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Gobierno electoral

Sea cual fuere la superioridad intelectual de un hombre, nunca puede asumir una supremacía práctica y útil sobre los demás sin la ayuda de una especie de artificio exterior, de ardid, que en sí mismo será siempre más o menos bajo y mezquino. Esto es lo que siempre mantiene a los verdaderos príncipes del imperio de Dios alejados de los comicios y discursos electorales, dejando los más altos honores que pueda conceder esa atmósfera a los hombres que se hacen famosos más por su infinita inferioridad con respecto a ese otro oculto puñado de hombres elegidos por el Divino Inerte, que por su indudable superioridad con respecto al nivel inerte de la masa. Tan gran virtud se oculta en esas cosas ínfimas cuando las inviste una extrema superstición política, que en ciertas instancias reales han otorgado fuerza hasta a la idiota fatuidad.

Herman Melville, Moby Dick

 

Es mejor no preguntarse qué escribiría Melville de los políticos y de la política argentina en el siglo XXI. Pero es fácil imaginarlo. Desde al menos enero de este año el gobierno, el partido en el gobierno y casi todos los demás no hacen otra cosa que sacar cuentas, enfrentarse, pactar, volver a enfrentarse, gastar tiempo y dinero, mucho dinero que nadie sabe de dónde viene, en preparativos para las elecciones de octubre próximo. En otras palabras, casi todo el tiempo y las energías de la dirigencia política de un país que hace tres años vivió una grave crisis financiera, económica e institucional, que tiene a la mitad de la población bajo los niveles de pobreza y en un estado de total deterioro sus sistemas de educación, salud, seguridad y defensa, se dilapidan en el pasteleo pre electoral.

Un único botón de muestra, ya que los lectores verifican día a día este lamentable escándalo: el 29 de junio pasado, la Cámara de Diputados y varias de sus Comisiones, entre ellas la de Asuntos Constitucionales (que está analizando, además de otras cosas de importancia, nada menos que el tema de las leyes secretas), dejó de sesionar por enésima vez porque, según declaraciones de un funcionario oficialista, "(los legisladores) están todos metidos en las internas, en roscas y contrarroscas " 1. Se trataba de la cuarta semana sin sesiones de la Cámara de Diputados 2.

Si este comportamiento es reprobable en todos los partidos, en el de gobierno es injustificable. Y en el gobierno mismo, peor aun. Porque lo que está ocurriendo no es sólo que se hace "política" (si se puede rebajar el término aplicándolo a esta puja inmoral y vociferante) postergando lo impostergable, sino de gobernar única y exclusivamente en función del objetivo electoral, tomando decisiones de dudosa legalidad que comprometen al país y a la salud social e institucional por mucho tiempo. Es el caso del decreto presidencial 527/05 del 20 de mayo último, por el cual se suspende por diez años la contabilidad de los plazos en ejercicio de las licencias de los medios de radiodifusión, congelando así por una década la revisión de un panorama de alta concentración y muy dudosa transparencia 3 y beneficiando claramente a los actuales licenciatarios. Por supuesto que con la misma intención se está enviando a las calendas griegas el tratamiento de una nueva Ley de Radiodifusión para reemplazar a la actual 22.285, promulgada en 1979 por la dictadura militar y que, entre otras cosas, en su artículo 45 impide a las personas jurídicas sin fines de lucro (cooperativas, mutuales, sindicatos, ONG, etc.) pedir adjudicación de TV por cable, ondas de radio o antenas comunitarias. Este artículo en particular fue declarado inconstitucional por un fallo judicial 4.

Los resultados de este decreto, que evita a las corporaciones propietarias de medios pasar la prueba (técnica, financiera, contable, de calidad, etc.) que posibilita una eventual prórroga y revaloriza a las compañías -una de ellas en convocatoria de acreedores- no se hicieron esperar. Cualquier buen lector, oyente o televidente habrá notado el cambio de tono hacia el gobierno de los grupos de medios que se beneficiaron con el decreto, al tiempo que la nula atención que les mereció el propio decreto. Los pactos nocturnos tienen esas reglas.

Reformas postergadas

Las normas electorales de los países más civilizados fijan modos de financiación de campaña para los partidos; plazos y montos para propaganda, agitación y debate (por supuesto que infinitamente más razonables que esta locura de "vivir" en campaña); momentos de reflexión, etc. Pero no se puede medir a Argentina con la vara de los países donde las instituciones, leyes y normas pesan en un sentido positivo, razón por la que el principal reproche que cabe al actual gobierno es no haberse montado en el excepcional momento de movilización de la sociedad argentina, consecutivo a diciembre de 2001, para acorralar a la dirigencia política y corporativa obligándola a aceptar una serie de reformas esenciales -política, sindical, tributaria, federal, etc.- para comenzar a adecentar el funcionamiento institucional, económico y social.

El ejemplo de que esto era perfectamente posible lo dio el propio presidente Néstor Kirchner, cuando a comienzos de su mandato "informó" personalmente a los ciudadanos, a través de la cadena nacional de radio y televisión, de que el Congreso tenía en sus manos agilizar los juicios políticos a varios miembros de la Corte Suprema de Justicia, a la sazón "cajoneados" por su propio partido y buena parte de la oposición desde hacía tiempo. Todavía se respiraba entonces la atmósfera social de diciembre de 2001 y los beneméritos legisladores entendieron el mensaje, que el lenguaje criollo metaforizaría como "ojo, los perros están sueltos". Es así que hoy el país cuenta con una Corte Suprema digna de ese nombre.

Eran también los tiempos de la "transversalidad", un intento del gobierno mucho más retórico que sincero, en cualquier caso timorato y efímero, por agrupar en un nuevo proyecto político al personal decente y desencantado de su propio partido y de todos los demás. Esa vía fue rápidamente abandonada y ahora el gobierno está desde hace meses en negociaciones con la tradicional caterva de políticos y sindicalistas del peronismo. Pero si para algo sirven los ensayos generales, sus estrategas de campaña deberían servirse de la experiencia de Santiago del Estero, una provincia intervenida por el Ejecutivo para quitar del medio a un sátrapa peronista en la que el gobierno terminó aliado en las elecciones que siguieron a lo peor del peronismo local, con "el Tula" (¡el bombo de López Rega!) como animador de campaña... y perdió las elecciones.

Este progresivo abandono del uso político (en el mejor de los sentidos) de la indignación y movilización populares ante un estado de cosas insoportable, resulta una versión más dispersa, menos concentrada en un momento preciso, del desdichado "Felices Pascuas" del presidente Raúl Alfonsín en 1987. Si de verdad el presidente Kirchner quiere hacer de Argentina "un país en serio", debe recordar que la política es un asunto de relación de fuerzas y que el momento en que el país mafioso se mostró vulnerable casi ha pasado, si no es que ha pasado definitivamente. También que las concesiones que hoy pueda hacerle la mafia política y corporativa y los medios de comunicación concentrados, le serán retiradas en cuanto sus propias fuerzas se hayan debilitado.

Desde este punto de vista, es comprensible que la ciudadanía de a pie desconfíe de la actitud del gobierno después de las elecciones; que sospeche un cambio de rumbo brutal respecto a las negociaciones con el FMI, las empresas privatizadas, etc. ¿No es esa acaso la factura que le pasará la gentuza a la que hace concesiones y con la que en la actualidad discute listas, pactos y apoyos electorales?

Una vez más, recordar a Alfonsín, a menos que el Presidente sea (o ya se haya resignado a ser), uno más de los que tratan de que algo cambie para que todo siga igual, hasta la próxima gran crisis.

  1. "Diputados, con la mente en otro lado", Página/12, Buenos Aires, 29-6-05.
  2. "El Congreso está paralizado por la campaña electoral", La Nación, Buenos Aires, 29-6-05.
  3. El Dipló ha publicado varios artículos sobre el tema: "Canal 7, una saga interminable", abril de 2005; "Una radiodifusión para la democracia", octube de 2004, y "Voces múltiples por el derecho a la comunicación", octubre de 2003, por Pablo Stancanelli; "Medios del Estado, al servicio del poder económico", abril de 2004, por Natalia Aruguete y Washington Uranga; "De la propiedad de los medios", junio de 2003, por Natalia Aruguete, y "Televisión estatal o gubernamental", junio de 2000, por Guillermo Mastrini.
  4. Miguel Julio Rodríguez Villafañe, "Absurda (e interesada) discriminación", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2003.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 73 - Julio 2005
Páginas:3
Países Argentina