 18 años en Tokio, también se lanzó fervorosamente a la aventura de la campaña electoral. Incluso creó un sitio en Internet llamado “El coco” (Yashi no mi): “Mi esposo hizo los dibujos, mis hijas los colorearon. Había varios katteren en la red Internet. Todo el mundo se reunía en un chat privado llamado Nondori house, que en dialecto de Kyoto significa la casa donde uno se toma su tiempo”.

Luego de Nagano, prefectura más bien rural, en abril de 2001 fue el turno de Chiba, importante ciudad-dormitorio de las afueras de Tokio, de llevar al poder a un nuevo gobernador independiente: la señora Akiko Domoto, una resplandeciente dama de 68 años que luego de haber sido periodista de televisión inició una carrera política tras los pasos de la socialista Takako Doi, impulsora de la presencia femenina en la política. Elegida por primera vez en las senatoriales de 1989, fue regularmente reelecta. En 1996 participó de un gobierno de coalición dirigido por Ryutaro Hashimoto. Abierta al mundo, sin afiliación política, hizo campaña a pedido de un grupo de ciudadanos, fundamentalmente de mujeres. “Luego de la caída del muro de Berlín, percibimos un cambio de paradigma. Lamentablemente las viejas estructuras no se movieron a pesar de que algunas medidas las conmovieron: la ley sobre las ONG en 1998 y la revisión de la ley sobre la igualdad de los sexos en 1999. El paisaje político no cambió en profundidad porque no cambió verdaderamente el sistema electoral”, explica la señora Domoto.

Akiko Domoto reivindica su independencia respecto de los partidos: “Luego de las elecciones de abril de 2001 pude tratar las cuestiones partiendo del punto de vista del ciudadano. Recibí el apoyo de las electoras y de las ONG ecológicas. Nadie pensaba que yo, sin dinero, podía imponerme al PLD. Cuando fui electa con una ventaja de 19.000 votos, la gente gritaba de alegría. Habitualmente, en Japón los electores obedecen a las consignas del partido o de la familia. Pero esta vez las mujeres votaron de manera diferente de sus esposos”.

Desde entonces recorre su departamento y debate con los grupos de ciudadanos. “Creo que es tiempo de desarrollar la descentralización. Necesitamos manejar localmente nuestra cultura, nuestro crecimiento económico y nuestra protección social. Nos hemos convertido en una ciudad-dormitorio. Debemos crear nuevos empleos de cercanía”.

Para Akiko Domoto el futuro de Japón es a la vez global y local. “En el siglo XX nuestro éxito fue milagroso. Pero nos hizo perder muchas cosas buenas. En el siglo XXI vamos a tener que recuperar nuestra identidad aceptando a la vez ciertos aspectos de la mundialización. Hoy en día las mujeres tienen dificultades para conservar su profesión. Las pymes cierran y los salarios son muy bajos. Mucha gente pierde su empleo. La protección social es inadecuada”. Y agrega: “Tenemos que recuperar sistemas de cultivo que respeten la biodiversidad y crear nuevos empleos a partir de nuestras capacidades tradicionales”.

Esta toma de conciencia de los temas ecológicos se da por igual en Tokio y en el interior del país. Como reacción a la crisis económica y a la carestía de la vida, los japoneses, particularmente la generación que tenía 20 años en la década de 1970, buscan relaciones humanas más intensas, otro modo de vida. Para Hidehiko Sekizawa, responsable del think tank de Hakuhodo, segunda agencia publicitaria del país, esa sensibilidad creciente sobre los temas de la ecología4 es una de las tres componentes principales de la crisis, junto al aumento del pesimismo y a una exacerbación de los deseos y de las necesidades individuales.

La época del “todo económico”, donde el objetivo casi excluyente era volverse más rico, ya terminó. “Los japoneses quieren vivir más lentamente. Esa desaceleración se debe en parte al envejecimiento de la población (el 17% tiene más de 65 años, proporción que llegará al 25,5% en 2015). Pero la búsqueda de la calidad de vida se vuelve una tendencia fuerte. Los japoneses fantasean sobre la época Edo5, a la que ven como sinónimo de estabilidad. Creen cada vez menos en la idea de progreso. Quieren cultivar su jardín, lograr su pequeña felicidad personal”, señala. El anzuelo de la “Japan Incorporation” –diploma universitario y trabajo salariado– parece menos atractivo. En 2000, sólo el 19% de los japoneses consideraban prioritario un alto nivel de educación (46% en 1999), mientras que 45% declaraba preferir un trabajo menos remunerado pero menos absorbente (40% el año precedente).

El período Edo no es la única referencia ideológica de los japoneses en busca de sus raíces. A la extrema derecha del abanico político existe una corriente revisionista6, por ahora más ruidosa que realmente implantada en la población, que busca sus referencias en el Japón conquistador de la era Meiji7.

Mizuho Ishikawa, editorialista del Sankei Shimbun, que hizo campaña para la elección del neo nacionalista Shintaro Ishihara al cargo de gobernador de Tokio, es uno de los principales agentes de la campaña para la revisión de los manuales escolares8. Sus períodos preferidos de la historia reciente, admite, son “las guerras ruso-japonesas y sino-japonesas que permitieron al Japón afirmarse ante Occidente”. Predicando un nacionalismo que califica de “sano y racional”, hizo de esa cruzada su razón de ser. “Los japoneses tienen derecho a amar su historia y su cultura. Luego de la Segunda Guerra Mundial nuestra educación nos repitió incansablemente que el Japón de preguerra era una dictadura. Recién ahora podemos volver a pensar”, subraya.

Sobre bases ideológicas diametralmente opuestas a las de los ecologistas Mizuho Ishikawa rechaza igualmente el diktat del “todo económico”: “Le hemos dado demasiada importancia a la economía. Hay valores más importantes que el dinero: el honor, la disciplina, la cultura, el patriotismo, el amor por el ser humano o la contribución internacional”.

Amenaza a las instituciones

Por ahora esa corriente es minoritaria. Pero algunos creen ver en ella una amenaza en caso de agravamiento de la crisis económica. Es la tesis de Shin Sugo, coreana de la tercera generación (Zainichi) que aparece frecuentemente en la televisión y que desarrolla una virulenta campaña contra el gobernador de Tokio: “Shintaro Ishihara busca chivos emisarios para detener la diversificación del Japón. Es un hombre aun más peligroso por ser muy popular”.

Pero la crisis se agrava, engendrando una profunda pérdida de confianza. Cada vez más japoneses tienen problemas. El empeoramiento del clima social es veloz. Según encuestas recientes el sentimiento de “confort financiero” bajó de manera importante, pasando de 36% en 1999 a 22% en 2001 para el presente, y de 23% a 14% para el futuro. Ante un horizonte cada vez más cerrado, los japoneses controlan de cerca sus gastos. Muchos de ellos dicen estar enojados o frustrados por la sociedad (46% a 77%), y hasta tristes (28% a 65%). Perdieron la confianza en las grandes instituciones colectivas: la familia, la empresa y la escuela. Aceptan más fácilmente la idea del divorcio (los opositores absolutos sólo representan el 31% de la población contra el 47%) y ahora son minoritarios los que prefieren pasar su tiempo libre en familia (45% contra 69%)9.

Una parte de la población se hunde en la precariedad. Así Miwa Takeuchi, 52 años, empleada a medio tiempo en una universidad y madre soltera, ve sus condiciones de vida drásticamente reducidas. Primero había sido empleada a tiempo completo en una editorial, pero al ser despedida por motivos económicos aprovechó para tomarse seis meses sabáticos en Estados Unidos. A su regreso consiguió trabajo en una escuela de idiomas, pero ésta quebró. Actualmente trabaja en la universidad, aunque puede quedar marginalizada. “Muchos investigadores y miembros del personal fueron reemplazados por personal temporario. Yo cumplo 28 horas semanales. Mi salario fue reducido a 1.220 yens la hora (1000 yens = unos 8 dólares) a causa de restricciones presupuestarias. No estoy segura de poder seguir trabajando en esta universidad. Mi presupuesto personal está en desequilibrio, a pesar de la subvención que recibo por ser madre soltera pero que el ministerio de salud pública amenaza con reducir”, explica. La inquietud de Miwa Takeuchi es intensa, puesto que en Hallo Work, la agencia de empleo, los únicos puestos que se proponen a las personas de más de 45 años son trabajos de limpieza, a realizar por la mañana temprano.

Deseo de democratización

La angustia del desempleo se reactiva cada mes entre una población tomada por sorpresa luego de décadas de contrato social basado en la seguridad del trabajo. La mayoría de los japoneses son conscientes de que lo peor aún no llegó. Hoshino Ryoichi, director de la agencia de empleo de Iidabashi, confirma: “Cuando los bancos comiencen a resolver el problema de los malos créditos, el número de desocupados va a aumentar de manera drástica. La situación más difícil será para los de más de 45 años. Por otra parte, el gobierno se mostró sensible al respecto y recomienda a las empresas que no estipulen la edad en las ofertas de empleo”.

El país está cambiando, mientras se revalúan los resortes y los valores que fundamentaron el Japón de la Guerra Fría. Y un nuevo interés por la cosa pública evidencia un profundo deseo de democratización de la sociedad. Queda por saber si ello se traducirá en una verdadera mutación política que permita por fin la alternancia.

  1. El promedio nacional oficial, ampliamente subestimado, llegaba a 5,6% en diciembre de 2001. La agencia de planificación económica lo situaba más bien en 7%. El desempleo es más elevado entre los jóvenes: 12,1% para quienes tienen entre 15 y 19 años; 8,5% para los de 20 a 25, y 6,2% para los de 25 a 30.
  2. Luego de un proceso de selección, los integrantes de las asociaciones locales eligieron como portavoz a este escritor de gran venta, autor de una crónica escandalosa, militante activo del movimiento de solidaridad con las víctimas del terremoto de Kobe del 17-1-1995, y opositor a la ampliación del aeropuerto del Kansai.
  3. Menos de 3,5% de los japoneses declara tener confianza en los partidos políticos, a los que no consideran ni fiables ni transparentes. Investigación de la agencia de publicidad Dentsu, Changements de valeurs et globalisation, marzo de 2001.
  4. En 2000, el 44% de los japoneses se declaraba preocupado por la protección del medio ambiente, contra el 35% en 1992.
  5. Época Edo, 1603-1868, período durante el cual Japón cerró sus fronteras (sakoku).
  6. Philippe Pons “Quand le Japon oublie ses crimes” Le Monde diplomatique, Paris, octubre 2001.
  7. Era Meiji: 1868-1912.
  8. El controvertido manual justifica la anexión de Corea en 1910; presenta la idea de que los asiáticos esperaban que Japón los liberara del yugo de los colonizadores occidentales; afirma que el número de muertos civiles de la masacre de Nankin en 1937 (300.000 según los chinos) es exagerado, y limita a una nota al pie de la página el drama de las “mujeres de consuelo”, esas 200.000 asiáticas obligadas a prostituirse a la soldadesca nipona.
  9. Ver el Annual Data Book on the Japanese People Survey 2001 del Hakuhodo Institute of Life and Living, Tokyo.
Autor/es Anne Garrigue
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 33 - Marzo 2002
Páginas:24,25,26
Traducción Carlos Alberto Zito.
Temas Corrupción, Derechos Humanos, Estado (Política), Movimientos Sociales, Políticas Locales
Países Japón