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El movimiento social brasileño se aparta de Lula

Promediando su mandato, Luiz Inácio Lula da Silva ya no puede contar con el apoyo incondicional de los movimientos sociales. Algunos de ellos, los más radicales, se oponen abiertamente a su gobierno. Otros, como el Movimiento de los trabajadores rurales Sin Tierra (MST), adoptan una posición crítica pero de diálogo, en los términos de su dirigente más conocido, João Pedro Stedile. Otros más, como la Central Única de los Trabajadores (CUT), rechazan la política económica del gobierno al tiempo que apoyan a Lula, aunque cada vez más tímidamente.

Las sucesivas apariciones de Lula en el Foro Social Mundial de Porto Alegre (FSM) y el Foro Económico de Davos, al comienzo de su mandato, en enero de 2003, contrariaron desde un principio a ciertos sectores sociales que estimaban imposible toda forma de mediación entre ambos foros, considerados contradictorios. Otros vieron en esos viajes la voluntad de estar presente en todos los espacios posibles para llevar adelante lo que sería la prioridad de Lula como Presidente y dirigente internacional: la lucha contra el hambre.

Sin embargo, las medidas adoptadas con posterioridad demostraron que ninguna de las propuestas del FSM -calificado no obstante por Lula, el 24-1-02, frente a sus entusiastas participantes, como"la más extraordinaria realización de la sociedad civil mundial" y "el mayor acontecimiento político de toda la historia de la humanidad" fue tomada en cuenta por su gobierno: ni la reglamentación del capital financiero, ni la suspensión del pago de la deuda, ni la protección del medio ambiente, ni la lucha contra los organismos genéticamente modificados (OGM), ni ninguna otra propuesta surgida de Porto Alegre. Cuando los organismos multilaterales -desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) hasta el Banco Mundial (BM)- alabaron la política económica del gobierno, se hizo evidente que las decisiones de Lula Da Silva estaban más cerca de la estación de ski suiza que de la capital gaúcha.

Proceso de cambio

De todos modos, el divorcio entre el gobierno emanado del Partido de los Trabajadores (PT) y los movimientos sociales es el resultado de un proceso y no de un cambio brusco de orientación, aunque la llegada al poder aceleró las tendencias que se perfilaban estos últimos años.

Aunque no tenga los vínculos orgánicos que el Partido Laborista británico posee con el movimiento sindical del país, el PT tuvo siempre su expresión sindical en la CUT, así como el MST encontraba en el partido a su principal interlocutor político. A medida que fueron asumiendo responsabilidades políticas, primero a nivel municipal y luego a nivel de los Estados -y que establecieron políticas de alianzas partidarias- las instancias de dirección del PT desarrollaron una actividad específicamente política, en función de los espacios institucionales ocupados.

La elección presidencial de 1994, cuando el ampliamente favorito Lula Da Silva fue derrotado por Fernando Henrique Cardoso y su plan de estabilización monetaria, fue un hito decisivo. Desde ese momento, el PT modificó sus posiciones en su búsqueda de medios para acceder al poder. El tema de la deuda externa puso en evidencia esta transformación: el partido reivindicaba la suspensión de su pago como paso previo a una renegociación, pero durante la campaña electoral de 2002 finalmente afirmó que respetaría los compromisos asumidos (en efecto, el gobierno paga hasta el último dólar desde el inicio de su mandato).

La relación con la CUT fue siempre muy estrecha. En contrapartida, con el tiempo, los máximos responsables del PT se mostraron cada vez más incómodos frente a las ocupaciones de tierra y las presiones del MST para obtener financiaciones para los assentamentos. La dirección del partido se condujo como si el MST fuese un primo mal educado cuyo parentesco no podía negar, pero a quien molestaba su comportamiento. Quedaba claro que en adelante el PT se dirigía al sistema, a la elite, como si su institucionalización fuera un hecho concluido y justificara la condena de las acciones y declaraciones del MST.

De todas formas, Da Silva recibió el apoyo de los movimientos sociales durante su campaña presidencial, en particular gracias a las declaraciones en las que afirmaba que "ganar no servía de nada si no era para salir desde el primer día de la política de Pedro Malan" (ministro de Economía de Fernando Henrique Cardoso). Sin embargo, Da Silva firmaba al mismo tiempo un documento de compromiso titulado "Carta a los brasileños", en el que precisaba que no rompería ninguna de las obligaciones financieras contraídas por el país con el fin de frenar la fuga de capitales en curso (consecuencia de la posibilidad de su victoria, a punto tal que el "riesgo Brasil" se convertía en el "riesgo Lula").

Contradicciones internas

¿Cómo gobernar con las manos tan firmemente atadas? Los primeros signos claros de alejamiento respecto de la base popular fueron las opciones en la composición del equipo económico, que no incluyó prácticamente a ningún economista del PT ni de ningún otro sector de izquierda, sino a profesionales que provenían de los grupos liberales que trabajaron en los gobiernos precedentes. Antonio Palocci, ex alcalde de una ciudad muy rica del interior del Estado de San Pablo (Ribeirão Preto) y coordinador de la campaña electoral, fue designado para el Ministerio de Economía. La presidencia del Banco Central recayó sobre Henrique Meirelles, ex presidente del Banco de Boston, afiliado al partido de Cardoso. Simultáneamente, se anunció que iba a mantenerse la política económica del gobierno anterior.

No obstante, el poder seguía enviando señales contradictorias. Por un lado, sostenía que esa continuidad se debía a una "herencia maldita" del gobierno previo. Experto de la profesión, Palocci afirmaba que "no se cambia de médico en la mitad de la enfermedad". Por su parte, Lula declaraba que no podía revelar el verdadero estado del país so pena de suscitar aun más incertidumbres. Todos coincidían en que se trataba tan sólo de un plan de transición para conquistar la "confianza del mercado" y, a continuación, poder empezar a reducir las tasas de interés, aumentadas a partir de la primera reunión de la comisión del Banco Central. Así se reanudaría el desarrollo del país.

Poco a poco, el tono fue cambiando. Al restablecer una balanza comercial positiva, que arrojó un superávit superior al que pedía el FMI, Palocci presentó esa decisión como permanente, agregando que, si podía hacerlo, mantendría ese excedente durante diez años. Al mismo tiempo, se reunía con Cardoso y admitía que actuaba en continuidad con la política del gobierno precedente.

El elemento que marcó más nítidamente el cambio fue la propuesta de reforma de las jubilaciones. Según un modelo en perfecta correspondencia con la segunda generación de reformas preconizadas por el Banco Mundial, ésta hizo que los jubilados vuelvan a pagar impuestos; la propuesta limitó también los niveles de jubilación de los trabajadores del sector público y abrió un importante espacio para el desarrollo de sistemas de fondos de pensión, manjar del sistema financiero.

En oposición a este proyecto los sindicatos de trabajadores del sector público se agruparon para organizar, con el apoyo del MST, la CUT, parlamentarios del PT y otros partidos de izquierda, las mayores manifestaciones desde el inicio del "gobierno Lula". La expulsión de parlamentarios por la dirección del PT -los diputados João Batista, João Fontes y Luciana Genro, y la senadora Heloísa Helena- fue vista como la voluntad del partido de castigar a aquellos que no obedecían las nuevas orientaciones, incluso si éstas no habían sido adoptadas en el Congreso o durante la Conferencia Nacional del PT.

El episodio reveló la preferencia del nuevo gobierno por las soluciones del mercado a expensas del sector público: Lula definió a la reforma jubilatoria como "la acción más importante del primer año de su gobierno". Mostraba también a las elites que el poder estaba dispuesto a actuar en contra de los sindicatos del sector público -sector que había apoyado masivamente hasta ese momento al PT- y a expulsar a parlamentarios para demostrar la sinceridad de su adhesión a la política económico-financiera del gobierno Cardoso.

Esta continuidad se asoció a políticas sociales compensatorias, focalizadas, de emergencia, en conformidad, una vez más, con las recetas del Banco Mundial. El programa "Hambre Cero" y los que lo sucedieron no comportaron políticas fundadas en los derechos universales, sino que apuntaron a zonas y ciudades de "extrema pobreza" recurriendo a fichas de identificación de las familias más desposeídas.

Se reúnen así dos elementos característicos de la "tercera vía" 1: el mantenimiento de la estabilidad monetaria como principal objetivo y el desarrollo de políticas sociales compensatorias, mientras que, al mismo tiempo, ciertas conquistas del Estado de bienestar son atacadas. El objetivo es crear un clima propicio a las inversiones extranjeras.

La dicotomía, e incluso el enfrentamiento entre el Ministerio de Desarrollo Agrario y el de Agricultura refleja las contradicciones del gobierno. El ministro de Agricultura, alineado con la multinacional Monsanto, preconiza abiertamente la adopción de cultivos transgénicos, sobre todo en las plantaciones de soja del sur del país, mientras que el MST lucha fervorosamente en contra de éstos, fiel a las tesis del movimiento Vía Campesina y de los foros sociales mundiales. Del mismo modo, el ministro de Industria -él mismo gran empresario exportador de pollos- representa el modelo del agrobusiness destinado al mercado exterior, mientras que el MST lucha por un eje de desarrollo agrario llevado adelante por pequeñas y medianas propiedades que produzcan para el mercado interno.

Cuando el gobierno reajustó el salario mínimo, la oposición entre su política económico-financiera y los intereses de los trabajadores se hizo aun más evidente. Fue el Banco Central el que definió el nivel insignificante de ese aumento, pese a la oposición de la CUT y de todos los sindicatos del país. Más que en otros episodios, Da Silva sintió la rigidez del equipo económico, pero pese al carácter simbólico de esa decisión no impidió que se impusiera.

Este muy débil aumento permitió comprender la naturaleza de la expansión económica prevista para 2004, basada únicamente en la exportación y el consumo de las elites, puesto que no había recuperación de la capacidad de consumo del mercado interno, principalmente de los trabajadores. Tras dos años de estancamiento, el nivel de crecimiento previsto -alrededor de 3,5 o 4%- constituye una débil mejora, sin por ello representar una recuperación del empleo, y menos aun del poder adquisitivo de los asalariados.

Distanciamientos

Evidentemente, el gobierno dispone del apoyo de las grandes empresas y del capital financiero. Por supuesto, goza de la simpatía de los grandes medios. Puede contar también con la solidaridad de los sectores populares desorganizados que, identificándose con Lula, lo consideran uno de los suyos que logró elevarse entre las elites.

En este contexto, las elecciones municipales de octubre-noviembre de 2004 constituyeron el primer retroceso electoral del partido desde su participación en la vida democrática 2. Aunque el número de votos haya aumentado en el país, el PT vio desplazarse su presencia geográfica desde los centros políticos fundamentales (como San Pablo y Porto Alegre, ciudad-símbolo donde había gobernado durante dieciséis años), hacia regiones del interior del país, de menor peso político y nivel de politización menos elevado, como la región central de Brasil 3.

Consecuencia directa de la decepción causada por las orientaciones del gobierno, la casi total ausencia de los militantes en las calles constituyó el principal punto débil de las campañas electorales del partido. Es como si el PT hubiera perdido su alma e intentado reemplazarla por la "profesionalización", es decir, la introducción de especialistas en marketing para dirigir las campañas -más centradas en la televisión que en las calles- y de cabos eleitorais (personas remuneradas para hacer propaganda electoral) en sustitución de los militantes. Tradicionalmente, sus candidatos tenían por costumbre intensificar sus acciones en los últimos días, apoyados por los esfuerzos de sus partidarios. Pero esta vez no fue el caso.

Después de esos malos resultados, el gobierno de Lula buscó recomponer su base de alianzas políticas con un partido de centro, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), y otro de derecha, el Partido Popular (PP), con miras a la elección presidencial de 2006. La estrategia no llegó muy lejos, ya que el 12 de diciembre pasado el PMDB, principal aliado del PT, decidió abandonar la coalición en el poder y exhortó a sus miembros a apoyar un candidato propio para las elecciones presidenciales. Un día antes, el Partido Popular Socialista (PPS, ex comunista) también había roto sus lazos con el PT. Los ministros pertenecientes a estos partidos decidieron permanecer en el gobierno. No obstante, es de destacar que los responsables de ambos movimientos le reprochan a Lula llevar adelante una política económica demasiado conservadora.

Por su parte, los movimientos sociales reiniciaron las movilizaciones confirmando su toma de distancia: ocupaciones por trabajadores sin tierra que habían hecho una tregua durante la campaña electoral; oposición de los estudiantes y los profesores a la reforma universitaria considerada como "privatizante"; rechazo de la reforma del derecho laboral que anuncia un debilitamiento de los sindicatos y un avance de la precariedad del trabajo...

La experiencia de gobierno del PT y de Lula, que parecía dirigirse hacia una confluencia entre gobierno popular, partidos de izquierda y movimientos sociales desemboca, al cabo de dos años, en una cita fallida.

  1. Alusión a la "tercera vía" preconizada por el teórico del Partido Laborista británico de Tony Blair, Anthony Giddens (n. de la r.).
  2. Directamente emanado de los movimientos sociales, y en particular de la gran huelga de los metalúrgicos en San Pablo, en 1980, durante la dictadura militar (1964-1985), el PT conoce su primera gran victoria cuando, el 15-11-1988, Luiza Erundina de Souza gana la elección a la municipalidad de San Pablo. En diciembre de 1989, si bien es derrotado por Fernando Collor de Mello, Luiz Inácio da Silva obtiene el 48% de los votos en la segunda vuelta de la elección presidencial, lo que constituye en ese momento un acontecimiento histórico.
  3. En San Pablo (7,7 millones de electores), el candidato del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), José Serra, derrotó a la intendente "petista" Marta Suplicy con el 55,47% de los votos. José Fogaza, del Partido Popular Socialista (PPS) se instala en la municipalidad de Porto Alegre con el 53,32% de los votos. Más allá de esas dos derrotas simbólicas, el PT controla 411 municipalidades (contra 187 en 2000) y ha conquistado importantes intendencias -Belo Horizonte (Minas Gerais) y Recife (Pernambuco)-, así como en las periferias de San Pablo y Río de Janeiro.
Autor/es Emir Sader
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 67 - Enero 2005
Páginas:6,7
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Estado (Política), Movimientos Sociales
Países Brasil