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Terror en defensa de los animales

Las autoridades de Estados Unidos alertaron a laboratorios farmacéuticos y empresas de biotecnología sobre posibles ataques de los defensores de los derechos de los animales. El FBI califica a estos ecologistas radicales de “eco-terroristas”. En el Reino Unido, grupos clandestinos llevan a cabo atentados contra la explotación de la fauna. El número de acciones violentas ha llevado a la quiebra a varias empresas.

Impecable con su traje "de fibras sintéticas", Robin Webb se parece más a un apacible jubilado que al alienado liberador de zoológicos interpretado por Brad Pitt en 12 Monos 1. Sin embargo, el hombre que nos recibe en un pub de Nottingham es el vocero oficial del Frente de Liberación Animal (ALF) 2, un grupo clandestino perseguido por las unidades antiterroristas de Scotland Yard y el FBI. "ALF es invencible: el Estado no puede encarcelar una idea", explica Webb, ex sindicalista convertido en militante vegano 3, hace 25 años, "al pasar una mañana por un matadero". "Cualquiera que lleve a cabo una acción para salvar a animales o para dañar la propiedad de quienes abusan de ellos -desde la rotura de vidrios hasta un incendio, asegurándose de que nadie, animal o humano, resulte herido-, puede reivindicar su acto en internet en nombre del ALF, que a cambio le brindará su apoyo en caso de arresto." Esta organización descentralizada hace que difícilmente sea infiltrada por la policía y, por ende, desmantelada. "El Ejército Republicano Irlandés, IRA, funciona también en células autónomas, pero dispone de un comando centralizado, identificable. ALF no posee nada similar: arrestarme para hacerme callar es inútil", señala satisfecho el vocero, que en 1995 estuvo en prisión durante siete meses.

Desde el nacimiento de la organización en 1976, aproximadamente 200 activistas fueron encarcelados por miles de acciones. El ALF reivindica incluso a varios "mártires"; uno de ellos, Barry Horne, murió durante una huelga de hambre en prisión en noviembre de 2001, mientras cumplía una pena de 18 años por un atentado contra una peletería. Caído -tal como lo dice Webb- "en nombre de la libertad de aquellos que no pueden defenderse por sí mismos"; los animales.

Violencia contra la violencia

Gran Bretaña siempre estuvo a la vanguardia respecto a los derechos de los animales. La primera asociación de defensa de la fauna y la primera ley contra los maltratos infligidos a los animales surgieron allí en los años 1820. El año pasado, la Sociedad Real para la Prevención de la Crueldad con los Animales (RSPCA, fundada en 1840) recaudó 80 millones de libras 4 donadas por unas 300.000 personas.

El uso de la fuerza por parte de un sector de este movimiento, cuyos militantes provienen de todas las clases sociales, data de los años 1960. En 1963, en el Sur de Inglaterra, nace la Asociación de Saboteadores de la Caza (Hunt Saboteurs Association, HSA). "Se trataba de interponerse entre cazadores y cazados con el fin de salvar a éstos últimos y hacer que el Parlamento prohibiera la caza", recuerda Webb. "En 1973, un pequeño grupo de seguidores de Ronnie Lee comienza a incendiar los vehículos de los cazadores. Extienden luego su campaña a los laboratorios de vivisección y a las peleterías y se denominan la Banda de la Misericordia (Band of Mercy)."

Tres años más tarde, los clandestinos optan por la sigla ALF. "Los frentes de liberación se propagaban por entonces en América Latina e Irlanda: ALF considera que la acción violenta puede ser legítima en el corto plazo con el fin de obtener justicia. En Gran Bretaña, el movimiento por la abolición de la esclavitud y las sufragistas por la defensa de los derechos de la mujer recurrieron también a medios ilegales."

Mediante sus atentados y amenazas, ALF y sus militantes pretenden elevar los costos de seguridad hasta tornar económicamente inviable la "explotación animal". Varios centenares de activistas están listos a infringir la ley por esta causa. Sus acciones son elocuentes: rotura de vidrieras de carnicerías; ataques a pescaderías para salvar a las "langostas escaldadas"; incendios de mataderos y peleterías; acoso a circos y zoológicos; asaltos a criaderos de visones por comandos encapuchados y liberación de los cautivos (a pesar de los daños provocados en la fauna de los alrededores por la invasión de predadores); saqueos a laboratorios de vivisección y criaderos; acoso a sus empleados en la puerta de sus casas; piedras arrojadas a sus ventanas; daño a sus vehículos; incendio de los camiones frigoríficos de mataderos. En Estados Unidos y en el norte de Europa, ALF reivindica regularmente actos de este tipo.

Estas acciones en favor de los animales adquieren a veces un cariz más violento. En octubre de 1999, hombres armados secuestraron a Graham Hall, un periodista de Channel 4 que investigaba sobre los militantes del ALF. Con un hierro al rojo vivo marcaron en su espalda las letras A.L.F. En febrero de 2000, amenazas de bomba contra los accionistas del laboratorio Huntingdon Life Sciences (HLS) provocaron la evacuación de miles de empleados de la City. A comienzos de 2001, el director de HLS, Brian Cass, y un directivo de la firma fueron agredidos por comandos encapuchados; cartas-bomba hirieron a un criador y a su pequeña hija de seis años. Otras personas, actores o cómplices del sufrimiento de los animales, reciben amenazas de muerte y de secuestro de sus hijos. Otras son víctimas de cartas dirigidas a sus familiares en las que se las acusa de pedofilia.

Dos grupos de eco-warriors, la Milicia por los Derechos de los Animales (ARM) y el Departamento de Justicia (JD), recomiendan el uso de la violencia contra aquellos que torturan a los animales. Los mismos ecologistas trabajan probablemente para el ALF, la ARM o el JD eligiendo su reivindicación según la acción realizada. Temiendo por su vida, unos 2.000 propietarios de empresas ligadas al sufrimiento de los animales lograron que el gobierno retirara sus direcciones del equivalente británico del Registro de Comercio. Sin embargo, "debido al perjuicio que sufrió su causa por el drama de la niña herida, de ahora en más los extremistas se cuidan de no dañar a nadie", morigera uno de los potenciales blancos, Mark Matfield, director de la Sociedad de Defensa de la Investigación (RDS), lobby de la experimentación animal. "Sus actos apuntan más a la intimidación: nunca asesinaron." Los únicos muertos en esta lucha son, además de Barry Horne -el ecologista que hizo huelga de hambre-, dos "saboteadores de la caza" y una manifestante contra la exportación de ganado, atropellados por vehículos en los años 1990.

En 30 años de lucha, el movimiento de liberación animal logró importantes victorias. Encontrar un tapado de piel en Reino Unido se ha vuelto casi imposible. Estos últimos años, varios criaderos de perros y gatos destinados a la experimentación fueron llevados a la quiebra. En enero de 2004, la Universidad de Cambridge debió abandonar un proyecto de laboratorio de investigación neurológica que implicaba experimentos atroces en primates 5. Una campaña de presiones sobre las empresas que colaboraban en el proyecto fue coordinada, a través de internet, por Mel Broughton, un amigo de Barry Horne que cumplió una condena de cuatro años de prisión por tenencia de explosivos: en tres años, el proyecto pasó del simple laboratorio a la fortaleza; su costo se elevó de 24 a 32 millones de libras. Insostenible para el Consejo Directivo de Cambridge, que terminará abandonándolo en perjuicio de Anthony Blair, preocupado por el desarrollo de la investigación, y de Matfield, quien habla de "un día negro para los pacientes". El ecologista Mel Broughton pretende hacer fracasar un proyecto similar en Oxford: "Pueden soportar una manifestación por año", explica. "Pero no una presión constante sobre sus accionistas y proveedores." Tras ser contactado en marzo último por los defensores de animales, el grupo BTP Travis Perkins se retiró casi inmediatamente del proyecto de Oxford.

Debate sobre la experimentación

Pero el enemigo principal de los guerrilleros de la ecología, la ciudadela cercada con alambrados en la que concentran su ofensiva desde hace cuatro años y a la que comparan a veces con un campo de concentración, sigue funcionando: Huntingdon Life Sciences (HLS), el laboratorio de vivisección más grande de Europa. "Creo en lo que hago", nos dice Brian Cass, su director, la pesadilla del ALF desde hace veinte años. "Los beneficios de la experimentación animal para los pacientes son innegables", sostiene. En ese centro del Cambridgeshire, 70.000 animales sirven de cobayos cada año para la industria mundial. "El 85% son peces, roedores", precisa un responsable de HLS. "Los perros y monos sólo representan el 1% del total." Lo que implica sin embargo 700 animales sometidos a torturas.

En 1996, una periodista, Zoe Broughton, consigue un puesto de asistente en HLS. Oculta bajo su guardapolvo una minúscula cámara. En marzo de 1997, Channel 4 difunde el resultado de sus seis meses de investigación, un documental titulado: Una vida de perros. El público descubre a auxiliares de laboratorio golpeando a beagles para someterlos a extracciones de sangre, bajo la mirada indiferente de colegas. El Partido Laborista retira de HLS su fondo de pensión, mientras que clientes del laboratorio rompen sus contratos. Dos empleados son despedidos y procesados judicialmente; las autoridades suspenden por seis meses la licencia que autoriza al grupo a realizar experimentaciones con animales. El directorio es removido y se designa a Brian Cass, ex propietario del laboratorio Covance, director de la firma.

HLS nos abrió sus puertas. Durante nuestra visita, los perros parecen ser tratados correctamente: vienen en busca de caricias. Uno de ellos sin embargo tiembla de miedo cuando nos acercamos... Limpias, sus jaulas están intercomunicadas de a pares para que puedan relacionarse. Los beagles tienen derecho a treinta minutos de paseo por día... en un pasillo. Los auxiliares de laboratorio se muestran amables, pero esta consideración es relativa: cada día, les administran productos mezclados en su comida o a través de una máscara incubadora. Salvo excepción, serán sacrificados para realizar exámenes post-mortem. Y jamás en su vida habrán corrido en un campo. "Evidentemente, no pidieron estar aquí", dice un científico que llegó luego del escándalo de 1997. "Pero los tratamos de la mejor manera. De todas formas, los efectos clínicos del estrés alterarían los resultados de los exámenes. A nadie aquí le gusta utilizar perros como cobayos, pero no hay alternativa", afirma.

"Desarrollamos la utilización de cerdos enanos para reemplazar a los perros", explica otro investigador, "pero disponemos de mayor información sobre el beagle, utilizado en la investigación desde los años 1960." "En este momento, generalizar el uso de cerdos sería preferible en términos de relaciones públicas, pero no desde el punto de vista científico", agrega un responsable. Cass relativiza el sufrimiento causado: "en este país, se matan 750 millones de animales cada año para la alimentación, contra tres millones que se utilizan para la experimentación. Todo esto tiene una gran connotación cultural: el perro se consume en Corea, pero en Gran Bretaña se recaudan más fondos para el bienestar de los viejos caballos de carrera que para el de los huérfanos. Y las condiciones de la experimentación son mucho mejores aquí que en Francia". Londres prohíbe, desde 1977, la experimentación animal para la elaboración de productos de belleza, a diferencia de lo que ocurre en París a causa de la influencia de la industria cosmética.

Trascendidos revelaron sin embargo que en HLS se realizan estudios particularmente crueles: como esos gases CFC probados en perros en 2003, 15 años después de su prohibición 6. O, según fuentes concordantes, esa prueba de un medicamento para los huesos para una empresa japonesa: 37 perros tuvieron sus patas fracturadas...

HLS afirma que la ley obliga, antes de lanzar al mercado un producto farmacéutico o industrial, probarlo sobre dos especies de mamíferos -con mayor frecuencia la rata y el perro- a fin de prevenir todo efecto indeseable sobre el ser humano y el medio ambiente. La realidad es más compleja. Una fuente del Ministerio del Interior británico comenta así la Medicine Act (1968), inspirada por la catástrofe de la talidomida 7: "Los reglamentos no imponen exámenes en animales si se puede obtener información confiable por otros medios. Existe una fuerte presunción de que las pruebas en animales son probablemente una etapa obligada para lanzar productos eficaces y seguros para el hombre". Fuerte presunción, probabilidad, pero no certidumbre científica. Quienes se oponen a la vivisección dan ejemplos donde drogas tuvieron efectos secundarios en el hombre, pero ninguno en los animales, y viceversa 8.

Robert Combes es el director científico del Fondo para el Reemplazo de Animales en Experimentos Médicos (FRAME). Sus equipos buscan soluciones de recambio para la experimentación animal con el fin de suprimirla en el mediano plazo, con el financiamiento tanto de las asociaciones de defensa de los animales como de las compañías farmacéuticas, lo que convierte a FRAME en un "blanco legítimo" del ALF. Según el profesor Combes, la supuesta necesidad de pruebas en animales proviene en gran medida del "conservadurismo científico": "A la investigación básica no le interesan las alternativas. El enorme potencial de la simulación informática se encuentra de esta manera subdesarrollado". La necesidad es sobre todo económica: "En Japón y Estados Unidos las pruebas en animales son obligatorias", explica. Nuestra fuente del Ministerio del Interior afirma: "Las empresas quieren vender sus productos en varios mercados y realizan sus pruebas en consecuencia". El profesor Combes agrega: "Las pruebas en animales son más fáciles de realizar; las alternativas, con bajo financiamiento, no son una prioridad".

Terrorismo contra las inversiones

La industria farmacéutica hace campaña sobre la "triste necesidad" de la vivisección, pero se muestra muy avara a la hora de invertir en sus alternativas. HLS brinda a FRAME una participación simbólica que mediatiza cuidadosamente. La salud es una industria, y HLS, el subcontratista de compañías que responden a una lógica de beneficio: lanzar un producto al mercado mundial, al menor costo, protegiéndose legalmente en caso de imprevisto respecto de la salud humana o el medio ambiente.

En la guerrilla de los defensores de los animales contra la vivisección, HLS se convirtió en el símbolo que debe derribarse. El grupo SHAC (Stop Huntingdon Animal Cruelty) publica en su página de internet 9 los nombres de las empresas que colaboran con HLS e invita a su público "a actuar": e-mails, fax, llamados telefónicos, manifestaciones frecuentes frente a las oficinas con fotos de perros descuartizados. A lo que se suman manifestaciones nocturnas frente al domicilio de los directivos de HLS, a veces agresiones contra los bienes y las personas, puesto que las direcciones del personal también circulan por internet. A diferencia de ALF, SHAC oficialmente "no fomenta las acciones ilegales", aunque el responsable del grupo, Greg Avery, haya sido varias veces condenado por haber recurrido a ellas.

Mientras hace firmar petitorios y recibe donaciones para SHAC en Oxford Street, Londres, Avery cuenta: "El cierre de Hillgrove (un criadero de gatos de laboratorio llevado a la quiebra en 1999) nos mostró cómo lograr el objetivo apuntando a sus accionistas". Acosados, deseosos de brindar tranquilidad a su personal, los accionistas de HLS retiran uno a uno su capital: Barclays, HSBC, Oracle, Merrill Lynch...

En enero de 2001 las presiones llevan al Royal Bank of Scotland a abandonar también HLS, salvado in extremis de la quiebra por un inversor estadounidense, Stephens Group. En 2002, HLS intenta deshacerse de SHAC haciendo cotizar sus acciones en el Nasdaq neoyorquino, donde los accionistas pueden ser anónimos. Pero entonces su auditor, Deloitte & Touche, es el que está en la mira y debe suspender su colaboración... Poco después, sucede lo mismo con su aseguradora, Marsh & McLellan, lo que obliga al Estado británico a asegurar directamente al laboratorio. Sus clientes japoneses son acosados en Londres, Tokio, Suecia, Suiza, Italia...

La noche del 25 de septiembre de 2003, en California, un atentado con explosivos reivindicado por el grupo "Células revolucionarias" destruye las oficinas de un cliente nipón de HLS. El ministro de Ciencias británico, Lord Sainsbury, viaja a Tokio con el fin de tranquilizar a la industria farmacéutica. La City habla de "terrorismo contra las inversiones" que amenaza al sector de la investigación y planea ofrecer un incentivo para obtener información que involucre a SHAC. En auxilio de la Bolsa, The Financial Times escribe: "Un pequeño grupo de activistas triunfa allí donde Karl Marx, la Banda Baader-Meinhoff y las Brigadas Rojas habían fracasado".

Al precio de "cien mil libras", según Cass, HLS obtuvo en 2003 una medida cautelar que impide a los manifestantes acercarse a sus locales y a los domicilios de sus empleados. Sus clientes hicieron lo propio. SHAC elude el obstáculo apuntando en adelante a "objetivos secundarios", demasiado modestos para desembolsar las 20.000 libras que requiere la medida, mientras que el número de acciones violentas se duplica (46 en el primer trimestre de 2004). En cuatro meses, 22 sociedades ya rompieron con HLS. Algunas sólo tienen un débil vínculo con el laboratorio, como la compañía de taxis que transporta directivos y clientes. Mark Matfield contabilizó 400 personas en la mira, que trata de agrupar en el seno de una asociación de víctimas. "Algunas sufren de depresión nerviosa. Hay familias que están aterrorizadas." Jonathan Djanogly, diputado conservador de Huntingdon, reclama una mayor represión, según el modelo aplicado con los hooligans. "Estos terroristas atacan los principios de la democracia", declara.

El movimiento de liberación animal prefiere calificar a sus prácticas de "democracia participativa", frente a la inercia de la democracia representativa. "Antes de ser elegido en 1997, el New Labour había multiplicado las promesas a los defensores de los animales. Las ignoró", recuerda Mel Broughton, quien logró que fracasara el proyecto del laboratorio de Cambridge. "Barry Horne se dejó morir de hambre para recordarle a Blair su programa. Las políticas están demasiado ligadas a la oligarquía para actuar: la acción popular directa permite imponerles una agenda política." Frente a los grupos de presión industriales, la acción de los defensores de los animales influye en la toma de decisiones políticas. Matfield admite que "sus manifestaciones legales contribuyeron al debate y permitieron que el país tuviera, en 1986, la ley sobre experimentación animal más estricta del mundo". Al mismo tiempo, Londres se dispone a endurecer la represión contra los eco-warriors y promete la creación de un gran centro nacional de investigación sobre las alternativas a la experimentación animal.

  1. Película de Terry Gilliam (1995) inspirada en el cortometraje de Chris Marker, La Jetée. Intérpretes: Bruce Willis y Brad Pitt.
  2. Animal Liberation Front.
  3. Cuatro millones de británicos son vegetarianos. Aproximadamente 250.000 son "veganos", es decir que no consumen ni utilizan ningún producto de origen animal: carne, huevo, leche, manteca, queso, cuero, lana...
  4. Más de 140 millones de dólares.
  5. Con la caja craneana abierta, conscientes, los monos reciben la aplicación de electrodos en el cerebro para el estudio del funcionamiento de las neuronas, seis horas por día, cinco días por semana. Los defensores de estas experiencias invocan la proximidad entre el hombre y el mono; sus detractores explican que esa misma proximidad torna a estos sufrimientos éticamente injustificables.
  6. The Observer, 20-04-03. El gas CFC (clorofluorocarbón) fue prohibido en 1987 por el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono por su efecto sobre la misma.
  7. Este medicamento fue el causante de una catástrofe sanitaria en 1957. Recetada a madres embarazadas, la talidomida provocó el nacimiento de miles de niños sin brazos. Para los detractores de la vivisección, es la prueba de la inutilidad de las pruebas en animales, que nada habían revelado. Sus defensores alegan en cambio un número insuficiente de experimentaciones en animales.
  8. Véanse alternativas a la vivisección: cultivos de células humanas, simulación informática, etc.
  9. www.shac.net/resources/links.html
Autor/es Cédric Gouverneur
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 62 - Agosto 2004
Páginas:16,17
Traducción Gustavo Recalde
Temas Terrorismo
Países Estados Unidos, Inglaterra