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Recuadros:

Múltiples piezas del tablero ucraniano

Después del previsible triunfo de Viktor Yushchenko el 26 de diciembre, Ucrania todavía tiene que conquistar la democracia y el progreso social. Pieza clave en el tablero eurasiático, disputada entre rusos y occidentales, no necesariamente ha puesto fin a los sobresaltos que pueden poner en peligro su unidad. En la ruta del petróleo siempre se encuentra Estados Unidos. Y Ucrania no es una excepción.

"La extensión de la órbita euroatlántica vuelve imperativa la inclusión de los nuevos Estados independientes ex-soviéticos, y en particular de Ucrania." El estratega estadounidense Zbigniew Brzezinski, ex asesor de seguridad del presidente James Carter, había anticipado y preparado el retroceso en curso de la potencia rusa, donde Ucrania debía cumplir un papel decisivo 1. En eso estamos. El trastocamiento geopolítico que se inicia sería el más importante desde la desintegración de la URSS y Yugoslavia. Consistiría en volcar hacia el campo euroatlántico a un país más grande que Francia, de 48 millones de habitantes, dotado de una competitiva red de oleoductos y de un gasoducto por donde circula el 90% del gas siberiano enviado a Europa. El pasaje al acto, la "revolución naranja", tuvo lugar en la capital, Kiev, y en el oeste del país, en respuesta a los "fraudes masivos" en la elección presidencial del 31 de octubre y 21 de noviembre de 2004.

Los efectos combinados de esa sublevación popular y del apoyo casi unánime de Estados Unidos, la Unión Europea y los medios internacionales refuerzan las probabilidades de victoria, en tercera vuelta, del dirigente de la coalición liberal-nacional, Viktor Yushchenko. A mediados de diciembre, la ola naranja contagia incluso a las regiones del Este y del Sur, bases del candidato del poder y vencedor oficial de la segunda vuelta, el primer ministro Viktor Yanukovitch. Estas regiones rusófonas, rusófilas, industriales, no se movilizaron activamente por su candidato: reina la desconfianza respecto de las prácticas de un régimen corrupto. El Partido Comunista de Piotr Simonenko, marginado pero influyente, se negó a alinearse con ninguno de los dos bloques, dirigidos ambos, según muchos trabajadores, por "oligarcas que se enriquecieron escandalosamente con las privatizaciones".

Las solidaridades del Este y el Sur expresan, más que una adhesión al poder, los intereses de capas populares que temen el cierre de minas y empresas en caso de liberalización radical y ven con recelo el nacionalismo ucraniano occidental. Quienes se proponen quedarse con el ganador, se preparan por lo demás para el eventual reinado de Viktor Yushchenko. Pero la orientación euroatlántica encuentra firmes obstáculos: el peso de Moscú -el gas, las deudas petroleras ucranianas, el tema nuclear- y el hecho de que las regiones orientales garantizan la mayor parte de los dividendos del país. Para no hablar del caso específico de Crimea, ya autónoma, o de la base naval rusa de Sebastopol. El candidato del oeste es muy conciente de ello: una "victoria total" es imposible.

Así pues, como lo constata un estudio estadounidense, "la derrota de Rusia no es completa" 2. La Unión Europea, embarcada en la subcontratación de la crisis, no quiere que las llamas naranjas provoquen el incendio sobre el río azul de "su" gas natural. Se impone la búsqueda de un acuerdo si se quiere evitar un escenario sangriento. Sin embargo, la acción directa "naranja" tiene lugar en el momento propicio. Un Estado ucraniano decadente, una sociedad arrasada por la miseria, desangrada por la emigración, social y culturalmente fraccionada, el disgusto frente a costumbres delictivas que marcaron, aquí como en Rusia, el reparto de la propiedad y del poder: esto daba una oportunidad a la desestabilización, que abre a Estados Unidos y a la OTAN un camino más ancho hacia el tablero eurasiático. Había urgencia, además: sobre un fondo de reactivación económica se perfilaba, tanto en Ucrania como en Rusia, la construcción de un nuevo "mercado común" eurasiático, por iniciativa de Moscú.

La "revolución naranja" venía preparándose de larga data. La administración Bush habría gastado 65 millones de dólares en favor de Viktor Yushchenko 3. El puntapié inicial de la "revolución" fue dado el 17 de febrero de 2002 en Kiev. La prestigiosa fundación de Soros 4 prestó su marco a la ex secretaria de Estado (de Estados Unidos) Madeleine Albright, que invitó a los representantes de las 280 ONG de Ucrania a cuestionar el poder establecido y vigilar el desarrollo de las elecciones parlamentarias de marzo. La tecnología de la Revolución de la Rosa pasó la prueba en Georgia (Genté y Rouy, pág. 18). El 30 de enero de 2004, en el foro de Davos, la presidenta del National Democratic Institute of the USA mencionó a Ucrania, pero también a Colombia, Nigeria e Indonesia, como las "cuatro democracias clave" del futuro inmediato.

El 21 de febrero, todavía en Kiev, seduciendo con las perspectivas de adhesión rápida de Ucrania a la Unión Europea y la OTAN, Albright recordó la carta del 4 de agosto de 2003 en que el presidente George W. Bush intimaba a Leonid Kutchma a no aspirar a ningún otro mandato presidencial u oficial 5. Según exigía en marzo, "el salvataje de la democracia en Ucrania" debe formar parte "de la misma agenda que su promoción en Medio Oriente". Y anunció que, en caso de fraude electoral, no sólo se sancionaría a Ucrania, sino que se privaría a sus dirigentes "de sus propias cuentas bancarias y de privilegios de visado" 6. Los medios occidentales, movilizados por la causa, guardaron silencio con respecto a la participación en la organización de un extenso circuito de instituciones y fundaciones estadounidenses; que por su parte se enorgullecían: ¿acaso su misión no era expandir por todas partes la democracia?

En sus campañas apuntaban con precisión al blanco: regímenes corruptos y sus fraudes electorales. Indignaciones selectivas, por cierto: los presidentes Yeltsin, Putin, Schevarnadze o Kutchma fueron tratados con indulgencia mientras fueron útiles, como lo siguen siendo hoy los regímenes autoritarios de Azerbaiján, que manejan las canillas del petróleo del mar Caspio y de oleoductos "occidentales" estratégicos, o de Turkmenistán, rico en fuentes de gas.

El western coloreado de nuestras pantallas de TV, donde se enfrentan el pro-occidental bueno y el malvado pro-ruso Viktor Yanukovitch, se desarrolla aparentemente en la cándida inconciencia del peor de los escenarios, que no cabe excluir: la dislocación de Ucrania. A tal punto que el presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD), Jacques Attali, invitó a los europeos a recordar el "desastre yugoslavo" 7.

En septiembre de 2004, en un llamado al endurecimiento hacia Moscú, Madeleine Albright y el ex presidente checo Vaclav Havel, acompañados por numerosas personalidades de todas las tendencias, curiosamente no dijeron una palabra sobre la guerra de Chechenia (de la que todo el mundo habla después de la toma de rehenes en la escuela de Beslan, a principios de septiembre), sino que suscitaron un tema nuevo, el de las amenazas rusas a "la seguridad energética de Europa" 8. Discurso cifrado, pero revelador de lo que verdaderamente estaba en juego.

La crisis ucraniana coincide con otros acontecimientos cuyo denominador común es el debilitamiento de Rusia y el hecho de figurar en las rutas del petróleo y del gas (o al costado): acondicionamiento de "corredores energéticos" destinados a sustraer su exportación a las redes rusas, intentos reiterados de encender el polvorín caucásico. En el Norte, en Chechenia, la guerra rusa y el terrorismo de los radicales se desafían en la escalada de la barbarie. La tragedia de Beslan, en el país de los osetas cristianos, agrega un tizón religioso a la hoguera. El Daguestán multiétnico vecino corre el riesgo de caer en ella. En el Sur, los conflictos separatistas se incuban en Georgia (Abjasia, Osetia del Sur) y en Azerbaiján, enfrentado con Armenia por el Alto Karabagh 9.

¿Desmembramiento de Rusia?

Las derrotas geopolíticas de Vladimir Putin, así como la crisis demográfica y social en Rusia, incitan a ciertos analistas de la CIA a prever un desmembramiento de Rusia en los próximos diez años 10. A partir de 1997 Zbiegniew Brzezinski imagina una "confederación" de tres Estados rusos: una Rusia europea, una república de Siberia y otra en Extremo Oriente, y la desagregación del Cáucaso norte ruso en 2004 11. La OTAN podría ser inducida a intervenir, dado que según Brzezinski las repúblicas del Cáucaso Norte serían "pequeños enclaves étnicos (...) que siguen bajo dominio ruso" 12. El co-fundador de la Trilateral (club cerrado de altos responsables estadounidenses, europeos y japoneses) explicita los fines y los medios de una estrategia cuya cabeza de puente debería ser Europa: impedir que Rusia recomponga su poderío, colonizar Siberia, controlar los recursos energéticos. Estas son las apuestas de una nueva guerra fría, que tiene sus antecedentes en el conflicto de Kosovo.

Desde 1989-1991, la desaparición del "bloque socialista" implicaba la reintegración de su espacio al sistema capitalista. Esa reintegración se produjo en un mundo transformado: globalización de los mercados, papel decisivo de las multinacionales, hegemonía de Estados Unidos, supremacía de la ideología neoliberal. En este contexto, los ex países del Este fueron invitados a desempeñar roles precisos, de proveedores de mano de obra barata, de materia gris y conocimientos prácticos, de algunos restos de industrias aeroespaciales. Al tiempo que abrían sus mercados a los productos competitivos del mundo exterior, deberían sobre todo extraer y despachar energía hacia la "tríada" Estados Unidos, Europa, Japón y China 13.

Los Estados surgidos de la ex URSS abordaron esta integración en desigualdad de condiciones. La Rusia de Boris Yeltsin, la mejor provista en hidrocarburos exportables, la más "respetable" en tanto potencia nuclear, la más decidida a poner en marcha la terapia de choque liberal, obtuvo naturalmente la prioridad de los favores occidentales. La Ucrania de Leonid Kravtchuk, desprovista de todas estas cualidades (dejó que la desnuclearizaran) no podía sino ser desdeñada. ¿No le había aconsejado acaso el presidente George Bush padre moderar su "nacionalismo suicida"?

Sólo a posteriori se pusieron en evidencia las ventajas de una Ucrania separada de Rusia y alzada contra ella. Corredor energético, vía de penetración de Occidente en el corazón y la frontera meridional de Rusia, con costa sobre el Mar Negro, vecina del Cáucaso y de la cuenca del Mar Caspio: tiene un alto valor agregado en términos estratégicos.

Ahora bien, la desintegración de la URSS beneficia a Rusia, que se convierte en soberana, mientras que deshereda a la Ucrania independiente. Ésta pierde la ventaja de la energía a los precios soviéticos. Compra el petróleo y el gas a las cotizaciones mundiales. Abrumada pronto por las deudas, Ucrania las cambia por acciones de participación rusa en sus empresas. Pero ambos países necesitan sinergias para recomponer cadenas tecnológicas dislocadas en 1990-1991. Tras una década de derrumbe -una pérdida superior a la mitad del producto bruto interno- y de empobrecimiento absoluto para la mayoría, resurgen en Ucrania el crecimiento y las inversiones, al mismo tiempo que en Rusia.

De manera que el Kremlin no carece de bazas ni de aliados. Sus amigos ucranianos no son sus vasallos. En 2004, el gobierno de Kiev prefirió, antes que la apropiación rusa del gasoducto, una co-gestión ruso-ucraniana. En privatizaciones recientes, Viktor Yanukovitch habría rechazado tanto los avances rusos como las ofertas estadounidenses, privilegiando a un grupo ucraniano oriental.

De hecho, el que gobierna las relaciones industriales es un régimen clánico heredado de la época soviética. Un clan reina en Donbass, otro en Dniepropetrovsk, un tercero en Kiev.

Una guerra fría entre capitalismos

Las prácticas nepotistas y mafiosas no están menos expandidas en el Oeste, aunque de modo distinto. El banquero Viktor Yushchenko cuida a los inversores occidentales. Su co-equíper, Yulia Timochenko, habría desviado en beneficio propio algunos cursos de gas siberiano. Pero, también en el Oeste, se eligieron las tecnologías rusas para nuevas centrales nucleares. En este contexto se establece un Espacio Económico Único -Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Kazajstán- "alternativo" a la Unión Europea. A partir de 1999, Rusia multiplica las iniciativas industriales, petroleras, militares y comerciales, con el fin de restaurar su poderío y compensar la penetración estadounidense en el espacio ex-soviético.

Los proyectos eurasiáticos del presidente Vladimir Putin, su reactivación de los programas de armamento nuclear, su llamado al orden a ciertos oligarcas petroleros, la revisión de las privatizaciones "ilegales" de los años '90, son otros tantos signos del nuevo vigor de Rusia y su "capacidad de obstaculizar". La crisis en Ucrania es la oportunidad para hacer saber a Putin que está excediendo los límites. Pero el Presidente ruso se enardece. Faltando a su proverbial prudencia, acusa, sin nombrarlo, a Estados Unidos -su "aliado estratégico" a partir del 11 de septiembre de 2001- de "dictadura" en los asuntos internacionales y de voluntad unipolar. Ideólogos antioccidentales, como Alexander Duguin, preconizan para Rusia una opción "eurasiática". La incipiente guerra fría no tiene, como antes, el sentido de un enfrentamiento entre sistemas opuestos. Se trata de debilitar a un "capitalismo en potencia", Rusia, a través de otro, Ucrania, mucho menos adentrado en la senda liberal deseada. Aunque ciertas querellas ideológicas persistan y envenenen las relaciones entre Moscú y Kiev, entre Donetsk y Lviv.

En el momento en que se desencadena la "revolución naranja", un semanario cultural publica, en primera plana, un fotomontaje que muestra una fila de supuestos diputados europeos liliputenses luchando contra los Gulliver del Ejército Rojo con uniformes de la Segunda Guerra. En la página 2, se ve la imagen de manifestantes del este de Ucrania exhibiendo una pancarta: "No a la Banderovchtchina" 14. ¿Cuál es el mensaje? La victoria de 1945 sobre la Alemania nazi, cuyos 60 años se preparan a festejar los ex-soviéticos, el 9 de mayo de 2005, sería liquidada en Occidente, en el Parlamento Europeo 15, y denigrada en el oeste de Ucrania. Esta es la revancha del "jefe fascista Bandera" 16.

Hay que decir que rusos y ucranianos ya no leen los mismos libros de historia. Los combatientes de la OUN (Organización de los Ucranianos Nacionalistas), según los soviéticos colaboradores de la Alemania hitlerista y cómplices del genocidio nazi, son parcialmente rehabilitados en Kiev. El Ejército Rebelde Ucraniano (UPA) y Stepan Bandera son presentados como patriotas combatiendo sobre dos frentes, "nazi y estalinista" 17. En Galitzia y en Ivano-Frankivsk, la revisión del pasado llega incluso a rendir homenaje a la división SS "Galitzia". El Centro Cultural ruso de Lviv fue mancillado con esvásticas y consignas antisemitas, vuelve a ponerse de moda la denuncia de los moskali-Kike (pro-moscovitas judíos). Si bien tiene el apoyo de algunos partidos de extrema derecha, Yushchenko marcó su distancia respecto de los más radicales, nostálgicos de los SS.

Oficialmente, bajo el régimen de Leonid Kutchma se celebraron las hazañas del Ejército Rojo y al mismo tiempo se recalificó a sus adversarios nacionalistas como movimiento de liberación nacional frente a un régimen estalinista acusado del "genocidio del pueblo ucraniano" durante la hambruna de 1932-1933.

Según el historiador ucraniano Taras Kuzio, en esas apuestas a la memoria y a la reconquista de las almas tiene un papel esencial la diáspora de Estados Unidos -principalmente originaria de Galitzia y políticamente muy influida por las diversas ramas de la OUN que, dejando a un lado a una minoría fascistizante, está consagrada a la causa de la democracia-. Después de 1991, ocupó en Ucrania, por amplia mayoría, los campos de la educación, la cultura y los medios. Su proselitismo es destacable en comparación con el vacío ideológico de la ex nomenklatura 18.

"Nueva nación política"

El resurgimiento de la "idea ucraniana" rivaliza con la enorme atracción que Occidente ejerce en la juventud, que se aleja a la vez del pasado de la URSS y del presente de Rusia. El intelectual ruso nacional-conservador Alexander Tsipko 19 deplora la pérdida de la "Rusia histórica" en Ucrania Oriental y Meridional, pero reconoce el surgimiento, en el Centro y el Oeste, de una "nueva nación política". Allí ha crecido una generación que no conoció la comunidad soviética y no vive, como el Este ucraniano, en simbiosis con la Rusia actual. Esa generación fue la que salió a las calles en Kiev. Rusia y el Este ucraniano sólo podrían acercarse a ella si optaran por una liberalización más radical. Los liberales rusos esperan un "contagio naranja" en su país. El Partido de la Unión de las fuerzas de derecha, políticamente deshecho en Rusia, vino a saludar en Kiev, a través de su líder Boris Nemtsov, la victoria de sus aliados de Nuestra Ucrania. Y denunció con virulencia a su propio país como el líder de los Estados canalla.

En este inicio de 2005 continúa la batalla por las legislativas de 2006. La recomposición política será determinante en la medida en que la reforma constitucional deseada por el presidente Leonid Kutchma, rechazada por los "naranjas" y sus patrocinadores estadounidenses, fue finalmente votada en la Rada (Soviet) suprema el 8 de diciembre con el asentimiento de Yushchenko, a cambio de garantías sobre la "honestidad" del escrutinio del 26 de diciembre y de un relativo aislamiento de su rival, Yanukovitch, forzado a abandonar su puesto de Primer Ministro. En principio, esta reforma debería culminar en el reemplazo del actual régimen presidencial por una democracia parlamentaria.

Al mismo tiempo, se ha reiniciado el debate sobre la eventual federalización del país. Pero el desmembramiento de Ucrania ya está en marcha. Siendo plural y divisible, ¿sabrá preservarse dentro de un nuevo modus vivendi?

La crisis ucraniana plantea otras preguntas. ¿Qué ventajas traería a Europa y Ucrania su acercamiento, para jugar en contra de Rusia en lugar de jugar junto con ella? ¿En qué las favorecería una guerra fría elaborada al otro lado del Atlántico con intermediarios en Praga, Riga y Varsovia? ¿Podría, por lo demás, la Unión Europea, hacer honor a las promesas de rápida integración de Albright?

Frente a ciertas desestabilizaciones en las que evidentemente no tiene ningún interés, ¿seguirá dejando el Kremlin que le opongan obstáculos, mientras implora un lugar secundario... y las inversiones que le son indispensables, especialmente para mantener la renta petrolera? Sería de extrañar que la crisis ucraniana no tenga serias repercusiones en Moscú.

  1. Zbigniew Brzezinski, Le vrai choix, Odile Jacob, París, 2004.
  2. Peter Zeihan, "Russia, After Ukraine", 10-12-04.
  3. Mat Kelley, Associated Press, 11-12-04.
  4. International Renaissance Foundation (IRF), declara haber gastado 50 millones de dólares en sus obras, entre 1990 y 1999.
  5. Zerkalo Nedeli, Kiev, 28-2/2-3-04, www.obozrevatel.com.
  6. The New York Times, 8-3-04.
  7. Le Figaro, París, 7-12-04. Debate con Hélène Carrère d'Encausse.
  8. "Cessons d'embrasser Poutine", Le Monde, 30-9-04.
  9. BTC: oleoducto entre Baku (Azerbaiján), Tbilisi (Georgia) y Ceyhan (Turquía).
  10. The Independent, Londres, 30-4-04.
  11. Zbiegniew Brzezinski, Le Grand échiquier, Bayard, París, 1997.
  12. Zbiegniew Brzezinski, Le Grand Choix, Odile Jacob, París, 2004.
  13. "Quelle place pour la Russie dans le monde?", en Les guerres antiterroristes, Contradictions, Bruselas, 2004.
  14. Por el nombre de Stepan Bandera, ex jefe de la OUN (Organización de los Ucranianos Nacionalistas) a la que declaró responder el Ejército de Insurrección Ucraniano (UPA) a partir de 1942.
  15. Diputados del Parlamento Europeo llamaron a boicotear las ceremonias del 9 de mayo de 2005 en Moscú, donde se conmemorará el 60º aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi.
  16. Literaturnaïa Gazeta, 1-7/12/04.
  17. Véase Bruno Drweski y otros: "L'Ukraine, une nation en chantier", en La Nouvelle Alternative, N°36, 12-1994, y para los puntos de vista de la historiografía ucraniana reciente, Mykola Riabtchouk, De la "Petite-Russie" à l'Ukraine, prefacio de Alain Besançon, L'Harmattan, 2003, y Olivier de Laroussilhe, L'Ukraine, col. "Que sais-je?", PUF, 2ª edición actualizada en 2002.
  18. Sobre la influencia de la diáspora y, dentro de ella, de la OUN, véase Taras Kuzio en Courrier des Pays de l'Est, N°1002, 2-00.
  19. Ex ideólogo del PC soviético donde fue pionero del anticomunismo a fines de los años '80, Alexander Tsipko se alió a Boris Yeltsin para separarse luego. Defiende, junto a otros, una "idea nacional" en la que Rusia conservaría una parte de sus herencias zarista y soviética, beneficiosas para su modernización.

Nacionalismo radical

OUN: Organización de Ucranianos Nacionalistas (1929). Fundador: Yevhen Konovalets, ex integrante del ejército de Symon Petloura. En Galitzia combate contra Polonia, después contra la URSS. Partícipe de la invasión nazi a la URSS en 1941, su nuevo jefe Stepan Bandera “proclama la independencia de Ucrania” contra la opinión de Berlín, y es encarcelado hasta fines de 1944. Sus partidarios forman la OUNb (Bandera). Otra tendencia: la OUNm de Andriy Melnik. OUN, OUNb, OUNm son grupos “históricos” activos en Ucrania.

UPA: Ejército de insurrección ucraniano de la OUNb (1942).

Waffen SS “Halytchyna” (Galitzia): primera división del ejército nacional. Después de la derrota nazi, 10.000 de sus soldados emigran en bloque al Reino Unido. La lucha contra el comunismo continúa con el “mundo libre”.

Diáspora: Oriunda en su mayoría del oeste de Ucrania, instalada principalmente en Canadá y Estados Unidos. Cada rama de la OUN tiene en la diáspora más de un millón de miembros. A partir de 1991, ejerce su influencia en Ucrania en la vida intelectual, los medios de comunicación, la oposición, la “revolución naranja”.

ROUKH: Movimiento nacional-demócrata (1989), hoy fragmentado.

DSU: Federación para la independencia de Ucrania (1990). Dirigente: Ivan Kandyla.

VARTA DSU: Milicia paramilitar de DSU.

KUN: Congreso de los nacionalistas ucranianos (1993), surgido de OUNb. La principal formación radical presente en “Nuestra Ucrania”.

UNA-UNSO: Asamblea nacional ucraniana-Autodefensa popular (1991). Sus grupos armados combatieron en Croacia, Chechenia y Georgia. Su jefe, Andrei Skhil, es miembro del Bloque Patria de la señora Yulia Timochenko, la “pasionaria de la revolución naranja”.

SNPU: Partido social-cristiano de Ucrania, rebautizado Partido de la Libertad, que esgrime una cruz gamada estilizada. Su jefe, Oleh Tyahnybok, miembro del grupo parlamentario de Viktor Yushchenko, fue excluido de él en julio de 2004 después de haber llamado a “liberar a Ucrania de la mafia judeo moscovita”.


Un país, plural y divisible

Chauvier, Jean-Marie

Cristianizada desde el año 988, Rus (Rutenia, Rusia) de Kiev, fundadora de Ucrania o cuna de Rusia según las versiones, desaparece con las invasiones de los mongoles en el siglo XII. En el nordeste se forma Moscovia, que genera el Imperio zarista. Las tierras de Ucrania (“confines”, término que aparece en el siglo XVI) se pueblan de comunidades cosacas sucesivamente asediadas por mongoles del principado de la Horda de Oro, tártaros del principado de Crimea, después son ocupadas por los turcos, los húngaros, los moldavos, y por fin dominadas por la Unión polaco-lituana (siglos XV a XVII), el Imperio Austrohúngaro, Rusia y la URSS (siglos XVII al XX).
En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el 80% de las tierras ucranianas estaban integradas al Imperio Ruso; el 20% al oeste al Imperio Austrohúngaro. La Primera Guerra Mundial y la guerra civil rusa, en los años 1917-1920, hicieron que en Ucrania se sucedieran un poder nacionalista bajo el protectorado alemán, gobiernos independentistas, entre ellos el Directorio de Simon Petliura apoyado por los ejércitos polacos de 1920, varios poderes soviéticos, una insurrección anarquista dirigida por Majno en el Sudeste y una república galitziana.
De 1920 a 1939-1940, el Oeste se distribuyó entre Polonia, Checoslovaquia, Rumania y Hungría. El Este y el Sur se incorporaron a la URSS. La lengua y cultura ucranianas se desarrollan allí de un modo que no tiene precedentes, desarrollo que después de 1933 se vería interferido por la política stalinista, de centralización y rusificación, mientras la colectivización forzosa y el hambre, el genocidio nazi después, diezman a la población. La recuperación de las tierras del Oeste por Stalin después de 1944 permite unificar Ucrania, que cuenta con un escaño decorativo en la ONU, y que en 1954 se extiende a la Crimea rusa, regalo de Kruschev, de origen ucraniano.
Múltiples confesiones religiosas se disputan las almas. Las más influyentes en la actualidad son las dos Iglesias Ortodoxas (patriarcados de Kiev y Moscú) en el conjunto del territorio, y en el Oeste la Greco Católica de rito ortodoxo denominada Uniata (unida a Roma).
La pluralidad cultural caracteriza el Sur y el Este, zonas que predominantemente hablan el ruso y están pobladas por rusos, ucranianos, tártaros, griegos, rumanos y otras nacionalidades de la ex URSS. El Oeste y el Centro son más homogéneos, ucranianos, aunque se encuentran también minorías como la polaca (en Galitzia), rutena 1, húngara, rumana y gitana.
La diversidad es también socioeconómica. Las ciudades del Este concentran más de la mitad del potencial industrial y proporcionan al menos las tres cuartas partes de los ingresos del Estado.
Las desigualdades, acentuadas por el derrumbe del sistema soviético, reforzaron las peculiaridades regionales. Ucrania no puede sino reconocerse plural y cultivar la ciudadanía política antes que la nacionalidad étnica si no quiere ser demasiado… divisible.

  1. Los autonomistas "rutenos" quieren diferenciarse de los ucranianos.


Autor/es Jean-Marie Chauvier
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 67 - Enero 2005
Páginas:24,25,26
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Estado (Política), Geopolítica, Socialdemocracia
Países Estados Unidos, Ucrania