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Estados Unidos y la amenaza biológica

La Convención de 1972 que prohíbe el desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas biológicas está amenazada. Si bien este acuerdo internacional es desde hace una década objeto de negociaciones para reforzar sus poderes, en diciembre de 2001, en Ginebra, estuvo al borde del naufragio. Intransigencia de Estados Unidos.

Durante la quinta conferencia quinquenal de examen, Estados Unidos, a través del subsecretario de Estado James Bolton, no sólo pidió poner fin a las negociaciones en curso, sino que también demandó la anulación de los mandatos de los Estados firmantes. Sólo una hábil maniobra del presidente de la sesión -el aplazamiento de la conferencia por un año- permitió evitar la catástrofe1.

Detrás de esta ofensiva estadounidense se perfila una visión geopolítica compartida ya por George Bush senior y William Clinton, según la cual el mundo estaría dividido entre Estados responsables por un lado y Estados irresponsables o Estados "ilegales" por otro; estos últimos percibidos como la única fuente de problemas en materia de guerra biológica. Según esta teoría, son "irresponsables" no sólo los transgresores probados (como Irak o la ex URSS), sino también otros Estados, particularmente aquellos que no comparten los intereses occidentales, pero que nada prueba que hayan efectivamente violado la Convención. Desde esta perspectiva resulta por definición inútil limitar los armamentos de los Estados "responsables", ya que los Estados "irresponsables" harán trampa de todas maneras.

Sin embargo, no existe prueba concreta alguna que sostenga las repetidas acusaciones del gobierno estadounidense en contra de los Estados "ilegales"2. Es más, la "doctrina Bush" rechaza a priori toda negociación sobre la limitación de los armamentos si ésta implica una cooperación, cualquiera que sea, con esos Estados y desprecia las obligaciones impuestas por la Convención sobre las armas biológicas y sus vectores3. Si el tratado autoriza la posesión de algunos agentes o toxinas "con fines pacíficos", prohíbe en cambio sin reservas "las armas, el equipamiento o los vectores destinados a (su) empleo con fines hostiles o en conflictos armados".

Ahora bien, programas militares de investigación en curso en Estados Unidos ponen en duda la voluntad de los estadounidenses a plegarse a esas disposiciones. Entre esos estudios, uno trata sobre los efectos de dispersión de las bombas bacteriológicas; otro sobre la producción de una cepa de la enfermedad del carbón resistente a las vacunas. Varios diplomáticos occidentales presentes en la conferencia de Ginebra subrayaron que ensayos sobre este tipo de bomba violan de manera flagrante el tratado. De la misma manera, no se puede calificarse como arma "defensiva" el desarrollo de una cepa alterada del bacilo del carbón ("anthrax" en inglés). Richard Novick, profesor de microbiología en la New York University y director de una comisión de investigación sobre la defensa microbiológica, se indigna:"No puedo imaginar justificación alguna para la modificación de la antigenecidad del anthrax como medida biodefensiva"4.

Desde los comienzos de la manipulación genética, el escenario catástrofe de los especialistas era la posibilidad de que se agregaran caracteres nocivos a un patógeno, como el de la enfermedad del carbón5. De ahí la prohibición de esa práctica, legitimada por el hecho que ese tipo de mutaciones exponía a seres vivos a nuevos peligros. Pero si Estados Unidos continúa elaborando esos nuevos patógenos con fines militares, es fuertemente probable que otros Estados se lancen en proyectos similares, lo que engendraría un nuevo tipo de carrera por el armamento biológico.

Aprovechando el fuerte apoyo de la opinión pública de que goza actualmente, la administración Bush continúa un programa de guerra biológica provocador ("robusto" en el lenguaje en código del Presidente), al mismo tiempo que sabotea los esfuerzos multilaterales que buscan reforzar la Convención. Durante la quinta conferencia quinquenal, Bolton no dejó ninguna duda: el objetivo de su gobierno es substituir esos esfuerzos colectivos por medidas sobre las que éste podrá ejercer una mayor influencia. Pero si Estados Unidos continúa en secreto proyectos que violan la Convención y rechaza ofrecer pruebas de lo contrario, ¿quién va a impedir a otros Estados hacer lo mismo?

Cuestionar la Convención de 1972 podría llevar a una carrera armamentística peligrosa y desestabilizadora, en momentos en que los "ataques con anthrax" en Estados Unidos, luego de los atentados del 11 de septiembre, vuelven más palpable la amenaza biológica.

  1. Véase las declaraciones de George Bush, 1 de noviembre de 2001, y las de John Bolton, 19 de noviembre de 2001, en el sitio del departamento de Estado: http://www.usinfo.state.gov/topical/pol/arms/stories/011110103.htm; http://www.usinfo.state.gov/topical/pol/arms/stories/01112001.htm
  2. Véase el ministerio estadounidense de defensa, oficina del secretario de Defensa, Proliferación: amenaza y respuesta (Washingtn D.C.: U.S. Government Printing Office, 1996). Salvo en lo que concierne a Irak, las informaciones sobre actividades en armamento biológico que conciernen a Irán, Libia y Corea del Norte (todos definidos como "Estados ilegales" por el gobierno estadounidense), son sumamente vagas y no permiten constituir denuncias por violación de los términos de la Convención.
  3. Susan Wright, "El Norte, el Sur y la guerra bacteriológica", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2001.
  4. Richard Novick, comunicación personal, diciembre de 2001.
  5. En la conferencia internacional sobre control de las manipulaciones genéticas (Centro de conferencias Asilomar, California, febrero de 1975), un grupo de expertos llamó expresamente la atención sobre el peligro que representa el uso militar de la manipulación genética: "El mayor riesgo de consecuencias biológicas de la alteración genética de microorganismos está tal vez ligada a las posibles aplicaciones militares". Véase Susan Wright, "Molecular Politics: Developing American and British Regulatory Policy for Genetic Engineering, 1972-1982", University of Chicago Press, 1994.
Autor/es Susan Wright
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 32 - Febrero 2002
Temas Armamentismo, Medioambiente, Salud
Países Estados Unidos