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Recuadros:

Timor: exitosa creación de un Estado

En un mundo conmovido por catástrofes y guerras, una pequeña isla del Sudeste asiático consigue superar el trauma de siglos de ocupación coronados por una masacre indescriptible y emerge como una flamante República en la que veteranos luchadores independentistas afrontan el desafío de gobernar, a partir de un legado de pobreza y desigualdad extremas. Una ardua tarea para la sociedad timorense.

Un nuevo Estado independiente y democrático nació el 20 de mayo pasado. Desde las elecciones legislativas de agosto de 2001 funciona en Dili, la capital, un Parlamento donde están representados 12 de los 16 nuevos partidos políticos timorenses. Se eligió democráticamente un Presidente, aunque dotado de poderes limitados; se redactó una Constitución; la Asamblea Constituyente optó por un régimen semi-presidencial y ya entró en funciones un gobierno surgido del partido que posee la mayoría en la Asamblea, el FRETILIN (Frente Revolucionario para la Independencia de Timor Oriental), dirigido por el primer ministro Mari Alkatiri. Por lo tanto, Timor Oriental va camino de pasar políticamente desapercibido y seguramente dentro de algunos meses la opinión pública internacional ya no se interesará en este espacio del archipiélago de la Sonda, de 19.000 km2 y 737.000 habitantes. Una pequeña isla que sin embargo tiene una gran importancia estratégica, ya que juega el papel de frontera entre el Sudeste asiático y el Pacífico Sur.

Lo que ocurrió allí en los últimos tres años resulta ejemplar en varios sentidos. Esta isla mártir, colonizada por Portugal durante cuatro siglos y ocupada por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, fue invadida el 7 de diciembre de 1975 por Indonesia para transformarla en base militar. Doscientos mil timorenses –un tercio de la población– fueron masacrados durante una invasión que sólo fue posible con el acuerdo de Estados Unidos. Washington armó y entrenó durante más de veinte años a las unidades utilizadas en la lucha contra los independentistas. Documentos confidenciales del Pentágono y del Departamento de Estado, excluidos del secreto de defensa en 1999, muestran que fue con el aval del presidente Gerald Ford y del secretario de Estado Henry Kissinger –la víspera de la invasión estaba de visita en Jakarta– que el jefe de Estado indonesio Suharto lanzó sus tropas al asalto de Timor Oriental.

A fines de 1999, por primera vez luego de la creación de las misiones de paz, las Naciones Unidas (ONU) lograron, gracias a una coalición internacional, poner término a las masivas violaciones de los derechos humanos cometidas por el ejército indonesio y establecer un protectorado, cuyo objetivo final era la creación de un Estado a partir de la nada. Para algunos observadores, como el director del Instituto de Estudios Estratégicos e Internacionales de Lisboa, Alvaro Vasconcelos, la operación de la ONU “era necesaria para evitar un verdadero genocidio, pero también para que ese tipo de intervenciones se convierta en adelante en una norma internacional”1.

¿Cómo, por qué y gracias a quién fue posible ese resurgimiento, luego del baño de sangre posterior al referéndum de agosto de 1999 y del saqueo del país por parte de las milicias timoresas partidarias de la integración con Indonesia?2. El proceso requirió de la voluntad del secretario general de la ONU, Kofi Annan. Desde la aceptación del referéndum sobre la independencia –en enero de 1999– por Yusuf Habibie, por entonces presidente de Indonesia, hasta el despliegue de la Fuerza de Interposición Militar, la INTERFET, dirigida por el general australiano Peter Cosgrove –el 20 de septiembre siguiente– el secretario general asumió personalmente un combate casi solitario a favor de Timor Oriental. Una batalla librada, por una parte, contra la mala voluntad de los países miembros de la ONU y, por otra, contra las dilaciones del presidente Habibie y del general Wiranto, entonces comandante en jefe del ejército indonesio. Estos últimos no aceptaban reconocer la participación de sus tropas en la Operasi Sapu Jagad (operación de limpieza total) que se produjo luego del referéndum y que costó la vida a 10.000 timorenses3.

“Ayudar al pueblo timorense fue una de las más formidables responsabilidades nunca antes concedida a la ONU” reconoció su secretario general en un discurso pronunciado en Oslo en diciembre de 2001. Durante su estadía en Noruega para recibir el Premio Nobel de la Paz concedido a la ONU, Kofi Annan no ocultó su satisfacción de haber hecho lo correcto al tomar partido por la independencia de Timor. A su entender, el resultado de la misión de la UNTAET (Autoridad Transitoria de la ONU para Timor Oriental) creada por resolución 1272 del 25-10-1999, fue más que un éxito: “es un modelo para las futuras misiones de paz que la ONU deberá implementar en el mundo”4. Pero, en el mismo discurso, Kofi Annan reconoció que nada hubiera sido posible sin la colaboración de los propios timorenses5, quienes “han demostrado una inmensa capacidad de perdonar y de aceptar que vuelvan a vivir a su lado aquellos que habían cometido crímenes”, agregó.

Esa capacidad de la población timorense para perdonar y para implementar una democracia participativa, al igual que su sorprendente madurez política, también son subrayadas por Frédéric Durand, director de conferencias en la universidad francesa de Toulouse-Mirail, y autor de un estudio sobre los partidos políticos timorenses6. Durand presenta como ejemplo la elección de la Asamblea Constituyente en agosto de 2001: “Mientras que la elección de 1999 había sido considerada como una oportunidad, quizás única, de terminar con la ocupación indonesia, lo que estaba en juego en 2001 era claramente menos vital. Que los timorenses se hayan movilizado de tal manera (94% de participación) en una elección cuyo objetivo en un principio no habían entendido del todo –mucha gente creía que se trataba de elegir presidente– resulta aun más impresionante”7.

También contribuyó a la transición democrática y a la reconstrucción de Timor Oriental el enorme compromiso de la élite política local, formada por dirigentes de la resistencia como Xanana Gusmão, y por líderes políticos que habían bregado por la autodeterminación de Timor, desde el exilio o luchando desde el interior del país. Ese fue particularmente el caso de José Ramos Horta, distinguido con el Premio Nobel de la Paz 1996, conjuntamente con el obispo de Dili, monseñor Carlos Ximenes Belo. El papel de este último, como el de la Iglesia católica, fue determinante. Ese compromiso se inspiró claramente de la Teología de la Liberación, muy difundida entre el clero católico latinoamericano en los años ’70, cuyas principales tesis tuvieron un considerable eco entre los sacerdotes timorenses, formados en su mayoría en seminarios portugueses.

Fue también el caso de Mari Alkatiri, un jurista que vivió veinte años exiliado en Mozambique y que ocupa actualmente el puesto de secretario general del principal partido independentista –el FRETILIN– y que es además Primer ministro del primer gobierno democrático. Ex alumnos de seminarios católicos, a menudo con estudios superiores en Lisboa, esos militantes independentistas son cultos intelectuales que conocen perfectamente la historia, las tradiciones y la psicología de su pueblo. Son además verdaderos políticos y, por si fuese poco, pragmáticos.

Reconstrucción total

Sin embargo, las relaciones de los miembros de la UNTAET con los timorenses no fueron fáciles: tensiones, decepciones y frustraciones marcaron los primeros meses de la misión de la ONU en Dili y en los 13 distritos del territorio. En efecto, volver a poner el país en pie era una ardua tarea, pues el pasivo era enorme. “Cuando nosotros llegamos, Timor había sido declarado clínicamente muerto” afirmó Sergio Vieira de Mello, representante especial del secretario general de la ONU, jefe de la UNTAET y administrador del territorio. Aprovechando los importantes medios financieros de que disponía la UNTAET8 Vieira de Mello organizó un verdadero gobierno. Tomó posesión del antiguo palacio del gobernador, un gran edificio color blanco construido por los indonesios frente al mar, en el centro de Dili. Instaló allí la administración transitoria, compuesta de un millar de funcionarios civiles de la ONU. Definió también los objetivos principales de la UNTAET: la reconstrucción, la seguridad, el problema de los refugiados y la reactivación económica. Se organizó un sistema de concertación permanente con los dirigentes timorenses, reunidos en el seno de una coalición de partidos, presidida por Xanana Gusmão: el Consejo Nacional de la Resistencia Timorense (CNRT). A la vez, se implementaron mecanismos de consulta que permitían a los timorenses participar en la gestión del país, como el Consejo Nacional Consultivo (CNC) que contaba a su creación con 15 miembros. Posteriormente, este organismo fue evolucionando hasta convertirse en el gobierno provisorio de Timor Lorosa’e, nombre oficial adoptado luego de la independencia.

Para la UNTAET, reconstruir significaba al principio ocuparse de todo, desde el aprovisionamiento de agua potable hasta el transporte postal, la salud, la educación… Esa inmensa tarea explica los retrasos, el ritmo demasiado lento de la reconstrucción y, por lo tanto, la impaciencia y la decepción de los timorenses. Así lo reconoció el obispo de Baucau, monseñor Basilio Nascimento: “pusimos demasiadas esperanzas en la independencia. Existió una ilusión colectiva entre la gente sin instrucción. Creyeron que todo nos caería del cielo”. Resultado: manifestaciones de rabia en las calles de Dili contra la sociedad de dos niveles instaurada por la ONU, contra los autos de lujo de sus funcionarios, contra el estilo de vida de los mismos, que no respetaba las tradiciones familiares de ese país, católico en un 98%.

Pero las tensiones sociales que marcaron el año 2000, en parte desaparecieron gracias a la aceleración de la “timorización”, es decir, el reemplazo progresivo de los expertos internacionales por personal nativo y la creación de un gobierno transitorio totalmente formado por timorenses, con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU. Poco a poco, el territorio devastado fue saliendo del coma y algunas instituciones, aún rudimentarias, comenzaron a funcionar desde 2001: se contrataron más de 10.000 funcionarios; se dio instrucción básica a mil policías y a un primer batallón de la nueva fuerza de defensa; se inauguraron cuatro tribunales y se escolarizó al 80% de los niños.

A fines del mismo año, la UNTAET y el Banco Mundial estaban orgullosos de los buenos resultados obtenidos por Timor Oriental: “una notable recuperación en todos los terrenos: político, económico, social e institucional”9. Pero también es evidente que “esos resultados son frágiles, fundamentalmente en lo que hace a las finanzas públicas, la capacidad administrativa y la necesidad de una ayuda económica creciente en el período posterior a la independencia”10. Entre los resultados positivos, el más espectacular es ciertamente la firma de un acuerdo-marco para la explotación del petróleo y del gas del mar de Timor. Gracias a esos ingresos el gobierno timorense podrá financiar el futuro desarrollo del país.

Luego de la tragedia de septiembre de 1999, los timorenses no se dieron por vencidos: “transformaremos el infierno en paraíso en pocos meses” afirmaban. Luego de la proclamación de la independencia el paraíso aún está lejos, pero la esperanza de cambiar la vida se mantiene intacta.

  1. “L’intervention au Timor et le multilatéralisme impossible” , Politique Etrangère, Nº 65, París, abril de 2000.
  2. Noam Chomsky, “Timor, entre el horror y el olvido”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 1999.
  3. Sidney Jones, jefe de la oficina de Derechos Humanos de la misión de la ONU en Dili, Le Monde, París, 2-9-00.
  4. Discurso de apertura de la quinta conferencia de donantes para Timor Oriental, Oslo, diciembre de 2001.
  5. Ver Roland-Pierre Paringaud “Lourdes séquelles au Timor Oriental”, Le Monde diplomatique, París, mayo de 2000.
  6. Aséanie, Nº 8, París, diciembre de 2001. Del mismo autor, Timor Lorosa’e, au carrefour de l’Asie et du Pacifique, un atlas géo-historique, Presses universitaires de Marne-la-Vallée-irasec, Marne-la-Vallée/Bangkok, mayo de 2002.
  7. Declaraciones publicadas por el boletín Agir pour Timor, París, noviembre de 2001.
  8. Los países donantes, reunidos en diciembre de 1999 en Tokio, habían aceptado desembolsar 522 millones de dólares en tres años.
  9. Informe de la UNTAET y del Banco Mundial a los países donantes, Oslo, 11 y 12-12-2001.
  10. Ibid.

De la colonización a la independencia

-1520. Portugal invade Timor.

-1974. Luego de la Revolución de los Claveles en Portugal, el 25 de abril, comienza el proceso de descolonización de Timor.

-1975. Proclamación de la independencia por el Frente Revolucionario para la Independencia de Timor Oriental (FRETILIN).

-17 de julio de 1976. Indonesia anexa Timor Oriental.

-12 de noviembre de 1991. Las tropas indonesias matan 271 jóvenes que participaban de los funerales de un militante independentista.

-21 de mayo de 1993. Xanana Gusmão, jefe de la resistencia, es condenado a cadena perpetua, pena conmutada por 20 años de prisión.

-11 de octubre de 1996. Se concede el Premio Nobel de la Paz a Carlos Ximenes Belo, arzobispo de Dili, y a José Ramos Horta, portavoz de la resistencia en el exterior.

-21 de mayo de 1998. Renuncia el presidente indonesio Suharto, y asume en su lugar Yusuf Habibie.

-5 de mayo de 1999. Portugal e Indonesia, con la mediación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), acuerdan desarrollar un referéndum sobre el futuro de la isla.

-30 de agosto de 1999. El 78,5 % de los electores votan a favor de la independencia. Luego de proclamarse los resultados (el 4 de septiembre) la ONU evacúa a sus funcionarios a causa del aumento de la violencia contra la población.

-7 de septiembre de 1999. Indonesia decreta la ley marcial en Timor Oriental. Es liberado el dirigente independentista Xanana Gusmão.

Septiembre y octubre de 1999. Desembarco de la Fuerza de Interposición Militar (INTERFET) e instalación de la Autoridad Transitoria de la ONU en Timor Oriental, (UNTAET).

-30 de agosto de 2001. Elección de una Asamblea Constituyente.

-15 de abril de 2002. Elección del presidente Xanana Gusmão.

-20 de mayo de 2002. Declaración formal por parte de la ONU de la independencia de Timor Oriental, que adopta el nombre de Timor Lorosa’e.


Autor/es Any Bourrier
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 36 - Junio 2002
Páginas:14,15
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Movimientos de Liberación, Estado (Política), Geopolítica
Países Timor Oriental