Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

¿Existe verdaderamente Al-Qaeda?

Frente a las concepciones de Al-Qaeda como una organización centralizada, con planes precisos y control de sus efectivos, el autor considera que esa imagen conviene tanto a los Estados que se han plegado a la lucha antiterrorista como a Ben Laden y a los activistas antioccidentales, pero que en realidad, destruido el santuario afgano, el núcleo central de Al-Qaeda está disminuyendo, y la organización misma es una red global y laxa de grupos que se autonomizan fácilmente, sin vínculos sólidos con conflictos locales.

La pregunta del título, encarada muy en serio por autores autorizados como Jason Burke 1, merece ser planteada teniendo en cuenta todo lo que se le atribuye al grupo de Osama Ben Laden desde el 11 de septiembre de 2001: los atentados de Madrid en marzo de 2004; las acciones desarrolladas en Irak por Abu Musa Al-Zarqaui (que tendría su sede en Fallujah, pero también se vio implicado en los ataques de Madrid); los atentados de Bali (octubre de 2002), de Casablanca (mayo de 2003), de Estambul (noviembre de 2003) y, muy recientemente, en Arabia Saudita (junio de 2004). A eso hay que agregar la detención en el Reino Unido y en Pakistán de presuntos responsables de la red en agosto de 2004. ¿Pero qué vinculaciones existen entre todos estos acontecimientos?

El itinerario de las personas implicadas en atentados o en intentos de atentados permite medir la esfera de influencia de Al-Qaeda, pues la red ya tiene su historia. Sin embargo, conviene analizar las cosas con prudencia: las acusaciones hechas contra individuos a los que se califica de combatientes de Al-Qaeda detenidos en Guantánamo (como los cuatro franceses extraditados a París en julio de 2004) o enjuiciados (Munir Al Motassadeq en Alemania) 2 resultaron poco consistentes y no se sostuvieron ante tribunales ordinarios.

Por supuesto, algunos afirman que apenas se conoce una pequeña parte del iceberg: Al-Qaeda sería una organización tentacular estructurada antes del 11 de septiembre de 2001 y que desde entonces mantiene redes latentes, dispuestas a actuar según las instrucciones centrales, enviadas a través de mensajes furtivos vía internet. ¿Es creíble? ¿Por qué Al-Qaeda esperaría para actuar? Salvo que no cuente con las condiciones técnicas necesarias (reclutamiento, obtención del material, capacidad para eludir las medidas de seguridad), lo cual mostraría que la organización está mucho más débilitada de lo que admite la administración Bush.

Al-Qaeda no parece tener un calendario armado a partir de una estrategia política precisa (golpear en tal o cual momento, para influir en el curso de los acontecimientos), sino, al contrario, una visión activista y oportunista: atacar permanentemente, para mantener el clima de terror y demostrar que todas las intervenciones militares, desde la de Afganistán hasta la de Irak, resultan ineficaces. Los atentados de Madrid no son una excepción, como señala Lawrence Wright 3: la programación de esos ataques coincidió con los plazos políticos españoles sólo por accidente, y de no haber sido por la enorme torpeza del gobierno de José María Aznar, hubieran podido producir el efecto contrario sobre la opinión pública.

Para simplificar, se pueden clasificar los atentados atribuidos a Al-Qaeda en dos categorías: los "internacionalistas" y los "locales". Los primeros son obra de grupos de diversas nacionalidades que actúan siempre fuera del territorio de su país de origen (como en el caso de los ataques de Nueva York, Washington o Madrid, y también en el de los atentados desbaratados en Los Angeles, París y Estrasburgo). Los segundos son obra de grupos "nacionales" que actúan en su propio territorio, pero dirigidos contra objetivos "occidentales" (como los de Casablanca, Estambul o Bali). Hasta ahora, los "internacionalistas" son en general ex-combatientes de Afganistán, mientras que los "locales" actúan en función de una política de franquicias. El caso de Irak es más difícil de analizar, dado que no se conoce la nacionalidad ni el grupo al que pertenecen los voluntarios extranjeros que actúan en Fallujah.

Todo indica que el movimiento Al-Qaeda está en proceso de mutación, fundamentalmente a causa de cambios en la forma de reclutamiento, y que será cada vez más difícil considerarlo como una organización estructurada. En cambio, la "marca" Al-Qaeda parece tener mucho futuro, en la medida en que garantiza un gran impacto a cualquier acción emprendida.

Retorno y radicalización política

Lo que se suele llamar Al-Qaeda fue en principio la reunión de ex combatientes de la guerra (o más bien de las guerras) de Afganistán. Luego de la ocupación de ese país por las fuerzas estadounidenses, no sólo ese núcleo dejó de renovarse, sino que se va reduciendo, debido a la detención o la muerte de algunos de sus miembros. Está compuesto por dos categorías: por una parte los dirigentes y los guardaespaldas de Osama Ben Laden, algunos de los cuales lo siguen desde 1980, y por otra la oleada de jóvenes internacionalistas llegados en la década de 1990, y sobre todo entre 1997 y 2001: un semillero limitado y fácil de identificar.

El núcleo del movimiento estaba compuesto por militantes oriundos de Medio Oriente, llegados a Afganistán en la década de 1980 y a comienzos de la década siguiente para luchar contra los soviéticos. Esos hombres, ya politizados, a menudo implicados en los movimientos extremistas de sus respectivos países y provenientes de medios muy religiosos, siguieron a Ben Laden en sus peregrinaciones a Yemen y Sudán, y junto a él regresaron a Afganistán en 1996. Muchos de ellos resultaron muertos o detenidos: Sheykh Mohammed Sheykh, Wadih el Hage, Mohammed Odeh, Abu Hafs al-Masri (Mohammed Atef), Suleyman Abu Gayth, Abu Zubeyda, etc. Todos ellos compartieron la existencia de Ben Laden, viviendo con sus familias en los mismos compounds, y a veces incluso están unidos por lazos matrimoniales (Ben Laden había "dado" a su hija en matrimonio a Atef). De ese grupo prácticamente sólo queda el egipcio Ayman Al Zawahiri.

Luego de 1992, y sobre todo a partir de 1996 y de la llegada al poder de los talibanes, hizo su aparición una "joven guardia" con un perfil diferente. Salvo los sauditas, esos jóvenes internacionalistas se radicalizaron en general en Occidente, cuyo estilo de vida practican (en lo que concierne a sus estudios, su conducta y su forma de matrimonio, cuando no son solteros). Su llegada a Occidente se produjo cuando aún eran muy jóvenes, muchas veces para cursar estudios. Algunos nacieron en Europa y un buen número de ellos adquirió una nacionalidad occidental. De manera que se trata de born-again (nacidos de nuevo), es decir que a menudo rompieron con sus familias y se radicalizaron políticamente durante su "retorno" a la religión. Por otra parte se puede suponer que ese "retorno" se efectúa en un contexto de radicalización política. Entre estos se cuentan los cuatro pilotos de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y también Mohammed Ressam 4, la red Beghal 5, Zacarias Mussaoui 6 y Mohammed Sliti Amor 7. Algunos son conversos: Richard Colvin Reid 8 y José Padilla 9. Curiosamente, muy pocos militantes vienen directamente de países musulmanes (excepto algunos de los autores del atentado de Estambul de noviembre de 2003, originarios de Turquía).

Los miembros de esa generación no regresan prácticamente nunca al país de origen de su familia. Por ejemplo, ninguno de los provenientes de Argelia se sumó al Grupo Islámico Armado (GIA). Prefirieron ir a luchar en las guerras santas periféricas (Afganistán, Bosnia y posteriormente Chechenia y hasta Cachermira) y no a Medio Oriente o al Maghreb, para luego regresar a Europa. La guerra santa y el viaje a Afganistán se convirtieron en ritos de iniciación: el veterano que volvía de esas experiencias adquiría la aureola del mujaidín, aunque su estadía en aquellos lugares hubiera sido breve.

Con la intención de ordenar esa corriente de voluntarios extranjeros que a menudo creaban tensiones con la población local, los talibanes confiaron a Ben Laden (seguramente a comienzos de 1997) el control monopólico de los campos de entrenamiento de "árabes", incluidos los conversos, mientras que los originarios de Uzbekistán y de Pakistán conservaban sus propias estructuras. En consecuencia, cualquier voluntario musulmán que no sea paquistaní ni originario de Asia Central y que haya viajado a Afganistán entre 1997 y 2001 pasó necesariamente por los campamentos de Al-Qaeda (o, en ciertos casos, por los de las organizaciones paquistaníes extremistas). Pero eso no implica que toda persona que haya estado en esos campamentos sea un potencial terrorista.

Contrariamente a la vieja guardia, ninguno de los jóvenes de esa nueva generación de "afganos" pertenece al círculo de Ben Laden. Los voluntarios debían pasar por un filtro: los mejores eran seleccionados para regresar a Occidente a cometer atentados, y la estadía en Afganistán servía para entrenarlos, y sobre todo para forjar el "espíritu de cuerpo" que daría fuerza a la red. Los otros, es decir, la mayoría, eran afectados a la brigada extranjera que luchaba junto a los talibanes contra el comandante Massud. A ello obedece la dificultad de la justicia en Occidente para establecer cargos pertinentes contra aquellos prisioneros de Guantánamo cuyo único error fue hallarse en las filas de los talibanes.

Es esta nueva generación la que suministra la mayor parte de los cuadros responsables de atentados internacionalistas, y la que hasta ahora dio a la organización su eficacia y su poderío. Por definición, esas redes son a la vez internacionales y fundadas en estrechas relaciones personales, conciliando así la globalización del grupo con la cohesión de un pequeño grupo homogéneo de hombres que se conocen bien. Esa solidaridad de ex combatientes internacionalistas que compartieron los mismos campos de entrenamiento y los mismos combates es la que da flexibilidad y fiabilidad a esas redes.

Ahora bien, como analizó acertadamente Marc Sageman 10, ese espíritu de cuerpo se halla en ambos extremos del viaje iniciático hacia la guerra santa afgana. En efecto, es en el seno de un pequeño grupo de "amigos" donde los candidatos se radicalizan (en una ciudad universitaria, en un barrio, o en una mezquita) y toman la decisión de partir. Una vez en Afganistán (o en Bosnia, o en Chechenia) toman contacto con otros "hermanos", provenientes -por ejemplo- de Malasia o de Pakistán, con los que eventualmente se reunirán en esos países.

Muchas veces, los miembros de la red actúan ignorando la lógica que debería regir una verdadera clandestinidad: así es que comparten departamentos o cuentas bancarias, son testigos del matrimonio de un compañero o del testamento de otro. La hermeticidad proviene del efecto de grupo y no de técnicas de una acción secreta.

Así resulta que el estado mayor, las células de base, las redes internacionales y la cadena de mando de Al-Qaeda, están fundadas en vínculos personales, forjados en Afganistán o a nivel local, y que luego son traspuestos a una dimensión transnacional y "desterritorializada" (viajes, instalación en otros países, adopción de varias nacionalidades, etc.). La camaradería cumple una función muy importante, muchas veces reforzada por lazos matrimoniales que no tienen nada de "tradicionales": muchos miembros suelen casarse con la hermana de un amigo y no con la mujer elegida por los padres. Ello implica relaciones de pareja modernas, como testimonia la esposa del asesino de Massud, según la cual su marido zurcía él mismo su ropa 11. Esas relaciones muy personales son la fuerza y a la vez la debilidad de esas redes.

A veces, a la policía le alcanza con tirar del hilo -a partir de un militante conocido- para deshacer toda la madeja (a riesgo de acusar a inocentes cuyo único error consistió en compartir la misma habitación o asistir a la misma mezquita de un sospechoso). Así, uno de los responsables del atentado de Madrid, Jamal Zugam, había sido señalado por la policía francesa a la de España y brevemente detenido por ésta, en noviembre de 2001. A pesar de que aún no existen bancos de datos sobre los voluntarios que viajaron a Afganistán, queda claro que una gran cantidad de ellos serán identificados, por los documentos hallados en ese país, las detenciones, los falsos pasaportes utilizados, etc. Pero sobre todo porque con la pérdida del santuario afgano, prácticamente no existe ningún lugar donde reconstruir esa solidaridad de veteranos. Al respecto se habla de Chechenia, del Sahel, de las zonas tribales paquistaníes y hasta de Fallujah, pero ninguno de esos lugares -aun contando con el favor de las autoridades locales- puede constituir un santuario duradero, debido a la vigilancia y a los ataques puntuales de que son objeto. En síntesis, la generación de los ex-combatientes de Afganistán se está reduciendo (la técnica de los atentados suicidas, evidentemente, contribuye a ello) y le cuesta renovarse.

Por lo tanto, para evitar la marginalización, Al-Qaeda debe ampliar su reclutamiento y establecer alianzas. Pero no dispone de relevos, pues no es un movimiento político con una dirección política, una estructura militar, camaradas de ruta, organizaciones de simpatizantes, etc. Tratándose simplemente de una red de activistas, sólo existe en la medida en que comete atentados, por lo que no parece posible ninguna salida hacia el plano político. En otras palabras, Al-Qaeda sólo puede aliarse con grupos combatientes (aun cuando éstos pueden tener una dimensión política, como en el caso de los talibanes o de los chechenos).

Tres estrategias son así posibles para tratar de establecer nuevas alianzas, o simplemente para pasar el relevo: la franquicia, la asociación con otros grupos y el bandolerismo.

La franquicia ya está en funcionamiento. Los autores de atentados "locales", es decir, cometidos por militantes en su propio país, hayan hecho o no un viaje a Afganistán, entran en esta categoría. Un grupo local, sin lazos directos con el estado mayor de Al-Qaeda, como ocurrió en Casablanca (o conectado indirectamente, como en el caso de los atentados de Djerba y de Estambul) actúa en nombre de la organización o ella reivindica su acción. Por otra parte, alcanza con que la opinión pública o las autoridades locales atribuyan la acción a Al-Qaeda para que el efecto sea el mismo. El abanico de objetivos es suficientemente amplio (todo lo que tiene que ver con la presencia occidental, con el judaísmo o con los intereses estadounidenses) como para que siempre ocurra algo en alguna parte, dando así la impresión de que Al-Qaeda está en todos lados.

Esas conexiones locales pueden ir de una organización estructurada y radicalizada (la Jemah Islamiyya en Indonesia, o los grupos extremistas paquistaníes, cuyos miembros estuvieron en Afganistán junto a Al-Qaeda, e incluso el grupo Zarqaui en Irak) a una "banda" o a un movimiento de rebelión juvenil, dado que delincuencia y fenómenos de secta pueden conjugarse en torno de un líder local, como en el caso del atentado de Casablanca. Incluso pueden constituirse células entre internautas instruidos y políglotas, las que luego afirman pertenecer a Al-Qaeda. Por lo cual el "alqaedismo" podría sobrevivir a la desaparición de Al-Qaeda.

Ese sistema de franquicias resulta fácil en la medida en que siempre existió un movimiento extremista que recluta y opera con esquemas similares a los de Al-Qaeda, pero sin estar orgánicamente ligado a ella, como los grupos franceses de la red Kelkal 12 o la "banda de Roubaix" 13, que datan de 1995 y 1996 respectivamente. También cabe suponer que miembros de movimientos neo-fundamentalistas, pero no "guerrasantistas" -como los Tablighis 14 e incluso el Hizb ut-Tahrir 15- decidan pasar a la acción individualmente utilizando la marca de Al-Qaeda. Así, los atentados de Tachkent de julio de 2004 contra las embajadas de Estados Unidos y de Israel pueden haber sido obra de miembros del Movimiento Islámico de Uzbekistán (MOI) que lucharon junto a Al-Qaeda contra los estadounidenses en Afganistán, o bien de disidentes del Hizb ut-Tahrir, aunque la primera hipótesis parece la más verosímil.

Así ocurre que veteranos de Afganistán se vuelven autónomos, como Al Zarqaui (independientemente de la realidad del papel que se le atribuye). A los voluntarios extranjeros que se hallarían en Fallujah les conviene utilizar la marca y hacer creer que existe una organización internacional más estructurada de lo que está en realidad.

El caso saudita es más complejo. Por una parte, hay muchos ex voluntarios de Afganistán entre los extremistas que lanzaron los ataques de 2004 (los sauditas son mayoritarios entre los voluntarios musulmanes que combatieron en todos los frentes, desde Afganistán hasta Chechenia, pasando por Bosnia). Teniendo en cuenta el origen saudita de Ben Laden y el papel que éste jugó para permitir la llegada de combatientes sauditas a Afganistán en la década de 1980, cuando disponía aún de buenos contactos con los servicios secretos de su país (su ruptura con el régimen, al principio muy relativa, data de 1991), es probable que conozca personalmente a muchos jefes de los grupos extremistas.

Los ataques perpetrados en Arabia Saudita están dirigidos más contra los extranjeros (incluidos los árabes) y contra los símbolos de la presencia foránea que contra el aparato del Estado. Por lo tanto, se asemejan a las acciones de Al-Qaeda. Aunque los terroristas desean claramente la desaparición de la monarquía, el método empleado no obedece a una estrategia revolucionaria. Por otra parte, en ese movimiento propiamente saudita no se halla ningún voluntario extranjero y sus militantes no poseen una trayectoria internacional -fuera de un eventual paso por Afganistán o por Chechenia-, contrariamente a los otros militantes de Al-Qaeda. Por último, ese movimiento no firma sus acciones con el nombre de Al-Qaeda, aunque no rechaza esa denominación.

La omnipresencia de esa etiqueta se explica entonces por dos lógicas contradictorias. Por un lado, la intención de ciertos regímenes, desde Tashkent hasta Moscú, de ver en todos lados la mano de Al-Qaeda para poder presentarse como miembros plenos del club antiterrorista y hacer olvidar su política represiva. Pero también los activistas tienen interés en hacer creer que Al-Qaeda está en todos lados: Ben Laden para aparecer como el gran director de orquesta y los menos famosos o importantes, para asegurarse la repercusión de sus acciones.

Por lo tanto, se trata en efecto de una política de franquicia: la organización-madre define la línea y presta su marca a los concesionarios. Sistema que se ve facilitado por el hecho de que Al-Qaeda nunca fue una organización "leninista", preocupada por el control estricto de sus miembros: estos disponen de una gran autonomía, y la dirección delega fácilmente la iniciativa en los jóvenes y hasta en los conversos (lo que resulta totalmente novedoso en una organización islamista radical).

El lugar de los conversos

En cuanto a la búsqueda de alianzas, ésta se realiza a expensas de la pureza ideológica, pero Al-Qaeda no tiene otra opción si no quiere quedar aislada. Sus militantes se aliaron regularmente a grupos musulmanes que tenían objetivos puramente locales: los talibanes, los extremistas chechenos o algunos sunitas iraquíes, pero todos reivindicaban el concepto de guerra santa. Esas alianzas podrían extenderse en tres direcciones.

1) Una alianza con movimientos nacionalistas o étnicos (como ocurrió en Bosnia, en Chechenia y como al parecer ocurre en Irak). En esos casos los "internacionalistas" no desarrollan una estrategia propia, sino que sirven únicamente de vanguardia militar, en el contexto de una acción ejercida exclusivamente sobre el territorio nacional. Funcionan como una "legión extranjera", de la que es posible deshacerse una vez terminada la guerra, como ocurrió en Bosnia y podría ocurrir en Irak.

De todos modos, no se puede excluir que ciertas franjas extremistas de los movimientos nacionalistas decidan, en un gesto desesperado, internacionalizar su lucha, como hicieron los palestinos en la década de 1970. Todos los movimientos de liberación nacional, independientemente de la importancia que atribuyan al islam (el Hamas palestino, los chechenos de Chamil Bassaiev) operan en su propio territorio y en el del país que consideran la potencia ocupante. Ningún miembro de Al-Qaeda actúa en el territorio palestino-israelí, y ningún palestino (de Gaza o de otros territorios ocupados) participó en acciones de Al-Qaeda. Sin embargo, no cabe descartar que, frente a la represión y al aislamiento internacional, ciertos grupos decidan extender el conflicto aliándose con los internacionalistas del movimiento.

2) Una alianza de Al-Qaeda con un sector de la ultra-izquierda extremista y violenta (heredera de la Banda Baader, de Acción Directa, de las Brigadas Rojas, etc., o incluso con la extrema derecha). El enemigo es el mismo: el orden mundial representado por el "imperialismo estadounidense". Al-Qaeda fascina a quienes están en busca de una ruptura con el orden establecido y aprovecha la casi total desaparición de la extrema izquierda marxista radicalizada, convertida a un altermundialismo que no toca los verdaderos espacios de exclusión social. Hasta ahora, para unirse a Al-Qaeda era necesario convertirse, pero esa condición podría desaparecer. Por otra parte, los objetivos de la organización nunca son religiosos y su antisemitismo se parece más al clásico antisemitismo europeo que a su versión musulmana (Hors Mahaler, que fuera abogado de Baader, luego de pasar a la extrema derecha en octubre de 2002 participó en Hamburgo de una reunión del partido islamista Hizb ut-Tahrir, violentamente antisemita).

Los conversos constituyen sin dudas un buen indicador de las futuras mutaciones: constituyen una pasarela que comunica a jóvenes occidentales con extremistas islamistas, pero que podría resultar reversible. Así se podría producir un "retorno" de los jóvenes conversos a sus medios de origen, para establecer alianzas, sea para actividades criminales o para acciones políticas. Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos, se convirtió al islam en la cárcel y elogia a Ben Laden en su último libro, L'Islam révolutionnaire 16, al igual que Nadia Desdémona Lioce, sobreviviente de las Brigadas Rojas italianas, cuando fue detenida en Italia por la policía en febrero de 2003. En los suburbios franceses, muchas conversiones al islam están más cerca del compromiso militante que de una unión mística: son más bien "conversiones de protesta".

3) El mercenarismo o el bandidaje. Si finalmente se logra neutralizar el centro de Al-Qaeda, algunos veteranos de Afganistán o ciertos miembros potenciales de la organización pondrán en venta en el mercado las técnicas aprendidas, las redes de contactos y la imagen de marca de la organización. De esa manera podrían vincularse con redes mafiosas o transformarse ellos mismos en una mafia. Podrían incluso trabajar como mercenarios para algunos servicios secretos, como hicieron en su momento el palestino Abu Nidal y Carlos.

Ningún Estado se aventura por ahora a encarar semejante reclutamiento, por temor a la reacción estadounidense directa. Pero la situación podría cambiar si un empantanamiento de Estados Unidos en Irak lo pusiera en una situación de debilidad y si la orfandad de las redes de Al-Qaeda y la confusión sobre el fin y los medios de la "guerra contra el terrorismo" acabara por abrir una zona gris donde ya no se supiera quién es quién. Tales evoluciones son posibles en la medida en que los espacios en que se mueven los militantes internacionalistas requieren conexiones y apoyos con redes de traficantes, con posibles complicidades del aparato del Estado (como, por ejemplo, en las regiones tribales de Pakistán).

En todos los casos, el fenómeno Al-Qaeda y sus avatares se sitúa antes que nada en el plano transnacional y sólo tiene vinculaciones circunstanciales con Medio Oriente. La dinámica de movilización y de acción sólo está vinculada de manera indirecta con los conflictos de la región, los que se inscriben antes que nada en lógicas nacionalistas. Actualmente se tiende a "sobre-islamizar" a Al-Qaeda y a desestimar su dimensión global, antiimperialista y tercermundista. Sin duda, la lógica del movimiento no será tanto la de encarnar la defensa del islam como la de convertirse en la vanguardia de los movimientos opuestos al orden establecido y a la hiperpotencia estadounidense.

  1. Jason Burke, Al Qaeda, casting a shadow of Terror, I. B. Tauris, Londres, 2004.
  2. Sospechado de haber servido de apoyo a los terroristas que atacaron el World Trade Center.
  3. Lawrence Wright, "The Terror Web, Where the Madrid bombings part of a new Al Qaeda Strategy, driven by the Internet?", The New Yorker, 2-8-04.
  4. Detenido en la frontera entre Estados Unidos y Canadá en diciembre de 1999 con explosivos. Posteriormente "colaboró" con la justicia estadounidense.
  5. Acusado en Francia de haber preparado un atentado contra la embajada estadounidense en París.
  6. Francés detenido en Estados Unidos, acusado de participar en los atentados del 11-9-01.
  7. Alias "Abu Omar", está acusado por la justicia belga de haber albergado y guiado a los dos kamikazes tunecinos que asesinaron al comandante Massud el 9-9-01.
  8. Condenado por haber intentado accionar un explosivo escondido en su zapato durante un vuelo París-Miami, el 22-12-01.
  9. Detenido en el aeropuerto de Chicago en mayo de 2002. Está acusado de entregar a Al-Qaeda informaciones para construir una bomba radioactiva. Ver Augusta Conchiglia, "Guantánamo, la 'legalidad' imperial", Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, febrero de 2004.
  10. Marc Sageman, Understanding Terror Networks, University of Pennsylvania Press, 2004.
  11. Malika el Aroud, Les soldats de Lumière, A. S. B. L. Les Ailes de la Miséricorde, rue de l'Eglise Sainte-Anne 93, 1081 Koekelberg-Bruselas, 2003.
  12. Red dirigida por Khaled Kelkal, muerto a manos de los gendarmes franceses y sospechado de organizar una ola de atentados en Francia, entre ellos el de la estación de metro Saint-Michel en París, en julio de 1995.
  13. Esa banda cometió varios asaltos a mano armada que degeneraron en tiroteos en la zona norte de Francia durante 1996.
  14. O Jama'at al tabligh, sociedad para la propagación del islam, que existe en Arabia Saudita, en Marruecos y en los países del Océano Índico.
  15. Partido de la liberación, con sede en Londres. Ver Olivier Roy, "El islam al pie de la letra", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2002.
  16. Ediciones du Rocher, París, 2003.

Cronología del terrorismo y antiterrorismo

11 de septiembre de 2001
Cuatro aviones son desviados por kamikazes. Dos chocan contra el World Trade Center de Nueva York, uno en el Pentágono cerca de Washington, y el último se estrella en un campo de Pensilvania. En total estos atentados produjeron 2.800 muertes.

7 de octubre de 2001
Comienzo de la operación “Libertad duradera” en Afganistán. Los talibanes son expulsados de Kabul el 13 de noviembre.

Octubre de 2001
Adopción en Estados Unidos del “Acta Patriótica” (Patriot Act) que, entre otras medidas, refuerza la posibilidad de recurrir a las escuchas telefónicas y la vigilancia de las comunicaciones por internet, flexibiliza las condiciones de pesquisa de los domicilios y extiende la duración de la detención de extranjeros sospechados de actividades terroristas.

Noviembre de 2001
Adopción en Francia de la Ley de “seguridad cotidiana”, que extiende el poder de la policía en las pesquisas y registros.

Enero de 2002
Los primeros prisioneros de la “guerra contra el terrorismo” son transferidos a la base militar estadounidense de Guantánamo (Cuba).

29 de enero de 2002
El presidente George W. Bush, durante su discurso sobre el estado de la Unión, designa a Irak, Irán y Corea del Norte como “el eje del mal, armado para amenazar la paz del mundo”.
11 de abril de 2002
Un camión bomba explota contra la sinagoga de Djerba (en Túnez): 19 muertos.

8 de mayo de 2002
Ataque de un coche bomba contra miembros de la Dirección de la Construcción Naval francesa en Karachi (Pakistán): 14 muertos.

12 de octubre de 2002
En Bali (Indonesia) una serie de atentados contra dos clubes nocturnos de Kuta Beach y el consulado estadounidense provocan 187 muertos y más de 300 heridos.

28 de noviembre de 2002
Un coche bomba lanzado contra un hotel de Mombasa tuvo un saldo de 11 muertos. Poco después, un avión civil israelí escapó a un ataque con misiles.

20 de marzo de 2003
Comienzo de la invasión anglo-estadounidense a Irak, bautizada “Choque y terror”. Bagdad cae el 9 de abril.

12 de mayo de 2003
Una ola de atentados suicidas simultáneos afecta a tres complejos occidentales en Ryad (Arabia Saudita): 35 muertos.

16 de mayo de 2003
Cinco atentados suicidas dirigidos a varios restaurantes, un hotel, representaciones diplomáticas y al centro cultural judío causan 42 víctimas en Casablanca (Marruecos).

19 de agosto de 2003
Un atentado suicida contra la sede de Naciones Unidas en Bagdad produce 25 muertos, entre ellos Sergio Vieira de Mello, representante especial del secretario general.
9 de noviembre de 2003
Atentado con un coche bomba dirigido a un complejo de residentes extranjeros en Ryad: 17 muertos.

15 de noviembre de 2003
Atentados contra dos sinagogas en Estambul (Turquía): 32 muertos.

Febrero de 2004
Adopción en Francia de la ley llamada “Perben 2”, dirigida a luchar contra la gran criminalidad y el terrorismo.

11 de marzo de 2004
Explotan bombas en trenes de pasajeros al llegar a la estación de Atocha, en Madrid: 200 muertos.
 
22 de marzo de 2004
Durante una cumbre en Bruselas, la Unión Europea crea la función de coordinador para la lucha contra el terrorismo y la confía al holandés Gijs de Vries.
 
Mayo de 2004
Indignación en el mundo entero luego de la publicación de testimonios, acompañados de fotografías, sobre las torturas practicadas por el ejército estadounidense en la prisión de Abu Ghraib (Irak).

28 de mayo de 2004
La Unión Europea da su acuerdo para la implementación de un sistema de transferencia sistemática de datos de los pasajeros aéreos hacia Estados Unidos.

30 de mayo de 2004
Tomados como rehenes en Al-Khobar (Arabia Saudita), 22 empleados de una empresa petrolera son asesinados antes de que pueda intervenir la policia del reino.


Autor/es Olivier Roy
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 63 - Septiembre 2004
Páginas:16,17,18
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Terrorismo