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Kosovo, un avión sin piloto

El mandato internacional de Naciones Unidas, que se empeña en instaurar en Kosovo instituciones estatales, entra en conflicto con su propia resolución 1.244, que implicaría la gradual restitución de la soberanía serbia sobre esa provincia. Las reclamos serbios por soberanía y albaneses por independencia se mantienen irreconciliables. A la espera de su ingreso en Europa, Kosovo, donde el crimen organizado tiene vínculos con la policía local y con la guerrilla nacionalista, se ha convertido en paso crucial del tráfico de drogas y personas.

Pocos días después de la primera reunión desde el fin de la guerra en Kosovo entre representantes de Belgrado y de Pristina, realizada el 14 de octubre pasado en Viena, un anciano serbio, que había quedado aislado en un poblado albanés, murió de hambre ante la indiferencia de sus vecinos, que no le brindaron la menor ayuda. Ese trágico hecho pone de relieve la terrible situación que aún siguen padeciendo los 80.000 serbios de Kosovo1, y la violencia cotidiana que continúa prevaleciendo en ese protectorado de Naciones Unidas, a cuatro años y medio de terminada la guerra.

La intervención de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a principios de 1999, tenía oficialmente como objetivo detener las exacciones del régimen de Slobodan Milosevic contra la comunidad albanesa y lograr la retirada de sus fuerzas de seguridad de Kosovo. La resolución 1.244, adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 11 de junio de 1999, preveía que Kosovo quedaría bajo administración provisoria de esa organización internacional, pero “en el marco del respeto de la integridad territorial de la Federación Yugoslava”. Esa federación fue reemplazada el 5 de febrero de 2003 por la Unión de Serbia y Montenegro, que heredó así sus obligaciones internacionales.

El gobierno de Belgrado reclama permanentemente la aplicación rigurosa de la resolución 1.244, lo que implicaría restaurar progresivamente la soberanía serbia sobre Kosovo. La resolución prevé, por ejemplo, el regreso de las fuerzas de seguridad serbo-montenegrinas a sus fronteras. En sentido exactamente contrario, la Misión de la ONU en Kosovo (MINUK) trata desde 1999 de reconstruir ex nihilo instituciones estatales en Kosovo, enfrentándose permanentemente con contradicciones respecto de las normas de su mandato en esa provincia.

Con mucho atraso, la privatización de empresas en Kosovo comenzó finalmente en mayo de 2003. La Kosovo Trust Agency (KTA), que depende de la Agencia Europea de Reconstrucción, supervisa ese proceso. Sin embargo, la KTA decidió bloquear el tercer llamado a concurso, que concernía a veintidós empresas, hecho público en septiembre pasado. En efecto, las empresas de Kosovo pertenecientes al sector de propiedad social dependen del derecho yugoslavo. Un hombre de negocios estadounidense que había comprado un aserradero en la ciudad de Pec presentó una demanda ante un tribunal de Nueva York. Así es que el personal de la KTA puede ser objeto de acciones penales por haber privatizado lo que no le pertenecía2.

Ese ejemplo ilustra por el absurdo los límites del mandato internacional, que en realidad se halla en una situación de no-derecho que le prohíbe encarar cualquier proyecto de desarrollo en esa región, donde el desempleo afecta a más del 50% de la población activa. “Cuando llegué a Kosovo, en 2000, muchos funcionarios internacionales trataban, de una forma o de otra, de impulsar proyectos de desarrollo económico. Actualmente, todo el mundo parece haber renunciado a la idea de que Kosovo pueda producir algo y vivir de otra cosa que no sean las donaciones internacionales, los envíos de dinero de la diáspora albanesa en Europa y las ganancias del crimen organizado”, reconoce desengañado un veterano de la ayuda humanitaria en esa provincia.

Los dirigentes albaneses insisten en el carácter provisorio del protectorado internacional, que a su entender sólo sería una etapa previa a la independencia de Kosovo, deseada por la inmensa mayoría de la población. El analista Branislav Milosevic reconocía recientemente que “la resolución 1.244 se convirtió en una especie de Libro Santo en el que ya nadie cree”, puesto que la MINUK se mostró “incapaz de imponer una interpretación oficial” de esa resolución3.

De hecho, Kosovo se parece cada vez más a un barco a la deriva, o, como dijo el editorialista albanés Veton Surroi, a un “avión sin piloto”4. La reunión de Viena, que fue anunciada como un acontecimiento clave para su futuro, parece haber sido más bien una operación de comunicación organizada por la comunidad internacional. Era necesario obtener la foto impactante del apretón de manos entre los representantes serbios y albaneses, que no podían oponerse a una iniciativa de diálogo sin correr el riesgo de inevitables represalias internacionales, a pesar de que sus respectivas posiciones siguen siendo en gran medida inconciliables.

Para colmo, en la víspera de la reunión, el nuevo jefe de la MINUK, Harri Holkeri, designado en julio último, había decidido excluir de la delegación de Pristina al ministro Milorad Todorovic, de origen serbio, encargado del retorno de los refugiados, y a la ministra de Salud, perteneciente a la comunidad turca, Resmija Mumdzija, oficialmente por razones protocolares, ya que el primer ministro de Kosovo, Bajram Rexhepi, se había negado a participar en las conversaciones.

Rexhepi proviene de las filas del Partido Democrático de Kosovo (PDK), formación que reúne a la mayoría de los ex guerrilleros del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK). El PDK había aceptado la idea de una reunión en Viena, pero la delegación de Pristina sólo comprendía a Ibrahim Rugova, presidente de Kosovo, que goza de una innegable autoridad moral, pero que dispone de poderes puramente protocolares, y a Nexhat Daci, presidente del Parlamento, proveniente de la Liga Democrática de Kosovo (LDK), que dirige Rugova. Es decir, que los “moderados” de la LDK vuelven a hallarse en una situación política muy incómoda, y corren el riesgo de ser acusados de “traición” si aceptan verdaderamente tratar con el enemigo serbio.

No obstante, Nikola Kabasic, ex mediador para los derechos de la persona en la región mayoritariamente serbia del norte de Kosovo, no encuentra palabras suficientemente duras para criticar el nacionalismo de la LDK: “Ibrahim Rugova es un nacionalista apenas un poco menos radical que los demás. En los dos años que lleva como presidente de Kosovo, nunca trató de entrevistarse con representantes serbios, o de ir a ver la situación en los enclaves, los guetos donde viven 80.000 serbios”. Para Kabasic sólo se podrán encarar “verdaderas negociaciones cuando los políticos albaneses tengan el coraje de asumir sus responsabilidades respecto de sus conciudadanos serbios, denunciando claramente las agresiones contra ellos, las limitaciones a la libertad de circulación y a los derechos de la persona, y cuando dejen de considerar a los serbios como criminales de guerra y ciudadanos de segunda categoría”.

Por ahora, ningún dirigente político albanés parece optar por ese camino, pues semejante coraje político podría tener un costo muy alto. La sociedad civil que se desarrolló en Kosovo en la década de 1990, aún en estado embrionario, también guarda silencio. Desde 1999, las escasas iniciativas para fomentar el diálogo entre las diferentes comunidades de Kosovo fueron en todos los casos impulsadas por actores extranjeros, y no encontraron eco en la sociedad.

Kabasic prosigue su crítica: “Para los albaneses, la escalada demagógica reemplaza a la política; para el gobierno de Belgrado, Kosovo es un tema de política interna que se agita en período electoral; mientras la comunidad internacional trata de dar, de vez en cuando, muestras de confianza a unos y otros”.

Corrupción y criminalidad

La MINUK y las diversas organizaciones internacionales presentes en el país cuentan con miles de funcionarios civiles. En las pequeñas localidades, los administradores civiles de la MINUK poseen un poder discrecional que les permite pasar por alto las decisiones de los consejos municipales elegidos en 2001. En general, esos administradores duran en su cargo seis meses o un año. En las cenas de las que participan esos funcionarios circulan muchas anécdotas: tal administrador venido de Bulgaria no hacía diferencia entre sus gastos personales y los de la comuna; otro, ciudadano de Mauritania, despidió a una delegación de sindicalistas albaneses explicándoles doctamente que “ahora Kosovo es una democracia, y ya no hay más socialismo ni sindicatos”.

Casos de corrupción salpican regularmente la administración internacional, hasta los niveles más altos. El ex dirigente de la Compañía de Electricidad de Kosovo (KEK), de nacionalidad alemana, fue detenido en diciembre de 2002 por la policía de su país, pues habían desaparecido de las cuentas de la KEK 4,5 millones de euros provenientes de donaciones internacionales5.

El aumento de la criminalidad organizada constituye uno de los fracasos más graves de la administración de la ONU. Kosovo es actualmente, y más que nunca, uno de los principales centros de las rutas europeas de la droga y de la trata de seres humanos, mientras que en sus fronteras se desarrollan todo tipo de negocios ilegales. La policía de la ONU trabaja en colaboración con el Servicio de Policía de Kosovo (KPS) compuesto de funcionarios locales. En realidad, el KPS está muy infiltrado por agentes del UCK y de organizaciones criminales, que además controlan a los traductores, auxiliares indispensables de los policías de Naciones Unidas en su labor cotidiana.

El 14 de octubre pasado, cerca de mil personas manifestaron en Pristina para denunciar la reunión de Viena. El Movimiento Popular de Kosovo (LPK) y el Movimiento Nacional para la Liberación de Kosovo (LKCK), dos formaciones que participaron de los combates del UCK, pero que actualmente son bastante marginales, reclaman oficialmente el cese de “la ocupación internacional” del país. Apenas comenzada la intervención de la OTAN en Kosovo, el ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger había recordado que las razones “humanitarias” de la intervención no dispensaban a las democracias de proponer una solución conveniente al problema que pensaban solucionar por la fuerza. En su defecto, el resultado paradójico de la intervención occidental sería que las fuerzas de paz de la OTAN reemplazarían a los serbios en la tarea de bloquear las aspiraciones nacionales albanesas.

A partir de la cumbre de Salónica, en junio de 2003, surgió una nueva “doctrina europea” sobre Kosovo. Al igual que todos los “Balcanes occidentales” –nuevo eufemismo para designar a Albania y a las ex repúblicas yugoslavas con excepción de Eslovenia– Kosovo estaría “naturalmente” inclinado a sumarse un día a la Unión Europea (UE). La perspectiva de esa integración debiera disolver gradualmente las reivindicaciones y los conflictos territoriales, y significaría el progresivo advenimiento de una nueva era de paz en la región. Sin embargo, los dirigentes de la UE se niegan a establecer un calendario para el ingreso de ese país.

La prolongación del statu quo es presentada como el corolario de esa perspectiva demasiado vaga de integración europea, pero la impaciencia crece en la población albanesa. En efecto, desde la primavera se registraron numerosos golpes y atentados en Kosovo, en Macedonia y en el valle de Presevo, en el sur de Serbia, obra de una nueva organización guerrillera, el Ejército Nacional Albanés (ANA). El ANA reclama la unificación de todas las “tierras albanesas” de los Balcanes y la creación de un “Estado albanés étnico unificado”. Ya en 2001, grupos guerrilleros albaneses “periféricos” surgidos en el valle de Presevo y en Macedonia constituían una respuesta al bloqueo de la situación en Kosovo.

Muy vinculado con organizaciones criminales, el ANA no cuenta aún con un apoyo popular importante. Además, la mayoría de los albaneses se siente más atraída por la perspectiva de la independencia de Kosovo que por la creación de una “Gran Albania”. Sin embargo, la comunidad internacional sigue oponiéndose a la idea de cualquier modificación en las fronteras de la región, por temor a las reacciones en cadena que podría generar. En consecuencia, eso le permite a Rugova afirmar que la oposición a la independencia de Kosovo le hace el juego a los extremistas.

Para los países europeos más afectados por la emigración albanesa, fundamentalmente Alemania, Suiza, Bélgica y Suecia, la solución de la crisis de Kosovo se convirtió en una cuestión de política interna. A partir de 1999 todos esos Estados comenzaron a aplicar políticas, más o menos rigurosas, de retorno de refugiados y de solicitantes de asilo. La radicalización y la desesperanza que experimenta la población albanesa –la más joven de Europa– podrían fácilmente materializarse en un corto plazo en un nuevo incremento de los flujos migratorios.

  1. Además, unos 200.000 serbios de Kosovo están refugiados en Serbia y en Montenegro.
  2. Tanja Matic y Alma Lama, “Privatisations au Kosovo: mais à qui appartiennent les entreprises?”, IWPR, 24-10-03 (en francés en www.balkans.eu.org/article3720.htm).
  3. Branislav Milosevic, “Kosovo: la Serbie à la recherche d’une stratégie de sortie”, Reporter, 7-10-03 (en francés en www.balkans.eu.org/article3674.htm).
  4. Veton Surroi, “Y a-t-il un pilote dans l’avion”, Koha Ditore, 1-10-03 (en francés en www.balkans.eu.org/article3651.htm).
  5. Adriatik Kelmendi y Astrit Gashi, “Kosovo: corruption à la MINUK”, IWPR, 9-12-02 (en francés en www.balkans.eu.org/article2065.htm).
Autor/es Jean-Arnault Derens
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 54 - Diciembre 2003
Páginas:19,20
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Justicia Internacional, Estado (Política), Geopolítica, Unión Europea
Países Albania, Serbia (ver Yugoslavia)