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Peligroso vacío político en Argentina

A seis meses de las elecciones, el panorama político argentino está lejos de aclararse. Ninguno de los candidatos, a derecha o izquierda, parece hoy por hoy en condiciones de formar un gobierno estable. El radicalismo agoniza, el peronismo estalla y la izquierda no se define. Existe un vacío político de mal augurio en el mediano plazo.

A la pregunta sobre si la sociedad argentina es capaz de soportar sin sublevarse nuevamente los meses que quedan hasta las elecciones presidenciales -previstas para marzo de 2003- y la instalación de un nuevo gobierno (en mayo de 2003); o si la propia crisis económica no precipitará antes un nuevo cambio de gobierno, se agregan ahora otras: ¿cómo se desarrollarán esos comicios? ¿quiénes competirán? ¿cuál será la actitud mayoritaria de los ciudadanos? ¿qué respaldo tendrá el nuevo gobierno?

En efecto, nunca antes en la conflictiva historia institucional argentina unas elecciones habían estado precedidas de interrogantes de este tipo, expresión de un enorme y preocupante vacío político. En tiempos de la proscripción del mayoritario peronismo (1955-1973), por ejemplo, la pregunta era "qué van a hacer los peronistas", ya que siendo el voto obligatorio, se trataba de saber si votarían en blanco o si se inclinarían por favorecer a algún candidato, como hicieron con Arturo Frondizi en 1958. En cualquier caso, existía una opción, puesto que con un promedio de más o menos el 25% de los votos, una estructura homogénea y el respaldo seguro de los partidos antiperonistas, el radicalismo podía aspirar a gobernar apoyándose en algo más del 40% de la sociedad. Se trataba por supuesto de una situación no democrática, pero tanto radicales como peronistas "existían", en el sentido de que disponían de un caudal importante de votos propios, una militancia bien encuadrada y dirigentes con influencia. Siempre se podía "trenzar" (como se llama en Argentina al contubernio o los acuerdos a espaldas de la población) abierta o solapadamente. Y de hecho eso es lo que hicieron los políticos y militares argentinos que se sucedieron en el gobierno a lo largo de todo el siglo pasado.

La situación es muy distinta ahora. El radicalismo es un cuasi cadáver sobre el que sobrevuelan algunos políticos desprestigiados tratando de rescatar algún despojo con signos de vida y posibilidades de reconstrucción. Podría pensarse que el peronismo tiene entonces libre el camino del centroderecha y que la izquierda, por fin, podrá conformar un gran partido en Argentina. Pero no es así, al menos por ahora. Tanto desde el gobierno como en el Congreso o en el propio partido, el peronismo viene dando un vergonzoso espectáculo de pujas internas, por momentos de una inquietante violencia, como si ignorase que eso es precisamente lo que repudia la abrumadora mayoría de la sociedad. Su candidato más potable, el gobernador de la provincia de Santa Fe y ex campeón de automovilismo Carlos Reuteman, un recién llegado a la política que ha hecho del silencio su proposición más elocuente, se retiró de la puja interna por la candidatura alegando que "había visto cosas muy feas". El ex presidente Carlos Menem pasa su tiempo atendiendo procesos o acusaciones por diversas formas de corrupción durante su mandato (1990-2000) y los otros tres con más posibilidades (la lista no termina aquí), los gobernadores de Córdoba y Santa Cruz José Manuel de la Sota y Néstor Kirschner y el ex gobernador de San Luis Adolfo Rodríguez Sáa, no cesan de atacarse mutuamente y de gastar fortunas en campañas electorales iniciadas más de seis meses antes de las elecciones, como si eso fuese normal y el país pudiese darse semejantes lujos. Para tener una idea de lo paupérrimo, de lo patético que resulta todo, baste decir que Rodríguez Sáa, el que parece con más posibilidades, reunía sólo el 16,3% de las intenciones de voto de los ciudadanos en la mejor de las tres últimas encuestas nacionales conocidas1.

Las dudas de la izquierda

Por razones muy distintas, el panorama no es mejor desde el centro hacia la izquierda del espectro político. Desde el punto de vista electoral, sus líderes más conocidos, Elisa Carrió, Luis Zamora y Alicia Castro, figuran por debajo -aunque muy cerca- de Rodríguez Sáa en las encuestas y, lo que resulta más preocupante, con tendencia a estancarse y aún a bajar. Todos gozan de una excelente imagen entre los ciudadanos, pero no han sabido o no han podido hasta ahora trasmitir la certeza de que tienen un proyecto y de que están en condiciones de sacar al país del marasmo en que se encuentra. Las diferencias ideológicas y políticas que los separan -aunque personalmente se manifiestan respeto y se conducen de manera civilizada- no son por otra parte bien recibidas por la ciudadanía, que no termina de entender por qué no son capaces de ponerse de acuerdo, aún de manera transitoria, alrededor de un programa de salvación nacional que, de paso, facilitaría la renovación de la dirigencia política.

Dicho esto, las cosas no son tan fáciles. Uno de los problemas que deben enfrentar los dirigentes decentes en este país es cómo sortear la trampa que representan unas elecciones en las que sólo se elegirá al Presidente y su Vicepresidente, mientras el corrupto y desprestigiado Congreso de la Nación permanecerá intacto. ¿Cómo podría entonces gobernar quien resulte elegido por los ciudadanos justamente para cambiar el estado de cosas?

Impertérritos, los legisladores permanecen sordos a los reclamos de la abrumadora mayoría de la sociedad para que permitan la renovación total de las instituciones. A un candidato populista como Rodríguez Sáa, esta situación lo tiene perfectamente sin cuidado, porque sabe que con esa mayoría de truhanes siempre se puede negociar lo que sea, pero para la izquierda el problema es real y de talla.

¿Qué hacer entonces? La izquierda vacila entre pregonar el boicot a las elecciones -con el riesgo cierto de dejar el camino expedito a los dirigentes tradicionales- y presentar de todos modos sus candidaturas. La diputada y candidata a la presidencia Alicia Castro tiene sobre este punto las ideas claras: "si yo fuese elegida invitaría a los legisladores a renunciar para renovar el Congreso mediante elecciones inmediatas; y si no aceptaran les retiraría la custodia policial e invitaría a los ciudadanos a manifestar para pedirles que se vayan, a ver quien se anima a permanecer en el recinto". No será muy ortodoxo, pero puede ser una solución, ya que al menos refleja el estado de ánimo de la gente respecto a diputados y senadores (aquellos que, como la señora Castro, no tendrían nada que temer, ya han anunciado su decisión de renunciar si todos lo hacen).

De momento, Carrió ha suspendido su campaña y junto a Zamora busca la manera de presionar para que el Congreso demisione en bloque.

Precupante porvenir

En cualquier caso, la situación expresa un vacío político y de alternativas que ensombrece aún más el panorama argentino, al menos en el corto y mediano plazo. En medio de una crisis sin parangón en la historia nacional, estos tempranos, costosos y esperpénticos remedos de campaña electoral, lejos de ofrecer debates o proposiciones sobre los gravísimos problemas del país lo que hacen es alejar aún más a los ciudadanos de la política. Por otra parte ¿qué sustento real podrá tener el gobierno surgido de semejante atomización? ¿Cómo podría un gobierno débil (en el actual estado de cosas cualquiera lo sería) enfrentar semejante crisis?

A largo plazo parece evidente que los distintos y pujantes movimientos sociales acabarán cuajando en una o varias alternativas políticas, pero los tiempos de esta preñez son mucho más lentos que los de la crisis económica y social, que requiere una renovación dirigente y nuevas propuestas políticas inmediatas. Pero es allí donde justamente se encuentra trabada la situación. De aquí a marzo pueden pasar muchas cosas, incluso impensadas, en Argentina. Pero algo es seguro y, aunque trillado, conviene repetirlo: como la naturaleza, la política tiene horror del vacío. Tarde o temprano alguien, o algo, ocupará ese hueco.

  1. IPSOS- MORA Y ARAUJO, realizada entre el 3 y el 15 de agosto. Citada por la revista 3Puntos Nº 272, Buenos Aires, 12-9-02.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 39 - Septiembre 2002
Temas Estado (Política), Movimientos Sociales, Políticas Locales
Países Argentina