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Repensar la universidad argentina

Al margen de las opiniones que susciten las declaraciones del ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, y otros sucesos que han conmovido a la comunidad universitaria, es evidente que la Universidad de Buenos Aires se ha ido replegando sobre sí misma, desasida de los criterios de mercado rechazados en los años ‘90, pero también de una función innovadora de conocimientos, de conciencia crítica de la sociedad y de inserción socio-productiva de estudiantes y graduados. Si la propia UBA no corrige esta forma de autismo, corre el riesgo de languidecer hasta perder el sentido y la función que la sociedad le confiere.

"El verdadero y legítimo objetivo de

las ciencias no es otro que el de

enriquecer la vida humana con nuevas invenciones y poderes. Pero esto no lo siente la gran mayoría, pues son meros asalariados o estériles académicos.

(...) Estos dos bienes gemelos,

el conocimiento humano y el poder humano, se reducen en definitiva a uno solo."

Francis Bacon (1561-1626)

 

La cita precedente remite tanto a la importancia de la experiencia y de la práctica frente a la aridez académica como a la necesidad de fundar la sociedad sobre un conocimiento de nuevo tipo. Sir Thomas Gresham, un comerciante inglés del siglo XVII, que habría merecido ser más conocido de lo que fue en la Argentina de los Patacones y Lecop por haber descubierto la ley según la cual si existen simultáneamente una moneda buena y otra mala se tenderá a usar la mala para la compraventa y a reservar la buena para el atesoramiento, se dio cuenta de lo que Bacon afirmaba: muchos de los avances en el conocimiento de su tiempo no se producían en las universidades, anquilosadas por el aristotelismo y la escolástica, sino en la navegación y la producción artesanal. Fue por eso que creó el llamado Gresham College, para entrenar a marineros y artesanos en dominios que en las universidades no se enseñaban, como astronomía (fundamental para los viajes al Nuevo Mundo) y matemática.

Cinco siglos más tarde el problema es similar, al menos en Argentina. La experiencia y la práctica tienen escasa cabida en el mundo académico y parece abandonada la idea de fundar la sociedad sobre un conocimiento innovador. Vista desde la Universidad de Buenos Aires (UBA), la situación refiere a la desarticulación entre universidad y sociedad, tanto en relación con el aparato productivo como con la falta de prácticas de pensamiento crítico. Un conjunto de sucesivas construcciones conformaron el imaginario social respecto del papel de la universidad más grande del país en la vida social argentina: fue la vía que garantizaría la inserción y el ascenso social; fue la caja de resonancia de las necesidades de una estructura productiva desarrollista en los primeros '60; fue uno de los espacios de la preparación para el cambio social y político poco después.

Qué lugar en la sociedad

Carente de proyectos, la crisis universitaria actual pareciera responder al fracaso de la institución, en los últimos veinte años, en reencontrar su vínculo con el mundo que la rodea. Los sucesivos ajustes presupuestarios y las políticas de desprecio a los investigadores, acentuados en la larga década menemista, no constituyen la única causa de la crisis. La universidad de la democracia es, paradójicamente, la del ostracismo.

En la actualidad existen al menos dos interpretaciones divergentes sobre el papel social de la universidad. La primera postula que ésta desertó del lugar que le correspondía y que ese espacio fue ocupado por otras fuerzas, principalmente las del mercado. "Desde 1984, la UBA no se ha propuesto discutir grandes problemas o proyectos nacionales. Durante el gobierno de Alfonsín era claro que las empresas del Estado eran un problema, pero en lugar de plantearse una reforma hecha por quienes consideraban que eran valiosas y útiles, la gente, llamémosla ‘progresista', se negó a discutir el tema y quienes lo solucionaron fueron otros, con una idea completamente distinta", afirma Pablo Jacovkis, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Por otro lado, hay quienes sostienen que la idea del aislamiento académico sigue estando formulada desde una perspectiva que podría definirse como universitario-céntrica. Es el caso de Mario Albornoz, investigador principal del Conicet y director de REDES (Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior): "La universidad es una institución que tiene que estar en el contexto de la sociedad cumpliendo su cometido: formar universitarios capaces y conscientes. Pensar la sociedad, ofrecerle salidas... esa es una tarea de la sociedad, en la cual la universidad es un actor más. La UBA se ha dejado invadir tanto por los problemas de la sociedad que ha perdido noción de sus propios problemas".

Pero aun desde esta perspectiva, la producción de profesionales "capaces y conscientes" no parece cumplirse. La crisis de función que atraviesa la universidad se plasma en sus graduados, una suerte de radiografía de la situación del país cuyo derrotero es asimilable a la pauperización de la clase media. La transformación de fábricas abandonadas en sedes de algunas facultades tiene un alto sentido metafórico: en el nivel superior o universitario el desempleo creció un 270% en los últimos años. Del 3,8% que representaba en octubre de 1990 trepó al 14,1% en octubre de 2002 1. El rector de la UBA, Guillermo Jaim Etcheverry, señaló que "Argentina tiene muy poca gente con educación universitaria en su fuerza de trabajo: alrededor del 4%. Los países desarrollados tienen alrededor del 20 o 25%" 2. La UBA forma profesionales, pero la estructura económica no les puede proporcionar empleo. La situación es aun más seria si se considera que el porcentaje de graduados sobre el total de estudiantes que ingresa es mínimo 3.

Profesionales sin inserción 

A nivel nacional, desde 1986 hubo una caída de la cantidad de alumnos que eligieron estudios en ciencias básicas y tecnológicas y un aumento de los inscriptos en ciencias sociales. Esa desproporción se evidencia, por ejemplo, en que dos profesiones tradicionales, medicina y derecho, recibieron de lejos el mayor porcentaje de inscriptos en el Ciclo Básico Común en 2003 (10,4% y 10%, respectivamente), mientras que las especialidades de ingeniería recibieron apenas el 3% (informática) o el 0,9% (industrial) de los estudiantes 4. La elección estuvo sin duda condicionada por el rumbo de un país actualmente sin horizonte industrial, pero en otras épocas, cuando esto aún no era así, el imaginario social insistía en el mismo sentido. Para Jacovkis es claro que hay que reorientar la matrícula: "La UBA es una institución neoliberal: hay un mercado que son los estudiantes y, en cuanto a la selección de carreras, hacen lo que quieren. Entre las muchas banderas que el progresismo le cedió a la derecha está la de la planificación. Autonomía universitaria no quiere decir extraterritorialidad. La UBA tiene una responsabilidad muy grave en cómo gasta el dinero y una de las maneras de cubrirla es tratando de graduar los profesionales más útiles para el país".

El Estado, que ya tiene una vasta experiencia en el fracaso de las políticas de inclusión, no ha diseñado ninguna política seria para la inserción de los universitarios en la estructura socio-productiva y carece de vasos comunicantes entre sus propias instituciones. Podría decirse que una de las principales funciones de los historiadores, bibliotecólogos e historiadores del arte que egresan de la universidad debería ser abocarse al acervo documental público para la constitución de una memoria colectiva. Sin embargo, la UBA no tiene una política en ese sentido que trascienda los arrestos individuales y frecuentemente las instituciones estatales se resisten a cualquier intromisión desde afuera. Es el caso, por ejemplo, de la Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación. Para quienes eligen dedicarse a la docencia y la investigación universitarias la perspectiva tampoco es promisoria. La universidad ni siquiera es un ámbito laboral para quienes la habitan, ya que no reproduce las condiciones de existencia de su propia fuerza de trabajo. "Un profesor de más de 30 años de antigüedad, con dedicación exclusiva, estará ganando 1.700, 1.800 pesos, y eso es lo máximo que se puede pretender" 5. Según el último censo de la UBA (2000), de los 24.835 cargos docentes el 70% son rentados (apenas un 13% con dedicación exclusiva y el 70% con dedicación simple; una tarea de 10 horas semanales con una remuneración que ronda los 100 pesos mensuales) y el 30% restante son ad-honorem.

Es difícil imaginar respuestas a la situación actual de la universidad mientras no haya un proyecto claro de país, puesto que ninguna política educativa deseable se puede pensar independientemente de la política social y económica. El marco de achicamiento del Estado, precariedad de las instituciones, mutación drástica de la estructura productiva, desinterés creciente por la educación y despolitización generalizada no es el más propicio para repensar la universidad. Pero la UBA tampoco parece interesada en intervenir en la gestación de alternativas. Carece incluso de una política para enfrentar las dificultades del modelo neoliberal, a cuya consolidación contribuyó con el silencio.

Hace un tiempo,  Atilio Borón, sociólogo y politólogo, se preguntaba para qué es necesaria la universidad y respondía que "hace unos años se hubiera dicho que su función era ser la conciencia crítica de su tiempo, hoy parece que la función de la universidad es servir a las demandas del mercado. Para eso no necesitamos una universidad, bastaría con institutos terciarios. Pero ¿Argentina es un mercado? ¿O somos una Nación?" 6. La UBA ha abandonado la tarea de formar intelectuales para producir profesionales que, en una estructura como la actual, tienen menos posibilidades de insertarse en el sector público que en el privado. Marcela Mollis, del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación de la UBA, lo sintetizó con claridad: "Paradójicamente, aunque la universidad argentina del tercer milenio aspire a capacitar profesionales, estos jóvenes egresados ya no participan del histórico proceso de formación de una clase política comprometida con los destinos nacionales y con una moral pública. La preparación para las profesiones transita del ethos público hacia la búsqueda de un ethos corporativo, perfilado por las demandas de un reducido mercado ocupacional que requiere una racionalidad instrumental y eficiente para el desempeño de las profesiones en las corporaciones privadas" 7.

Repensar la institución

De este modo, en Argentina la relación universidad-estructura productiva no es otra cosa que el vínculo tan tenso como frágil entre universidad y empresas. Ese diálogo parece estar plagado de malos entendidos. Síntoma de esto es la reflexión misma de Albornoz: "Las empresas se quejan cada tanto de que no tienen ingenieros en telecomunicaciones, pero nunca se han sentado con la universidad a plantear la necesidad de fortalecer el acceso y ofrecer becas. Las señales del mundo productivo no han llegado bien a la universidad y son áreas donde las señales tendrían que haber llegado hace mucho tiempo; si llegan ahora, los chicos bien formados van a estar dentro de 10 años". La situación se revela aun más difícil si se considera que Argentina cuenta con empresarios formados en épocas de sobreprotección y dádivas fiscales, que por lo tanto están tan poco dispuestos a incorporar nuevos conocimientos generados en las universidades como la universidad a brindárselos.

La pregunta por los modos en los que la universidad se relaciona con la estructura productiva debe ligarse a los problemas de la integración social del país. El escenario más prometedor no es precisamente el que puede deparar la presencia de algunas empresas en el diseño de la currícula universitaria. Desde fines del siglo pasado, los cambios universitarios con orientación empresarial han ganado espacio en Brasil y México, y la experiencia relatada por algunos autores incluye desde la promoción de la adaptación de la educación superior al formato de "capitalismo académico" en beneficio de empresas y clases hegemónicas (Brasil), hasta el impulso desde el Estado de la participación de empresarios en la conducción y el diseño de la educación superior pública o la docencia universitaria a cargo de personal de empresas en universidades (México) 8. Este esquema de conducción empresarial-gubernamental implica una enajenación de nuevo tipo de la educación superior respecto de la sociedad en su conjunto. Ese extremo no es el problema de la UBA: al contrario, sufre el fenómeno de producir conocimiento sin destino aparente.

Una mirada al interior de la UBA revela problemas que hacen difícil un cambio de rumbo y vuelven más que problemática la reestructuración. A la pregunta "¿qué universidad para qué país?" (que ya es casi un eslogan), se responde automáticamente que el problema presupuestario es el fundamental. Pero nadie parece asumir otra pregunta posible: ¿acaso con un presupuesto adecuado esta universidad sería la que el país necesita? "La conversión del problema universitario en un problema presupuestario es una operación de enorme gravedad: se esquiva, mediante un golpe de manos, la pregunta por el qué hacer de una institución y por sus responsabilidades sociales. El aumento del presupuesto es lo que permitiría mantener todo como está pero con recursos suficientes" 9. Paralelamente, la universidad se ha abstraído en sus problemas corporativos (Buchbinder, pág. 34) y ha dejado de asumir otros. En tiempos en que la mayor contribución social sería generar pensamiento crítico y renovado, apuntala una profesionalización en crisis que en las últimas décadas implicó un alto grado de autorreferencialidad en sus proyectos de investigación, signo de una burocratización funcional. En ese sentido, el "Manifiesto de Octubre" 10, un texto colectivo producido hace unos años por graduados de la facultad de Filosofía y Letras, apuntaba: "¿Qué sería de tanta beca, pero sobre todo, qué sería de tanta arrogancia académica, si se advirtiera la futilidad de la investigación (o de lo que hoy es lo mismo: el relevamiento neutro de información) sobre el diario Tribuna entre 1880 y 1890; sobre los primeros grados de una escuela del Delta; sobre la influencia de William James en la literatura borgiana o el gerundio en Lope de Vega?".

Es cierto que no se trata solamente de que la universidad esté enclaustrada en una mirada corporativa y en una reproducción endogámica y despegada de las condiciones reales, sino que otra opción implicaría por ejemplo la inclusión del problema en el repertorio de demandas sociales. Pero si quienes confían en una institución no son capaces de pensar sus defectos, serán otros quienes la transformen, a su manera. O el cambio se desarrollará fuera de ella, como en el caso del Gresham College inglés mencionado al comienzo. Desde 1983 la UBA se abroquela cada vez más. Hoy por hoy, no arraiga en la intervención social, ni en el Estado, ni en el mercado, ni en su propia autorreproducción.

  1. El desempleo se triplicó en Argentina entre 1990 y 2002; entre los universitarios casi se cuadruplicó. Boletín de estadísticas laborales, Ministerio de Trabajo, 2003.
  2. Veintitrés, Buenos Aires, 11-12-03.
  3. Según datos de la UBA, en 2000 había 253.260 estudiantes de grado (76.788 en el Ciclo Básico Común y 176.472 en las facultades), y ese año se expidieron 12.882 diplomas de grado. La cantidad de ingresantes al CBC entre 1990 y 2003 creció de 36.612 a 71.021; la de ingresantes a unidades académicas entre 1990 y 2001, de 18.743 a 31.725.
  4. Series Estadísticas Nº 5, Universidad de Buenos Aires. Argentina tiene una altísima relación médico/habitante, según ilustran los números de la Organización Panamericana de la Salud: a nivel nacional había en 2001 un médico cada 309 personas y 80 enfermeros cada 100 mil habitantes. El rector de la UBA, Guillermo Jaim Echeverry, sostuvo ante El Dipló que para mantener ese alto nivel alcanza con graduar 1.500 médicos anuales, pero se gradúan 4.500...
  5. Veintitrés, ibid.
  6. Página/12, Buenos Aires, 12-8-03.
  7. Marcela Mollis, "Un breve diagnóstico de las universidades argentinas: identidades alteradas", Las universidades en América Latina: ¿Reformadas o alteradas?, CLACSO, Buenos Aires, enero de 2003.
  8. Ibidem. Específicamente, las referencias presentadas por Marcela Mollis y el análisis de Hugo Aboites.
  9. María Pía López, "Qué pasa cuando no pasa nada", Confines, número 14, Fondo de Cultura Económica, junio de 2004.
  10. Este documento, redactado por algunos profesores y egresados, fue distribuido en 1998.
Autor/es Mariana Canavese
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 63 - Septiembre 2004
Páginas:32,33,34
Temas Estado (Política), Educación
Países Argentina