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Abandonar la tribu

El comportamiento irrespetuoso de alumnos franceses en su visita a Auschwitz abrió el debate sobre los modos de enseñanza y conmemoración del genocidio nazi. Difundido ampliamente por los medios de comunicación, este nuevo aniversario despierta la necesidad de reemplazar el sermón por la reflexión.

Paradójicamente, la conmemoración del 60º aniversario de la liberación de los últimos prisioneros de Auschwitz por parte del Ejército Rojo, el 27 de enero pasado, movilizó a más gobernantes y medios de comunicación que la del 50º aniversario. ¿Se debe a la conciencia de que pronto desaparecerán los últimos testigos de la Shoah, y con ellos la memoria viva del horror; de que ya no habrá nadie para testimoniar: "Vi cómo las cámaras de gas exterminaban a miles de judíos por día; vi los crematorios al rojo vivo a fuerza de reducir sus restos a cenizas"? ¿O bien a la voluntad de responder firme y masivamente a la escalada de violencias antisemitas en Francia y varios países de Europa?

Infortunadamente, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones: la cobertura de las ceremonias y la multiplicación de programas especiales de radio y televisión (mayor aun que en los aniversarios del Desembarco en Normandía y la Liberación de París), suscitaron sentimientos contradictorios. Por un lado, la irresistible empatía hacia estos últimos sobrevivientes, frágiles siluetas octogenarias arropadas en abrigos insuficientes para resistir el frío intenso de Birkenau; por otro, la amargura frente a ese "demasiado lleno demasiado vacío" de una puesta en escena hollywoodense, cuyos símbolos destruían el mensaje...

Ni los estudiantes escaparon al fenómeno. La historiadora Annette Wieviorka 1 no pudo explicar mejor esa "sensación de saturación": "Es que no dejan de sermonear y eso aburre a los alumnos. Si en cambio se considerara Auschwitz como algo que continúa generando interrogantes, ese hartazgo desaparecería. Es necesario dejar de sustituir la reflexión por el sermón". Y agregó: "Tratamos de tener la conciencia tranquila, cuando deberíamos preocuparnos por el mundo que hemos construido y en el que muchos jóvenes viven en condiciones deplorables. ¿De qué sirven nuestras lecciones sobre la República, la integración, el antirracismo, cuando sufren exclusión, discriminación a causa de su origen y les cuesta tanto imaginar su lugar en la sociedad?" 2.

Reflexionar, ésa es la apuesta. Ahora bien, en esta competencia de los canales de televisión, de aire y cable, donde lo mejor se codeó con lo peor, la emoción, globalmente, primó sobre la razón 3. ¿Cuántos de estos canales invitaron a historiadores a debatir y les dieron tiempo para hacerlo? ¿Cuántos situaron el genocidio en la estrategia del Reich nazi? ¿Cuántos recordaron a sus otras víctimas? ¿Cuántos se interesaron también por la resistencia, incluso dentro de los campos de la muerte? ¿Cuántos ubicaron el judeocidio en la larga cadena de genocidios que jalonan la historia, y particularmente en el siglo XX, antes y después de la Shoah, desde Camboya hasta Rwanda?

Prisioneros de sus costumbres, algunos comentaristas reciclaron en exceso esos adjetivos que revelan la negativa a comprender: "loco", "incomprensible", "ininteligible"... Nadie, por supuesto, niega el vértigo de sólo pensar en esos millones de hombres, mujeres y niños aniquilados por su origen judío. Incluso cuando el III Reich ya cedía ante los violentos ataques del Ejército Rojo y los anglo-estadounidenses, los esbirros de Adolf Eichmann continuaban deportando judíos, aquí y allá; en una isla griega o en el hospital psiquiátrico del gueto de Venecia, amén de los húngaros gaseados durante el verano de 1944, cuando París ya respiraba el aire de la libertad recuperada.

Unicidad y universalidad 

¿Pero este vértigo debe impedirnos reflexionar? Lo que han hecho los hombres, otros hombres pueden comprenderlo. Víctimas de un genocidio sin precedentes -porque, tal como escribe el historiador alemán Eberhard Jäckel, "nunca antes un Estado había decidido y anunciado, bajo la autoridad de su responsable supremo, que un determinado grupo humano debía ser exterminado, de ser posible en su totalidad, (...) decisión que ese Estado implementó luego con todos los medios a su disposición" 4- los judíos no fueron sin embargo los únicos blancos del plan genocida nazi.

Y razones no le faltaban: convertido en amo de una Alemania olvidada en la "distribución" de las colonias, el III Reich se lanzó, tras su victoria relámpago en el Oeste, a una cruzada contra el "judeo-bolchevismo" destinada a conquistar su Lebensraum (espacio vital) en Europa Central y Oriental. Necesitaba a la vez poblar esas tierras con "alemanes de pura cepa" hasta entonces dispersos, y eliminar -por razones demográficas y raciales- a decenas de millones de Untermenschen, esos sub-humanos judíos, gitanos, enfermos mentales y discapacitados, sin olvidar las elites eslavas de Polonia y la Unión Soviética... El caos así creado en plena fuga hacia adelante guerrera contribuyó ampliamente a radicalizar el genocidio, deseado por Hitler durante largo tiempo. Los historiadores -tanto israelíes como estadounidenses, franceses o alemanes 5- siguen buscando, sobre la base de nuevos archivos, la verdad en estas nuevas pistas...

Principales víctimas del plan genocida nazi, los judíos cultivaron naturalmente su propia memoria, cuya legitimidad es innegable. No sólo tienen el derecho, sino también el deber de intentar grabar en el mármol ese espantoso summum de persecuciones que durante siglos marcaron su vida en Europa. Pero suponiendo que conjure los peligros que la amenazan (desde la instrumentalización a la sacralización), la memoria judía de la Shoah no podría por sí sola prevenirse contra el olvido. Olvido que representaría una doble tragedia: para las víctimas, asesinadas por segunda vez; y para toda la humanidad, a la que este martirio advierte sobre aquello de lo que ella misma es capaz. El recuerdo del Holocausto nazi sólo se inscribirá realmente, en forma duradera, cuando la gran mayoría aprenda sus enseñanzas. Mucho más allá de los arrebatos líricos y de los discursos dogmáticos, urge pues combinar unicidad y universalidad, enseñanza judía y universal.

"Si pretendemos aprender una ‘lección' del Holocausto -escribe el historiador británico Ian Kershaw, autor de una extensa biografía de Adolf Hitler 6- me parece indispensable admitir -reconociendo su carácter único en la Historia, en el sentido de que no existen precedentes- que nuestro mundo no se encuentra definitivamente al abrigo de atrocidades similares (...). Ya no se trata de querer ‘explicar' el Holocausto sólo a través de la historia judía o de las relaciones entre judíos y alemanes, sino de tratar de comprender la patología de los Estados modernos, interrogarse sobre la ‘civilización', esa delgada capa de barniz que cubre a las sociedades industriales desarrolladas" 7.

El genocidio nazi y los jóvenes árabes

Si la radio y la televisión les hubieran hablado de estos objetivos, es muy probable que algunos estudiantes no se hubieran comportado tan mal -tanto en Auschwitz como aquí- como sus profesores dicen: expresiones escandalosas, comportamiento indecente... 8. Es que habría sido necesario enfrentarlos no sólo a los horrores del pasado, sino también a las graves cuestiones que el genocidio plantea para el presente y el futuro. El conflicto intergeneracional no explica todo, y el "culto a los jóvenes" no es mucho mejor que el "culto a los viejos". ¿Cómo no asombrarse sin embargo ante la sorpresa de los profesores frente al comportamiento de algunos alumnos que viajaron a Auschwitz? ¿Qué reacción esperar por parte de un joven de quince años situado, a veces sin la menor preparación, cara a cara con la barbarie? La pedagogía, al igual que la conmemoración, se alimenta y tiene sus fuentes en la historia viva.

Según un excelente historiador, desgraciadamente convertido durante un tiempo en un panfletario con seudónimo 9, una suerte de acné antisemita tornaría casi imposible la enseñanza del genocidio nazi. Esta visión simplista no resiste una investigación seria 10. Pero lo cierto es que el legítimo lugar de la Shoah, tanto en los programas escolares como en los medios de comunicación, contrasta con la poca importancia dada al sufrimiento de los pueblos colonizados, al punto de suscitar a veces reacciones inaceptables. En lugar de responder a ellas mediante exclusiones, ¿por qué no intentar hacerse entender por los adolescentes, árabes y no árabes?

Lo que Francia hizo en Argelia, de 1830 a 1962, no puede calificarse de genocidio y no podría pues equipararse con la Shoah. Sin embargo, ¿está prohibido señalar que, tanto en un caso como en el otro, lo que está en juego en primera instancia es la concepción infame de la superioridad de una raza sobre las demás? ¿Es escandaloso afirmar que el genocidio nazi atañe a los jóvenes árabes tanto como la guerra de Argelia a los jóvenes judíos?

Evidentemente no: lo sabe cualquiera que visite regularmente los barrios y complejos habitacionales para dialogar con los jóvenes. Frente a los repliegues comunitaristas, las maniobras de división y las manipulaciones políticas, sólo existe un camino, escarpado pero seguro, porque se basa en valores universales: abandonar la tribu, subir a la cima y allí luchar juntos, tanto contra el olvido como contra la violencia antisemita y racista. ¿Existe una mejor manera de conmemorar la liberación de Auschwitz? Como si, decía Jacques Derrida, "el ‘eso' de ‘nunca más eso'" estuviera "no sólo cerca de nosotros, sino delante de nosotros"...

  1. Ver su excelente obra Auschwitz, soixante ans après, Robert Laffont, París, 2005.
  2. Le Monde, París, 26-01-05.
  3. Sin olvidar la obscenidad, tal como se observa en el titular de la página 24 de Le Figaro del 25-01-05: "PPDA empuja las puertas de Auschwitz"...
  4. Die Zeit, Hamburgo, 3-10-86.
  5. Les historiens allemands relisent la Shoah, Complexe, Bruselas, 2002.
  6. "Hitler et le nazisme", Le Monde diplomatique, París, diciembre de 2000.
  7. Qu'est-ce que le nazisme? Problèmes et perspectives d'interprétation, col. Folio, Gallimard, París, 1997.
  8. (N. de la R.) El autor se refiere al escándalo provocado en Francia por las actitudes obscenas e irrespetuosas de algunos jóvenes estudiantes durante visitas a Auschwitz. Ver entre otros, "Les sanctions décidées contre deux licéens de Montreuil aprés un voyage à Auschwitz...", Le Monde, París, 17-1-05.
  9. Emmanuel Brenner, Les Territoires perdus de la République, Mille et une nuits, París, 2002.
  10. Benoît Falaise, "Peut-on encore enseigner la Shoah?", Le Monde diplomatique, París, mayo de 2004.
Autor/es Dominique Vidal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 69 - Marzo 2005
Páginas:30,31
Traducción Gustavo Recalde
Temas Genocidio, Educación, Medios de comunicación
Países Francia, Polonia