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El motor de la unión sudamericana

La singular situación política, económica y social de los tres países más poderosos de América del Sur –Argentina, Brasil y Venezuela– los coloca en una posición histórica que reúne positivamente casi todos los elementos para encarar un ambicioso proyecto de unidad, desarrollo e independencia real, basado en la igualdad, la democracia participativa y en relaciones pacíficas e igualitarias con el resto del mundo.

Uno de los mitos fundadores de la identidad latinoamericana es el eterno retorno a la idea de unión continental, tal como fue soñado en el tiempo de las guerras de independencia. Cada país, patria chica, parte constituyente de una Patria Grande. En cada momento de crisis o de esperanza vuelve a surgir el sueño de San Martín, de Bolívar o de Artigas... Muchas veces faltan los conceptos para pensar esa unión. La propia percepción que los latinoamericanos tienen de sí mismos, construida en gran medida por los principales medios de comunicación locales e internacionales, los condena a observar las sombras de la caverna y creer que eso es el mundo. Acaso sea el momento de tomar conciencia de una situación objetiva en extremo favorable para la integración regional, que tal vez permita dar pasos trascendentes.

La nueva orientación diplomática de Argentina y de Brasil (Bilbao, pág. 6), así como los resultados del referéndum revocatorio en Venezuela (Dupret, pág. 4) , permiten vislumbrar la constitución de un nuevo bloque geopolítico, integrado en un primer momento por estos tres países. En efecto, se trata de tres países con casi 250 millones de habitantes, autosuficientes en alimentos, energía (incluyendo desarrollo nuclear, en el caso argentino) y manufacturas, con un enorme potencial económico, social y cultural aún no desarrollado. Su mayor debilidad es la condición de subordinación y de pobreza en que viven, producto de imposiciones externas, de la deserción de las elites locales y de un sistema económico generador de exclusión. Esta situación, que hasta hace pocos años parecía inamovible, comienza a debilitarse. Los límites del "no se puede" están en franco retroceso. Sin embargo, quedan aún enormes tareas por cumplir.

¿Tiene este bloque los recursos y la magnitud como para gravitar en la escena internacional y pretender la independencia y el bienestar? La respuesta, sin duda, es positiva. El cuadro muestra las fortalezas y las debilidades de este eventual bloque Sudamericano del Atlántico.

El territorio y la cantidad de habitantes marcan la jerarquía de un continente. Existe además un holgado abastecimiento de alimentos, manufacturas y energía. Lo muestran las cifras de exportaciones de la agricultura (11.987 millones de dólares), de las industrias de la alimentación (17.416 millones), de la industria metalmecánica (19.347 millones), de minas y canteras -incluyendo petróleo- (27.248 millones). En resumen, en 2002 se exportaron 66.836 millones de dólares en productos primarios y 42.524 millones en manufacturas. Por supuesto, no se trata de implantar una economía cerrada; pero es necesario tomar conciencia de que existe el respaldo de recursos propios que bastan para asegurar el bienestar de los habitantes. Si en estos países siguen existiendo hambre y necesidades básicas insatisfechas, el problema no es de producción sino de distribución del ingreso.

¿A qué se debe la sujeción y la pobreza? Una parte importante de la respuesta reside en el sector externo. Si bien existe un notorio superávit de las exportaciones con respecto a las importaciones, la transferencia neta de recursos es fuertemente adversa y la deuda externa llega a casi 400.000 millones de dólares. La otra parte de la explicación está en la injusticia social interna, que lleva a una inicua distribución del ingreso; como se advierte en el cuadro, el 10% más pobre recibe poco más del 1% del ingreso total, mientras el 10% más rico se apropia del 40%. Ambos problemas son de naturaleza política: lo que está en juego es la soberanía nacional y la soberanía popular.

La acción política debe incidir de modo directo sobre esos dos factores. En el plano de las relaciones internacionales, uno de los principales obstáculos es el Fondo Monetario Internacional (FMI), que se ha transformado en el agente de cobro de los acreedores externos e internos y en el gendarme de la aplicación al pie de la letra del Consenso de Washington. El desarrollo normal de estos países requiere que se aclare en el plano jurídico internacional cuáles son las funciones y atribuciones del FMI, para lo cual debería requerirse una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia ("Llevar al FMI ante la Corte...", pág. 9).

En cuanto a la leonina distribución del ingreso, es indispensable generar empleo y elevar la productividad de los grupos más pobres (sobre todo mediante la industrialización), rescatar para el Estado la renta de los recursos naturales y aplicar un sistema fiscal progresivo. Para que esta política sea posible, los países deben recuperar su soberanía. Por supuesto, esto no es todo: gran parte de la responsabilidad recae sobre la incapacidad de gestión, las teorías económicas equivocadas, la voracidad de los agentes económicos y la corrupción.

Planes comunes de largo plazo

El bloque Argentina-Brasil-Venezuela (más los otros países del Mercosur y los que se incorporen en el futuro) significaría una integración política, económica, social y de defensa entre iguales. En estos procesos es fundamental que no existan hegemonías, ni políticas ni económicas, institucionales o de hecho. En la etapa inicial, la realidad muestra una especialización en la exportación de los países: Argentina en alimentos, Brasil en industria y Venezuela en energía. En la evolución del bloque deberá tenderse a que los tres países estén más equilibrados y todos puedan producir y exportar bienes primarios y manufacturas. Argentina fue en el pasado un país industrial y deberá volver a serlo. Venezuela, además de gran proveedor de energía, puede tener su agricultura e industria. Brasil, que es el más equilibrado de los tres, podría elevar la productividad de su mano de obra y la complejidad de su sistema productivo, mientras avanza en su autosuficiencia energética. El intercambio dentro del bloque debería ser entre ramas de actividad y no entre sectores, evitando el esquema imperial de manufacturas a cambio de bienes primarios o energía.

En el decenio de 1990 todos los países perdieron soberanía. Ahora se dan condiciones favorables para generar nueva soberanía estatal multinacional. Existen por lo menos cuatro sectores estratégicos en los que la creación de áreas de soberanía puede cambiar la configuración política y económica del bloque. Se trata del Fondo Común de Reservas Internacionales, de la creación de la empresa petrolera multiestatal, de la construcción de infraestructura y de la difusión organizada de información y cultura.

Una de las mayores causas de dependencia económica y política son las exigencias que formula el FMI para financiar a los países. Una forma de evitarlas es la constitución de un Fondo Común de Reservas Internacionales, como propuso el Presidente del Banco Central de Venezuela 1. Se trata de enfrentar desequilibrios inesperados y transitorios de balance de pagos sin la restricción de la condicionalidad que impone el FMI. Este Fondo puede constituirse con una parte de las reservas internacionales de los países miembros, que serían colocadas de manera que combinen seguridad, rendimiento y disponibilidad. El proyecto puede por supuesto concernir a todos los países de América Latina; pero podría comenzar con los tres países, cuya masa de reservas total llega a los 89.034 millones de dólares (Argentina, 18.120 millones; Brasil, 49.742 millones; y Venezuela, 21.172 millones, en agosto de 2003). Un antecedente directo es la propuesta de creación del Fondo Asiático, en el cual los participantes aportarían reservas internacionales que tendrían como contraparte el desarrollo de un mercado de bonos; con esta medida se incentiva el regreso de reservas que están depositadas en Europa o Estados Unidos. En la Comunidad Andina ya existe con fines análogos el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), que funciona con éxito desde 1978.

El Estado debe ejercer la autoridad y la propiedad de ciertos recursos, y el primero de ellos es el petróleo. La creación de una empresa que reúna a las petroleras estatales sudamericanas ha sido propuesta por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Ya existen acuerdos parciales entre Petróleos de Venezuela S.A. y Enarsa de Argentina; con la participación de Petrobras de Brasil podrían estructurarse las bases de este emprendimiento común en un área de importancia vital. La producción petrolera de los tres países es importante: llega al 6,9% de la producción mundial y al 23,6% de la de los países de Medio Oriente 2.

El ejercicio de la soberanía requiere por su parte la ocupación plena y efectiva del territorio, para lo cual es indispensable una red de comunicaciones y transportes. En Sudamérica existen enormes espacios vacíos que pueden ponerse en producción; en varios casos, ya se ejecutaron obras con criterios nacionales, que sería necesario interconectar. Con un enfoque sudamericano el entonces presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso convocó a una reunión de presidentes, realizada en Brasilia en agosto-septiembre de 2000, para elaborar un programa de obras de infraestructura. El programa será ejecutado por el ente interestatal Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), con el apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (Fonplata). Se han establecido doce ejes de integración y desarrollo, de los cuales cinco son relevantes para el bloque Argentina-Brasil-Venezuela: primero, el eje Mercosur (San Pablo-Montevideo-Buenos Aires-Santiago); segundo, el eje Venezuela-Brasil; tercero, el eje multimodal Orinoco-Amazonas-Plata; cuarto, el eje marítimo del Atlántico; quinto, el eje Porto Alegre-Jujuy-Antofagasta 3.

La integración de los tres países no sólo debería ser política, económica y social, sino tener además un fuerte ingrediente cultural. Debe terminarse la época de la ignorancia recíproca; es inadmisible que en las escuelas secundarias se desconozca en su totalidad la historia de los países de América Latina, cuando no la propia. Brasil ya ha dado un paso imponiendo la enseñanza del español, pero la recíproca no se ha dado todavía. La integración cultural implica una adecuación de los programas de estudios de los tres países. Pero no basta con la educación formal; es necesario que los medios masivos de comunicación difundan la cultura y la información comunes. Para eso podrían instrumentarse tres acciones. La primera es la creación de un canal compartido de televisión abierta, de excelencia cultural e informativa (podría seguirse el ejemplo del Canal Arte de Francia y Alemania); la segunda consiste en una coordinación de radiodifusoras estatales; la tercera es la creación de una agencia común de informaciones. No se consolidará una integración si los pueblos de los tres países no conocen las expresiones culturales de cada uno; y si en el plano informativo ni se enteran de lo que le ocurre a los demás.

El tema no termina en el ámbito cultural. La convergencia de los tres países suscitará una fuerte oposición, porque dañará intereses y perjudicará hegemonías; en consecuencia, adquirirá un fuerte significado político, que se reflejará en los medios de comunicación. Será indispensable entonces disponer de la infraestructura de la agencia informativa, la radio y la televisión, capaces de explicar las razones de la convergencia y de hacer conocer la realidad política, social y económica de los tres países.

La constitución de este bloque tiene una base política: existe una orientación, marcada por el populismo real (entendido como defensa del interés popular) de Kirchner y Chávez, y virtual de Lula. En el ámbito internacional, los tres defienden los intereses nacionales. Esta coincidencia inicial es importante; en la construcción de la Comunidad Económica Europea también existió "una cierta idea" de Europa, que era la de los partidos social cristianos en Francia, Italia y Alemania.

La irrupción de un grupo de países con esta potencialidad en la escena internacional tendría múltiples consecuencias. En Sudamérica serviría como eje y "tractor" para la adhesión de los otros países de la región, a la manera en que el eje franco-alemán "tira" de la Unión Europea. En el comienzo, no se puede esperar por aquellos que todavía no han logrado la decisión política ni la cohesión interna para adherirse a un proyecto autónomo, aunque todo debe disponerse para que se incorporen cuanto antes. Los otros miembros del Mercosur, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú y Venezuela (en estos cuatro últimos casos como Estados asociados), ya forman parte del conglomerado. En América Latina, será una base para dialogar, por una parte, con México y Centroamérica; y por la otra con Cuba y los países del Caribe.

A escala internacional, un bloque de estas características, aún incipiente, jugaría sin dudas en "primera división". La magnitud demográfica y económica del bloque se advierte en el cuadro. Están abiertas las posibilidades de acuerdos con otros países subdesarrollados de magnitud, como China, India, los de Asia del Sudeste y Sudáfrica. Todo ello permitiría negociar en un plano de mayor igualdad con Estados Unidos y la Unión Europea. Es muy diferente el trato recíproco cuando se depende de la otra parte, que cuando se puede prescindir de ella. La única atadura de este proyecto es la financiera; es por eso que los mayores esfuerzos deben destinarse a acabar con ella.

  1. Diego Luis Castellanos, El nivel de las reservas internacionales: ¿solidaridad o desintegración?, Banco Central de Venezuela, Caracas, 2004.
  2. Statistical Review of World Energy, 2004, British Petroleum, Londres, 2004.
  3. IIRSA, Plan de Acción para la integración de la infraestructura regional de América del Sur, Montevideo, diciembre de 2000.
Autor/es Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 63 - Septiembre 2004
Páginas:8,9
Temas Geopolítica, Política internacional