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Empeorando progresivamente al Sur...

Por diversas razones, los países pobres son los más afectados por el cambio climático. Argentina tiene un clima que favorece la fertilidad de sus suelos y las actividades agropecuarias. Como casi todo el mundo, lo considera inmutable. Sin embargo, las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) pueden alterarlo rápidamente, calentándolo en forma global y alterando regionalmente las precipitaciones, la temperatura y la humedad.

El consenso científico casi universal plasmado en el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático del año 2001 advierte que parte del calentamiento global del siglo pasado tuvo origen en esas emisiones. Desde entonces, se han ido acumulando nuevas evidencias sobre un calentamiento aun más veloz.

Las actividades que causan el cambio climático están en el corazón mismo del sistema productivo. La principal fuente antrópica de GEI es la quema de combustibles fósiles, que genera dióxido de carbono. Como casi el 85% de la energía que usa la humanidad proviene de esos combustibles se entiende lo difícil y complejo que es y será preservar el clima actual dentro de márgenes que no causen daños importantes en los ecosistemas y en la producción de alimentos, objetivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).

En los últimos 30 a 40 años, las precipitaciones medias aumentaron marcadamente en casi todo el territorio argentino, pero en mayor proporción aun lo hizo la frecuencia de las precipitaciones extremas, que suelen provocar inundaciones y otros daños. Esta mayor frecuencia es un indicio científico más, entre otros, de que el cambio observado en la región está relacionado con el calentamiento global, lo que indica que el clima en Argentina es muy sensible a las modificaciones de las condiciones globales del planeta. Sin una adecuada contención de las emisiones globales de GEI, el clima relativamente benigno que caracteriza a Argentina puede cambiar para peor.

Deuda ambiental

Todas las personas son responsables de las emisiones de GEI, pero unas más o mucho más que otras. Un sexto de la humanidad (los países desarrollados) emite dos tercios de las emisiones de GEI, por lo que las emisiones per capita de estos países son en promedio ocho veces mayores que las de los restantes. En el pasado, esta desigualdad era aun mucho mayor. Es ésta una apropiación destructiva -y por cierto arbitrariamente desigual- del clima actual, un bien común de toda la humanidad. Lo que es aun más injusto es que los países más pobres son también los más vulnerables al cambio climático por un cúmulo de razones, que van desde la dependencia económica de producciones primarias ligadas al clima hasta la falta de organización y recursos financieros para adaptarse exitosamente 1.

Durante la décima Conferencia de las Partes de la CMNUCC (COP 10) realizada en Buenos Aires, el presidente argentino Néstor Kirchner puso estos aspectos de relieve en su discurso de inauguración del segmento ministerial. Caracterizó la situación como la de una deuda ambiental 2 por parte de los países ricos hacia el resto de la humanidad y llamó la atención sobre el doble estándar con que estos países manejan esta deuda propia y la financiera, de la que son acreedores. Lamentablemente, no hay por ahora signos de que se piense honrar esta deuda o al menos una parte de la misma, y en algunos casos ni siquiera existe mayor apuro por controlar las emisiones de GEI.

Ante las nuevas condiciones climáticas, que no se pueden desconocer, se impone la adaptación. La COP 10 adoptó lo que se llamó Programa de Trabajo de Buenos Aires en Adaptación y Respuesta. El programa incluye mayores esfuerzos científicos para estimar las vulnerabilidades al cambio climático y las opciones de adaptación, auxilio a los planes nacionales de adaptación de los países más pobres, y el apoyo al planeamiento del desarrollo sostenible. Aunque moderado en sus metas, la adopción de este Programa constituye un éxito de los países que, como Argentina, bregaron por darle a la adaptación al cambio climático un rol central en la negociación internacional, superando así el concepto de que ésta es materia del interés particular de cada país. Que sea parte de la negociación internacional es interesante, pues constituye una posible ruta hacia la materialización de alguna compensación parcial de la deuda ambiental de los países desarrollados hacia el resto del mundo.

El otro tema central de la COP 10 fue la discusión sobre cómo seguir profundizando las medidas de contención de las emisiones de GEI después del período de compromiso del Protocolo de Kyoto (2008-2012). A pesar del optimismo que despertó la ratificación de este Protocolo por parte de Rusia -lo que permitirá su entrada en vigor en febrero próximo-, no se pudo avanzar en este sentido. Y esto no sólo por la conocida posición de quienes no ratificaron el Protocolo -Estados Unidos y Australia- o de los países de la OPEP, sino también por la renuencia de algunos grandes países en vías de desarrollo como India y China, temerosos de que los alcancen restricciones para sus emisiones futuras.

Sin embargo, a propuesta de Argentina, se acordó que estos temas y los de adaptación se discutan de manera informal en un próximo seminario internacional de expertos gubernamentales en Bonn, durante mayo de 2005. De esta forma se espera conservar el momento logrado con la ratificación del Protocolo de Kyoto y mantener una atmósfera internacional favorable a la profundización de las medidas necesarias para contener y paliar el Cambio Climático. 

  1. Agnès Sinaï, "Disloques del Sur en el frente climático", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, febrero de 2004.
  2. Walter A. Pengue, "Lo que el Norte le debe al Sur", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2002. 
Autor/es Vicente Barros
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 67 - Enero 2005
Páginas:14
Temas Medioambiente, Política internacional
Países Argentina