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Condena al neoliberalismo y la unilateralidad

Una declaración de 54 puntos que sepultan el cuerpo conceptual económico y político del “neoliberalismo” convirtió a la Cumbre Iberoamericana en una rotunda derrota política para el gran ausente: Estados Unidos. Los conceptos principales en la agenda de jefes de Estado fueron educación, salud y oposición a la militarización y el intervencionismo.

Hay errores que no son tales porque no pueden ser evitados. En esos casos, los protagonistas marchan hacia el desenlace anunciado, movidos por fuerzas que no controlan y difícilmente comprenden. Así puede interpretarse el hecho de mantener como sede de la XIII Cumbre Iberoamericana a la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra. No era necesario llegar a la apertura de las sesiones, el viernes 14 de noviembre, para saber que la sublevación que un mes antes culminó con la huída del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada1 gravitaría sobre los jefes de Estado, arrastrándolos hacia un destino no deseado.

Toda previsión fue superada, sin embargo, cuando un aborigen tomó la palabra frente a las máximas autoridades de iberoamérica y dijo “He aquí nosotros, hablando frente a ustedes”. Un escalofrío cortó el aliento de los mandatarios, con apenas dos o tres excepciones. El documento leído por Carlos Eduardo Medina, aprobado antes en una reunión paralela a la que asistieron representantes populares de por lo menos quince países, desgranó demandas contundentes y culminó con el mismo tono de rara firmeza que destilaba cada palabra: “Señores Presidentes, esperamos que se hayan sentido a gusto en nuestra tierra, que realizó un esfuerzo enorme por recibirlos, acorde a lo que nuestra dignidad manda. Este es nuestro país, nuestro espacio y nuestro tiempo. Sean todos bienvenidos”.

Nuestro tiempo… No sólo el rey Juan Carlos, allí presente, habrá comprendido que aquella afirmación, más que el obvio anacronismo de su presencia, contenía una definición política tajante y trascendente.

A esa situación insólita se había arribado por impulso de la sublevación boliviana. Pero intervino un factor nuevo, cuya eventual afirmación y desarrollo abriría un nuevo panorama político en América Latina: desde Bolivia, uno de los dirigentes de la rebelión y titular del Movimiento al Socialismo, Evo Morales, convocó a la formación de “un Bloque Antimperialista Continental” y a la realización simultánea de un Encuentro Social Alternativo. Morales invitó a Fidel Castro, Hugo Chávez, Lula y Néstor Kirchner a participar también del encuentro. El presidente venezolano aceptó inmediatamente.

De pronto, apareció el perfil de una propuesta al otro lado de esa ya monótona reunión anual de Presidentes convocados por España y acompañados por Portugal, cuyas consecuencias durante más de una década fueron inocuas o francamente negativas para los países de América Latina y el Caribe.

Para los organizadores de la cumbre, cambiar la sede a última hora equivalía a sacrificar al flamante presidente boliviano, Carlos Mesa. Para éste, mantenerla significaba asumir el riesgo de una multitudinaria protesta que, en las condiciones dadas, podría encender nuevamente el polvorín. Su decisión reprodujo en aquel país la obligada dualidad de conducta visible en más de un jefe de Estado por estos días: anunció que iría a hablar al Foro Social, si lo invitaban, y que él por su parte invitaba a un representante del encuentro paralelo a exponer en la Cumbre.

Dilemas de la democracia

Entre el 12 y el 15 de noviembre más de quince mil participantes, provenientes de toda la región debatieron temas candentes en el Encuentro Social. No faltó nada: desde un panel denominado “Primera cumbre mundial de médicos tradicionales, naturistas, indígenas y originarios” (la noción de cumbre, inevitablemente, transvasa), hasta debates teórico-políticos sobre “Movimientos sociales contemporáneos”; “Bolívar y la unidad de América Latina y el Caribe”; “ALCA” (el que tuvo mayor concurrencia); “Asamblea Constituyente”, entre tantos otros, todos anudados con la reciente experiencia de lucha en Bolivia.

Cuando el sábado 15 Carlos Mesa acudió al Encuentro, ya las definiciones principales estaban decantadas. Una mujer lo recibió en el palco: “En este encuentro –dijo con respetuoso énfasis- pensamos que su gobierno debería proponer la suspensión de todas las negociaciones del ALCA en la próxima reunión de cancilleres en Miami; que debe derogar el Decreto Supremo que transfiere la propiedad de los hidrocarburos a las transnacionales; que la Asamblea Constituyente tiene que ser convocada el próximo año y que todos puedan proponer candidatos a ella sin necesidad de inscribirse a los partidos”…

Mesa no perdió la compostura. Acometió a la asamblea expectante y logró arrancar aplausos a poco de empezar su discurso, cuando sostuvo que era preciso “construir una mirada distinta de democracia de la que teníamos hasta hace muy poco”. Debía, no obstante, entrar en materia. Y allí el clima cambió: anunció una Constituyente no para los próximos meses, como se le demandaba, sino “para antes de terminar mi mandato”. Hubo gritos de protestas y silbidos. “No vine a hablarles con demagogia no puedo hacerles promesas imposibles”, dijo. Los últimos minutos de su intervención fueron inaudibles: la asamblea respondía airadamente cada una de sus palabras. Cuando terminó el Presidente, fuera de programa, tomaron la palabra Roberto de la Cruz, dirigente de la Central Obrera Regional de El Alto y Jaime Solares, de la Central Obrera Boliviana, quienes acusaron al Presidente de ser “la misma chola con diferente pollera”.

En la noche del sábado, un gran acto reunió en clima festivo a los participantes del Encuentro Social Alternativo. Allí acudieron Hugo Chávez y el vicepresidente de Cuba, Carlos Lage, en representación de Fidel Castro, quien esta vez no concurrió a la Cumbre Iberoamericana.

Declaración de Santa Cruz de la Sierra

Ya para entonces se conocía el texto aprobado por los Presidentes y jefes de Estado: un documento que, si bien es dudoso que pase de la enunciación de intenciones, es muy significativo porque sepulta explícitamente el discurso dominante durante casi dos décadas: “la superación de la pobreza requiere la aplicación de políticas integrales definidas y desarrolladas por el Estado”, dice, para inmediatamente subrayar la voluntad de luchar “contra la pobreza y las causas que la originan” y sostener “el principio de no intervención, la prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, el respeto a la integridad territorial”. Sólo faltaba poner el nombre del destinatario de la demanda. Desde luego también se rubricó el compromiso de “lucha contra el terrorismo”. El documento también propone “una amplia reforma” de la ONU; demanda un cambio de conducta del Fondo Monetario Internacional y acoge la propuesta de crear “un Fondo Humanitario Internacional” (Chávez); reconoce que las “reformas estructurales (…) no han producido resultados suficientes sobre la disminución de las desigualdades y de la exclusión social, e incluso en algunos casos han significado un retroceso o una profundización de estos fenómenos”.

La educación fue señalada como factor clave para avanzar en la inclusión social –tema principal de la cumbre- y se declaró el 2005 como “año iberoamericano de la lectura”. Pero no son los 54 puntos de la “Declaración de Santa Cruz de la Sierra” los que marcan la inflexión en estos cónclaves, sino el hecho de que todos ellos espejaron la demanda plasmada en el Encuentro Alternativo, resumidas en el recinto del lujoso Hotel Los Tajibos por el representante indígena, a nombre de “esos cientos de millones que pensamos, creemos y deseamos más o menos lo mismo. Cosas que de tan repetidas parecen infantilismos. Y no lo son. Por ejemplo que la tierra es nuestra y todo lo que hay debajo de ella también”. U otro tramo del texto donde se afirma: “Señores Presidentes, escuchen a los pueblos de América. Suspendan las negociaciones del ALCA”.

Argentina y la nueva etapa continental

Esa es la fuerza que gravitó sobre la Cumbre y llevó a la mayoría de sus componentes a firmar la Declaración. Los presidentes de México y España, Vicente Fox y José María Aznar -visiblemente lívidos, rígidos, mientras sus pares aplaudían al representante del Encuentro alternativo- firmaron también el documento de la Cumbre. Entre ellos y el polo opuesto en la reunión de Presidentes se halla toda la gama de posiciones imaginable.

El mandatario argentino, por ejemplo, levantó oleadas de recriminaciones desde la derecha en Argentina: “No fue afortunado el relieve que se le dio, desde ciertas esferas oficiales, a la entrevista del presidente Néstor Kirchner con el líder contestatario boliviano Evo Morales, cuyos antecedentes no son precisamente tranquilizadores desde el punto de vista de la preservación del orden público y la paz social. No sería bueno para nuestro país -y tampoco para la región- que gestos de esa naturaleza se tornasen habituales”, se alarma un editorial de La Nación2. El mismo diario registró la voz del ex ministro de Economía Ricardo López Murphy, luego de que Kirchner identificara a Morales como futuro presidente de Bolivia y le ofreciera ayuda: “Yo no creo que la coalición de inserción de la Argentina en el mundo sea con Chávez y Evo Morales. Si la Argentina apunta a eso es un enorme error. Si ésa es la estrategia, vamos mal, vamos por un camino muy equivocado (…) Si vamos a donde está México, Brasil y Chile, vamos bien (…) ¿usted ve a Lagos (Ricardo) interesado en hacer reuniones con Evo Morales y Chávez?”3.

No todo es condena sin embargo: el mismo matutino registró el punto al que atribuye mayor trascendencia en la fugaz estada de Kirchner en la Cumbre: “Más allá de sus coqueteos con el líder indigenista boliviano Evo Morales y otros gestos altisonantes, el presidente Néstor Kirchner coincidió ayer con sus pares de México, Vicente Fox; de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva y de Chile, Ricardo Lagos, en que han mejorado las perspectivas de las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)”4.

El contrapunto traduce adecuadamente el lugar de Argentina y su gobierno en esta múltiple confrontación y desagregación de fuerzas. Santa Cruz de la Sierra albergó a todos los protagonistas de la gran disputa por definir de quién es, al fin y al cabo, “nuestro tiempo”. Pero esa pugna, previsiblemente agudizada cada día, ocurre de ahora en más en nuevo terreno: la era del “neoliberalismo” ha quedado atrás.

Informes de Carina López Monja y Pablo Gandolfo, desde Santa Cruz de la Sierra.

  1. Walter Chávez, “Bolivia, una revolución social democrática”, Le Monde diplomatique edición Cono Sur, noviembre de 2003.
  2. “La XIII Cumbre Iberoamericana”; La Nación, Buenos Aires 18-11-03
  3. “Controversia por el apoyo a Morales”; La Nación, Buenos Aires, 17-11-03.
  4. “Mejoran las perspectivas para el ALCA”; La Nación, Buenos Aires, 16-11-03.
Autor/es Luis Bilbao
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 53 - Noviembre 2003
Temas Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Mercosur y ALCA