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De cuando el país creía en sí mismo

En 1903 una huelga paralizaba por tres años a la Universidad de Buenos Aires y derivaba en la creación de los Centros de Estudiantes de Ingeniería (1904), Derecho (1905) y, el 11-9-1908, de la Federación Universitaria de Buenos Aires, todos desconocidos por las autoridades. Estos acontecimientos –sumados a la influencia de la I Guerra Mundial, las revoluciones rusa y mexicana y el ascenso al gobierno de Hipólito Yrigoyen en Argentina– desencadenaron el proceso que culminó 15 años más tarde en la Reforma Universitaria. Es pertinente recordar aquellos hechos, porque aunque la nueva Universidad argentina deberá adaptarse a los tiempos, es esencial que recupere aquel espíritu.

La proyección que alcanzó este movimiento en el continente americano constituyó para muchos la segunda empresa común de los países latinoamericanos, cien años después de lograr su independencia. Su legado, que aún hoy sigue vigente, fue reivindicado por el movimiento estudiantil y el movimiento obrero de América Latina a lo largo de todo el siglo XX. Acuñó el nacimiento de movimientos políticos como el APRA en Perú y sus banderas fueron levantadas en alto por los estudiantes franceses en mayo del ’68.

A fines de 1917, el Centro de Estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Córdoba inició una protesta contra una “ordenanza de decanos” que establecía nuevas condiciones de asistencia a clase. La Universidad permanecía inmutable desde su fundación, en 1613. Los programas de Filosofía incluían “los deberes para con los siervos” y estaban teñidos de clericalismo. Los cargos directivos se ejercían ad vitam y las obras de Marx, Engels o Darwin brillaban por su ausencia. El Centro de Estudiantes de Medicina se sumó al reclamo, a causa de la supresión del interinato en el Hospital Nacional de Clínicas. Tras las vacaciones, al no ser atendidos, los estudiantes constituyeron un Comité pro Reforma que condujo el movimiento hasta la fundación de la FUC, el 16-5-1918. El 31 de marzo, en vísperas del comienzo de clases, el Comité proclamó la huelga general. En respuesta, el Consejo Superior resolvió clausurar las aulas de la Universidad, pero a pedido de los estudiantes Yrigoyen designó un interventor para reformar y democratizar el estatuto. Ese mismo día, el 11-4-1918, se constituía en Buenos Aires la FUBA. El nuevo estatuto autorizó la participación del cuerpo de profesores en la elección de consejeros y rector. El 28 de marzo, los candidatos auspiciados por la FUC triunfaban en las elecciones de consejeros.

Sin embargo, el 15 de junio, presionados por los jesuitas y el clero de Córdoba, muchos profesores liberales dieron su voto a Antonio Nores, candidato de la “Corda Frates”, grupo católico de fuerte influencia en los asuntos públicos de la ciudad. De inmediato, los estudiantes invadieron la sala, impidiendo la aprobación del acta, elemento indispensable en vistas de la legalidad de la elección. La policia desalojó a los estudiantes, pero el conflicto se agudizó y tomó proporciones nacionales. Las manifestaciones se sucedían a diario, llegando a congregar hasta 20.000 personas.

Del 20 al 31 de julio sesionó el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, que proclamó los siguientes principios: autonomía, gobierno tripartito paritario, asistencia libre, docencia libre, régimen de concursos y periodicidad de la cátedra, publicidad de los actos universitarios, bienestar estudiantil, extensión y orientación social universitaria, libertad de juramento y nacionalización de las universidades provinciales del Litoral y Tucumán. Nores debió renunciar al cargo de rector ante el anuncio de una nueva intervención del gobierno nacional, pero ésta no se consumaba. Finalmente, el 9 de septiembre, los estudiantes se apoderaron de la Universidad y proclamaron que la FUC asumía la dirección a la espera del interventor. La policia ingresó brutalmente en los claustros y detuvo a sus ocupantes, pero simultáneamente se anunciaba la llegada del interventor, cumpliendo el objetivo de los estudiantes.

La Reforma Universitaria fue un movimiento dinámico, de renovación permanente. Algunos de sus integrantes intentaron acotar su influencia a cuestiones puramente académicas, pero el Segundo Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios ratificó que “la Reforma Universitaria es parte indivisible de la Reforma Social”. El rechazo a las oligarquías y a todo tipo de autoritarismo fueron sus principios indelegables. “Sólo podrá existir la universidad de la Reforma cuando cambie la actual organización social, y desaparezcan las diferencias de clase y el predominio de una minoría sobre la humanidad”1.

El Manifiesto Liminar, algunos de cuyos párrafos se reproducen aquí, fue redactado por Deodoro Roca y dado a conocer por la Federación Universitaria de Córdoba el 21-6-1918. Conviene, desde la perspectiva actual, analizar tanto su contenido como su expresión formal.

La juventud universitaria de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica

“Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos. Las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.

La rebeldía estalla en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensorbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aun– el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. (…)

Nuestro régimen universitario –aun el más reciente– es anacrónico. Está fundado sobre una especie de derecho divino; el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra ese régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudiantes no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando. (…)

Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un orden que no discutimos, pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son –y dolorosas– de todo el continente. ¿Que en nuestro país una ley –se dice–, la ley de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos? Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral lo está exigiendo. (…)

En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desórdenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. (…)

Se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de la juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. Consentirla habría comportado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. (…)

La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.

La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia”.

  1. Jorge May Zubiría, “La organización universitaria y los trabajadores”, Conferencia en la Asociación de Trabajadores de la Comuna, 7-5-1932. Bibliografía: -Alberto Ciria y Horacio Sanguinetti, La Reforma Universitaria, CEAL, Buenos Aires, 1987. -Hugo Biagini, La Reforma Universitaria, antecedentes y consecuentes, Leviatán, Buenos Aires, 2000. -Gabriel Del Mazo, Reforma Universitaria y cultura nacional, Raigal, Buenos Aires, 1951.. -M. Calderari y P. Funes, Escenas Reformistas 1918-1930, Eudeba, Buenos Aires, 1998. -Luis Marcó del Pont, La Reforma Universitaria de 1918, Córdoba, 1998. -Juan Carlos Portantiero, Estudiantes y política en América Latina, 1918-1938, Siglo XXI, México, 1976.
Autor/es Pablo Stancanelli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 33 - Marzo 2002
Páginas:10,11
Temas Estado (Política), Movimientos Sociales, Educación
Países Argentina