Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Mujeres en las calles de Buenos Aires

Conmemorado por primera vez en 1984, apenas recuperada la democracia, el Día Internacional de la Mujer vio desfilar este 8 de marzo a miles de ellas por las calles de Buenos Aires. De entonces a hoy, el balance arroja luces y sombras y una creciente conciencia y participación de las mujeres de Argentina en la lucha por sus derechos específicos.

Dos actos callejeros marcaron la apropiación por las mujeres del espacio público en la conmemoración de su día, aparte de los múltiples actos realizados en ámbitos cerrados. Uno de ellos fue una marcha convocada por el Plenario de Trabajadoras, apoyada por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), la Corriente Clasista Combativa (CCC), Mujeres de Izquierda, Amas de Casa del país, entre otras organizaciones de izquierda y de mujeres, que se movilizó a media tarde desde el Congreso de la Nación hasta Plaza de Mayo, donde tiene su sede la Presidencia de la República.

El otro fue la convocatoria, por segundo año consecutivo, de la llamada Peatonal Feminista: a partir de las 19 horas y casi hasta las 23, grupos feministas cortaron la calle Montevideo entre Sarmiento y Corrientes, frente a la Librería de Mujeres, donde se instaló un escenario. Hubo canto, dramatizaciones, música y murga, intercalados por la lectura de un documento.

De algunos talleres realizados en el curso del XVº Encuentro Nacional de Mujeres que tuvo lugar a mediados de octubre de 2000 en la ciudad de Paraná (provincia de Entre Ríos), surgió la iniciativa de conmemorar el 8 de marzo con una marcha de características político-gremiales que reuniera las reivindicaciones de las mujeres en torno de tres ejes: contra la pobreza y la desocupación; contra todas las formas de violencia hacia la mujer; por los derechos sexuales y reproductivos. Esta iniciativa confluyó con la voluntad de las trabajadoras nucleadas en la CTA y de militantes de organizaciones de izquierda, entre las que destacan las de la Corriente Clasista Combativa -CCC- con un trabajo esforzado y significativo con las "piqueteras" (mujeres desocupadas que participan en los cortes de rutas) y de autoorganización de las mujeres de barrios carenciados contra la violencia doméstica, con "escraches" (manifestación ante domicilios o lugares de trabajo) de violadores y golpeadores.

La declaración conjunta de las organizadoras de la marcha desarrolla los tres ejes originales, denunciando especialmente la pérdida de protección laboral de la maternidad, la postergación de la edad de jubilación y proponiendo un Seguro de empleo y formación para los jefes/as de familia desocupados. Destaca asimismo la necesidad de crear las condiciones para que se efectivicen las leyes contra la violencia doméstica, social e institucional y, entre los derechos sexuales y reproductivos, menciona la despenalización del aborto y el respeto a la libre opción sexual. Por último, anuncia que levantarán las mismas consignas en la marcha del 25º aniversario del golpe de Estado del 24-3-76 y en las jornadas de protesta contra la Asociación de Libre Comercio Americana (ALCA), que tendrán lugar en Buenos Aires a principios del próximo mes de abril, coincidiendo con la reunión de cancilleres americanos preparatoria de la de Presidentes, prevista para el 20 de ese mes en Canadá.

La Peatonal fue convocada por la Asociación de Trabajo y Estudio sobre la Mujer (ATEM) 25 de noviembre; el Centro de Encuentros Cultura y Mujer (CECyM); el Centro Interdisciplinario de Estudio sobre las Mujeres de Rosario (CEIM); el Centro de Documentación y la Librería de Mujeres -proyectos ambos del Taller Permanente de la Mujer-; Las Fulanas, Las Lunas y las otras, Madres Lesbianas, Feministas Autónomas y Mujeres Libres.

Esta convocatoria prescinde de banderas partidarias y sindicales; es más celosa de la autonomía feminista y de la especificidad de sus planteos. El documento leído propuso en lo esencial disminuir la jornada laboral sin quita salarial para redistribuir el empleo disponible; igualdad de remuneraciones y de oportunidades de empleo y formación para mujeres y varones; reconocimiento del aporte del trabajo doméstico al Producto Bruto Nacional; más y mejores servicios, leyes y campañas de concientización sobre violencia doméstica y sexual; persecusión efectiva de traficantes y proxenetas y cese de la represión sobre las mujeres y niñas que ejercen la prostitución; despenalización y legalización del aborto y campañas de prevención del VIH-SIDA no discriminatorias; respeto a la orientación sexual con reconocimiento legal de las parejas lesbianas. 

Un día de lucha 

Estos actos recuperan para las feministas y el movimiento de mujeres el origen combativo de una fecha que los complacientes saludos oficiales y la utilización publicitaria pretenden cooptar. En efecto, el 8 de marzo de 1908, 129 obreras de la fábrica textil Cotton en Nueva York tomaron su lugar de trabajo en demanda de jornadas laborales de 10 horas, igual remuneración por igual trabajo respecto de los varones y franco dominical. En un incendio del establecimiento provocado por el empleador, murieron todas carbonizadas. En 1910, en el Congreso de Mujeres Socialistas, Clara Zetkin propuso que el 8 de marzo fuera consagrado Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En 1975 las Naciones Unidas lo declararon Día Internacional de la Mujer.

Esta fecha se conmemoró por primera vez en Argentina el 8 de marzo de 1984, recién restaurada la democracia. Ese día, varios miles de mujeres se concentraron en la Plaza de los Congresos, convocadas por la Multisectorial de la Mujer, organismo que reunía mujeres de partidos políticos, gremialistas, agrupaciones culturales, asociaciones femeninas y organizaciones feministas. De los reclamos presentados entonces, se cumplió la ratificación de la Convención de Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, la igualdad de los hijos ante la ley y la modificación de la ley de patria potestad. No así, en cambio, el cumplimiento de la ley sobre igual salario a igual trabajo: en la Argentina de hoy las mujeres ganan en promedio el 30% menos que los hombres por igual trabajo y calificación; tampoco la reglamentación de guarderías infantiles (una ley del gobierno peronista de 1975, que nunca se aplicó). En cuanto a la creación de la Secretaría de Estado de la mujer, en 1984, durante el gobierno de Raúl Alfonsín se instauró una Dirección de la Mujer dependiente del Ministerio de Acción Social, que en el año 1987 se elevaría al rango de Subsecretaría de la Mujer. En 1991 el presidente Carlos Menem -que al asumir había instaurado una Secretaría, para eliminarla a los pocos meses- estableció el Consejo Nacional de la Mujer, todavía vigente, que depende del Poder Ejecutivo. 

Un balance 

De aquellos reclamos a los actuales, la situación de las mujeres se ha agravado en los aspectos económico y social, pero ha habido un evidente avance de conciencia, que se refleja en las exigencias de los documentos de los actos de este 8 de marzo: aunque con énfasis significativamente diferentes y diferentes grados de elaboración, ambos documentos exigen la despenalización del aborto y el respeto a la libre opción sexual, dos de las cuestiones más arduas para instalar socialmente.

En el terreno de la violencia doméstica y sexual se ha avanzado en la visibilización de esos hechos como problemas sociales y en las campañas y leyes que la combaten (como lo ilustra la redefinición de la violación en el Código Penal -en marzo de 1999- ya no concebida como un ataque el honor sino a la integridad sexual; y la ley contra la violencia familiar sancionada el 6-12-00 por la legislatura de la provincia de Buenos Aires). Pero se hace sentir la ausencia de políticas preventivas y la promoción del cambio cultural, que podría darle pleno sentido a las leyes así renovadas.

Hace años que en Argentina no se renueva una convocatoria unificada como la de aquel primer 8 de marzo en democracia. Esta dispersión pone en evidencia la dificultad inherente a un movimiento social como el feminismo, que atraviesa sectores sociales y posicionamientos políticos diversos, agravada por el deterioro de la vida pública y las iniciativas civiles. A esto se suman las dificultades propias de las relaciones entre un movimiento social y las estructuras tradicionales partidarias y sindicales. Estas últimas tienden a subordinar las demandas específicas de las mujeres a sus propias prioridades y disciplina, en el mejor de los casos. A su vez, las feministas que priorizan aquellas demandas sacrifican su posible peso y repercusión social. Les cuesta obtener el reconocimiento del carácter invariablemente político de sus planteos.

Estas relaciones, cuya necesidad y dificultades se pusieron en evidencia en el Foro de Porto Alegre de enero de 2001, prometen madurar en la medida en que tanto las promotoras de la marcha como las convocantes a la Peatonal inscriben explícitamente su accionar en la resistencia a la mundialización, y reafirman la dimensión central que tiene la lucha contra el sexismo en la construcción de una alternativa política y social.

Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 21 - Marzo 2001
Temas Trabajo, Derechos Humanos, Movimientos Sociales, Sociedad
Países Argentina