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Los investigadores y el movimiento social

En Atenas, durante un encuentro con los sindicatos y los investigadores griegos organizado del 3 al 6 de mayo de 2001 por Razones para Actuar (Raisons d’agir, movimiento que él mismo fundó y animó) de Grecia, Pierre Bourdieu pronunció su último discurso público. Entendemos que exponer sus ideas es el mejor homenaje a nuestro amigo, fallecido en enero pasado al cabo de una larga enfermedad.

Si es hoy importante, si no necesario, que un cierto número de investigadores independientes se asocien al movimiento social, es que estamos confrontados a una política de mundialización. Digo bien: una “política de mundialización”; no hablo de “mundialización” como si se tratase de un proceso natural. La producción y difusión de esta política es mantenida, en gran medida, en secreto. Y descubrirlo es de por sí todo un trabajo de investigación necesario antes de entrar en materia.

Esta política tiene efectos que se pueden prever gracias a los recursos de las ciencias sociales, pero a corto plazo son todavía invisibles para la mayor parte de las personas. Otra característica de esta política: en parte, es producida por investigadores. La cuestión es saber si quienes a partir de su saber científico anticipan las consecuencias funestas de esta política pueden y deben mantenerse en silencio. O si esto no significa una suerte de no asistencia a personas en peligro. Si es verdad que el planeta está amenazado por calamidades graves, quienes creen saber de antemano acerca de esas calamidades, ¿no tienen el deber de romper la reserva que se imponen tradicionalmente los científicos?

En la cabeza de la mayor parte de las personas cultivadas, sobre todo en las ciencias sociales, hay una dicotomía que me parece funesta: la dicotomía entre scholarship y commitment –entre quienes se consagran al trabajo científico, realizado según métodos científicos y dirigido a otros científicos, y quienes se comprometen y “sacan fuera” su saber. La oposición es artificial y, de hecho, es preciso ser un científico autónomo que trabaja según las reglas del scholarship para poder producir un saber comprometido, es decir un scholarship con commitment. Es necesario, para ser un verdadero científico comprometido, legítimamente comprometido, comprometer un saber. Y este saber no se logra sino en el trabajo científico, según las reglas de la comunidad científica.

Dicho de otra manera, es necesario abandonar un cierto número de oposiciones que están en nuestras cabezas y que son modos de autorizar renuncias, comenzando por la del científico que se repliega en su torre de marfil. La dicotomía entre scholarship y commitment tranquiliza la buena conciencia del investigador, porque recibe la aprobación de la comunidad científica. Es como si los científicos se creyeran doblemente sabios porque no hacen nada con su ciencia. Pero cuando se trata de biólogos, esto puede ser criminal, y es igualmente grave cuando se trata de criminólogos. Esta reserva, esta huida hacia la pureza, tiene consecuencias sociales muy graves. Personas como yo, pagadas por el Estado para investigar, ¿deberían guardar cuidadosamente los resultados de sus investigaciones para sus colegas? Es fundamental dar la prioridad de lo que se considere un descubrimiento a la crítica de los colegas, pero, ¿por qué reservarles el saber colectivamente logrado y controlado?

Me parece que hoy el investigador no tiene elección: si tiene la convicción de que hay una correlación entre las políticas neoliberales y la tasa de delincuencia, una correlación entre las políticas neoliberales y todos los signos de aquello que Durkheim hubiese llamado anomia, ¿cómo podría no decirlo? No solamente no habría que reprochárselo, sino que habría que felicitarlo. (Yo hago, tal vez, una apología de mi propia posición…)

Ahora, ¿qué hará el investigador en el movimiento social? Primero, no andará dando lecciones, como hacían ciertos intelectuales orgánicos que, no siendo capaces de imponer su mercadería en el mercado científico, donde la competencia es dura, iban a hacer de intelectuales ante los no intelectuales, diciendo que el intelectual no existe. El investigador no es ni un profeta ni un faro intelectual. Debe inventar un nuevo rol, muy difícil: debe escuchar, debe investigar e inventar; debe tratar de ayudar a los organismos que tienen por misión –cada vez con menor fuerza, lamentablemente, incluso los sindicatos– resistir la política neoliberal; debe darse como tarea asistirlos proveyéndolos de instrumentos. En particular instrumentos contra el efecto simbólico que ejercen los “expertos” comprometidos con las grandes empresas multinacionales. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Por ejemplo, la política actual de la educación es decidida por entidades como el Transatlantic Institute, etc.1. Basta con leer el informe de la Organización Mundial de Comercio (OMC) sobre los servicios para conocer la política de educación que tendremos dentro de cinco años. El ministerio de Educación nacional no hace sino repercutir aquellas consignas elaboradas por juristas, sociólogos, economistas que, una vez dotadas de una fachada jurídica, son puestas en circulación.

Los investigadores pueden también hacer algo más nuevo, más difícil: favorecer la aparición de las condiciones organizativas de la intención de inventar un proyecto político colectivo y, en segundo lugar, las condiciones organizativas para el éxito de la invención de tal proyecto político. Que será evidentemente un proyecto colectivo. Después de todo, la Asamblea Constituyente de 1789 y la Asamblea de Filadelfia estaban compuestas por personas como ustedes y como yo, que tenían un bagaje de juristas, que habían leído a Montesquieu y que inventaron las estructuras democráticas. De la misma manera, hoy hay que inventar. Evidentemente, se podrá decir: “Hay Parlamentos, una confederación europea de sindicatos, toda suerte de instituciones que deberían hacer eso”. Yo no haré aquí la demostración, pero se debe constatar que no lo hacen. Hay pues que crear las condiciones favorables para esta invención. Hay que superar los obstáculos a esta invención; obstáculos que están por una parte en el movimiento social que está encargado de superarlos, especialmente en los sindicatos…

Recuperar las tradiciones sindicales

¿Por qué se puede ser optimista? Yo pienso que se puede hablar en términos de chances razonables de éxito, que en este momento es el kairos, el momento oportuno. Cuando sosteníamos este discurso hacia 1995, teníamos en común el no ser escuchados y pasar por locos. Las personas que, como Cassandra, anuncian catástrofes, son motivo de burlas, los periodistas los atacaban y eran insultados. Ahora, un poco menos. ¿Por qué? Porque se ha trabajado. Lo prueban Seattle y una serie de otras manifestaciones. Además, las consecuencias de la política neoliberal –que nosotros previmos en abstracto- comienzan a verse. Y la gente, ahora, comprende… Incluso los periodistas más cerrados y más porfiados saben que una empresa que no tiene ganancias superiores al 15%, despide. Las profecías más catastrofistas de los profetas del mal (que simplemente estaban mejor informados que los otros), comienzan a realizarse. No es demasiado temprano. Pero tampoco demasiado tarde. Porque no es sino el comienzo, porque las catástrofes apenas comienzan. Hay tiempo todavía de sacudir a los gobiernos socialdemócratas, ante los cuales los intelectuales se muestran arrobados, sobre todo cuando reciben ventajas sociales de todo orden…

Un movimiento social europeo no tiene posibilidad de ser eficaz, en mi opinión, si no reúne tres componentes: sindicatos, movimiento social e investigadores. A condición, evidentemente, de integrarlos, no solamente yuxtaponerlos. Yo les decía ayer a los sindicalistas que entre los movimientos sociales y los sindicatos de todos los países de Europa hay una diferencia profunda, que concierne a la vez al contenido y a los medios de acción. Los movimientos sociales han dado vida a objetivos políticos que los sindicatos y los partidos habían abandonado, u olvidado, o rechazado. Por otra parte, los movimientos sociales han aportado métodos de acción que los sindicatos poco a poco, también, han olvidado, ignorado o rechazado. Y en particular los métodos de acción personal: las acciones de los movimientos sociales recurren a la eficacia simbólica, una eficacia simbólica que depende del compromiso personal de quienes manifiestan; un compromiso personal que es también corporal. Hay que correr riesgos. No se trata de desfilar, brazo con brazo, como lo hacen tradicionalmente los sindicalistas el 1º de Mayo. Hay que realizar acciones, ocupar locales, etc. Lo cual demanda a la vez imaginación y coraje. Pero quiero decir también: “Atención, no a la sindicalofobia”. Hay una lógica de los aparatos sindicales que es preciso comprender. ¿Por qué les digo a los sindicalistas cosas que son próximas al punto de vista de los movimientos sociales y a los movimientos cosas próximas al punto de vista de los sindicalistas? Porque es a condición de que cada uno de los grupos se vea a sí mismo como ve a los otros que se podrán superar las divisiones que contribuyen a debilitar grupos ya muy débiles. El movimiento de resistencia a la política neoliberal es globalmente muy débil y está debilitado por sus divisiones: es un motor que gasta el 80% de su energía en calor, es decir, en fricciones, conflictos, etc. Y que podría ir mucho más rápido y más lejos si…

Los obstáculos para la creación de un movimiento social europeo unificado son de varios órdenes. Hay obstáculos lingüísticos, que son muy importantes, por ejemplo en la comunicación entre los sindicatos o entre los movimientos sociales: los patrones y los ejecutivos hablan lenguas extranjeras, los sindicalistas y los militantes, mucho menos. De hecho, la internacionalización de los movimientos sociales o de los sindicatos se ha revelado difícil. Además hay obstáculos ligados a los hábitos, a los modos de pensamiento y a la fuerza de las estructuras sociales, de las estructuras sindicales. ¿Cuál puede ser el papel de los investigadores allí? El de trabajar para una invención colectiva de estructuras colectivas de invención que harán nacer un nuevo movimiento social, es decir, nuevos contenidos, nuevos objetivos y nuevos medios internacionales de acción.

  1. Europe Inc. Liaisons dangereuses entre institutions et milieux des affaires européens, CEO, Agone, Marsella, 2000.
Autor/es Pierre Bourdieu
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 32 - Febrero 2002
Páginas:32
Temas Sociología, Movimientos Sociales
Países Grecia