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Final de cuatro siglos de tradición

Este año egresará la primera promoción mixta del Colegio Nacional de Monserrat, institución educativa dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba. Fundada por los jesuitas en 1687, impidió el acceso de mujeres a sus aulas hasta 1998. En el áspero debate que se suscitó en la sociedad cordobesa (cerrado por un fallo de la Corte Suprema), salieron a la luz argumentos a favor de la exclusión femenina que se dirían inconcebibles en una Argentina democrática a fines del siglo XX.

"Este es un colegio con un espíritu y con esto nos están quebrando el alma" 1, se quejó Santiago Díaz Cafferata, presidente del centro de estudiantes del Colegio Nacional de Monserrat, a fines de 1995. Tres meses antes un grupo de conciliarios de Franja Morada había presentado en el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba un proyecto que permitía la inscripción de mujeres en el ciclo lectivo del año siguiente. A pesar de que las autoridades aún sostienen que no era discriminación que un padre no pudiera inscribir a su hija en la institución, la Corte Suprema de Justicia dictaminó, tras un largo proceso judicial obstaculizado por numerosas medidas de amparo, que la Universidad tenía razón, que la imposibilidad de inscribir a mujeres era discriminatoria según la Constitución y los tratados internacionales a los que Argentina dio fuerza de ley a partir de 1994. Así fue como en 1998 el Monserrat debió abrir su matrícula a las primeras 48 chicas.

Al evocar hoy aquel debate, cabe preguntarse cómo fue posible que la incorporación de mujeres a una institución educativa estatal generara un revuelo de proporciones nacionales, tema de titulares en todos los diarios del país. "Fue un ejemplo más de la Córdoba ‘paradojal', con una historia de grandes movimientos sociales progresistas y también grandes reacciones conservadoras", dice Marcos Duarte, vicepresidente de la Federación Universitaria Argentina y en su momento promotor del proyecto.

El Colegio Nacional de Monserrat fue fundado por la orden jesuita en 1687 como institución para la formación de jóvenes varones en ‘virtud y letras' y constituyó el germen de lo que después sería la Universidad Nacional de Córdoba. Mito viviente de la tradición cordobesa, se convirtió en colegio nacional en 1853 y pasó a depender de la Universidad institucionalmente, aunque siempre mantuvo una importante autonomía que le permitió mantenerse al margen de muchos de los cambios que conmocionaron la vida social. También, todo hay que decirlo, de la crisis que afecta a la escuela secundaria en general, pudiendo mantener la calidad de la oferta educativa. Pero al mismo tiempo sostuvo códigos internos propios del siglo XIX. Las autoridades se jactan de tener muy buen nivel de instrucción, cosa que confirman los funcionarios universitarios y que puede constatarse en el porcentaje de egresados que ingresan a la universidad y en la cantidad de profesionales recibidos. El instituto es un bachillerato humanista, pero con un fuerte nivel de exigencia en materias duras como matemática, física y química.

"Es el reducto de un sector de la sociedad cordobesa que tiene una visión conservadora y arcaica de la realidad", dice Mónica Gutiérrez, legisladora provincial por el Partido Nuevo, integrante de la comisión de educación y madre de una alumna. Una paradoja ilustrativa es la participación de numerosos colegios de mujeres, en su mayoría religiosos, en las manifestaciones de apoyo a la exclusión femenina que se realizaron entre el '96 y el '97. "Me daba la sensación de presenciar un tribunal de la Inquisición, que no podía admitir que pretendiésemos legislar sobre un coto privado. Confieso que a veces me costaba entender una reacción tan cerrada al cambio, nada menos que en el ámbito de la educación, que está basada en un proceso de renovación constante", reflexiona hoy Eduardo Staricco, rector de la Universidad en aquel período. 

Incomunicación y fallos 

Ante la presentación del proyecto en el Consejo Superior, la reacción de la comunidad educativa del colegio no se hizo esperar. Un grupo de padres decidió iniciar una acción de amparo ante la Justicia Federal, tribunal de alzada de la Universidad, el 15 de diciembre del '95, argumentando que sus opiniones no habían sido escuchadas.

Sin embargo algunas de las opiniones vertidas en su momento tienen poco que ver con tal incomunicación y parecen más relacionadas con la incomprensión del tiempo actual. El señor Ramón Avelino Rojas, ex alumno del colegio, aseguró que "Dios, la naturaleza, ha diferenciado al varón y a la mujer no solamente desde el punto de vista físico, sino también psíquico. (...) Por consiguiente considero que en las etapas de la escuela primaria y del colegio secundario, la separación de sexo es fundamental, en especial para darles a los estudiantes o educandos la debida formación: masculina para los muchachos y femenina para las chicas, evitando problemas de homogeneización irracional e inconveniente, cuando uno u otro individuo de distinto sexo pueden llegar a intercambiar hábitos, gestos y hasta modos de vestirse o adornarse" 2.

Entre los apoyos logrados para mantener inalterable la tradición escolar puede citarse también el de la española Confederación Iberoamericana de Relaciones Públicas, órgano ligado al Opus Dei, que recomendaba a la Universidad "no dejarse llevar por falsas y absurdas modernidades, cuyas decisiones luego serían irreversibles" 3. A esta variopinta serie de apoyos se agrega el de la Unión de Juventudes por el Socialismo, que en una solicitada publicada en una revista del colegio declaró que "impidieron que los estudiantes pudieran intervenir en el debate sobre la resolución para presentar la negativa a que entren alumnas mujeres a la escuela como una lucha entre sexos y no como oposición a la destrucción de la escuela" 4.

Con tal de que la tradición del Monserrat no se viese alterada, las autoridades del colegio ofrecieron toda la colaboración necesaria para crear otra institución igual para mujeres. La judicialización del debate por parte de algunos padres obtuvo una primera victoria cuando el juez federal Ricardo Bustos Fierro 5 dio lugar a un recurso de amparo en contra del dictamen del Consejo Superior, con el sagaz fundamento de que la reglamentación interna del colegio no impedía explícitamente la inscripción de mujeres. El juez Enrique Petracchi desestimó el argumento al considerar que no revestía mayor importancia si la exclusión de mujeres era de facto o de iure, porque el hecho era que las mujeres no podían inscribirse. Y profundizó al respecto al señalar que "la Convención sobre la Eliminación de todas Formas de Discriminación contra la Mujer, establece en su artículo 10° que los Estados partes deben procurar la eliminación de todo concepto estereotipado de los papeles masculino y femenino en todos los niveles y en todas las formas de enseñanza, mediante el estímulo de la educación mixta"6.

Si bien en un primer momento era atendible que la comunidad educativa reaccionara contra el hecho de no haber sido consultada, la realidad fue que dos años después de presentado el proyecto, tras los diversos recursos de amparo a los que la Justicia Federal de Córdoba hizo lugar, esa comunidad no afrontó un debate serio sobre la cuestión. "Las medidas judiciales que impulsaron ‘los amparistas' sólo buscaban tener un efecto retardatorio del proyecto de la Universidad, y no analizar concretamente el tema", recuerda la secretaria académica de entonces, Sofía Acuña. Según la funcionaria, las autoridades monserratenses aducían también la falta de baños para las chicas como argumento para negarse a inscribirlas.

Sangre nueva

A fin de año egresará la primera promoción mixta, integrada por 40 chicas sobre un total de 260 alumnos. Ellas han sido quizá las que más han sufrido el vuelco en el colegio. Les tocó lidiar con compañeros de cursos superiores que veían la presencia de mujeres como una intromisión en un ámbito que les era ajeno. Anameli (Ana Amelia Brezzan) fue candidata a la presidencia del centro de estudiantes el año pasado, cuando perdió contra una lista autodenominada "Tradicionalizando el cambio". Forma parte de ese grupo de chicas que valoriza la educación impartida por el colegio, pero que sufrió paralelamente los rigores del proceso de transformación interna de la institución. "Fue bastante duro porque muchos chicos grandes nos excluían de actividades tradicionales del colegio. Pero yo he seguido participando, porque me molesta que alguien me quiera privar de las tradiciones que son tan mías como de cualquier varón", concluye la estudiante, a quien sus compañeros bautizaron ‘la zurdita' por su fama de cuestionadora. El proceso de incorporación se ha allanado con el tiempo y el trato entre chicas y varones es más desprejuiciado entre los alumnos de cursos más bajos, donde la proporción de unas y otros es más equilibrada. Las propias autoridades admiten que el rendimiento de las mujeres es en muchos casos superior al de los varones.

Interrogada la actual dirección respecto de cuál fue la razón de tanta oposición a que ingresaran alumnas al colegio, la respuesta es la tradición, sólo la tradición. Quizás aquellos defensores de la tradición a ultranza deberían haber recordado a Mariano Moreno, uno de los fundadores de la República e integrante del panteón tradicional argentino, quien dijo: "Hay razones tan evidentes que se ofende a la razón al pretender demostrarlas".

  1. "Fuerte resistencia a que el Monserrat sea colegio mixto", La Voz del Interior, 29-11-1995.
  2. Carta dirigida al Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba, 31-7-1996.
  3. Carta dirigida al Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba.
  4. Revista El Monserrat no se rinde, septiembre de 1997.
  5. Juez federal que tiene en su haber la admisión del recurso de amparo para la re-reelección de Carlos Menem en 1999.
  6. Dictamen del juez Enrique Petracchi, fallo de la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina, 19-9-00.
Autor/es Guillermo Posada
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 62 - Agosto 2004
Páginas:43
Temas Sexismo, Discriminación, Estado (Justicia), Iglesia Católica, Educación
Países Argentina