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Qué debe cambiar para que todo cambie

Acabará el gobierno Kirchner ofreciendo a los argentinos más de lo mismo? Hay preocupantes indicios de que su evolución lo conduce poco a poco hacia ese desenlace. Esta especulación puede parecer injusta, a la vista de su decidida política en materia de derechos humanos... y muy poco más. Bastante menos si se recuerda que los derechos humanos, además de políticos y de "memoria", son económicos y sociales.

Hay dos maneras de juzgar lo hecho hasta ahora por este gobierno surgido de la crisis y el vacío de poder más grandes de la breve historia argentina. Una, considerarlo algo así como el serio y profesional auditor de una gran compañía en quiebra, cuya función es realizar un inventario, un balance, una convocatoria de acreedores y poner los asuntos administrativos en orden antes de devolver la empresa a los accionistas. Esa es, obviamente, la tarea que le hubieran confiado los preocupados inversionistas de una empresa privada que luego de un período de embriaguez ganancial, hubiesen descubierto que las gestiones anteriores no sólo habían puesto a la compañía en bancarrota, sino que corrían el riesgo de perder definitivamente el negocio. Otra, analizarlo desde la perspectiva de los ciudadanos de un país que al menos durante los últimos treinta años (el "plan económico Rodrigo" y el decreto de "aniquilamiento de la subversión" fueron aprobados por el gobierno peronista en plaza en 1975) fueron reprimidos, saqueados y finalmente estafados por el conjunto de su clase dirigente hasta un punto que, en diciembre de 2001, una suerte de agujero negro en la economía, las finanzas, las instituciones, la política, la sociedad y los valores éticos y morales, estuvo a punto de tragarse a la Nación.

Es justamente desde la óptica de esos ciudadanos que hace tres años salieron a la calle impelidos por el instinto de supervivencia como tales (o de supervivencia en sentido lato, en millones de casos), que debe seguirse paso a paso la actuación del gobierno surgido de esos sucesos. Porque no había -y sigue sin haber- programas políticos para el conjunto y la consigna espontánea de entonces -"que se vayan todos"-, aunque de signo negativo, expresaba una positiva y radical voluntad de cambio en democracia.

¿Es necesario recordar aquí los horrores de la dictadura; las atribuladas vacilaciones y retrocesos del primer gobierno radical; el desparpajo delincuencial del menemismo; las concesiones, la ineptitud y la deshonestidad profunda de la Alianza radicales/centroizquierda y ese esperpéntico espectáculo, ese gran cuadro final con casi toda la compañía en escena (militares, policías, empresarios y banqueros permanecían tras bastidores), ofrecido por los congresistas que durante casi veinte años habían aprobado o tolerado el endeudamiento espúreo del país vivando eufóricos el default proclamado por Rodríguez Saá para comprender que es eso lo que debe cambiar para que todo cambie?

Postergación de asuntos clave

Hasta ahora el gobierno ha ejercitado una retórica principista y ha producido algunos hechos -los más notorios, el pedido de perdón en nombre del Estado a las víctimas de la dictadura y la reestructuración de la Corte Suprema- propios de una decidida voluntad de cambio. Pero fuera de eso, y de una manera cada vez más evidente, se orienta a conducir los asuntos del país como lo haría un discreto y obediente administrador de intereses particulares.

La renegociación de la deuda externa ofrece posibilidades de quita, rebaja de intereses y ampliación de plazos inéditas: lo espúreo de gran parte de ella, la responsabilidad de la banca y los organismos internacionales de crédito y la deletérea situación de la economía y las finanzas internacionales favorecen un replanteo radical favorable al país. En cambio, se opta por una estrategia que, aun obteniendo el mejor resultado, compromete gravemente el futuro 1, favorece al sector financiero y a las empresas y particulares responsables de la crisis  y posterga sine die el pago de la enorme deuda social (Calcagno, Lozada, Bulard, págs. 8 a 12).

Los demás grandes asuntos pendientes están postergados y hay razones para temer que también han sido olvidados. De la indispensable reforma política que acabe con la corrupción no sólo de los partidos, sino con la trama partidos/policía/delincuencia que asola buena parte de la provincia de Buenos Aires y numerosas ciudades y provincias, ya ni se habla, hasta el punto que cierto liberalismo, escandalizado, la reclama con firmeza 2. De la imprescindible reforma fiscal que grave ganancias y riquezas a la altura de los países desarrollados, utilizando así un impecable y democrático instrumento de redistribución y modernización, se habla menos aún; en este caso el tema no interesa a los liberales argentinos 3. De la reforma previsional, que acabe con el escandaloso negocio de las AFJP y haga justicia con los jubilados 4 no es que no se hable: forma parte del conjunto de leyes que el Poder Ejecutivo impide o retrasa en el Congreso, obedeciendo a la presión de los "poderes fácticos (...), (como ocurre con) el marco general regulatorio de las empresas de servicios privatizadas o el dictamen de acusación contra el juez de la Corte Suprema de Justicia Antonio Boggiano" 5. En el campo sindical, el gobierno sigue desentendiéndose del evidente acto de justicia que representaría otorgar la personería jurídica a la CTA y, mucho más que eso, de disponer una profunda reforma del sector -tan necesaria como la política- favoreciendo con estas omisiones a la corrupta y peligrosa -para la democracia- burocracia sindical.

En cuanto a la estrategia económica, cuesta entender su lógica, por más buena voluntad que se ponga en el empeño. Si la renegociación de la deuda llega "a buen término", y aun en el improbabilísimo caso de que se pueda mantener el nivel de excedente presupuestario actual, no sólo no habría dinero para inversiones productivas y para amortizar la deuda social; es altamente posible que haya que acudir a más endeudamiento y a más "ajustes" para seguir pagando, como se advierte con justeza tanto desde la izquierda como desde el liberalismo 6.

Pero dejando de lado -si es que esto es posible- el tema de la deuda: ¿cuál es la estrategia de crecimiento? En lugar de decidir claramente una política que podría resumirse en la consigna "vivir con lo nuestro... en el Mercosur"; es decir orientada hacia la ampliación del mercado interno y la complementación económica con una vecindad constituida por países que, como Argentina, tienen de todo y necesitan de todo, este gobierno se dedica a la asistencia social mínima mientras mantiene comprimido el salario con la absurda y callada pretensión de hacer competitivo a un sector industrial que, por razones que van mucho más allá del nivel salarial, ni siquiera puede competir con la producción de Brasil o Chile, por no hablar de China. Resulta particularmente escandaloso que este gobierno no tenga una política clara en el seno del Mercosur (Bilbao, pág. 4) y asuma allí posiciones proteccionistas de cortísimo vuelo (cuando se trata de propugnar mecanismos de compensación y/o complementación, a la manera de la Unión Europea), mientras elude o ignora la imprescindible derogación por el Congreso de más de medio centenar de tratados internacionales que atan al país de pies y manos (Sosa, pág. 5).

El presidente Kirchner faltó a la cita de Cusco y Ayacucho y "defendió" a la industria argentina de la brasileña en Ouro Preto en lugar de sumarse a proposiciones audaces y razonables como las del venezolano Hugo Chávez 7, pero no dejó de enviar una delegación de altísimo nivel a España (la senadora Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de Gabinete Alberto Fernández), a negociar en ese país nadie sabe bien qué aspecto de las relaciones con el FMI. Lo que sí se sabe es que el principal, aunque discreto, organizador de esa gira fue el ex Jefe de Estado socialista Felipe González, el mismo que durante la crisis argentina de diciembre de 2001, después de la renuncia de Fernando de la Rúa, esperaba en el despacho presidencial al flamante y boquiabierto presidente provisional Ramón Puerta. En su calidad de lobbista de las empresas españolas, "Felipillo" había esperado pacientemente la designación de su nuevo interlocutor, en compañía del ex jefe de Gabinete Christian Colombo. González es también un estrecho allegado al grupo Prisa, un poderosísimo multimedio que trata de ampliar sus negocios en Argentina 8.

La trampa del "posibilismo"

En suma, por razones que sólo él conoce, en lugar de apoyarse en el formidable hálito renovador que exhaló la sociedad, Néstor Kirchner da señas cada vez más claras de que ha elegido componer con el establishment. Si se le da el crédito que todavía merece, debe pensarse que ha hecho un análisis "posibilista"; que cree sinceramente en lograr su cooperación para hacer de Argentina "un país serio", su consigna electoral.

¿Pero es esto razonable? Ni con el más ingenuo optimismo es posible afirmar algo así. Desde la colonia, la sociedad argentina nunca fue un dechado de virtudes cívicas, pero al menos durante toda su historia hubo una puja entre lo que podría esquematizarse como "República vs. República bananera". Pero desde hace tres décadas resulta evidente que es el segundo término el que se ha impuesto: la República Argentina es hoy un tragico decorado de marionetas operadas por mafias e intereses del peor calibre. Teniendo en cuenta que la situación internacional, guardando todas las proporciones y salvando las excepciones, vira en la misma dirección por efecto de una crisis global de imprevisible desenlace, esperar la "reforma" de un establishment como el argentino, o la "ayuda" de gobiernos o países como Estados Unidos o los componentes de la Unión Europea, es por lo menos ingenuo. La única posibilidad que tienen países como Argentina es desentenderse de la lógica de enfrentamiento, de competencia internacional de estos tiempos, para asumir con todas sus consecuencias una estrategia de colaboración con países complementarios que tienen las mismas necesidades y los mismos adversarios. Llamar a la unidad y movilizar a la sociedad para desmafistizar al establishment y someterlo a las reglas de una República; alentar decididamente la unidad sudamericana para luchar en pie de igualdad con los otros grandes bloques, es mucho más realista que intentar la "colaboración" del establishment local o internacional. En otras palabras, la utopía de Chávez es mucho más realista que el posibilismo de Kirchner y Lula, incluso en términos electorales.

Por este camino, Kirchner tiene todas las chances de acabar como Alfonsín, convertido en un personaje político de contradictorio prestigio, desplazado de las expectativas de su sociedad. Y a quien esto le suene extremo no tiene más que pensar en las posibilidades que tuvo y desperdició Alfonsín y en la enorme popularidad de que disfrutó y dispuso hasta el tristemente célebre "felices Pascuas" de abril de 1987. Como ya se ha dicho aquí, el "posibilismo" ha fracasado, por la simple razón de que no hay margen para más de lo mismo. 

  1. Daniel Muchnik, "El costo de ‘independizarse' del FMI" y "Riesgo de ahogo en el frente externo", Clarín, Buenos Aires, 20 y 27-12-04.
  2. "Una estafa a la sociedad" (editorial), La Nación, Buenos Aires, 15-12-04.
  3. José Sbatella, "Recursos propios para la reactivación"; "El superávit es posible"; "La evasión impositiva"; "El dinero para el despegue existe", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, septiembre de 2003, marzo de 2002, octubre y agosto de 2001, respectivamente.
  4. Jorge Beinstein, "El saqueo de las jubilaciones", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 1999.
  5. Carlos Eichelbaum, "Una estrategia con eje en la mayoría legislativa",
    Clarín, Buenos Aires, 29-11-04.
  6. Luciano Laspina, "La irracionalidad de vivir sin el FMI", La Nación, Buenos Aires, 26-12-04.
  7. En distintas ocasiones, Chávez propuso a sus pares la creación de un Fondo Monetario Latinoamericano, donde los países depositen sus reservas (una adecuación de lo aprobado en enero pasado en el G-15, que no se concreta); planes de alfabetización y atención sanitaria (ofreció 100 millones de dólares para crear un fondo a tal efecto); la creación de Petroamérica, "una integración energética del petróleo, del gas, del carbón, la hidroelectricidad, la energía eólica, la energía nuclear...", y la necesidad de integrar a las naciones sudamericanas en materia de comunicaciones, tanto en el sector estatal como el privado.
  8. Norberto Aguirre, "Las relaciones entre Argentina y España: ¿Un nuevo vínculo o un regreso al pasado", La Gaceta de Económicas, publicación de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Buenos Aires, 28-11-04.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 67 - Enero 2005
Páginas:3
Países Argentina