Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Portugal, las transferencias de pobreza

La inmigración procedente de los países de Europa del Este, altamente calificada, está superando en número a los inmigrantes de las ex colonias de Africa y Brasil y es subutilizada y subpagada, gracias a acuerdos entre ciertos patrones de empresa y mafias internacionales dedicadas al tráfico de estos esclavos modernos. Respetados por su disciplina y sentido de la responsabilidad, estos inmigrantes acentúan el resentimiento de aquellos, incluso más explotados y venidos mucho antes, que permanecen en deplorables condiciones.

Aunque quieren pasar desapercibidos, su aspecto de despistados los traiciona. Son trabajadores itinerantes, y se nota porque llevan esas inevitables bolsas de plástico arrugadas, con los logos de supermercados. Otros rasgos delatan su discreta presencia: los cartelitos en ruso que se han colado en los kioscos de Cais do Sodré, muy cerca del Tajo, o los carteles escritos con alfabeto cirílico de esa oficina de transferencias de fondos que propone con crudeza “siéntase más cerca de los suyos enviándoles dinero”. Los “sonámbulos”1 que recorren el Rossio, la famosa plaza de Lisboa, escenario de todas las agitaciones políticas, ya no proceden únicamente de las antiguas colonias africanas que obtuvieron su independencia tras la revolución de los Claveles. Ahora vienen de Rumania o Moldavia, de Rusia y de Ucrania, han atravesado Europa entera en busca de una vida mejor, y no han encontrado más que la explotación y el miedo.

“Los ucranianos constituyen la tercera comunidad extranjera del país, después de los caboverdianos y los brasileños, y ya superan a los guineanos o a los angoleños”, apunta Tatiana Komlichenko Gomes, de la oficina de recursos humanos del barrio de negocios de Lisboa, donde se encarga de buscar empleo a sus compatriotas en la industria y, sobre todo, en la construcción. Uno de los aspectos que más llama la atención del fenómeno es que se trata, en general, de una emigración de alto nivel. Como esa pareja de médicos, en la que la mujer trabaja en la industria del plástico y el marido como obrero de la construcción.

“Portugal es un ejemplo representativo del modelo de desarrollo basado en la explotación de una mano de obra intensiva. Se trata de una situación inédita en Europa, ya que Portugal es, al mismo tiempo, país de emigración masiva y de inmigración”, señala Carlos Trindade, responsable de la CGTP-IN, la gran central sindical portuguesa. De hecho, aunque las grandes corrientes migratorias, que dejaron vacías muchas regiones del país durante la interminable agonía del régimen de Salazar, al parecer se frenaron a principios de los ’90, el número de portugueses residentes en el extranjero aún asciende a 4 millones2, lo que representa más o menos el equivalente al 80% de la población activa de un país que acaba de superar los 10 millones de habitantes, según el último censo, realizado en la primavera de 2001. Sin embargo, la tendencia se ha invertido y, desde 1993, el balance migratorio es positivo. Sobre todo ahora, cuando la inmigración procedente de la Europa del Este está desplazando a la inmigración que procedía tradicionalmente de los países de habla portuguesa.

El salario atrae a unos y ahuyenta a otros: cada año decenas de miles de portugueses, por lo general poco calificados, prefieren ir a probar fortuna a Alemania, Suiza, Francia e incluso al País Vasco. No es de extrañar, ya que el salario medio en Portugal es casi cuatro veces inferior al de Alemania (648 dólares frente a 2.250). En cuanto al salario mínimo, en un país en el que los precios de consumo y de los alquileres han alcanzado alegremente los niveles europeos, permanece generosamente anclado en… ¡399 dólares, o sea, casi dos veces menos que en Grecia (616 dólares)!

Desequilibrios regionales

“En términos técnico-jurídicos, el trabajador portugués que se va a trabajar a un país de ámbito europeo ya no es considerado un emigrante, pero esta interpretación es absurda, ya que ese trabajador sigue siendo explotado a tiempo completo. Apoyándose en la baja tasa de paro, la patronal ha iniciado un proceso de sustitución de trabajadores, dejando marchar a los nacionales, que están organizados sindicalmente, e incorporando al mismo tiempo a trabajadores de la inmigración”, comenta indignado Trindade. También en este caso, la lectura hipócrita de los indicadores macroeconómicos impide un correcto análisis y un proyecto de sociedad para todos. Alentado por su nivel de crecimiento sostenido a lo largo de la última década y por las tasas de paro más bajas de Europa, Portugal ansía elevar la renta media per cápita a un 80% de la media comunitaria de aquí a finales del tercer –y sin duda último– programa de adjudicación de fondos estructurales europeos, que abarca el período 2000-2006.

A juzgar por las estadísticas realizadas por la Comisión Europea parece, sin embargo, que desde hace casi 15 años algo no ha funcionado en la transmisión de los fondos estructurales llamados de “cohesión”. La convergencia entre regiones es mucho más difícil de conseguir que la convergencia entre países y, en el caso de Portugal, a las desigualdades salariales, ya de por sí considerables, se añade otro factor preocupante: un desequilibrio regional que no deja de agravarse3.

En lo que respecta al “retraso” de Portugal en la vía del desarrollo, no todo se explica, ni mucho menos, por una falta de inversión, como pretenden los defensores de una mayor apertura a los capitales extranjeros. Aunque el valor de esta inversión (2,5% del PIB en 1998) sea superior al de los fondos estructurales europeos (aproximadamente el 2% por año), sigue siendo inferior al de las transferencias directas realizadas por los emigrantes portugueses (aproximadamente el 3% en 1998).

“Salvando las distancias, hoy nos encontramos en la situación en que se hallaban nuestros socios europeos durante la posguerra, y el sector de la construcción está en expansión”, comenta Ignacio Mota da Silva, de la Inspección General del Trabajo (IGT), para explicar el rápido aumento de la mano de obra del sector, hoy procedente en su mayoría de la inmigración de los países de la Europa del Este. Evidentemente, los intereses del omnipotente lobby de la construcción y de las obras públicas se adaptan bastante mal al más elemental respeto de las condiciones de trabajo de los inmigrantes, así como a las condiciones de alojamiento de los más pobres, siempre deplorables4.

Mano de obra esclava

¿Cómo se percibe la evolución del fenómeno migratorio? Para Julia Franco y João Diogo Lima, responsables de una asociación de formación profesional que ofrece cursos de lengua portuguesa a los inmigrantes del Este, la constatación es inapelable: “La sociedad portuguesa reconoce en general a los emigrantes procedentes del Este una gran ética profesional y sentido de la disciplina. Pero nosotros los vemos como una mano de obra de esclavos (…). Y aunque en Portugal falta personal calificado, no se hace nada para sacar partido de su potencial, cuando entre ellos hay muchos ingenieros, médicos o técnicos.” Y lo que es peor: “También son presa de abogados que, con el pretexto de ayudarles a obtener un permiso de residencia, consiguen sacarles unos dólares de más, o bien de subcontratistas que se fugan con sus pagas; son víctimas de sus propias mafias.”

Es el caso de Serguei, de 25 años, con una mujer y una hija pequeña en Ucrania. Trabajaba como electricista cuando decidió responder a uno de los pequeños anuncios que inundan la prensa de su país y que presentan a Portugal como un El Dorado pacífico y con sol: “El viaje dura cuatro días y se interrumpe en España. Al llegar, se nos obliga a pagar inmediatamente 300 dólares a la mafia local, que se encarga de llevarnos a Portugal y conseguirnos un puesto de trabajo (…). A menudo la mafia se pone de acuerdo con el patrón para que despida a su empleado al cabo de un mes; entonces otro mafioso propone a quien no tiene trabajo hacerle un préstamo de 100 dólares, y empiezan las amenazas, la violencia…” Serguei no tuvo la “mala suerte” de ser despedido tan rápido. Trabajó cinco meses en el Algarbe, al sur del país, seis días por semana, 10 horas diarias, como mecánico en una importante filial estadounidense por 80.000 escudos mensuales (aproximadamente 400 dólares), sin contrato de trabajo. Su patrón siempre rechazó acceder a la solicitud de regularización, que le habría permitido pararle los pies a sus chantajistas. Sin duda, le parecía más ventajoso seguir dirigiéndose a esa oficina de recursos humanos de métodos tan feroces como competitivos. Actualmente Serguei vive escondido en Lisboa, en un centro de acogida de urgencia. Sin papeles, sin trabajo, ha decidido no pagar, aun a riesgo de perder su vida. “El 90% de los ucranianos que viven aquí tienen miedo”, concluye5.

El año pasado, el 17 de julio, se logró evitar lo peor en la Avenida da República. Un joven ucraniano de 29 años, que había llegado a Portugal unos días antes, tuvo secuestrado al gerente de un café de esta concurrida avenida de la capital durante 45 minutos, provocando una aglomeración de unas 200 personas. Transcurrió un buen rato antes de que alguien lograra traducir lo que decía, entre gritos y lágrimas. Despojado, tiempo atrás, de sus escasos ahorros por un grupo de compatriotas, desesperado y temiendo claramente por su propia vida, quería volver a casa y llamaba… a la policía. Cuando las fuerzas del orden intervinieron para negociar su rendición pacífica, tuvo que ser protegido de una multitud que amenazaba con lincharlo…

António Vitorino, miembro de la Comisión Europea y actualmente encargado de Justicia y Asuntos Interiores, afirmaba con toda solemnidad, durante la presidencia portuguesa de la Unión Europea, en el primer semestre de 2000: “El mantenimiento y el desarrollo de un espacio de libertad, de seguridad y de justicia, por un lado, y el avance en la protección de los derechos fundamentales, por el otro, figurarán, sin duda, entre los grandes desafíos de la construcción europea en los próximos años”6. Parece que no fue demasiado escuchado en su propio país, pues hasta el momento, la principal decisión del gobierno para responder a esta ola migratoria sin precedentes fue decretar un proceso de regularización extraordinario, cerrado a finales de 2001.

De todos modos, la sociedad portuguesa muestra, según se escucha en muchas conversaciones, una cierta “empatía” hacia ellos. Esta empatía podría permitirles escapar a las manifestaciones de rechazo xenófobo que tienen que soportar las comunidades de origen africano o gitano. En ese caso, podrían empezar a ser objeto de un fenómeno de “discriminación positiva”, lo que avivaría el resentimiento experimentado por la segunda generación descendiente de la emigración africana, que se rebela contra las condiciones de explotación de sus padres, y que se siente estafada y sin perspectivas reales de integración.

  1. José Cardoso Pires, Lisbonne, livre de bord, Arcades/Gallimard, París, 1998.
  2. Cerca de las tres cuartas partes viven en los tres mayores países de acogida: Estados Unidos (aproximadamente 1,2 millones), Brasil (aproximadamente 1 millón) y Francia (700.000). Véase Janus 2001, Anuário de Relações Extériores, Lisboa, noviembre de 2000.
  3. Según el último censo, la región de la capital, que reúne aproximadamente una tercera parte de la población total del país, generaba, en 1999, el 45,6% del Producto Bruto Interno (PBI). En cambio, la mayor región en superficie, el Alentejo, por ejemplo, generaba ese mismo año el 4,1% del PBI.
  4. Emmanuel Vaillant, “Liquider les baraques. Le Portugal éradique ses bidonvilles”, Le Monde diplomatique, París, enero de 2000.
  5. Una mera estimación aproximada del número de víctimas potenciales de esta red mafiosa, realizada mediante el cruce de fuentes diplomáticas y policiales, basta para darse cuenta de lo terrible que resulta la situación, a la vista de los beneficios en juego: junto a los 45.000 residentes legales procedentes de la Europa del Este, se calcula entre 150.000 y 200.000 el número de ilegales, todos ellos posibles víctimas de un tráfico de seres humanos llevado a cabo con una violencia y a una escala desconocidas en la historia de este país desde el comercio de esclavos orquestado desde las islas de Cabo Verde con destino a Brasil.
  6. Europa/Novas fronteiras, Edição do Centro de Informação Europeia Jacques Delors, Lisboa, junio de 2000.
Autor/es Hervé Dieux
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 37 - Julio 2002
Páginas:17,18
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Estado (Política), Geopolítica, Mercosur y ALCA, Políticas Locales, Migraciones, Clase obrera
Países Portugal