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Contar la historia que el público quiere escuchar

El fracaso en pretender controlar la versión nacionalista de la historia en los manuales escolares está siendo compensado con su exitoso predominio en las historietas, cuyos lectores se deleitan con la historia contada por Yoshinori Kobayashi, quien apela a un nuevo orgullo nacional.

Desde hace 10 años se abate sobre Japón una ola "revisionista", que rechaza con virulencia la versión de la historia nacional que pone el acento sobre las responsabilidades del país en la "guerra de la Gran Asia" (1930-1945). Un expansionismo que se inició con la anexión de Taiwán en 1895 y de Corea en 1910 y después con la creación del Estado títere de Manchukuo en 19311.

Favorecido por cierto eco en parte de la gran prensa, el revisionismo trata de imponerse en el mercado de los manuales escolares después de haber penetrado con fuerza en el de las historietas (manga), medio de masas por excelencia.

Esta penetración del revisionismo en la historieta se inscribe en una ofensiva más general. La derecha japonesa siempre se resistió a una visión "culpabilizadora" del pasado, oponiéndose de manera permanente a la idea de agresión y negando (o minimizando) las atrocidades cometidas por el ejército imperial. Desde mediados de los años ´50 logró reintroducir un control sobre el contenido de los manuales escolares por parte del ministerio de Educación, con el fin de oponerse al sindicato de docentes, orientado a la izquierda.

La batalla por el contenido de estos manuales continúa; del lado de los oponentes a la "censura", lo hace a través del profesor Saburo Ienaga, a quien el Tribunal Supremo acabó por dar parcialmente la razón en 1997… treinta y dos años después de haber planteado un recurso ante la justicia. Después de un primer intento de los "revisionistas" por entrar en este lucrativo mercado, el segundo fue rechazado también: en agosto, los 542 comités educativos encargados de elegir los manuales del segundo ciclo escolar para las circunscripciones regionales de las que son responsables rechazaron casi por unanimidad el manual revisionista2.

En contrapartida, el revisionismo entró ostensiblemente en el mundo de la historieta con Yoshinori Kobayashi, cuyos álbumes apelan a un "nuevo orgullo" (shin gomanizumu), neologismo recurrente de sus publicaciones, que tienen un enorme éxito.

Kobayashi no es el único que utiliza los manga como soporte de mensajes políticos. Desde los manga proletarios de la década de 1920 y posteriores a la guerra, dedicados a los trabajadores y a los oprimidos, a los manga protestatarios de la década de 1960 (época de las grandes luchas sociales contra el tratado de seguridad estadounidense-japonés, seguida de las revueltas estudiantiles), que presentaban la historia nacional en términos de lucha de clases, la historieta nipona atravesó diversos períodos de "compromiso".

El género declinó con el reflujo ideológico de la década de 1970, pero la historieta siguió siendo el vehículo para relatos de hermosas páginas de historia, como la obra monumental (por su volumen y su calidad) de Natsu Sekikawa y Jiro Taniguchi "La época de Botchan" (Botchan no jidai), que traza los retratos de las grandes figuras de principios del siglo XX como si fuesen personajes familiares.

La segunda guerra mundial aparece en la historieta de la década de 1960 con grandes clásicos pacifistas: "Afectado por la lluvia negra" (Kuroi ame ni utarete) y "Gen descalzo" (Hadashi no Gen) de Keiji Nakazawa o "Diario de huida" (Ha no ki) de Shigeru Mizuki.

A principios de la década de 1990, ciertos manga "coquetearon" con temas espinosos, como el estatuto de las fuerzas de autodefensa en "Flota silenciosa" (Chinmoku no kantai), de Kaiji Kawaguchi, en la que un comandante japonés de submarino lo declara territorio independiente. Pero el revisionismo cobra solidez con Yoshinori Kobayashi, quien a partir de 1995 publica el "Manifiesto por un nuevo orgullismo" en el bimensual Sapio.

Kobayashi, de 48 años, ya era conocido. Debía su fama a una carrera de contestatario: a comienzos de los noventa denunció al Estado en el caso de la sangre contaminada que infectó a los hemofílicos; después, a la secta Aum shinri kio (responsable del atentado con gas sarin en el metro de Tokio, en marzo de 1995). Hacia mediados de los noventa se unió a la corriente revisionista constituida en torno a la Escuela para una Visión Liberal de la Historia, dirigida por el profesor de pedagogía de la universidad de Tokio, Nobukatsu Fujioka. También es miembro de la Asociación para la Renovación de los Manuales de Historia, formada en 1997 en torno a Nanji Nishio, germanista conocido por su xenofobia antioccidental. Kobayashi es un comentarista estrella de la televisión y le gusta jugar a la provocación defendiendo sus posiciones con la labia de un vendedor.

Después de la guerra del Pacífico, Kobayashi tomó Taiwán como tema de su serie del "nuevo orgullismo". Traducido al chino en febrero, su último álbum "De Taiwán" (Taiwan ron) le costó ser declarado persona non grata en la isla durante algunas semanas. Las autoridades de Taipei percibieron como una "ofensa" su elogio de la colonización de Taiwán por Japón (1895-1945).

Varias razones explican el éxito de las historietas de Kobayashi, así como el de los libros de sus amigos revisionistas, como "Lo que no nos enseñan los manuales de historia" (Kyokasho ga oshienai rekishi) de Nobukatsu Fujioka. En primer lugar, un fortalecimiento de la derecha nacionalista, que desde el final de la guerra fría ya no duda en aparecer a plena luz. Además de contar con políticos e intelectuales, está sostenida por parte de los medios de negocios y sectas religiosas y se beneficia con la tribuna de diarios como el Sankei.

Detrás de la rehabilitación del pasado destinada a restaurar en la generación joven un "sentido de la Nación" que al parecer ha perdido, mediante una exaltación de la superioridad de la civilización japonesa, se perfilan objetivos que desbordan las polémicas sobre la historia: especialmente la revisión de la Constitución, y en particular de su artículo 9, que prohíbe a Japón el recurso a la guerra y veta su participación en un sistema de defensa regional colectiva.

El revisionismo se aprovecha de un clima de inquietud difuso provocado por una crisis económica cuyo costo social apenas empieza a hacerse sentir. Parte de la opinión pública se muestra receptiva ante su mensaje: una rehabilitación del pasado que permita replegarse sobre los valores tradicionales de un "bello Japón" y resistir al mismo tiempo a la mundialización, afirmando una especificidad cultural que siempre fue el discurso refugio de Japón desde su apertura en el siglo XIX.

Los revisionistas, como buenos populistas, saben responder al atractivo que ejerce sobre los japoneses la historia "contada": la novela histórica constituye un filón literario popular, como lo demuestra el enorme éxito de Ryutaro Shiba (muerto en 1996), inteligente explorador de la memoria nacional. Sin alcanzar nunca (ni de lejos) la calidad de las grandes novelas históricas, las historietas de Kobayashi abundan en anécdoctas que fascinan al gran público.

Lo que actualmente se echa de menos en Japón, cuyos historiadores han explorado las páginas más sombrías del pasado nacional, es una historia destinada al gran público capaz de medirse con un negacionismo que tiende a predominar en el mercado mediático.

  1. Estado vasallo creado por Japón en Manchuria, al frente del cual puso al ex emperador de China, Pu-yi.
  2. A. Nanta, "L´actualité du révisionisme historique au Japon", Ebisu, Nº 26, primavera-verano de 2001.
Autor/es Philippe Pons
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 28 - Octubre 2001
Traducción España Le Monde diplomatique
Temas Historia, Literatura