Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Un neolaborismo muy conservador

El primer ministro británico Tony Blair se presenta por tercera y última vez como candidato del Partido Laborista en las elecciones generales convocadas para este 5 de mayo. Los británicos discreparon con su política de alianza incondicional con la administración Bush. Obreros e inmigrantes se cuentan entre los sectores afectados por su gobierno, que coronó la política conservadora y privatista de Margaret Thatcher.

El gobierno neolaborista de Anthony Blair sigue siendo uno de los pocos sobrevivientes de la primera ola de partidos socialdemócratas que había llegado al poder en Europa a partir de 1997. Fue ratificado en 2001 con una nueva mayoría absoluta. ¿Cómo explicar semejante éxito?, y además: ¿debemos estimar que esas victorias electorales consagran la superioridad de la "vía británica" en Europa?

Con Margaret Thatcher (1979-1990), la "modernización" del país se ejecutó bajo la modalidad de la venganza de clase: durante la década de 1980, cuando el nivel de desempleo afectaba a más de tres millones de británicos, la "Dama de Hierro" inició la puesta en marcha de una política ultraliberal que aniquiló la resistencia sindical, desreguló los servicios financieros, privatizó numerosos servicios públicos y vendió al público gran parte de las viviendas sociales con el fin de estimular la emergencia de un "capitalismo popular", el de los pequeños propietarios e inversores de bolsa. La industria, deliberadamente desdeñada, se sumió en una sostenida decadencia.

Blair heredó el nuevo panorama económico así delineado. Para sus ideólogos, la "tercera vía" blairista debía posicionarse entre dos polos tipificados: el ultraliberalismo de los conservadores y las economías administradas de tipo soviético 1. En realidad, los técnicos del blairismo estigmatizaron el "corporativismo" del sector público y saludaron las privatizaciones de la era Thatcher 2. Fiel a esta herencia, Blair se comprometió a no revisar las privatizaciones ni las leyes antisindicales de los conservadores. Subrayó simbólicamente este compromiso invitando a Thatcher a su despacho inmediatamente después de su primera elección en 1997. El Primer Ministro neolaborista recibió de los conservadores una economía en expansión, y de sus predecesores laboristas, Neil Kinnock y John Smith, un partido recentrado y domesticado.

La filiación ideológica respecto al thatcherismo aparece claramente en las cuestiones de la propiedad y los servicios públicos. Pese al fiasco de la privatización de los ferrocarriles (que dos tercios de los británicos desearían revisar), los neolaboristas prosiguieron el programa conservador de privatización de las empresas públicas. El método participación público-privado (PPP) confía misiones de servicio público a empresas privadas (construcción de las infraestructuras, funcionamiento, gestión de personal, etc.). Esto abarca a los hospitales, las escuelas 3, el armamento, las cárceles, el subterráneo de Londres 4, etc. El PPP fue atacado por algunos economistas por privilegiar las normas del sector privado: cobertura menor y elevación del costo, pérdida de la ética de servicio público reemplazada por nuevas consideraciones mercantiles (rentabilidad), empleo de un personal menos capacitado y peor remunerado, precio elevado de los proyectos PPP en comparación con un prestatario público 5.

En la vertiente de la seguridad, el neoliberalismo ortodoxo de la "nueva socialdemocracia" se acompaña de políticas represivas que ruborizarían a los conservadores. Blair se inspira en las políticas "anti-terroristas" draconianas de la administración Bush. En la prisión londinense de Belmarsh, hay prisioneros detenidos desde hace tres años sin haber sido inculpados o juzgados, al punto que los medios hablan de un "Guantánamo británico" en el corazón de la capital. Después de una larga oposición de los demócratas liberales y... de los conservadores, acaba de votarse en el Parlamento una ley que permite la detención arbitraria y casi ilimitada de "sospechosos" 6.

A la guerra con Bush

La política exterior ocupó un lugar preponderante durante el segundo mandato neolaborista. En 1997, el Primer ministro había anunciado que Gran Bretaña seguiría desempeñando un rol de "puente" entre Estados Unidos y Europa, pero desde el invierno de 2002, aun antes de que se aludiera en Naciones Unidas a un eventual ataque contra Irak, apoyó el plan estadounidense de derrocamiento del régimen iraquí 7, con un éxito muy mitigado: si Blair había prometido al presidente George W. Bush que le "serviría a Europa en bandeja", lo hizo sin contar con la negativa de la aplastante mayoría de las poblaciones del continente a apoyar una aventura sin ningún fundamento militar ni jurídico. En el mismo Londres, la manifestación contra la guerra del 15-2-03 reunió a cerca de dos millones de personas, firmemente opuestas a la política de su gobierno. Desde la intervención en Irak, el índice de confianza otorgado al Primer Ministro se mantiene en su nivel más bajo entre los jóvenes, las mujeres e importantes segmentos del electorado obrero.

Lo cual no impide que Blair se haga eco del discurso evangelizador y neoimperialista de Bush. Su concepción de las relaciones interestatales fue teorizada por Robert Cooper, consejero cercano en relaciones exteriores, para quien sólo un "nuevo imperialismo" occidental podría "restaurar el orden en el mundo" 8. El 11-9-01, parece haber sonado la hora de los amistosos intercambios neolaboristas con los gurúes del neoconservadurismo.

El muy influyente economista Irwin Stelzer, amigo del barón de los medios Rupert Murdoch, es regularmente invitado al despacho de Blair. Interrogado a la salida de uno de sus encuentros privados con el Primer Ministro, declaró: "Tony Blair me confió que George Bush es uno de los hombres más inteligentes que haya conocido" 9. Stelzer acaba de publicar una antología del pensamiento neoconservador; junto a ciertas contribuciones previsibles (Richard Perle, Robert Kagan, Jeane Kirkpatrick, Irving Kristol, William Kristol, Margaret Thatcher), figura un discurso de Blair 10. El autor de la antología lo justifica así: "Consideremos el caso de Tony Blair, un ‘no-neocon' en sus orígenes, que los neoconservadores reconocen ahora como uno de los suyos. Mucho antes que Bush, consideró que la intervención de las democracias occidentales en los asuntos internos de un Estado soberano, era a veces necesaria para tener a raya a los Estados criminales o terroristas" 11.

Bajo el gobierno neolaborista, el deseo británico de una Europa como zona de libre comercio está más que nunca a la orden del día. De todos modos hay una diferencia de magnitud respecto de la situación existente en la época de los gobiernos conservadores. En parte gracias a la ampliación a veinticinco miembros de la Unión Europea (UE), Gran Bretaña ya no es una potencia "reactiva" que dice no y bloquea, sino un país que propone, impulsa, determina la política europea. Pese al mal paso iraquí y a la auto-exclusión de la zona euro, el dominio británico en Bruselas no deja de acentuarse. En 2004, la elección de José Manuel Barroso (un liberal y partidario de la guerra en Irak) como presidente de la Comisión Europea en lugar de Guy Verhofstadt, Primer Ministro belga y candidato franco-alemán, fue un signo de esta transformación de la relación de fuerzas en el seno de la UE.

Desde 1997, personalidades neolaboristas dejaron por lo demás su huella en las instituciones comunitarias. Kinnock, ex jefe del Partido Laborista y precursor del "New Labour", se mostró como un delegado europeo muy celoso de la "agenda europea" de Blair entre 1995 y 2004. John Monks, ex secretario general del Trade Union Congress (TUC), fue llevado a la jefatura de la Confederación Europea de los Sindicatos (CES) en 2004. En su indefectible apoyo al poder, había hecho tragar al movimiento sindical la píldora de las decisiones gubernamentales más detestadas por los asalariados (privatización de los servicios públicos, aumento astronómico de los gastos de inscripción en la universidad, guerra en Irak, negativa a devolver al Estado los ferrocarriles y a revisar las leyes antisindicales de la era Thatcher). Bajo su dirección, el comité ejecutivo de la CES tomó posición a favor de la Constitución Europea, sin haber consultado a las bases sindicales nacionales (muchos partidarios franceses del sí mencionan esta "votación", muy restringida, para argumentar el "apoyo de los sindicatos europeos a la Constitución").

Una Europa británica 

Finalmente, Peter Mandelson, ideólogo del "New Labour" (junto a Anthony Giddens) y hombre de confianza del Primer Ministro británico, acaba de ser nombrado delegado de Comercio. Prometió luchar contra las "rigideces" de las economías europeas y acelerar las políticas de liberalización emprendidas por la Comisión en el sector de los servicios: el gobierno neolaborista se pronunció a favor de la directiva de Bolkestein sobre este último tema.

Las cumbres de Lisboa y Madrid representaron dos importantes etapas en el lanzamiento de una Europa británica, cuya consagración está representada, según ciertas opiniones, por la Constitución Europea. En este sentido, un universitario del entorno de Blair saluda la "constitucionalización del modelo anglosajón" en Europa. Según él, "el Tratado no cuestiona en ningún punto la orientación económica liberal de la Unión Europea" 12. El gobierno británico publicó por lo demás un Libro Blanco en el que se regocija por haber impedido toda referencia a un "gobierno económico europeo, sinónimo de rigidez". Se felicita igualmente por haber excluido la armonización del régimen tributario y de la seguridad social. Finalmente, advierte que la Carta de los Derechos Fundamentales contenida en el texto sometido a ratificación no "creará ningún derecho nuevo" para los asalariados británicos.

En otro terreno, el de la defensa europea, Gran Bretaña estima igualmente "haber ganado una importante batalla contra Francia y Alemania (...) al inscribir por primera vez en un documento oficial de la Unión Europea el principio según el cual la OTAN garantiza la infraestructura de la defensa colectiva de Europa" 13.

A partir de fines de la década de 1970 se sucedieron dos versiones del neoliberalismo. En un primer momento, una versión dura -la de los pioneros (Augusto Pinochet, Ronald Reagan, Margaret Thatcher, los dirigentes de Europa Central y Oriental después de 1989)- orquestó una ofensiva contra los asalariados, los sindicatos y el Estado social, frecuentemente asociados al denostado socialismo. Más recientemente, apareció una versión atenuada de la misma orientación que consolida, e incluso profundiza, las conquistas de los pioneros, pero de un modo indirecto, como subrepticiamente. El objetivo era evitar los enfrentamientos con los asalariados, neutralizarlos mediante reformas marginales y sectoriales. Hay representantes de esta tendencia dentro de la derecha y en la mayoría de las dirigencias de la socialdemocracia europea. A su modo, la unión sagrada de estas dos corrientes en torno al proyecto de Constitución Europea pone en claro la convergencia de estos dos campos, históricamente antagónicos. Cosa que no impide, por lo demás, la prosecución de juegos de distinción ideológica entre "conservadores" y "progresistas".

Allí reside, precisamente, la clave del "éxito" duradero de los neolaboristas. Desde 1997, Blair obtuvo el apoyo entusiasta de los partidarios de la globalización neoliberal, ya que supo demostrar una "moderación" de la que Thatcher se había mostrado incapaz. Contrariamente a ella, no reprime a los asalariados y los sindicatos, sino que saca provecho de su debilitamiento para domesticarlos mediante una estrategia de despolitización y una comunicación insistente sobre sus reformas progresistas (inversiones en ciertos servicios públicos, devolución de los poderes a Escocia y al País de Gales, reforma de la Cámara de los Lores). Blair logró así estabilizar un sistema que el radicalismo thatcherista había acabado por amenazar.

  1. Anthony Giddens, La tercera vía y sus críticos, Madrid, Taurus, 2001.
  2. Peter Mandelson, Rodger Liddle, The Blair revolution, Faber & Faber, Londres, 1996.
  3. Richard Hatcher, "L'école britannique livrée au patronat", Le Monde diplomatique, París, abril de 2005.
  4. "Blair divide al Partido Laborista", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, mayo de 2000.
  5. "Le public au service du privé. Mondialisation néolibérale et privatisation des services publics en Grande-Bretagne", Les Temps modernes, Nº 615-616, París, 2001.
  6. Laurent Bonelli, "Servicios de inteligencia, islam y violencia política", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, abril de 2005.
  7. John Kampfner, Blair's wars, Free Press, Londres, 2003.
  8. Robert Cooper, "Why we still need empires", The Observer, Londres, 7-4-02.
  9. The Observer, Londres, 17-10-04.
  10. Irwin Stelzer, The Neocon reader, Grove Press, New York, 2005.
  11. Irwin Stelzer, "Nailing the neocon myth", The Times, Londres, 3-10-04.
  12. Anand Menon, "European puzzle", Prospect, Londres, mayo de 2004.
  13. "White Paper".
Autor/es Philippe Marlière
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 71 - Mayo 2005
Páginas:20,21
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Estado (Política), Sociedad, Migraciones
Países Inglaterra