Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Milosevic en el banquillo: ¿justicia o autolegitimación?

Las circuntancias en que Slobodan Milosevic fue llevado ante el tribunal de La Haya y los pormenores de la acusación, abonan toda clase de suspicacias. La más evidente, que el juicio sea instrumentado como legitimación de la guerra de la OTAN contra Yugoslavia en 1999, en desmedro de un avance en la lucha contra la impunidad a escala internacional.

La entrega de Slobodan Milosevic al Tribunal Penal Internacional (TPI) para la ex Yugoslavia el 28 de junio pasado, ¿pasará a la historia como un progreso del derecho internacional o como un acto de subordinación política y mercantil del nuevo gobierno de Serbia y de su primer ministro Zoran Djindjic a la política de Estados Unidos? Esta pregunta no se puede ignorar, dado que la extradición se produjo la víspera de una reunión de donantes en la que Estados Unidos condicionó la ayuda acordada a la República Federal de Yugoslavia al cumplimiento de esta "obligación internacional", que sin embargo rechazaba la Corte Constitucional yugoslava.

Lejos de mejorar la imagen del TPI para la ex Yugoslavia en Serbia; lejos de abrir los ojos de la población a los crímenes cometidos en su nombre, esta extradición corre el riesgo de favorecer un autismo persistente. Lo comprendió Milosevic, que utilizó su primera comparecencia ante el tribunal, el 3 de julio, para impugnar su legitimidad y el carácter mercantil de su extradición, lo que le permitió silenciar los crímenes de los que se lo acusa.

Esta transferencia precipitada (aunque se había encarado una colaboración entre los tribunales serbios y el TPI), podría además hacer cumplir a Milosevic una función de pantalla para quienes no reprochan al antiguo dueño de Belgrado haber impulsado las guerras de limpieza étnica, sino haber abandonado el proyecto de la Gran Serbia. ¿Cómo no extrañarse de que el responsable de la transferencia, Djindjic, se haya mostrado al lado del autor de la limpieza étnica en Bosnia, Radovan Karadzic, precisamente en el momento en que Milosevic rompía con él para convertirse en artesano de los planes occidentales de paz después de 1993?

Pero el momento en que se pronunció la acusación contra Milosevic (durante la guerra de la OTAN, de marzo a junio de 1999), justifica la crítica contra el TPI para la ex Yugoslavia, convertido entonces en instrumento político y no judicial, puesto que apunta a cubrir la acción de la OTAN en Kosovo. En realidad, la principal prueba de este contexto "oportunista" del acta de acusación es que sólo concierne a Kosovo, cuando los principales crímenes contra la humanidad se cometieron en Croacia y Bosnia, antes de que Milosevic y Franjo Tudjman se asociaran a los acuerdos de Dayton de 19951.

Precisamente para ganar credibilidad, la procuradora del TPI para la ex Yugoslavia previó hacer pública en otoño de 2001 una segunda acta de acusación referida al período de la guerra en Bosnia-Herzegovina (1992-1995). Las inquietudes que se manifiestan en Croacia ante las exigencias de extradición a La Haya de comandantes croatas responsables de la campaña de limpieza étnica de los serbios de Krajina en el curso del verano de 1995 indican hasta qué punto el TPI trata de probar una objetividad que no tiene. El tratamiento de los crímenes cometidos contra serbios en Croacia (en Bosnia y Kosovo) irá en ese sentido.

Para quien está sinceramente convencido de la función que podría cumplir el TPI en el difícil progreso de un derecho internacional, debiera ser esencial reclamar la independencia política y financiera del tribunal respecto de las grandes potencias. Y para aquellos que interpretaron los bombardeos de la OTAN como una guerra humanitaria, debiera constituir una urgencia que el TPI para la ex Yugoslavia analice la acción de la OTAN respecto del derecho internacional, así como el debate político sobre las responsabilidades de los gobiernos occidentales en las guerras de limpieza étnica (de Srebrenica a Mostar, pasando por la Krajina croata y el protectorado establecido en Kosovo).

La acción del TPI para la ex Yugoslavia sólo puede ganar en coherencia ampliándose. Pero le va a costar desprenderse del objetivo de legitimar los bombardeos de la OTAN que marcó la inculpación de Milosevic: se quiere hacer olvidar que los "ataques" se proponían inicialmente obligar a Belgrado a firmar los acuerdos de Rambouillet2 y no eran (como se lo presentó en el contexto de la expulsión masiva de los albaneses de Kosovo durante la guerra) una reacción contra una política de limpieza étnica en curso.

La inculpación enmendada y confirmada el 29 de junio de 20013, se refiere al período de enero a junio de 1999, fortaleciendo entonces la tesis de una acción de la OTAN (en marzo) posterior a los inicios de una ofensiva de limpieza étnica (en enero). Si se trata de reprochar a Belgrado la política de opresión y represión de la minoría albanesa de Kosovo o de la UCK (Ejército de Liberación de Kosovo), sobre todo en 1998, ni el período ni los téminos de la inculpación son adecuados. Si se trata de una inculpación que apunta al plan de limpieza étnica que habría empezado a ponerse en marcha en enero de 1999 (legitimando la intervención de la OTAN en marzo), en Rambouillet no se dijo nada de eso en febrero y marzo. En todo caso sólo cabe desear la mayor transparencia sobre las matanzas cometidas, incluidas las muy controvertidas de Racak, que precipitaron la conferencia de Rambouillet4.

La cantidad de cuerpos exhumados en la provincia desde finales de la guerra, en junio de 1999, es inferior a 5.000, principalmente albaneses (menos que las víctimas de Srebrenica). Los albaneses de Kosovo cuyos rastros no se hallaron serían alrededor de 2.500, según el fondo humanitario de Natacha Kandic que evalúa en alrededor de 7.000 la cantidad de víctimas albanesas de las que serían responsables Milosevic y los que fueron acusados junto con él. Hay quienes anticipan una cifra de 10.000. El reciente descubrimiento de fosas comunes en Serbia podría concernir a cientos de víctimas entre esos desaparecidos (el ministerio serbio calcula un millar). Según el diario parisino Libération del 3-7-2001, las fosas habrian sido cavadas "en abril de 1999, en el furor de la guerra". Este ocultamiento de los cadáveres es una de las acusaciones más agobiantes contra Milosevic (y contra muchos responsables que todavía están en el poder), que prueban que estaba al tanto de las exacciones cometidas por sus tropas. Sin embargo siguen siendo inferiores a las cometidas por el ejército francés en Argelia, por Turquía contra los kurdos, y Rusia en Chechenia…. lo cual, por supuesto, no es un atenuante.

  1. http://www.monde-diplomatique.fr/glossaire/conflits/dayton
  2. http://www.monde-diplomatique.fr/cahier/kosovo/rambouillet
  3. http://www.un.org/icty/milosevic/index.htm
  4. Ver la conferencia de prensa de la entonces secretaria de Estado de Estados Unidos Madeleine Albright del 23-2-1999, en la que comentó positivamente las negociaciones en curso: http://www.fas.org/man/dod-101/ops/docs99/99022306_tlt.htm
Autor/es Catherine Samary
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 26 - Agosto 2001
Temas Derechos Humanos, Estado (Justicia), Justicia Internacional
Países Yugoslavia