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Recuadros:

Un coronel contra la “vieja política”

En la carrera por la presidencia de la República, entre el 20 de octubre y el 25 de noviembre de 2002, el coronel Lucio Gutiérrez fue el que menos dinero gastó. Nada de asesor de imagen ni de marketing electoral; sólo sus ex compañeros de armas y de la aventura golpista que protagonizó junto con los indígenas el 21 de enero de 2000 en contra del presidente demócrata popular Jamil Mahuad 1. Con ellos y con simpatizantes de los movimientos sociales había empezado a fraguar la Sociedad Patriótica 21 de enero, que lo llevó al poder.

Propuestas simples pero contundentes, inspiradas en los motivos de la revuelta contra Mahuad: “derrotar a los políticos de siempre”; “traer a los banqueros fugados a Miami”; “castigar a los corruptos”… un manojo de ofertas fáciles y una estratégica alianza con el poderoso movimiento indio Pachakutic, fueron suficientes para derrotar no sólo al empresario bananero más rico del país, Álvaro Noboa, sino también a los más connotados líderes históricos de la política ecuatoriana: Rodrigo Borja, Oswaldo Hurtado, León Roldós, al Partido Roldosista (Abdalá Bucaram) y a la derecha empresarial representada por el partido Social Cristiano (ver “Cronología reciente”).

En un país agobiado no sólo por la crisis financiera más aguda de su historia, sino también por acentuados regionalismos y distanciamientos sociales e históricos, resultó decisiva la imagen joven y radical del ganador, nacido de una familia de clase media baja, en el Tena, pequeña ciudad de la región amazónica sur del Ecuador. Gutiérrez se forjó una carrera militar exitosa dentro de la “tendencia profesionalista”: la capacitación otorga oportunidades para el ascenso en el escalafón. Gutiérrez es ingeniero civil y tiene varias licenciaturas en deportes, alta gerencia y administración de empresas. Su acercamiento a la política se produjo cuando fue jefe de la casa presidencial durante el fugaz gobierno de Bucaram (agosto de 1996 a enero de 1997) y luego edecán militar del interino Fabián Alarcón (1997-1998), que le siguió. Aunque su nombre saltó a la fama por los sucesos del 21 de enero, sus compañeros de armas sabían de sus posiciones radicales frente al gobierno de Mahuad cuando éste se propuso recortar los gastos militares luego de firmar la paz con Perú (octubre de 1998), al cabo de un conflicto territorial que duró más de 150 años y provocó diversos conflictos armados, el último en 1995.

Esa paz produjo una crisis militar que ni el alto mando ni el gobierno civil supieron manejar. Los jóvenes oficiales estaban descontentos por la falta de liderazgo de los generales superiores y por la indolencia del régimen ante la crisis social. En el fondo guardaban rencor hacia Mahuad, porque firmó la paz en condiciones no compartidas por ellos. En el proceso a los insubordinados del 21 de enero quedaron al descubierto las maniobras sediciosas de miembros del alto mando, aquellos que realmente fraguaron el golpe en las sombras y emitieron señales equívocas hacia la oficialidad joven, precipitándola a la situación de facto. Un contubernio político con el alto mando libró de culpa a los verdaderos golpistas: los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval, ministro de Defensa y Jefe del Comando Conjunto respectivamente. Pero 16 de los más connotados coroneles de la fuerza terrestre, entre ellos Gutiérrez, fueron apresados y dados de baja. Diversos castigos cayeron sobre más de 300 coroneles y subalternos. De allí surgió, para canalizar la frustración de los jóvenes militares separados del ejército o alejados voluntariamente, la “Sociedad Patriótica 21 de Enero”, que luego impulsó la candidatura de Lucio Gutiérrez2.

Institucionalistas y continuistas

A lo largo de la historia ecuatoriana, los militares siempre han participado de “la vieja política” estigmatizada por el coronel y sus seguidores. Durante la dictadura militar (1972-1979) se empeñaron en organizar el Estado desde su visión tutelar de la seguridad nacional. Su relativo éxito en la gestión gubernamental se debió a que el Estado pudo disponer de ingentes ingresos por la nueva exportación petrolera. El régimen de excepción que instauraron les ahorró el engorroso trajín, propio de la democracia, de tratar con Congresos y partidos conflictivos y poco disciplinados. Los militares trataron de reducir el atomizado espectro partidario (surgido a comienzos de los ’70 de entre los escombros del esquema agroexportador y del bipartidismo liberal y conservador), en una fórmula definida de centro, izquierda y derecha, en su opinión más propicia para un proceso de modernización.

Pero el proyecto no prosperó y las fuerzas políticas se definieron por sí mismas en dura contienda con los militares, a quienes el desgaste del poder dividió en dos bandos: los “institucionalistas” que querían deshacerse del poder político antes de que se fracturase la corporación militar, y los “continuistas”, que temían por igual a la oligarquía y a una “extrema izquierda” representada en su imaginación por el movimiento sindical.

De las maniobras civiles para esquivar a la dictadura surgió así un nuevo esquema de fuerzas políticas. Una tendencia de centro izquierda (Izquierda Democrática, Democracia Cristiana, los liberales demócratas, los entonces jóvenes conservadores no clericales y el “populismo ilustrado”). Una derecha representada por el “populismo antioligárquico”, los conservadores tradicionales y la antigua oligarquía exportadora, convertida en empresaria neoliberal y representada por el Partido Social Cristiano. La izquierda quedó como un amplio espacio ocupado por la izquierda intransigente (MPD) la izquierda ilustrada (socialismos), el sindicalismo, el oportunismo socialmente concientizado y la intelectualidad progresista, empecinada en reconocer en el “militarismo nacionalista” una potencialidad revolucionaria para cambiar las estructuras del país que aquél no tenía. Estas fueron las tendencias políticas que protagonizaron una conflictiva salida de la dictadura y sentaron nuevas reglas de convivencia política (Constitución y Ley de Partidos de 1978) y que determinaron el triunfo de la alianza Concentración de Fuerzas Populares-Democracia Cristiana (Jaime Roldós-Oswaldo Hurtado), la fuerza joven más antimilitarista del escenario electoral.

En más de dos décadas de vida democrática, todas las fuerzas de centro y derecha alcanzaron el poder, menos la izquierda. Concluida la dorada década del boom petrolero, ninguna de ellas pudo lidiar con las nuevas exigencias de una economía mundial que se globalizaba, acentuando las debilidades de las economías endeudadas del subcontinente; tampoco pudieron responder a las expectativas crecientes de sociedades que se sumergían en una rápida marginación, ya que cedieron espacios de la política social a la voracidad financiera, empresarial y del sindicalismo estatal. Los esfuerzos por la modernización del Estado también sucumbieron ante la incoherencia y falta de dirección política. El descalabro económico, el populismo y la corrupción llevaron a las severas crisis políticas que determinaron las caídas de los gobiernos de Bucaram (1997) y Mahuad (2000), al interinato de Fabián Alarcón, nacido de una componenda dentro del Congreso Nacional, y al gobierno de Gustavo Noboa, que asumió en el ministerio de Defensa Nacional.

Al dejar el poder en 1979, los militares se refugiaron en sus cuarteles, incrementaron su autonomía y diseñaron ellos mismos sus políticas de fortalecimiento institucional, alcanzando entre otras cosas una notable competencia en guerra de selva, que les valió una histórica victoria frente al Perú en 1995. Aunque abandonaron los pujos por la macroplanificación del desarrollo estatal, continuaron con su vocación por el desarrollo de los sectores marginados, forjada en su especial concepto de seguridad nacional: una estrategia de prevención de la subversión política. Se convirtieron así en fuertes promotores del desarrollo, manejando pequeños proyectos en salud, educación, desarrollo comunitario, protección del medio ambiente y otros, conjuntamente con un fuerte trust industrial y de negocios, la otra cara de su contribución al desarrollo económico, insinuada como misión subsidiaria en la Constitución.

El desarrollo fue entonces el germen de un acercamiento entre militares e indígenas que durante los ’90 se fraguó en el marco de una visión paternalista de los militares hacia las comunidades. Los sucesos de enero del 2000 no implicaron necesariamente una articulación política entre el movimiento indio organizado y los grupos militares. Se trató de una coincidencia facilitada por el complot subterráneo de los generales, que activó el discurso crítico sobre la realidad nacional en las academias del ejército, que buscaba vías de desfogue y las encontró en la marcha indígena anunciada para la tercera semana de enero del 2000 con consignas radicales contra los tres poderes del Estado, responsables de la “democracia inoperante”. El fogoso coronel Gutiérrez fungió entonces como detonante del suceso histórico.

Es así como se llegó a la alianza electoral entre “Sociedad Patriótica 21 de Enero”, el partido de los militares jóvenes en retiro, y Pachakutic, brazo político del poderoso movimiento indio, fuerza en ascenso en busca de un proyecto político coherente para colocar sus reivindicaciones culturales en niveles cada vez más altos del poder social y político.

Incertidumbre

Ahora, después de la victoria electoral, la alianza enfrenta su primera prueba: el reparto de poder en la administración pública. En el nuevo gobierno, que asumirá este 15 de enero, se han atenuado considerablemente las consignas radicales respecto a temas como la revisión del convenio de la Base militar de Manta con Estados Unidos; la no intervención del país en el conflicto colombiano; la revisión del proceso de dolarización; el rechazo al ALCA… El Presidente electo se ha esforzado por marcar distancias con el venezolano Hugo Chávez, cuya figura parecía admirar en los días de su arresto, y por demostrar una ecuanimidad insospechada ante la comunidad internacional, ante los empresarios interesados en una reactivación económica que sostenga el equilibrio de la dolarización y ante los otros grupos políticos –que controlarán el próximo Congreso– y que al momento guardan un significativo silencio. Hay quienes esperan que el coronel –y sobre todo los indígenas– refrescarán la política ecuatoriana. De alguna manera con esto se cierra un ciclo político de la historia de este país: algo queda de esa izquierda heterogénea que no pudo consolidarse durante toda esta etapa de débil democracia y que en estos días se hace la ilusión de haber llegado al poder, aunque sea por intermedio de otros actores: los indígenas, sin dudas la nueva y pujante izquierda. Pero la situación interna del país y el contexto mundial estrechan cada vez más los espacios de decisión nacional. Un factor destacado es la volatilidad de las instituciones políticas y administrativas frente a la urgencia de negociar espacios de articulación, como país, en el contexto regional y mundial. Hay un tibio rumor de que los militares, contentos por la visita institucional que les hiciera Gutiérrez, pocos días después de su victoria, podrían ser llamados a una colaboración más estrecha en la política social del gobierno. Estas y otras incógnitas empezarán a despejarse en las próximas semanas.

  1. Con Jamil Mahuad, la Democracia Popular (DP, formada en 1978 de la antigua Democracia Cristiana), ganó las elecciones presidenciales en julio de 1998. En abril de 1999, Mahuad congeló los depósitos bancarios para apuntalar a la banca privada en medio de una crisis financiera sin precedentes. Luego se supo que su candidatura había recibido fondos de la banca considerada corrupta.
  2. Los militares jóvenes, supuestamente alentados por sus generales superiores, Mendoza y Sandoval, se unieron ese 21 de enero a los indígenas que amenazaban con derrocar al gobierno. Se formó una “Junta de Salvación Nacional”, integrada por Gutiérrez, Antonio Vargas (presidente de la Confederación Nacional de Comunidades Indígenas) y Carlos Solórzano (ex Presidente de la Corte Suprema de Justicia) que tomó el poder durante tres horas, pero Gutiérrez cedió su puesto al general Mendoza. Poco después éste desistió ante la presión del Consejo de Generales, que querían posesionar al Vicepresidente Noboa, como efectivamente sucedió en la madrugada del 22 de enero. Los jóvenes militares denunciaron que Mendoza y Sandoval los empujaron a la revuelta, abandonándolos después. Los generales fueron condecorados por Noboa por su “contribución a la democracia” y eludieron el juicio militar, que se archivó por la amnistía decretada por el Congreso días después, a solicitud del nuevo Presidente. Veáse Mario Lascano Palacios, 21 de enero; la noche de los coroneles, Editorial Kess, Quito, 2001.

Cronología reciente

-1972-1979. Dictadura militar.

-1978. La Democracia Cristiana es artífice de la Constitución de 1978, que permitie la salida constitucional desde la dictadura.

-1979. Jaime Roldós, líder de la “facción ilustrada” de Concentración de Fuerzas Populares (CFP, importante partido costeño), conquista la presidencia, en alianza con la Democracia Cristiana..

-1981. Muerte de Roldós en un accidente aéreo. Asume su vicepresidente, Oswaldo Hurtado, de la Democracia Popular (antes Democracia Cristiana)

-1984. León Febres Cordero, del Partido Social Cristiano (que representa tendencialmente al empresariado neoliberal de la costa), gana las elecciones y asume la presidencia.

-1988. Rodrigo Borja, de Izquierda democrática (socialdemócrata), asume la presidencia.

-1992. Sixto Duran Ballén, uno de los líderes del Partido Social Cristiano llega a la presidencia, con una facción de la derecha empresarial, representada por el “Partido Republica” que desaparece después de su período. Durante su gobierno ocurrió la “Guerra del Cenepa”, último enfrentamiento armado entre Ecuador y Perú.

-1996. Abdalá Bucarán gana las elecciones presidenciales, encabezando al Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) y es echado del poder seis meses más tarde por corrupción. El PRE fue formado por Bucarám luego de la muerte de Roldós para capitalizar electoralmente su figura política. Al momento es la tercera fuerza del Congreso. Fabián Alarcón completa un interinato hasta 1998.

-1998. Jamil Mahuad, de la Democracia Popular, gana las elecciones presidenciales. Firma la paz con el Perú.

-2000. Mahuad no logra sortear la crisis bancaria que se gestaba desde el gobierno de Durán Ballén. Una conspiración militar lo derroca el 21 enero. Al día siguiente asume la presidencia Gustavo Noboa Bejarano, luego de que el alto mando resolvió dejar sin efecto al efímero gobierno de la “Junta de Salvación Nacional”.

-2002. El 24 de noviembre, en segunda vuelta electoral, gana la presidencia el Coronel Lucio Gutiérrez.


Autor/es Bertha García Gallegos
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 43 - Enero 2003
Páginas:6,8
Temas Estado (Política)
Países Ecuador