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La resistencia del Kurdistán

Aumenta la tensión en el Kurdistán iraquí, donde el ejército turco amenaza intervenir masivamente contra los combatientes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Un núcleo de inestabilidad adicional en una región ya desgarrada. ¿Quiénes son esos hombres y mujeres dispuestos a morir para realizar el viejo sueño de un renacimiento kurdo?

Un cobertizo de madera casi sofocado por el enrejado caqui de las redes de camuflaje. Fusiles kalashnikov colgados con displiscencia. Bajo ese dosel improvisado, acaban de poner una mesa. Té, verduras, carnes, frutas… Una recepción bienvenida después de las diez horas de camino que acabamos de hacer desde Erbil, la capital de la región administrada por el gobierno kurdo del norte de Irak. Una jornada entera en la ruta, bajo el calor de un mes de verano canicular. Una eternidad de senderos caóticos para llegar a esta zona árida y montañosa, situada en el extremo norte de Irak, a lo largo de las fronteras turca e iraní. A lo largo del camino, mucho más allá de de Rawandoz, las barreras de soldados del gobierno kurdo iraquí terminan por desaparecer. Una vez en esta zona tapón, que tiene una longitud de 350 kilómetros, muy cerca de la frontera con Turquía, los uniformes son diferentes: el control está a cargo del ejército del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Este repliegue estratégico de los guerrilleros de la causa kurda (peshmergas) no es nuevo. Desde 1984, cuando los separatistas del PKK iniciaron la lucha armada contra el Estado turco, enviaron aquí militantes de reserva. Se instalaron campamentos en la montaña y los dirigentes del partido, muchos de los cuales habían ido a formarse en los campos palestinos del sur del Líbano, junto a los cuadros de Yasser Arafat, venían para ayudar a organizar estas bases. Pero en ese entonces la guerrilla se desarrollaba principalmente del otro lado de la frontera, en las regiones kurdas del sudeste de Turquía. Durante los años 1980-1990, sólo los militantes más expuestos se replegaban en Irak. Porque la zona tenía otro objetivo: formar militar y políticamente los cuadros destinados a volver a Turquía para defender, por las armas, la lucha por la independencia del Kurdistán de Anatolia.

Autonomía regional

La situación cambió en 1993 con la muerte del presidente turco Turgut Özal, que apoyaba la legalización del PKK. Se derrumbó la esperanza de una solución negociada con el gobierno de Ankara. Un año más tarde, se les quitó la inmunidad parlamentaria a los diputados elegidos en la lista del primer partido pro-kurdo, el HEP (Partido del Trabajo del Pueblo). En febrero de 1999, el Presidente del PKK, Abdulá Ocalan, fue detenido y luego encarcelado en la isla turca de Imrali1. Desde los primeros meses de su detención, lanzó un llamado para poner fin a la lucha armada. Su objetivo consistía en privilegiar la “transformación democrática” de Turquía negociando la resolución de la “cuestión kurda” con las autoridades de Ankara.

Los militantes del PKK fueron llamados a trasladarse con sus armas a las montañas iraquíes. En 2002 el partido cambió de nombre, se convirtió en Congreso para la Libertad y la Democracia del Kurdistán (KADEK), y abandonó las referencias al marxismo-leninismo, mezcla de lucha de clases y de nacionalismo2. Como signo de esta evolución legalista, el Partido de la Sociedad Democrática (DTP, por sus siglas en turco), pro-kurdo, creado en 2005, que se niega a calificar el PKK como organización terrorista, obtuvo en julio de 2007 veinte escaños en el Parlamento de Ankara. Pero cerca de 3.500 peshmergas del PKK siguen en sus bases del norte de Irak. Y en suelo turco, 2.000 combatientes siguen en la clandestinidad.

En agosto de 2007, entre la decena de guerrilleros que nos reciben en los montes Zagros, se destaca un hombre. Está en la cincuentena, tiene el rostro demacrado, los cabellos castaño claro, y muestra el aire marcial de un militante de la primera hora, pero no se presenta. “¿Qué piensan ustedes de Argelia? ¿De los independentistas corsos? ¿De Guevara?” Las preguntas corren. Confiesa haber pasado veinticinco años en las prisiones turcas. Ha leído mucho. Liberado, como otros, a comienzos de 2000, se unió enseguida a los guerrilleros. Hablamos de Balzac, de Lenin… y ciertamente de Ocalan, “el” presidente de los kurdos. De pronto, nuestro interlocutor se levanta. Un auto se dirige hacia nosotros. Cinco hombres armados descienden. Uno de ellos es de más edad. Se trata de Murat Karayilan, presidente del Congreso del Pueblo del Kurdistán (KCK), la instancia colegiada dirigente del partido.

Su presencia aquí es peligrosa. Todos los saben. Pero como los bombardeos iraníes son frecuentes3, el alto responsable debe desplazarse con la mayor frecuencia posible. Nos retiran las baterías de nuestros teléfonos, y la computadora queda momentáneamente confiscada. La entrevista se desarrolla en una pieza arreglada, con alfombra en el suelo y las ventadas obstruidas. En las paredes hay retratos de los mártires del partido y de Ocalan, claro. Cuando Murat Karayilan se dispone a responder a nuestras preguntas, se acerca nuestro especialista en literatura francesa y marxista, Bozan (que no dio su nombre), y el vicepresidente del KCK, el mismo que hacía un rato trataba de hacerse pasar por un militante de base del PKK.

El presidente del KCK no sabe evidentemente nada sobre las nubes que se van acumulando en la zona que controlan sus hombres. Un acuerdo entre Ankara y Bagdad para erradicar las fuerzas “terroristas”4 del PKK; una escalada en el discurso guerrero de las autoridades turcas; el voto del Parlamento de Ankara que autoriza la intervención militar del ejército turco en el norte de Irak. Pero en ese mes de agosto, las cartas ya estaban distribuidas. “Desde febrero, los turcos concentraron miles de soldados en la frontera y el pulso electoral para las legislativas de Turquía (julio de 2007) llevó el ejército a levantar la apuesta nacionalista –explica Murat Karayilan–. Fuimos informados de las negociaciones entre Ankara, Bagdad y Washington. Simplemente espero que el AKP (Partido de la Justicia y del Desarrollo, que gobierna en Ankara) del primer ministro turco Erdogan sepa aprovechar el cable que le tienden nuestros nuevos diputados, y encuentre una solución democrática y negociada al problema kurdo”.

¿Sobre qué versaría esta negociación? ¿Mantendrá el PKK su antigua reivindicación de un solo y único Estado para las poblaciones kurdas de Turquía, Irak, Irán y Siria? “Es un objetivo que siempre está en nuestro programa, pero es lejano, responde el dirigente. En realidad, y los turcos lo saben, estamos dispuestos a negociar una autonomía regional del tipo de la que tiene Cataluña, en el marco de las fronteras de Turquía. Es una mano tendida”.

El Kurdistán de Irak, donde están refugiados los combatientes del PKK, está administrado por el Partido Democrático (PDK) y la Unión Patriótica (UPK), dos grupos que firmaron un acuerdo en 2002. Esta región dispone de una gran autonomía dentro de Irak y el PDK y el UPK son aliados de Estados Unidos. Murat Karayilan conoce todos estos parámetros de la situación regional. Comenzando por las decisiones políticas de los “hermanos” kurdos iraquíes. “El gobierno de Erbil (provincia del norte de Irak) ya ha participado en dos guerras “sandwich” contra nosotros, al lado de los turcos, en los años 1990. Espero que no cometerá el mismo error. Pero el pasado nos enseña a no contar más que con nosotros mismos –comenta Karayilan–. El hecho es que la cuestión kurda es un punto central del proceso democrático en la región. En Irak, los estadounidenses tomaron la decisión correcta al apoyar desde 1991 la voluntad de autonomía de los kurdos. Si quieren ir más lejos, especialmente en la democratización de la sociedad turca, estarán obligados a mirar más lejos que Irak”. Al mirar al dirigente del KCK, tengo el sentimiento de leer en sus ojos una duda. Y, si, en el fondo, nadie tuviera necesidad del PKK…

La lucha por el Gran Kurdistán

Durante varios días visitamos “puestos” de peshmergas en la montaña. Como ese campamento de mujeres jóvenes, miembros del YJA-Star (la sección femenina del Ejército de Liberación, APK), que representa el 40% de las fuerzas combatientes. A más de 2.000 metros de altura, camuflada entre árboles y rocas, su base linda con el macizo que marca la frontera turca. Estas militantes son jóvenes; muchas vienen de Turquía, pero otras han nacido en Siria, Irán o Irak. Askê, originaria de un pueblo del sur de Izmir, tiene 21 años y lucha desde los 14. “Mis padres estaban muy comprometidos con el partido –nos confía–. Yo retomé la bandera en el liceo. Con la convicción de que la liberación del pueblo kurdo pasa también por una lucha contra las relaciones feudales impuestas a las mujeres”.

Para alimentarse, todos los combatientes de esta zona cultivan una huerta. Una fuente de agua corre muy cerca. Una vez por semana, un servicio logístico –cuya organización se mantendrá “confidencial”– les trae arroz, carne, cigarrillos, pilas, etc. Y también periódicos y las declaraciones del presidente Ocalan, notificadas por escrito por su abogado, una de las pocas personas habilitadas para verlo en su isla-prisión. Para la actualidad reciente, un pequeño puesto de radio le permite al grupo mantenerse conectado con el mundo exterior, especialmente gracias a la BBC. Los combatientes debaten regularmente sobre “temas políticos y sociales”, según un orden del día fijado de antemano. “Es una manera de continuar instruyéndonos mutuamente”, asegura la jefa de sección, de 35 años, la decana del campamento.

A su lado, está Orín, que vino de Alepo para formar parte de la guerrilla: “También en Siria la presión sobre la población kurda es muy fuerte. Cuando la sección local del PKK me propuso venir a formarme aquí, acepté enseguida”. Su deseo es volver a Siria para “seguir la lucha política”. ¿Y si el PKK llega a negociar la autonomía en Turquía? “Eso estará bien, como en Irak. Pero la lucha deberá continuar hasta que obtengamos el gran Kurdistán tal como prometieron los Aliados en 1920”5.

Vuelta al campamento base donde pasamos la noche. Al pie de rocas cuyas formas imponentes se adivinan detrás de la tienda principal, los militantes miran, fascinados, la pantalla de una improbable televisión. A algunos metros, el disco blancuzco de una antena satelital soluciona el enigma. Los Visitantes II, ¡en versión turca! Los rostros de los guerrilleros se dibujan en la luz cambiante de las imágenes que se suceden, frecuentemente interrumpidas por los estertores de una transmisión aleatoria. Cerca de las mesas de madera que se utilizan para las comidas hay un retrato en blanco y negro: el rostro inmortalizado de uno de los fundadores del PKK.

A las cinco de la mañana el grupo ya está reunido ante su jefe. Diez de ellos deben buscar madera, en un ascenso extenuante de una hora sobre una pendiente abrupta; para aprovisionar cada día la estufa dedicada al tradicional té. Desayuno. El jefe se une a nosotros. Es un muchacho de cerca de 30 años, de rostro cerrado, duro, que arrastra una pierna cuando se desplaza. “Fui herido en un choque con el ejército turco”, nos confía de entrada. Nacido en Dyarbakir, la capital histórica del “Kurdistán del norte”, Ahmed se unió al PKK a los 14 años. “En mi región, la represión turca fue muy dura: hubo miles de pueblos destruidos y centenas de miles de personas desplazadas a la fuerza. Era en los años 1990. Estoy aquí desde hace dos años. Es una decisión que exige un carácter aguerrido y muchos sacrificios. Los cohetes turcos, los misiles iraníes… cada día, se roza la muerte. Pero si no luchamos por el pueblo kurdo, ¿quién lo hará?”

Entre septiembre y octubre, la tensión ha ido en aumento en Kurdistán, donde varias escaramuzas enfrentaron al ejército turco y a los combatientes del PKK. Vuelvo a pensar en las palabras de Murat Karayilan: “Desde hace años, hemos suspendido las incursiones a Turquía y allí nuestra guerrilla no hace más que responder a los hostigamientos de los soldados turcos. Pero si mañana Turquía elige la guerra abierta, sabremos reaccionar. Y todo el pueblo kurdo se levantará a nuestro lado”.

 

  1. Michel Verrier, “En Turquie, procès au peuple kurde”, Le Monde diplomatique, París, junio de 1999.
  2. Michel Verrier, “Paysages kurdes avant la bataille”, Le Monde diplomatique, París, octubre de 2002.
  3. Algunos combatientes kurdos iraníes también están refugiados en la zona.
  4. El PKK está inscripto desde 1997 en la lista de organizaciones “terroristas” establecida por Estados Unidos. Clasificación que la Unión Europea adoptó en 2002.
  5. Al final de la Primera Guerra Mundial, los aliados vencedores previeron la creación de un Estado kurdo, en ocasión del Tratado de Sèvres (1920). Tres años más tarde, la Conferencia de Lausana (1923) dividió la región del Kurdistán entre cuatro Estados: Turquía, Irán, Irak y Siria.

 

Autor/es Oliver Piot
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 101 - Noviembre 2007
Temas Defensa., Armamentismo, Conflictos Armados, Terrorismo
Países Irak