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Una fanfarria mediática

“Nunca tantos órganos de prensa habrán hecho una campaña como ésta (…) para que el voto adquiera el significado de una renovación del pacto democrático”, escribía Serge July, en Libération 1, en vísperas de la segunda ronda de la elección presidencial. En efecto, nunca se había oído a un coro tan completo en auxilio de la República, ni visto a tan noble corporación romper concertadamente sus reglas fundacionales.

No se trataba solamente de preservarse de la bestia inmunda: había que darle además una estocada, respetando las formas de un ritual único que no admite ninguna variante, ni adolece de dilación o tergiversación alguna. “Ni barbijo, ni guantes. Ni broches de ropa. Ni barba falsa ni pasamontañas. Ni andar con pies de plomo, ni exprimirse el cerebro. Nada. Votar, simplemente votar”2. Nada. Ni segundos pensamientos ni tampoco; si leemos con atención, ninguna otra clase de pensamiento. Votar (sin especificar “Chirac”), precaución superflua al cabo de doce días de civismo intensivo. El 27 de abril, en France-Inter, un debate altamente contradictorio, como es habitual, enfrenta a Laurent Joffrin, jefe de redacción del Nouvel Observateur y Philippe Tesson, editorialista itinerante. Si bien ambos se felicitan por su llamado a votar por Jacques Chirac, un horroroso diferendo los divide: el primero piensa taparse la nariz. “No, sin taparse la nariz”, intima el segundo. Finalmente ambos se ponen de acuerdo para considerar que después del 5 de mayo, “la democracia va a retomar su curso”. Sí: retomar su curso. Lapsus o ingenuidad, la observación es de una enorme agudeza, ya que el período entre el 22 de abril y el 4 de mayo, cuando Le Pen todavía no estaba en el poder, se caracterizó efectivamente por una suspensión de la expresión democrática normal.

Un nuevo tipo de ley marcial tácita decretó el abandono de ciertas armas peligrosas –como los broches de ropa y ciertos desodorantes– y sus ridículos partidarios fueron conminados a respetar el reglamento electoral; los de la abstención o el voto en blanco fueron descalificados y los ex candidatos de extrema izquierda recalificados como “candidatos de la línea dura”3, de modo de colocarlos en una misma bolsa abyecta, junto a los de extrema derecha. La urgencia exige simplismo; el periodismo “no partidario” se vuelve militante y es la hora de las consignas: “Abstención, trampa para imbéciles”, es el titular que ocupa toda la tapa del semanario Télérama4.

Y de la censura: sobre un total de 83 tribunas abiertas que trataron del escrutinio (46 de Le Monde, 37 de Libération)5, sólo dos, que aparecieron en Le Monde el mismo día, cuestionaban el voto a Chirac. Algunas no evitaron la pomposidad ni el desenfreno, que en un primer momento se atribuía sólo a los jóvenes manifestantes. “Decir no a la Guillotina, al Odio, a la Intolerancia, al Racismo, al Antisemitismo y a la Corrupción, es inventar una nueva gramática que se deletrea C-H-I-R-A-C” afirman sin sonrojarse los chistosos hermanos Cohn-Bendit6.

Una vez impuesto el color de la buena papeleta de votación, un nuevo peligro, que viene de la calle, alarmó a la docta fanfarria: ¿no irán unos inconscientes mocosos a hacer polvo todo su bello edificio, con su gesticulación inútil? Se impone una salva de bloqueo. “Evidentemente no es en la calle (calificada de “mito” en el título) sino en el cuarto oscuro donde Le Pen puede encontrar la Beresina que los franceses deben a su dignidad herida”, corea Gérard Dupuy.7.

Pero como finalmente no hubo que deplorar ningún acto condenable, los reyes del editorial se mostraron como príncipes buenos, y saludaron “el civismo de la juventud” hasta el lirismo: “Los jóvenes toman las calles como cortejos danzantes”8. La televisión adoctrinó a las tropas con toda la delicadeza de la que es capaz.

Veamos a continuación el desarrollo minuto a minuto del informativo de France 2 a las 20 horas del domingo 28 de abril, es decir exactamente en la mitad de la campaña: 1) Jornada mundial de la deportación: “las ceremonias cobraron un color más singular como si el deber de la memoria se tornara imperioso” (1 min. 55); 2) Manifestación desde la Licra hasta el Panteón contra la extrema derecha (20 segs.); 3) “Después de Dreux”, Chirac en Dordoña para “defender la política agrícola común desacreditada por Jean-Marie Le Pen” (1 min. 45); 4) Movilizados en el teatro Zenith, un grupo de artistas “ponen su notoriedad al servicio de la República” y “numerosas personalidades llaman a votar a Chirac” (1 min. 45); 5) Análisis del “tema de la cultura en el programa del Frente Nacional” (2 min. 30); 6) Entrevista a Bruno Gollnisch, director de campaña de Le Pen (40 segs.); 7) Análisis del voto a Le Pen (1 min. 50); 8) En la calle, estudiantes universitarios y secundarios, cuya “movilización debería intensificarse” al finalizar las vacaciones (2 min.); 9) Entrevista a Jack Lang, ministro de Educación, que declara “confiar en nuestra juventud y en la escuela de la República” (4 min. 20); 10) Interrupción voluntaria de las actividades del club de fútbol de Dirac (Charente), donde 108 de los 1400 habitantes votaron por Le Pen en la primera ronda (1 min. 45); 11) “Movilización” de los medios extranjeros por el ascenso del FN (1 min. 50). Total: 20 minutos 40 segundos. Los restantes quince minutos serán consagrados a temas varios, entre ellos la muerte de Ruth Handler, creadora de la muñeca… Barbie.

En el transcurso de ese informativo, la presentadora Béatrice Schonberg, aludiendo a la consigna de voto dada por Jospin sin pronunciar el nombre de Chirac, pide en dos oportunidades a Jack Lang que lo haga en su lugar. “¿Le parece que es momento para sutilezas?”, insiste. Casi todos los comentaristas reclamaron al vencido este renunciamiento, hasta obtener su consentimiento a medias. Siguiendo el proceso conminatorio del auto de fe, ese acto en que la conversión del hereje –antes de que lo quemen– se lleva a cabo en tres tiempos: abjuración; contrición; pronunciamiento (de su nueva fe)9.

Finalmente, para “movilizar” al electorado, se escrutó a la lupa el pasado de Le Pen, mostrado la mayor parte de las veces en plano picado y con gran angular bajo su aspecto de bulldog. A modo de explicación de los motivos de sus electores (nunca intentado seriamente durante este irracional período), se ofrecen documentales sobre Vichy, la deportación y la Shoah… Los extranjeros e inmigrantes, vuelven a aparecer felices como Dios en Francia, como si estuvieran envueltos por los colores de una marca de tejidos de punto. Olvidados por un momento su progenitura turbulenta y tráficos del día anterior, en aras del “voto republicano”. Para el fin de semana, la columna turística de France-Info incluyó un destino inédito: el cuarto oscuro. Se saluda la posición republicana del Medef (patronato francés, NdlR) pero, para no “desmovilizar” a los electores, se guarda silencio acerca de la actitud del empresariado francés durante la Ocupación; del financiamiento por parte de los neogaullistas de los muy republicanos Servicios de Acción Cívica (SAC); de la sangre de los doce muertos de la gruta de Ouvea, el 5 de mayo de 1988; del acceso del FN a la Intendencia de Dreux, en 1982 y 1983, por irregularidades de la derecha del “frente republicano”…

Una unanimidad semejante, aunque de ningún modo tan catártica, contra ciertos franceses “miedosos y arcaicos”, pudo observarse en ocasión de la votación sobre el tratado de Maastricht; las operaciones de Kosovo (convertido en una provincia de Occidente); el bombardeo de Irak o el atentado del 11 de septiembre, a partir del cual la lucha contra el terrorismo y la lealtad a Estados Unidos pasarían a ocupar el lugar de la política exterior. Tal vez esta unanimidad subsista mañana, cuando la “flexibilidad”, la productividad individual, o la afiliación a los amos del planeta, pasen a ser objetivos patrióticos. Se dirá que en este caso la causa era pura. Pero si el fin justifica los medios, ¿en qué se convierte la causa, dentro de la confusión de las ideas y los bandos? En el frontispicio de la República está grabado el tríptico libertad-igualdad-fraternidad: divisa para unos, programa para otros. Seguramente por ahí pasa la línea divisoria entre la izquierda y la derecha que con tanta insistencia se querría borrar.

  1. Fechado el 3-5-02.
  2. Pierre Georges, Le Monde, París, 4-5-02. Alusión a diversas manifestaciones de ciudadanos que alegaron que votarían a Chirac, por ejemplo, “tapándose la nariz con un barbijo”. Un juez electoral prohibió ese tipo de manifestaciones ante las urnas.
  3. Libération, París, 23-4-02.
  4. Nº 2728 del 27-4 al 11-5-02.
  5. Únicos diarios nacionales tomados en cuenta.
  6. Daniel y Gabriel Cohn-Bendit, Libération, París, 26-4-02.
  7. En Libération, París, 27/28-4-02.
  8. Serge July, Libération, París, 26-4-02.
  9. Este análisis es de François Brune, colaborador de Le Monde diplomatique y autor, entre otros, de Les médias pensent comme moi (L’Harmattan, 1997), Médiatiquement correct (Paris-Méditerranée, 1998).
Autor/es Edgar Roskis
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 36 - Junio 2002
Páginas:20
Traducción Patricia Miniarrieta
Temas Mundialización (Cultura), Neoliberalismo, Periodismo
Países Francia