Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

El Estado debe fijar la estrategia

El autor de este artículo sostiene que las retenciones agropecuarias constituyen una “subvención” del campo argentino al Estado y se pregunta si la actual situación de bonanza agropecuaria (con muy buenos niveles de ocupación, rentabilidad y clima de optimismo), es estructural o coyuntural y si el actual modelo productivo es sustentable.

A pesar de la enorme crisis económica y social, que persiste en buena medida, el sector agropecuario siguió adelante: el complejo oleaginoso, la vitivinicultura, el sector forestal, el fruti-hortícola y el sector del aceite de oliva, a los que se ha sumado la ganadería -tanto vacuna como ovina- han experimentado un crecimiento muy importante en los últimos años. La producción agrícola marcará un nuevo récord este año, cuando este mes de mayo se termine la cosecha.

El aporte que ha realizado el sector a la economía del país es notable; gran parte de los excedentes producidos se han exportado, generando un superávit comercial importante. El sector agrícola está en condiciones de alcanzar 100 millones de toneladas anuales en el corto plazo y exportar por 15.000 millones de dólares, dependiendo de la demanda y los precios internacionales. Alcanzar y superar ese objetivo requiere diseñar una estrategia de producción a largo plazo que sea sustentable, que visualice la mayor cantidad de variables para el futuro.

La pregunta a formular es: esta realidad exitosa de una parte de la Argentina agropecuaria ¿es estructural o coyuntural? Ocurre que el debate en torno al modelo de producción intensivo, ligado íntimamente a la explosión de la producción, se centra en la sustentabilidad del actual sistema. Es cierto que el debate suele tener un alto contenido ideológico, que aleja las conclusiones de una resolución racional. La pregunta sobre si la agricultura de altos insumos es sustentable en el tiempo es clave para entender hacia dónde va el sistema de producción en regiones como la Pampa Húmeda y en las zonas donde se produce la expansión de la frontera agropecuaria.

En un mundo globalizado que cambia inevitablemente, la sustentabilidad del desarrollo depende sobre todo de la adaptación cultural al cambio: habría que hablar de cambios sucesivos e intrínsecamente imprevisibles 1, teniendo en cuenta que todo cambio implica un riesgo y que no decidirse a asumir riesgos elimina toda oportunidad e innovación.

El riesgo de la insustentabilidad 

Analizando la evolución de la superficie agrícola para los cuatro principales cultivos argentinos (trigo, maíz, girasol y soja) en los últimos diez años, y reflexionando sobre la composición de la indispensable rotación de cultivos en el país, es posible observar cómo y por qué causas avanza el riesgo de insustentabilidad.

En la campaña 1994/95 se sembraron un total de 17.287.380 hectáreas, mientras que en la 2003/04 fueron 25.372.926; un 46,77% más. Ahora bien, si se analizan los cultivos que aportan rastrojo, es decir, que preservan los campos, (es el caso del maíz y el trigo), vemos que en 1994/95 se sembraron 8.265.700 hectáreas, o sea un 47,81% sobre el total sembrado, mientras que en la campaña 2003/04 se sembraron 9.028.257 hectáreas, o sea un 35,5% sobre el total. La conclusión salta a la vista: se sembró un 12,31% menos de superficie (unos 3 millones de hectáreas) de los cultivos que hacen más sustentable el sistema. (Ver "Baja...").

¿Quién está pensando en el gobierno en esta situación? ¿Por qué no se fomenta la siembra de maíz utilizando los mecanismos que el Estado dispone? El productor tiende a no hacer maíz, ya que el rinde de indiferencia (es decir, los kilos que se necesitan para pagar el costo del cultivo), supera las expectativas de rinde en muchas zonas. Un caso similar ocurre con el trigo...

Es que un productor individual, grande o chico, no puede obviar estos cálculos. La rentabilidad está en casi todas las definiciones de sustentabilidad: "Sustentabilidad es un proceso que mantiene en el largo plazo la integridad biológica y ecológica de los recursos naturales, es rentable para la empresa agrícola e industrias relacionadas al agro, contribuye a la calidad de vida de la población rural y ayuda al desarrollo económico de los países" 2. No se trata de un concepto puramente teórico; en la práctica depende del grado de sustentabilidad de las empresas que componen todo el sistema: los productores que manejan su propia tierra, los arrendatarios, los contratistas, las empresas consultoras, etc. Son sustentables aquellos productores que logran la mayor producción, al menor costo y con un mínimo de efectos negativos. Y para ser sustentable es central que la agricultura que se practique sea ecológicamente viable. Desde este punto de vista, una agricultura que no respete un modelo de rotación entre gramíneas (maíz /trigo) con oleaginosas (soja /girasol) del orden del 50% y que no contemple la restitución de nutrientes es insostenible. La sociedad necesita tener un sistema de producción sostenible y altamente productivo, con el objetivo de afirmar la seguridad alimentaria y aumentar los saldos exportables de la agricultura.

Es cierto que la mayoría de las actividades productivas afectan al ambiente, en algunos casos con efectos positivos (es el caso de la siembra directa, que reduce la oxidación de la materia orgánica del suelo, disminuye los problemas erosivos y favorece la economía del agua), y en otros negativos, como la contaminación del agua subterránea, la pérdida de biodiversidad, el alto uso de insumos externos, etc. Estos efectos surgen del uso de tecnologías asociadas con el sistema de producción empleado en cada caso en particular. Desde el punto de vista del productor individual, la asignación más eficiente de recursos es aquella en la que se logran los máximos beneficios, considerando exclusivamente los costos privados. Esta visión está relacionada con niveles superiores de producción y, en este sentido, es evidente que los mercados no se preocupan por los aspectos sociales y medioambientales. Estos son casi siempre ignorados en el proceso decisorio, tanto a nivel de las empresas en particular como en los distintos eslabones del sector, generándose así los desequilibrios.

Responsabilidad empresaria 

Resulta entonces necesaria la incorporación de estos costos sociales y ambientales adicionales, de manera de garantizar la sustentabilidad, tanto de la base de los recursos naturales, como del tejido social que integran los sistemas de producción. Existen dos posiciones, en principio antagónicas, en el debate actual. La primera pregona un equilibro entre las dimensiones económica, social y ambiental; y tiene como objetivo incluir la totalidad de estos costos como "costos de estructura" de la producción privada. Resulta evidente que una de las primeras consecuencias prácticas de esta decisión sería una caída de la producción, a cambio de una mayor sustentabilidad ambiental y social. La segunda postura se basa en la defensa a ultranza de la maximización de los beneficios privados y de los niveles de producción asociados, sin tener en consideración los efectos negativos. Esta posición es seriamente objetable cuando se la analiza en un horizonte de largo plazo y en función de los intereses del conjunto de la sociedad.

Entre ambas existe el concepto de "responsabilidad social del empresario rural"; este enfoque es cada vez más frecuente en amplios sectores de la producción agropecuaria. Para comprobarlo, basta ver los temarios de los últimos congresos de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Explotación Agropecuaria (AACREA) y de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), basados en reflexiones sobre la responsabilidad social del productor rural; buscando minimizar buena parte de los efectos negativos de las actividades agropecuarias; proponiendo modelos de gestión tecnológica y económico-financiera de mediano y largo plazo que generalmente implican el sacrificio de rentabilidad de corto plazo.

Es evidente que las decisiones basadas en criterios de racionalidad y eficiencia en el corto plazo -tal como efectivamente lo hacen hoy en día una parte importante de los productores- acaban conformando una producción insustentable. Es paradigmático el caso de la soja, que actualmente disfruta de altos precios internacionales; bajos costos directos de producción; uso de semilla de propia producción; del herbicida glifosato a una fracción del precio de hace pocos años; sencillez en la conducción del cultivo; gran seguridad de cosecha y, dato no menor, arrendamientos fijados en kilos de soja. En cambio el maíz, el cultivo sustituto "imperfecto" de la soja, tiene altos costos de producción; necesita adquirir semilla híbrida e insumos químicos de alto precio, además de una menor seguridad de cosecha a causa de su alta sensibilidad a escasez de lluvias, que pueden provocar reducciones muy importantes en el rendimiento. Esto hace que el monocultivo de soja predomine marcadamente en los lotes arrendados.

Por cierto, las rotaciones con maíz son más frecuentes en los campos de propiedad del productor, pero no se puede atribuir a los arrendatarios la responsabilidad del monocultivo. En cuanto a los propietarios de los lotes en alquiler, con frecuencia inducen, mediante las condiciones pactadas, al monocultivo. Otro factor es el alto costo del dinero, especialmente en el caso de los pequeños productores, que incide desproporcionadamente en contra de la siembra de un cultivo como el maíz.

Cualquier decisión que tomen los gobiernos, los dirigentes y la sociedad en el sentido de "retornar" a planteos productivos de equilibrio socio-económico-ecológico, indefectiblemente implica costos. Por ejemplo, pasar del actual planteo productivo predominante en los 7 millones de hectáreas de la zona núcleo sojera (ex maicera), a una rotación agrícola con mayor presencia del maíz (lo que representaría una reducción del desequilibrio en lo ambiental), implicaría una desmejora en el resultado operativo (margen bruto) de los productores y de las empresas agropecuarias. Más aun si se incluyeran, entre otras opciones, rotaciones con ganadería de engorde a base de pasturas permanentes, el ideal de un proyecto de sustentabilidad de largo plazo.

Por otra parte, en las últimas tres campañas (incluida la actual 2004/2005), el agro ha "subsidiado" al Estado en unos 10.000 millones de dólares, solamente en concepto de "retenciones" agrícolas. Pasar a planteos de rotaciones más equilibrados, podría disminuir este "subsidio" del sector privado agropecuario al Estado. Y paradójicamente podría revertir esta situación de retenciones, inédita y única en el mundo: los países desarrollados subsidian a la producción y los países en vías de desarrollo al menos no la penalizan, como ocurre en Argentina con las retenciones.

Debe tenerse en cuenta además que la actual situación de precios puede revertirse, debido a factores relacionados con la intención de siembra de Estados Unidos, el debate en Brasil sobre la liberación de la soja tolerante al glifosato, la mayor o menor presencia de China en el mercado, elementos estos que llevan a una gran volatilidad de los mercados a la que se suman factores climáticos y especulativos. De todas maneras, este ajuste se hará en el margen y Argentina seguirá siendo un importantísimo participante en la producción y comercio internacional de soja.

Pensar en el futuro 

El éxodo rural por falta de oportunidades no es una fatalidad. El espacio rural debe ser revalorizado con el ingreso de actividades secundarias de elaboración y terciarias de servicios (informáticos, turísticos, educativos), así como con una agricultura de productos de calidad, con certificación de origen, con valor agregado que tengan sustento en la especificidad de la biodiversidad local 3. Es lo que se llama la secundarización y tercerización de las zonas rurales, con el progresivo repoblamiento de los campos.

Se trata de un cambio de mentalidad importante, ya que en Argentina suele no relacionarse la noción del esfuerzo individual y la de la riqueza: "la confrontación entre una mentalidad con elementos autoritarios, jerárquicos y conservadores y otra que cree en la democracia, los derechos individuales y el progreso; o la exaltación de caudillos y gobiernos frente a la promoción de la iniciativa personal y las instituciones republicanas" 4.

Al mismo tiempo, una producción sustentable debe reconocer y afrontar la "enfermedad cultural" que padece Argentina desde hace décadas y aun posiblemente desde sus mismos orígenes como nación: el asistencialismo, "el vicio que vacía" a toda empresa social de las mejores actitudes emprendedoras; que deja a importantes proyectos en el terreno de las bonitas ideas; que paraliza y elimina de las organizaciones sociales la necesaria "visión empresarial". Frustra, porque se pensaba que era posible un proyecto que al ser viciado por el asistencialismo, en verdad carece de toda factibilidad, de toda "viabilidad empresarial y social" para el mediano y largo plazo. No genera producción genuina 5.

Así como habitualmente el sector privado no se da por aludido cuando se le mencionan sus obligaciones sociales, también el Estado, los políticos y aún las propias organizaciones sociales dejan de lado una genuina "gestión de sus emprendimientos" al no comprender ni asumir la necesaria dimensión empresarial de sus proyectos sociales, optando por el asistencialismo que esclaviza y no por la promoción, que libera a las personas.

El sector agropecuario, que sufre de una suerte de "asistencialismo al revés" a través de las retenciones, debe participar (como lo están comenzando a hacer algunos sectores) en un proceso de toma de conciencia y responsabilidad social; debe luchar no sólo por hacer sustentable el sistema productivo, sino también para hacer viable el sistema social del país todo y asegurar el sustento de las generaciones futuras.

  1. Francesco di Castri (Presentación en el Congreso de AAPRESID, Rosario, 2002)
  2. (USDA - Departamento de Agricultura de Estados Unidos)
  3. Francesco di Castri (Presentación en el Congreso de AAPRESID, Rosario, 2002)
  4. Marcos Aguinis, El atroz encanto de ser argentinos, Planeta Booket, Buenos Aires, 2001.
  5. Por supuesto, hablamos aquí del asistencialismo "estructural", sistemático, y no de la ayuda puntual a personas o sectores en estado de emergencia o necesidad.
Autor/es Alberto Wainer
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 71 - Mayo 2005
Páginas:10,11
Temas Agricultura, Estado (Política)
Países Argentina