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Navidades calientes en Argentina

La congelación de los depósitos bancarios fue una medida desesperada del gobierno para evitar el derrumbe del sistema, pero provocó una brutal parálisis en un país que atraviesa su cuarto año de recesión. A la crisis argentina sólo le falta una rebelión social, algo que comienza a manifestarse sordamente y podría estallar este verano.

Las fiestas de este fin de año podrían ser muy calientes en Argentina, y no precisamente por las elevadas temperaturas habituales en esta época, ni por el entusiasmo navideño de los ciudadanos. El barómetro que hay que observar en estos días es el social. No hacen falta aparatos sofisticados para el pronóstico, sino apenas cierta información y lógica elementales. La crisis económica del país ha llegado a su punto extremo, se ha duplicado en crisis política, amenaza con triplicarse en crisis social y en cuadruplicarse en crisis institucional.

Inútil detallar aquí el origen del malestar y la angustia de los argentinos. La prensa local e internacional se ocupa minuto a minuto del tema, porque Argentina es un enfermo terminal cuyo último suspiro hará estremecer a una sociedad entera y probablemente al mundo. El último en advertir sobre esta eventualidad fue el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias1. Pero dejemos por un momento las posibles repercusiones internacionales, no por menos inquietantes, sino porque por el momento dependen justamente de que la sociedad argentina acepte pasivamente la receta de ajuste infinito o se rebele y eche por tierra los últimos esfuerzos del presidente Fernando De la Rúa y su ministro de Economía Domingo Cavallo por salvar el modelo.

A principios de diciembre Cavallo dispuso congelar los depósitos bancarios, en un esfuerzo "in extremis" por evitar que los ciudadanos de a pie retiraran sus ahorros de los bancos. La medida llegó después, por supuesto, de que los grandes inversores y especuladores nacionales e internacionales retiraran 15.000 millones de dólares del país2. Dicho de otro modo, la idea es que el último y definitivo sostén del sistema resulten los pequeños y medianos ahorristas y empresas nacionales, que ahora no sólo no pueden disponer libremente de su dinero, sino que tiemblan ante la posibilidad cada vez más cercana de que una devaluación lo reduzca a poco menos que papel mojado. A los 14 millones de ciudadanos argentinos -casi un tercio de la población- que ya se encuentran sumidos en la pobreza, habrá que agregar entonces varios millones de descapitalizados miembros de la clase media.

Pero la congelación de depósitos no es sólo ni esencialmente un problema de angustia para ahorristas. En una economía que va ya por su cuarto año de recesión, la brutal desaparición del circulante está teniendo el efecto de la gasolina derramada sobre un incendio. El 40% de la economía argentina es informal (en "negro" como la denominan los argentinos) y está por lo tanto, por definición, al margen del circuito bancario: depende del circulante en efectivo. Este sector se encuentra virtualmente paralizado. Imposibilitados de disponer de más de 250 pesos por semana (1 peso=1 dólar), los argentinos no sólo no pueden hacer frente a sus compromisos más elementales (el gobierno tuvo que disponer por decreto que las compañías telefónicas postergaran el vencimiento de sus facturas), sino siquiera dejar las habituales propinas, de las que vive un sector importante de la población. Debe recordarse que Argentina figura en buena posición entre los 15 países más caros del mundo.

Por otra parte, las empresas que aún no han quebrado y no tienen contacto con el consumidor directo (es decir aquellas que no cobran en efectivo), se encuentran en situación de creciente iliquidez, debido a que las ventas de sus clientes han disminuído drásticamente y la cartera de morosos ha aumentado. A esto debe agregarse que en muchos casos las empresas que manejan efectivo especulan con una devaluación y atrasan sus pagos si sus deudas son en pesos o compran dólares si son en esa moneda. En suma, que es muy probable que muchas empresas no estén en condiciones de pagar el aguinaldo anual e, incluso, los sueldos de diciembre. El Estado, por su parte, analiza no pagar el aguinaldo y es muy posible que se atrase en el pago de los salarios.

Un sordo rumor social

Considerando la historia de revueltas de los trabajadores y estudiantes argentinos y la tradicional reacción de la clase media cuando la realidad afecta su bolsillo o sus prerrogativas, muchos observadores se asombran por la pasividad, casi resignación, con que los ciudadanos vienen afrontando este último saqueo de la clase dirigente -testaferro en los hechos de especuladores nacionales e internacionales- a sus esfuerzos, ahorros y previsiones. Ocurre que uno de los aspectos de la crisis global del país es justamente el de la representatividad: los argentinos ya no confían en los partidos políticos, ni en los sindicatos, ni en las organizaciones corporativas, ni en ninguno de sus dirigentes, salvo alguna rara excepción. La falta de alternativas es, en efecto, una de las razones que retrasa la reacción social y lo que hace temer que, de producirse, ésta adquiera visos de anarquía. Algunos analistas subrayan, con alarma, las similitudes de la crisis argentina con la gran depresión mundial de los años ´30 e, incluso, con el desarrollo y las consecuencias políticas de la alemana de la República de Weimar3. Esta última semejanza deja de parecer excesiva cuando se recuerda que la historia está para aprender de ella y, sobre todo, cuando se entra en detalles: una guerra perdida, años de frustraciones, crisis de representatividad, pérdida de confianza en las instituciones, falta de horizontes, crisis mundial… A la mesa le falta muy poco para estar servida.

Pero una sociedad acostumbrada a ciertos niveles de holgura y asistencia social, con fuertes tradiciones asociativas y de lucha, es improbable que se entregue sin antes, al menos, manifestar su desesperación. A mediados de diciembre un sordo rumor hizo tintinear por primera vez los sismógrafos sociales. En las ciudades de Rosario y Mendoza, centenares de familias hambrientas se agolparon frente a los supermercados reclamando comida y provisiones, del mismo modo que en 1989, cuando la híperinflación destruía sus vidas. En Buenos Aires, los maestros ocuparon por unas horas el Banco de la Provincia reclamando por sus salarios impagos. Algunos ciudadanos enfurecidos se salieron de las colas frente a las instituciones bancarias para quemar las inútiles máquinas distribuidoras de dinero. El viernes 14, millones de argentinos hicieron sonar cacerolas en todo el país para expresar su descontento. Un zumbido de rabia contenida, como el profundo trepidar de las calderas de un transatlántico, se propaga y crece por toda la sociedad.

¿Cómo serán los festejos de fin de año en Argentina? Es posible que sólo tristes reuniones familiares; sobrias en muchos casos, decididamente miserables en millones de otros. Pero no debería extrañar que el estallido del champagne de los privilegiados resulte ahogado por otro, desesperado y general: el de una sociedad harta de vejámenes y frustraciones.

En cualquier caso no habrán terminado allí las penurias de los argentinos, porque la gravedad y profundidad de la crisis augura un largo periodo de incertidumbre y sacrificios. Pero al menos si la sociedad dice basta se habrá acabado el tiempo de los políticos y economistas sin escrúpulos y los ciudadanos podrán mirarse sin intermediarios en el espejo. Allí se vería si el mal es irremediable o afloran los mejores elementos y recursos de un país que alguna vez aspiró y arañó la grandeza.

  1. Alejandro Rebossio, "La crisis argentina es un peligro para América y el mundo". Entrevista a Enrique Iglesias, El País, Madrid, 16-12-01.
  2. Daniel Muchnik, "La economía, en la cuenta regresiva", Clarín, Buenos Aires, 16-1-01.
  3. Manuel Fernández López, "2001, la gran depresión", en el dossier "Memorias del descarrilamiento", suplemento Zona, Clarín, Buenos Aires, 16-1-01.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 30 - Diciembre 2001
Temas Derechos Humanos, Estado (Justicia), Estado (Política), Políticas Locales
Países Argentina