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La cloaca mafiosa del fútbol mundial

La pasión por el fútbol no deja de aumentar. En estos días absorbe a la población mundial y en particular a la asiática. Pero la "fiesta" tiene también otra cara: durante los cuatro años que separan la última Copa del Mundo, disputada en Francia, de la que se disputa actualmente en Corea del Sur y en Japón, se multiplicaron los casos de corrupción.

Habitualmente se analiza el fútbol en tanto fuente de placer, de socialización, de aprendizaje de reglas y leyes, y del respeto por el otro. Numerosos sociólogos y filósofos no dudan en atribuir al fútbol formidables cualidades (que indiscutiblemente posee y que justifican la pasión que desata en todo el mundo), sin señalar no obstante su paradoja central: se trata, por una parte, de una industria basada en un sistema supranacional capitalista que, por otra, está impregnada de un sentimiento localista, regionalista y nacionalista.

En efecto, el fútbol no es sólo un deporte. En nuestras sociedades mercantilistas, es sobre todo un sector económico durante mucho tiempo subestimado, que en ocasión de esta Copa del Mundo se revela como uno de los principales vehículos de difusión del “horror económico” de la mundialización liberal: la competencia, la selección, la flexibilidad, la precarización y el nuevo mercenariado1.

¿Cumple el fútbol algún papel en la difusión de la ideología de la mundialización? Indiscutiblemente, si admitimos que ese deporte-industria desarrolla al máximo los dos parámetros más detestables del sistema capitalista. Por una parte, un funcionamiento mafioso apoyado en la búsqueda del máximo beneficio (los dirigentes no dudan en recurrir a sociedades off-shore instaladas en paraísos fiscales que permiten lavar el dinero sucio, corromper, organizar negociados en el seno de los clubes, financiar el doping u organizar apuestas clandestinas). Por la otra, difunde una ideología basada en el principio del superhombre, de la fuerza, de la violencia, y un sentimiento nacionalista muy localizado: no es de extrañar que en toda Europa las más duras y violentas asociaciones de hinchas reivindiquen explícitamente ideas racistas y se reclamen de extrema derecha.

Al igual que los carteles del crimen, que constituyen “el estadio superior y la esencia misma del modo de producción capitalista”, el fútbol goza “de la deficiencia inmunitaria de los dirigentes de la sociedad capitalista contemporánea”2. La sociedad globalizada ofrece infinitas posibilidades para esquivar la ley y considera “naturales” los mercados unificados, pero hace muy complicado su control. Según Jean Ziegler, la eficacia de los carteles criminales descansa en tres modos de organización. En primer lugar, el cartel es “una organización económica y financiera de tipo capitalista, estructurada según los mismos parámetros de maximización de los beneficios, de control vertical y de productividad que cualquier otra sociedad multinacional legal y corriente, sea industrial, comercial o bancaria. Al mismo tiempo, el cartel es una jerarquía militar (…). El tercer modo de organización al que recurre el cartel criminal es el parentesco clánico, la estructura étnica”3.

A título de ejemplo, citemos dos casos que ilustran bien el carácter mafioso de ciertos sectores vinculados con el mundo del fútbol: el de la firma ISL Worldwide y el de la federación brasileña de este deporte.

La sociedad ISL Worldwide, creada por Horst Dassler, debía garantizar el padrinazgo deportivo mundial. Como sus cuentas no eran públicas, podía disimular numerosas operaciones contables, en particular las que servían al lavado de dinero4. A la vez, los contratos que establecía no eran nunca el producto de llamados a concurso. En 1998, ISL Francia protagonizó un escándalo relativo a la venta de entradas-fantasmas durante la Copa del Mundo de ese año. Como consecuencia de esa estafa, ISL Worldwide, que poseía sólo el 49% del capital de ISL Francia, decidió adquirir la totalidad de esa filial. Pero desde 1999 los negocios empeoraron y la firma sufrió graves dificultades financieras, vinculadas con riesgosas inversiones en el tenis y también en “el fútbol en Brasil y en China”5.

El 18-4-01 la Federación Internacional del Fútbol (FIFA), creó una sociedad de estudios: FIFA Marketing SA. Un mes después, el mundo del deporte y el de las finanzas descubren que ISL Worldwide habría tenido, como ocurre a menudo en el medio futbolístico, una caja negra en una cuenta bancaria secreta en Liechtenstein. El 21 de mayo de ese año ISL fue declarada en quiebra por el tribunal suizo del cantón de Zoug y, el 28, la FIFA inició juicio a ISL Worldwide por “sospecha de fraude y desvío de fondos”.

La FIFA acusa a ISL de haber “desviado 60 millones de dólares provenientes del canal brasileño TV Globo en el marco de la atribución de derechos de televisación”6 de la Copa del Mundo 2002. No obstante, la FIFA –dirigida desde 1998 por Joseph Blatter, hombre cercano a Horst Dassler7 y sospechado de haber comprado los votos que lo ungieron– logró la proeza de salvar los dos principales activos de ISL (los derechos de televisación y de marketing de las dos próximas Copas del Mundo) gracias a “una extraña jugarreta jurídica”8.

Los negocios poco claros del medio futbolístico brasileño son conocidos. La admiración que sus formidables jugadores provocan en el mundo entero oculta que el fútbol brasileño se basa en gran medida en la corrupción y el fraude. Por ejemplo, el ex director técnico de la selección brasileña, Wanderley Luxemburgo, fue recientemente acusado de fraude fiscal, de falsificación de documentos oficiales, de falso testimonio, de evasión de divisas y de asociación delictiva, entre otras cosas. ¡Poseía treinta cuentas bancarias, veintinueve de las cuales no estaban declaradas al fisco! En esas cuentas habían ingresado, entre 1995 y 1999, unos seis millones de dólares. También se lo acusa de haber ocultado cocaína y de frecuentar un “local de chicas” financiado por las cajas negras de los clubes brasileños…

Por su parte, el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Ricardo Teixeira, ex yerno del anterior presidente de la FIFA, Joao Havelange, está acusado de participar en 27 casos de lavado de dinero sucio, de tráfico de divisas y de fraude fiscal9. Por último, en la cuenta de una sociedad pantalla perteneciente a Teixeira los investigadores hallaron indicios de transferencias de fondos por más de un millón de dólares provenientes de Liechtenstein. La CBF también fue acusada de haber financiado las campañas electorales de ciertos parlamentarios. Presidentes de clubes y de federaciones regionales también están sospechados de haber participado en esos negociados, arreglos y tejemanejes.

Por otra parte, los investigadores sospechan que Brasil es el centro desde donde se organizan los casos de pasaportes falsos. En efecto, muchos jugadores brasileños transferidos a Europa fueron acusados de poseer falsos pasaportes portugueses que les permitían ser contratados como ciudadanos europeos y no como extranjeros. En Francia, por ejemplo, dos jugadores del club AS Saint-Étienne, Alex y Aloisio, fueron acusados de poseer pasaportes falsos10. Esos pasaportes provienen de Brasil, donde se los consigue a un precio de 20.000 dólares11. El fiscal a cargo del caso en el Palacio de Justicia de París afirma: “Las mismas redes que suministran esos pasaportes son las que los venden a los inmigrantes clandestinos y a las prostitutas de los países del Este”. Varios miles de pasaportes habrían sido robados por “especialistas” en los consulados portugueses, para luego ser vendidos a futbolistas profesionales.

Todos estos negocios muestran que el fútbol funciona según el modelo de las empresas de tipo capitalista: su principal preocupación es conseguir el máximo beneficio. En general se respeta el verticalismo jerárquico, la ley del silencio y la filosofía de la obediencia a los jefes. Al mismo tiempo, el fútbol, como cualquier organización mafiosa, descansa en una estructura etnocéntrica, un sistema clánico, que organiza la reproducción de “padrinos” en el seno de las instituciones. Las diferentes “familias” del fútbol y, por así decirlo, la institución toda, participan en esos negocios poco claros.

Los entretelones del fútbol, bello espectáculo que entusiasma a millones de personas, a menudo no son otra cosa que una cloaca mafiosa.

  1. Al respecto ver Richard Sennet, Le travail sans qualités, París, Albin Michel, 2000; Malek Chebel, La formation de l’identité politique, París, Payot, 1998; y Cornelius Castoriadis, La montée de l’insignifiance, París, Le Seuil, 1996.
  2. Jean Ziegler, Les Seigneurs du crime. Les nouvelles mafias contre la démocratie, París, Seuil, 1998.
  3. Ibid.
  4. Ver, por ejemplo, la investigación de Denis Robert sobre los grandes medios financieros europeos, La Boîte noire, París, Les Arènes, 2002.
  5. La Tribune, Ginebra, 23-4-01.
  6. La Tribune, Ginebra, 29-5-01.
  7. Ver Andrew Jennings, La Face cachée des Jeux olympiques, París, L’Archipel, 2000.
  8. La Tribune, Ginebra, 3-7-01.
  9. Le Monde, París, 7-12-01.
  10. Tres jugadores fueron juzgados por este tipo de infracciones: Faryd Mondragón, Pablo Contreras y Emiliano Romay. Todos ellos tienen prohibido ingresar a Francia por dos años.
  11. Le Monde, París, 13-1-01.
Autor/es Patrick Vassort
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 36 - Junio 2002
Páginas:34
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Corrupción, Deportes