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Recuadros:

La descomposición del país mafioso

La salvaje represión policial sobre una marcha de "piqueteros" en Avellaneda el miércoles 26 de junio pasado, que concluyó con dos asesinatos, decenas de heridos y detenidos y el allanamiento sin orden judicial de un local de Izquierda Unida, del hospital Fiorito y de varios domicilios privados (en los que se realizaron disparos de armas de fuego y se golpeó a los ocupantes), representa un cambio cualitativo, un giro importante en el proceso de descomposición política, institucional, económica, financiera, sindical, corporativa y social que sufre la República Argentina. Desprovista de recursos provenientes del endeudamiento o la venta de bienes nacionales, abandonada a su suerte por los organismos de crédito internacionales, enfrentada al conjunto de la sociedad -trabajadores, desocupados, clase media, productores nacionales- la dirigencia política y corporativa que durante casi dos décadas medró con la decadencia del país dirime sus miserables querellas de poder e intereses a la manera de los matones de Chicago en los años ´20, con la movilización popular como pantalla. Por su parte, las fuerzas políticas y sociales que desde el llano se movilizan, organizan, trabajan y discuten por las formas y contenidos de la Nueva República que debería surgir de los próximos comicios y de un proceso de profundas reformas políticas, económicas y sociales, ven cómo se acortan dramáticamente los tiempos para formular una propuesta política sólida y coherente, antes de que el caos total favorezca a los sectores antidemocráticos y antinacionales1, que apuestan a que al menos un sector de la sociedad acabará entonces por abandonar sus justos reclamos para pedir orden y paz social.

Corresponderá a la justicia encontrar y condenar a los culpables materiales de la brutal represión y a quienes dieron las órdenes. No a esta justicia, aun si el tema cae en manos de un juez honesto y cabal, sino al Poder Judicial purificado de una eventual Nueva República. Nada civilizado puede esperarse ya en un país donde fueron voladas la embajada del Estado de Israel y una mutual judía; donde el cadáver de un fotógrafo fue abandonado al paso del gobernador de la provincia de Buenos Aires y actual Presidente de la República (el gobernador decía entonces que su policía era la “mejor del mundo”; el Presidente sugiere ahora que la represión de esa policía apunta a desestabilizarlo); donde el presunto autor intelectual del asesinato del fotógrafo –un archimillonario vinculado al poder– se voló la cabeza de tal modo que nadie pudo reconocer su cadáver2; donde la ex esposa de un ex Presidente íntimo amigo del empresario descabezado aún sigue acusando al “entorno” de su ex marido por el presunto asesinato de un hijo del matrimonio; donde a un juez que investigaba a la llamada “mafia del oro” y a su hermana les marcaron a navaja en la frente y en los pechos respectivamente la palabra “oro”; donde los bancos se quedaron impunemente con el dinero de los depositantes y ahorristas y la Corte Suprema de Justicia negocia con el Congreso y el Poder Ejecutivo la suerte de esos depositantes y ahorristas estafados a cambio de no sufrir un juicio político… y donde ninguno de esos crímenes y delitos fue aún esclarecido. ¿Es necesario seguir con la lista, por otra parte interminable y abarcativa de todos los estamentos del poder, en todo el territorio? A un país así solo le espera el miserable, sangriento destino de una República bananera.

La dirigencia argentina está tan corrompida, los intereses en juego, los rencores personales y los ajustes de viejas cuentas políticas y económicas tienen tal vigor, que aun ante el abismo no atina a imponer una tregua. En la pelea por los espacios de un poder cada día más reducido y cuestionado –o por la simple sobrevivencia– políticos, sindicalistas, fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia “negocian” un día y se traicionan al siguiente, se hacen perrerías cotidianas y, de vez en cuando, se “tiran con muertos” que siempre son, por supuesto, ciudadanos que de un modo u otro reclaman por sus derechos. Hay que ser un verdadero miserable para creer las versiones que dicen que los “piqueteros” se mataron entre ellos y dudar de que la represión fue planificada y tenía fines políticos.

Los países desarrollados y los inversores y organismos internacionales de crédito, sean cuales sean sus intenciones, han decidido por su parte que hoy por hoy nadie garantiza nada en Argentina. Saben que la firma de cualquiera de las autoridades actuales al pie de un documento vale tanto como la de un idiota. Sería por cierto ingenuo suponer que detrás de la “firme actitud” del FMI no hay objetivos geopolíticos (ver esta misma página y siguientes), pero es eso justamente lo que hace imperativo que los sectores sanos de la ciudadanía acuerden un proyecto alternativo sólido, capaz de reemplazar con éxito a la dirigencia actual y plantarse ante el mundo con un proyecto autónomo.

Debe entenderse que tanta inepcia y podredumbre sólo se sostienen porque nada hasta ahora ha desarrollado la fuerza necesaria para darle el empujón final y ocupar el espacio. Si el actual vacío de poder se prolonga y la tensión social se acentúa, lo más probable es que alguien –este mismo gobierno o el que surja de su eventual derrumbe– apele a la intervención de las fuerzas armadas de acuerdo con la Constitución, se declare el estado de sitio o de emergencia, se posterguen sine die las elecciones y, en suma, se creen las condiciones de “confiabilidad” requeridas. El escenario esperado por los intereses antinacionales y antipopulares. El final de la democracia; la muerte de la República.

Pero el apego de la abrumadora mayoría de los ciudadanos a las formas democráticas y la confluencia de intereses entre clases sociales igualmente afectadas por la situación; la angustia de casi todos los argentinos ante la rapidez con que el país que queremos se nos escurre entre los dedos, constituyen una base de inapreciable valor para asentar la Nueva República. Faltan la propuesta y unidad políticas, y el tiempo apremia.

  1. "El establishment apuesta al caos" (Dossier "La crisis argentina"), Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2002.
  2. La publicidad de una investigación periodística que aparecerá este mes de julio dice que “oficialmente Yabrán (Alfredo, el empresario en cuestión) murió en mayo de 1998 (…) pero su sombra apareció en Estados Unidos” y afirma que nuevas pruebas podrían llevar a reabrir el caso. Clarín, Buenos Aires, 28-6-02.

"República o país mafioso"

Gabetta, Carlos

En su Nº 4 (octubre de 1999), el Dipló planteó la opción "República o país mafioso" como prioritaria a cualquier otra en términos ideológicos o partidarios. En vísperas de las elecciones presidenciales que llevaron a Fernando de la Rúa al gobierno, se imponía la necesidad de un cambio de rumbo que revirtiera la decadencia de la República. Acabar con la corrupción y reparar las desigualdades sociales y económicas agravadas por el menemismo era la exigencia ciudadana.

En el Nº 16 (octubre de 2000), al cabo de un año de gobierno de la Alianza, reproducíamos el artículo con aquella advertencia, al constatar que los mecanismos mafiosos se habían consolidado y el proceso de corrosión institucional, destrucción productiva, injusticia social y pérdida de soberanía continuaba. Al cabo de cuatro gobiernos sucesivos en democracia, dos radicales y dos peronistas, resultaba evidente que la dirigencia política había devenido una corporación ajena a los intereses nacionales. El problema argentino sigue siendo el mismo.


Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 37 - Julio 2002
Páginas:1,2
Temas Neoliberalismo, Estado (Justicia), Movimientos Sociales, Políticas Locales
Países Argentina