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Explosivo crecimiento de los clubes de trueque

Nacidos como respuesta a la crisis económica, la falta de trabajo y recursos, y luego potenciados por la casi ausencia de circulante debida al "corralito" bancario, los clubes de trueque son el ámbito donde millones de ciudadanos se han procurado una digna economía de subsistencia. Sus creadores sostienen que se trata de algo más que eso: de un estilo de vida y de una forma de reinserción ciudadana. Pero aunque resuelven los problemas inmediatos de mucha gente, el crecimiento exponencial de los clubes plantea serias dificultades e interrogantes sobre su futuro.

“El Club del Trueque es un gran baile, un gran acuerdo entre argentinos que han reconocido que necesitan de los demás. Es un acuerdo social, posiblemente el más grande que tiene hoy Argentina, y del que se debe partir, entre otros acuerdos, para transformar la situación decadente en que vivimos”. Las palabras de Rubén Ravera, fundador de la Red Global del Trueque, reflejan el extraordinario crecimiento que experimenta a diario esta economía alternativa, impulsada por una crisis sin precedentes que sumió a la mitad de la población argentina bajo la línea de pobreza y un aterrador incremento de la indigencia y de la desocupación1.

Una investigación del Centro de Estudios Nueva Mayoría indica que con 5.000 clubes y más de 2,5 millones de habitantes involucrados en el sistema de intercambio, Argentina es el país con mayor desarrollo de trueque en el mundo2. El mismo informe señala que “durante el año en curso, dicha cantidad puede llegar a cuatro millones si el crecimiento sigue siendo progresivo, aunque si la crisis se acrecienta podría alcanzar los siete millones (de participantes)” y destaca que “si bien el trueque implica un movimiento social solidario, también es una evidencia de la involución en el desarrollo social de la Argentina, que se ha agudizado con la crisis actual”.

Intercambio justo

Como un símbolo de la desindustrialización del país, el 1 de mayo pasado 30.000 personas se congregaron en la ex fábrica textil La Bernalesa –que llegó a emplear a 15.000 personas– situada en la localidad de Bernal, provincia de Buenos Aires, para celebrar el séptimo aniversario del nacimiento del Club del Trueque e intercambiar bienes y servicios de todo tipo. Fundado por un grupo de vecinos ecologistas (Horacio Covas, Rubén Ravera y Carlos De Sanzo), para hacer frente a necesidades concretas surgidas de la falta de trabajo, el club reunió en sus comienzos a veinte personas, al estilo de un grupo de autoayuda inspirado en Alcohólicos Anónimos, para “alcanzar un sentido de vida superior, mediante el trabajo, la comprensión y el intercambio justo” y “responder a normas éticas y ecológicas antes que a los dictados del mercado, el consumismo y la búsqueda de beneficio a corto plazo”. Desde entonces, ha experimentado un crecimiento exponencial, registrando una impresionante explosión a partir de la imposición del “corralito” y de la devaluación del peso3.

Diferencias internas derivaron en dos grandes redes, la Red Global del Trueque –con sede en Bernal– y la Red de Trueque Solidario, que hoy reagrupan a la mayoría de los “nodos” (lugares donde se reúne la gente) del país, cuyo funcionamiento es independiente y horizontal. Si bien aún se realizan algunos intercambios directos, el trueque entre “prosumidores” –productores y consumidores– funciona de manera “multirrecíproca” por medio de una “moneda social”, no convertible, denominada “crédito”. Esta moneda, emitida por los clubes para evitar los inconvenientes del trueque directo y facilitar el intercambio, es el eje de una lógica económica diferente.

Inspirados en las teorías del economista germano-argentino Silvio Gesell, para quien la explotación del trabajo humano se debe a fallas estructurales del sistema monetario y al contradictorio doble papel del dinero como medio de intercambio y medio de dominación del mercado y de acumulación de poder, los defensores del trueque proponen una moneda perecedera, “oxidable”, cuya acumulación sea contraproducente4. “Un elemento de cambio que preconiza el trabajar, el producir, el enseñar, sin necesidad del dinero de curso legal” según Carlos del Valle, de la Red de Trueque Solidario. “Es necesario poner un impuesto a la inmovilización del dinero” afirma por su parte Ravera, para quien el valor se fija “logrando que la gente, a través del gran grupo de autoayuda que es el Club del Trueque, tenga identidad, pueda verse a sí misma. Si puede identificarse a sí misma a través de los demás tiene capacidad para fijar valor; de otro modo va a ser esclava”.

La red de contención social que representan los clubes de trueque es esencial. Un estudio realizado en el partido de San Martín, provincia de Buenos Aires, revela que el 58% de los concurrentes habituales a los “nodos” son desocupados. Entre ellos, el 66% afirma que el trueque tiene una importancia central para el aprovisionamiento de alimentos básicos en sus hogares5. Los coordinadores de la red estiman que los clubes mueven 3 millones de kilos de comida diarios. Por otra parte, muchos municipios del país aceptan los créditos como modo de pago de las tasas municipales. En noviembre de 2001, la Municipalidad de Calchaquí, provincia de Santa Fe, legalizó el pago de la tasa de inmuebles, contribución de mejoras, cancelación de deudas con el municipio y de servicios turísticos a través de los certificados de la Red de Trueque Solidario. De este modo, el municipio abona horas extras, servicios profesionales y mano de obra, y adquiere también insumos, como alimentos para sus comedores o artículos de limpieza. Esta modalidad, reconocida el mes pasado por la Municipalidad de Quilmes mediante un convenio con la Red Global, se repite en varios puntos del país. “Que una persona que no tiene dinero pueda pagar una tasa es muy importante porque genera inclusión ciudadana”, reflexiona Ravera.

La Red Global también puso en marcha una oficina de salvataje para Pymes, que debutó con el establecimiento Lourdes de San Rafael, Mendoza. A través de un préstamo de 40.000 créditos que devolverá en mercadería, la firma reabrió sus puertas. Los créditos servirán para pagar el sueldo de sus empleados y los productos se distribuirán en los “nodos” de la red en todo el país. Asimismo, se inició un programa de reciclado de residuos sólidos urbanos para la obtención de pasta para la fabricación de papel y cartón, material para la confección de bolsas de plástico, mólido para la fabricación de vidrio y material orgánico para abonos. Esta iniciativa surgió en diciembre de 2001, luego de una protesta de cartoneros de la zona sur del Gran Buenos Aires que ya no podían vender los residuos que recolectaban debido a la falta de efectivo. Los cartoneros recibieron un curso de capacitación en reciclado y hoy, a cambio de los residuos, reciben créditos.

Contactos con el mercado formal

La economía de trueque se enfrenta a sus propias limitaciones. Aun cuando el objetivo es que cada prosumidor vuelque al mercado bienes de su producción, muchos, urgidos por la necesidad, realizan intercambios desprendiéndose poco a poco de bienes usados. Se intercambian incluso productos que no encuentran salida en el mercado formal. A ello se agrega que muchas de las materias primas e insumos básicos necesarios para la producción de alimentos –harina, aceite y azúcar– sólo son accesibles en el mercado formal. Lo mismo ocurre con servicios y productos básicos, como los servicios públicos, los medicamentos y el combustible, lo que restringe la economía solidaria a una economía de subsistencia6.

Para resolver estos problemas, los clubes comenzaron a cobrar un bono de contribución en pesos que se vuelca a la compra comunitaria de esos productos, buscando evitar el sobreprecio que queda en manos de intermediarios. La Asociación Mutual Sentimiento, que coordina el “nodo” La Estación en la Capital Federal, inaugura este mes una farmacia en la que gracias a un convenio con grandes laboratorios –los que acordaron abastecerlos con medicamentos genéricos a un valor social– vende medicamentos mitad en pesos, mitad en créditos. El dinero será utilizado para cubrir los gastos de los laboratorios, mientras que los gastos de farmacia serán solventados con créditos. Graciela Draguicevich, directora de la mutual, afirma que “para caminar se necesitan dos patas, una en el mercado formal y otra en el mercado del trueque. El trueque no reemplaza al mercado formal. Al trueque llega la gente que no tiene ninguna posibilidad de comprar en el mercado formal”. Lo fundamental del trueque, sostiene, “es mejorar las condiciones de vida, reinventar la sociedad, la economía, la política. Todo lo van reinventando las grandes masas de gente que se adhieren al trueque, porque como es un sistema horizontal, es lo más representativo que existe. El Club del Trueque es una gran asamblea popular”.

Peligro de contagio

Pero la masificación del fenómeno también puede contagiar al trueque los vicios de la economía formal y poner en peligro la supervivencia de un mercado basado en la ética de la solidaridad y el valor del trabajo. Montados sobre un palco, los coordinadores de Feriagro Luján –un “nodo” que todos los sábados reúne a más de 20.000 personas en Luján de Cuyo, provincia de Mendoza– advierten a través de los parlantes a los prosumidores para que eviten comprar productos cuyos precios han aumentado y que no acepten créditos falsos. Las denuncias sobre falsificación de créditos, la emisión descontrolada para la reventa de los mismos, la falta de rendición de cuentas e incluso el origen espurio de muchos productos se intensifican a diario y se reflejan en la inflación de precios7. Las dificultades para efectuar controles bromatológicos sobre los alimentos y evitar la reventa de medicamentos también plantean problemas serios.

Los anuncios sobre compras de casas, autos u otros bienes que requieren de la acumulación de gran cantidad de créditos parecen confirmar las advertencias sobre los riesgos de crear una economía paralela con una moneda privada al margen del Estado8. Ravera reconoce que actualmente se encuentran en circulación alrededor de 120 millones de créditos del Programa de Autosuficiencia Regional (PAR), la moneda de la Red Global, y que es difícil controlar las falsificaciones. La emisión ha sido momentáneamente suspendida a la espera de una máquina adquirida en Estados Unidos, que permitirá imprimir créditos con filigrana. De todas formas, la falsificación de créditos no puede penalizarse, ya que no existe legislación al respecto9. Para Carlos del Valle, la emisión masiva también provoca desigualdades entre las distintas regiones o los distintos municipios del país, en los que algunos producen y otros se llevan la mercadería. La solución, señala, consiste en “mostrarle a la gente que si no produce no sirve para nada (…) En volver a los clubes, volver a ser un lugar donde la gente se conoce, conoce no sólo sus nombres, sino sus necesidades, sus capacidades”.

No obstante, subsisten interrogantes de peso: ¿hasta dónde puede llegar una economía paralela?, ¿hasta dónde se puede generar una nueva moneda, representada por los créditos? Pero al margen de los problemas que enfrenta y de su evolución futura, el surgimiento de una economía de trueque de las dimensiones que ha adquirido en Argentina es un claro reflejo de la disgregación de un país en el que el Estado no puede garantizar siquiera la alimentación necesaria para la supervivencia de sus ciudadanos. Los valores éticos de inclusión, trabajo, solidaridad, cooperación y respeto al medio ambiente que conforman los principios básicos de esta economía solidaria son una condición necesaria para reconstruir un país digno.

  1. El director general del INDEC, Juan Carlos del Bello, declaró que 18 millones de argentinos viven por debajo de la línea de pobreza, entre los cuales 6,5 millones –un 17,8% de la población– se encuentran en situación de indigencia. Además, estimó que el índice de desocupación podría situarse alrededor del 25%. Clarín, Buenos Aires, 10-5-02.
  2. Página/12, Buenos Aires, 9-5-02.
  3. Del primer “nodo” –sede donde se realizan las ferias– en 1995, se pasó a 17 en 1996, 40 en 1997, 83 en 1998, 200 en 1999, 400 en 2000, 1800 en 2001, hasta alcanzar los 5.000 actuales. Se estima que diariamente se abren 30 nuevos “nodos“. Incluso, el 26 de mayo pasado la Red Global inauguró un “meganodo” en Barcelona, España. Esta experiencia representa un fenómeno único en el mundo, pues aunque existen prácticas similares en Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Australia, Suiza, España, Canadá y varios países de América Latina, en ningún caso superan los 40.000 participantes.
  4. Silvio Gesell, El orden económico natural (http://www.systemfehler.de/es/). Véase también, Werner Onken, “Economía de mercado sin capitalismo” (www.userpage.fu-berlin.de/~roehrigw/spanisch/spa4.htm).
  5. Jorge Marquini, “Economía de trueque”, Clarín, 5-5-02.
  6. Idem.
  7. Ámbito Financiero, Buenos Aires, 12-2-02.
  8. Heloísa Primavera, “Los clubes de trueque deben preservar el sentido solidario”, Clarín, 24-4-02. Véase también, Martín Krause, “Una verdadera moneda privada”, La Nación, Buenos Aires, 26-5-02.
  9. En estos momentos un proyecto de ley del diputado justicialista Carlos A. Larreguy se encuentra en las Comisiones de Comercio-Asuntos Cooperativos y de Legislación General de la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación. El proyecto declara de interés nacional las actividades del trueque, crea los Registros de Redes y de la Moneda Social, y regula los deberes y obligaciones de las redes y sus coordinadores.
Autor/es Pablo Stancanelli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 36 - Junio 2002
Páginas:8,9
Temas Neoliberalismo, Estado (Política), Movimientos Sociales, Políticas Locales
Países Argentina