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Reseñas de libros

La era de la información

De Manuel Castells

Editorial:
Siglo Veintiuno Editores
Lugar de publicación:
Madrid
Fecha de publicación:
Enero de 1999

Bajo el título general La Era de la información, Manuel Castells (sociólogo español que enseña desde hace 25 años en la universidad de Berkeley, California) nos entrega una trilogía ambiciosa en la cual enlaza las consideraciones tecnológicas, sociológicas, económicas e históricas de la mutación de la información que, desde hace unas décadas, segrega la “sociedad en redes”.

Algunos lamentarán que, antes de entrar de lleno en el tema, el autor no haya planteado dos preguntas decisivas: ¿Qué es precisamente la información? ¿De dónde proviene? El autor tendría, entonces que haber recordado que esta medida física mensurable y despojada de sentido está ligada a la actualización, a mediados del siglo XX, de una característica inédita otorgada por la materia, y cuya especificidad es evidente con respecto a la energía (1). Castells toma el tren ya en marcha y diseca de manera notable las tecnologías revolucionarias que surgen de esta mutación de la información: la informática, la robótica, las telecomunicaciones digitales, las biotecnologías. Cuidándose de hablar bien de la “sociedad de la información”, estudia en detalle la emergencia de nuevas estructuras sociales que se manifiestan bajo diversas formas en función de la variedad de culturas y de instituciones. Nacida en pleno período de reestructuración de la economía global, esta nueva sociedad es a la vez capitalista y de información, su lógica de redes pone en crisis a dos instituciones centrales: la familia patriarcal y el Estado nacional.

Estos tres volúmenes deberían ser leídos por la gran mayoría. Citemos tres separaciones puestas en evidencia: “El corte en el seno del mundo del trabajo entre productores de información y mano de obra genérica; la exclusión social de un segmento notable de la sociedad compuesta por individuos cuyo valor como productores/consumidores ya no interesa y cuya pertinencia como persona es ignorada; la división creciente entre la lógica del mercado de las redes financieras y lo que viven los trabajadores”.

Castells evoca también una perspectiva optimista, en la que se combinarían identidad cultural, puesta en red global y políticas multidimensionales. A pesar del abismo creciente entre nuestro sobredesarrollo tecnológico en el terreno de la información y nuestro subdesarrollo social, espera en sus conclusiones que “el poder del intelecto liberará capacidades productivas hasta el momento inéditas (…) y podremos reconciliarnos con la naturaleza sin comprometer el bienestar material de nuestra descendencia”.

Es natural que este vasto fresco sea recuperado: con una bella unanimidad, los medios, que apelan sin vergüenza a Castells, proclaman desde hace poco el nacimiento de una “nueva economía” -creada por la intrusión de Internet en la vida empresaria- que sellaría el renacimiento de un capitalismo individualizado y decentralizado, pero únicamente abierto a los mejores. El crecimiento ilimitado de la productividad, así como la furiosa “creación de valor” constiturían los puntos de referencia. La mejor ilustración sería la expansión contínua que experimenta Estados Unidos: una inflación débil, un desempleo bajo (pero una pobreza alta, y dos millones de personas en la cárcel) y sobre todo un alza excepcional de la Bolsa. Los comentaristas se precipitan sobre el tema “nuevo crecimiento”, pero sin preguntarse: ¿el crecimiento de qué?

Afortunadamente, aún se encuentran algunas voces de sentido común para recordar que los ejemplos dados a favor del comercio electrónico son siempre los mismos –Amazon, Yahoo- y que el crecimiento de la burbuja financiera inquieta mucho a las autoridades y los medios especializados estadounidenses. En un lúcido análisis, André Gauron (2) recuerda al respecto que el caso estadounidense no se puede extrapolar porque el dólar, moneda interna, es también una moneda de pago internacional. Insiste sobretodo en la extensión del intercambio mercantil –más allá de la producción de bienes y servicios habituales- a los mismos objetos de la “comunicación”, al terreno del cuerpo humano, de las producciones artísticas y tecnocientíficas. Concluye: “Tenemos que pensar nuestro futuro en términos de relaciones con la mercancía, es decir con la moneda, esta impensada del mundo moderno”.

Así, bajo la apariencia de una lectura reductora de los análisis de Castells, las tesis de la “nueva economía” sirven de caballo de Troya del “capitalismo de la información”. Conviene no sólo denunciar esta impostura, sino proponer alternativas: una economía plural con mercado (y no “de” mercado); monedas plurales (atesorables y no atesorables) acuñadas bajo el arbitraje de poderes políticos renovados. Con la ambición de poner a la economía al servicio del hombre y de civilizar la mundialización.

Autor/es de esta reseña Jacques Robin
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 8 - Febrero 2000
Temas Sociología, Mundialización (Cultura), Mundialización (Economía)