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El paraíso de los criminales

La reciente admisión oficial por parte de Israel sobre su participación directa en la captura de Adolf Eichmann en Argentina, hace casi medio siglo, trajo nuevamente al primer plano la hospitalidad que este país brindó a centenares de fugitivos nazis luego de la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial. El tiempo transcurrido no debe impedir mantenerse alerta, ante los nostálgicos del nazismo.

Eichmann, responsable de implementar la llamada "Solución Final" (eufemismo utilizado por los nazis para referirse al exterminio masivo y sistemático de la población judía de Europa), había ingresado a Argentina con el nombre "Ricardo Klement" y luego de un paso por Tucumán se había instalado en las afueras de Buenos Aires. Fue uno de los centenares de criminales que encontraron protección en estas tierras.

Argentina no fue el único país que brindó refugio a los genocidas nazis y sus cómplices. Es sabido que una vez finalizada la guerra, países enemigos de Alemania se disputaron a muchos científicos y técnicos que habían contribuido a la construcción del Tercer Reich. Pero sin dudas, Argentina llegó mucho más lejos que cualquier otro país.

Como antecedente, es bueno recordar que durante la década del '30 y los años de la Segunda Guerra Mundial este país albergaba una numerosa comunidad nazi que se había manifestado públicamente a favor de Adolf Hitler, y que colmó el Luna Park en un acto de adhesión al Führer. Como señala Holger Meding, la mayoría de los alemanes y sus descendientes que habitaban en esta región acomodaron sus simpatías desde el Imperio hacia el Tercer Reich, sin haber tenido afinidad con la República de Weimar 1. Asimismo, buena parte de la clase dirigente argentina, tanto civil como militar, profundamente nacionalista, católica y antisemita, también estaba alineada con el Eje. Durante la guerra hubo claras señales que indicaron que la declamada neutralidad argentina no debía eclipsar en modo alguno el tácito alineamiento del país con los alemanes. La tardía ruptura de relaciones con Alemania y la grotesca declaración de guerra en vísperas de la caída del régimen nazi representan un buen ejemplo del poder de los grupos germanófilos en las decisiones políticas durante el conflicto.

Terminada la guerra y producido el desbande, los nazis que habían logrado eludir a las fuerzas aliadas iniciaron la búsqueda de posibles destinos, y Argentina se presentó como una opción inmejorable. La inminente llegada al gobierno de Juan Domingo Perón, un admirador del régimen mussoliniano y simpatizante del Eje durante el conflicto, fortaleció esta opción.

En un libro reciente 2 Uki Goñi describe cómo el gobierno de Perón no se limitó a tolerar el ingreso de los fugitivos nazis, sino que implementó una oficina destinada a reclutarlos. La División Informaciones funcionaba a pasos del despacho presidencial bajo la dirección de Rodolfo Freude, hijo de Ludwig Freude, un hombre de negocios estrechamente ligado al entonces Presidente.

Gracias a esta puerta de ingreso, llegaron al país criminales notorios como el propio Eichmann, Josef Mengele, Josef Schwammberger, Gerhard Bohne, Walter Kutschmann, Ante Pavelic, Erich Priebke, Dinko Sakic, entre otros. Encontraron en Argentina un refugio seguro, que trascendió largamente las dos primeras presidencias de Perón.

La permanencia de esa red de protección del Estado argentino puede ilustrarse con un ejemplo paradigmático: Josef Mengele, el criminal nazi responsable de más de 400.000 muertes; el médico que llevó adelante experimentos sobre seres humanos vivos y que realizaba las "selecciones" de los prisioneros que llegaban al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau (separaba a los aptos para trabajar de quienes irían directamente a las cámaras de gas), ingresó a Argentina con el nombre "Helmut Gregor" en 1949. Ese mismo año, solicitó y obtuvo una cédula de identidad de la Policía Federal Argentina con su nombre falso. En 1956, el año siguiente al derrocamiento de Perón, Mengele solicitó un nuevo documento, esta vez con su verdadero nombre. El "Ángel de la muerte", uno de los criminales más buscados luego de la Segunda Guerra, vivió en Argentina sin necesidad de esconderse.

La "ruta de las ratas"

Buena parte de los criminales nazis y sus cómplices llegaron a Argentina a través de la llamada "ruta de las ratas", una vía de escape que tenía como origen las oficinas del obispo Alois Hudal en Roma, y que contó con la indudable complicidad de la Santa Sede. Goñi hace referencia a una serie de encuentros entre los cardenales Antonio Caggiano, de Argentina, y Eugene Tisserant, de Francia, para facilitar la fuga de criminales franceses hacia Argentina. Cuando se produjo la captura de Eichmann, Caggiano dijo que "nuestra obligación de cristianos es perdonar lo que hizo" 3.

La política de incentivar la llegada de los criminales nazis tuvo como contracara el impedimento del ingreso a los judíos. En el curso de su investigación, Goñi descubrió una resolución del Ministerio de Relaciones Exteriores del 12-7-1938, la Circular 11, que daba instrucciones a todas las delegaciones diplomáticas argentinas de "negar visa a toda persona que fundamentalmente se considere que abandona su país de origen como indeseable o expulsado, cualquiera sea el motivo de su expulsión". La mayoría de los judíos que ingresaron al país durante el período nazi o en la inmediata posguerra tuvieron que hacerlo de modo clandestino.

¿Puede considerarse cerrado el capítulo de los criminales nazis en Argentina? Definitivamente no. Pese al tiempo transcurrido, no es posible descartar la presencia de criminales que aún vivan en el país y puedan ser sometidos a juicio. Por otra parte, el proceso de desclasificación de documentos sobre estos temas, tanto en Argentina como en otros países, brinda cada día nuevas fuentes que aportan informaciones que permanecieron ocultas durante décadas. Resulta imprescindible mantener abierta la discusión, profundizar el conocimiento y promover la justicia.

En el plano internacional, en momentos en que el mundo conmemora los 60 años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, las expresiones de intolerancia y antisemitismo, así como la ola de ataques antijudíos escudados detrás de la excusa del conflicto en Medio Oriente, obligan a mantenerse alertas.

  1. Holger Meding, La ruta de los nazis en tiempos de Perón, Emecé Editores, 2ª ed., Buenos Aires, 2000.
  2. Uki Goñi, La auténtica Odessa. La fuga nazi a la Argentina de Perón, Paidós, Buenos Aires, 2002.
  3. Goñi, op. cit.
Autor/es Sergio Widder
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 69 - Marzo 2005
Páginas:29
Temas Migraciones, Política internacional
Países Argentina, Israel