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Recuadros:

Las “maquilas” no admiten sindicalistas

Los trabajadores centroamericanos sometidos a una escandalosa explotación en las “maquilas” (donde trabajan actualmente unas 350.000 personas, el 75% de ellas mujeres), se ven amenazados con la deslocalización de esas empresas si defienden sus derechos. Las iniciativas de sindicalización, que son ferozmente hostigadas, sólo podrán dar resultado con una mundialización de la resistencia.

Es de mañana temprano en Villa Nueva, un suburbio popular de Ciudad de Guatemala. Las vendedoras ambulantes se instalan en la puerta de las empresas subcontratistas que producen para la exportación, las llamadas "maquilas" 1. Tras de sus cacerolas humeantes, las modestas comerciantes aguardan la llegada de los autobuses repletos de obreras. Las mujeres que bajan de esos autobuses suelen ser jóvenes provenientes de barriadas populares, pero se las ve bien arregladas. Algunas se detienen un momento, apenas el tiempo para tomar en silencio una sopa de maíz hirviente, y luego se apresuran a ocupar sus puestos. Los vigilantes cierran tras de ellas las puertas de la empresa.

En Guatemala, como en toda América Central, el auge de las maquilas data de la década de 1990. Al cabo de más de diez años de guerras civiles -igual que en Nicaragua y en El Salvador- la paz reina nuevamente en esa región, particularmente atractiva para las empresas de confección gracias a la proximidad geográfica de Estados Unidos, a salarios inferiores a los de México y a exorbitantes beneficios fiscales 2. Además, desde 1984, Washington otorga a los países centroamericanos la posibilidad de exportar prácticamente sin restricciones hacia Estados Unidos las prendas fabricadas en la región.

Para las empresas asiáticas, cuyas exportaciones desde sus países de origen aún están limitadas por cuotas, América Central se ha convertido en una plataforma privilegiada para acceder al mercado estadounidense. Al mismo tiempo, la agricultura local, afectada por la baja en el precio del café y de otros productos de exportación, paga los platos rotos de las medidas de ajuste estructurales impuestas por las instancias financieras internacionales. América Central deja de ser rural para volverse "maquilera"...

En las maquilas centroamericanas trabajan actualmente unas 350.000 personas, el 75% de las cuales son mujeres. Ese sector representa el 58,7% de las exportaciones en El Salvador; el 47,2 % en Honduras; el 58% en Nicaragua, y el 18% en Guatemala. Los gobiernos locales lo presentan como un motor del desarrollo regional 3. Sin embargo, su contribución a la economía nacional es relativa: las materias primas son importadas y las maquilas -que no pagan impuestos- no contribuyen de ninguna manera a los ingresos del Estado. En cuanto a los empleos, son inestables, poco calificados y mal pagos.

Desde el 1 de enero pasado, el sistema de cuotas que limitaba las exportaciones de indumentaria hacia los mercados de Estados Unidos y Europa quedó sin efecto, lo que hace planear sobre las maquilas centroamericanas la amenaza de la competencia china. Sin embargo, en la sede de la organización patronal Vestex, en Ciudad de Guatemala, un moderado optimismo es de rigor: "No podemos competir con China en lo que hace al costo salarial -afirma Carla Caballeros- pero la situación geográfica de Guatemala sigue siendo una gran ventaja, y la reconversión de las empresas al ‘paquete completo' (producción integrada que reúne en la misma empresa las diferentes etapas de la elaboración) ya está muy avanzada. En el sector de la moda, donde los plazos de entrega impuestos por los clientes son cada vez más cortos, la rapidez de acceso al mercado y la velocidad de reacción se han convertido en elementos clave". Entre el momento del pedido y el de la entrega del producto terminado en Estados Unidos, el plazo es de dos meses para las firmas instaladas en Asia, pero sólo de dos semanas para las maquilas guatemaltecas.

Competir a toda costa 

Sin embargo, se lamenta Carla Caballeros, esa ventaja no alcanza: "Necesitamos que el gobierno nos ayude a hacer el país más atractivo para los inversores extranjeros. Por ejemplo, simplificando los trámites aduaneros, cuyo peso representa una desventaja para Guatemala respecto de otros países de la región". En El Salvador, en cambio, es el precio de la electricidad lo que resulta demasiado caro para las empresas. La vicepresidente, Vilma Escobar, propone "reducir las tarifas e invertir en la producción de energía hidroeléctrica" 4.

El Plan Puebla Panamá (PPP), presentado como un proyecto de desarrollo sustentable e integral, pero que sobre todo se inserta en el marco de los tratados de libre comercio sin ninguna consideración social o ecológica, justamente prevé la construcción de varias decenas de centrales hidroeléctricas en toda la región centroamericana y la integración de la red eléctrica regional 5. "Todo lo que contribuya a mejorar la calidad de las infraestructuras y de los servicios propuestos a las empresas extranjeras -considera Carla Caballeros- sólo puede tener un efecto positivo sobre su implantación en la región". Pero aun más importante, estima, será la ratificación del Tratado de Libre comercio para América Central (CAFTA, en inglés) destinado a unir económicamente a la región con Estados Unidos. Sin embargo, ese tratado, que ya fue ratificado por El Salvador, Honduras y Guatemala (aunque aún no fue aprobado por el Congreso estadounidense), es muy resistido por las organizaciones populares de la región.

El texto del acuerdo sometido a la firma de los Estados incluye un capítulo relativo a los derechos laborales: "ventaja" obtenida fundamentalmente por la presión de las centrales sindicales estadounidenses. "La calidad de las relaciones entre los trabajadores y sus empleadores es un criterio importante en la decisión de las principales marcas de instalarse en tal o cual país, o de trabajar con tal o cual empresa. Actualmente, cada maquila debe respetar el código de conducta impuesto por sus clientes, y las condiciones laborales en esas firmas no tienen nada que ver con la imagen deplorable que difunden los medios" 6, afirma Carla Caballeros.

En efecto, en Estados Unidos, las campañas para informar a los consumidores sobre las condiciones de trabajo en las maquilas y su articulación con la acción sindical obligaron a la mayoría de las grandes marcas (GAP, Liz Clairborne, Nike, Reebok...) a adoptar códigos de conducta que, por supuesto, fueron inmediatamente erigidos en argumentos de publicidad. Actualmente, las maquilas deben presentarse bajo un aspecto aceptable para sus clientes.

El último hallazgo de la organización patronal guatemalteca Vestex para mejorar su imagen, es el sistema de resolución alternativa de conflictos (RAC), aún en proceso de experimentación. El mismo comprende la capacitación -¡por Vestex!- de mediadores "independientes" con el fin -según Carla Caballeros- de "intervenir preventivamente para evitar recurrir a los inspectores laborales o a los tribunales, lo que resulta lento y costoso". David Morales, secretario de la Federación Sindical de Trabajadores de la Alimentación, Agroindustria y Similares (FESTRAS), única central sindical representada en las maquilas, reacciona enérgicamente: "¿Cómo se puede pretender ser a la vez juez y parte?". A su entender, el RAC es "un paso hacia la privatización de la justicia".

Ahora bien, a pesar de las numerosas denuncias efectuadas, en las maquilas son moneda corriente los insultos y la violencia física contra las trabajadoras, los despidos injustificados (sobre todo de obreras embarazadas), el acoso sexual, los horarios interminables, las horas extra no remuneradas, la ausencia de prestaciones previstas por la ley. Para Lucrecia Bautista, coordinadora del sector maquilas en el gabinete de auditoría Coverco, el problema no está en la legislación vigente: "Las reglamentaciones centroamericanas de derecho laboral son buenas -explica- pero sus disposiciones son frecuentemente violadas en las maquilas y no hay ninguna voluntad política de parte de los Estados para imponer su aplicación".

Así es que ante cualquier infracción, los inspectores laborales se muestran muy benévolos. "No es para nada sorprendente -exclama Gabriel Zelada, presidente del Centro de Estudios y Apoyo al Desarrollo Local (CEADEL) 7- cuando un ministro, interrogado al respecto, dijo que había que evitar por todos los medios ahuyentar a los inversores; o cuando sabemos que la inspectora general del trabajo, Aída Celeste Ayala, es una ex integrante de Vestex y que se formó en el seno de esa organización patronal. En septiembre de 2004 un inspector laboral de Chimaltenango me confesó haber recibido órdenes explícitas de no hacer nada que pudiera disgustar a los dueños de las maquilas."

Contrariamente a las afirmaciones de la patronal, la Confederación Internacional de Sindicatos Libres (CISL) 8 confirma que la apertura de los mercados, el aumento de la competencia y la "amenaza china", podrían servir de argumento a quienes pretenden aumentar la competitividad de las empresas reduciendo los costos sociales "a riesgo de deteriorar aun más las condiciones laborales de las obreras y los obreros de las maquiladoras guatemaltecas, los que ya son objeto de fuertes presiones".

Además de la reducción del salario mínimo, un estudio de la Asociación Gremial de Exportadores de Productos No Tradicionales (AGEXPRONT) preconiza efectivamente "una reglamentación laboral menos rígida" y la "restricción del poder de los sindicatos" 9.

Para asegurarse la docilidad de la mano de obra, los responsables de las maquilas pretenden eliminar cualquier tipo de presencia sindical -de por sí escasa- en las empresas. Y para conseguirlo no escatiman medios. Vitalina Ramírez, una obrera de Choishin, una maquila de Villa Nueva, a pocos kilómetros de la capital de Guatemala, relata la reacción de la dirección cuando en 2002, luego de varios meses de preparación clandestina, se creó oficialmente una delegación sindical en la empresa: "Varias compañeras fueron secuestradas durante todo un día en la oficina del gerente, que intentó hacerles firmar cartas de renuncia. Varios custodios de la firma nos seguían hasta nuestras casas amenazándonos de muerte. En Guatemala, esas cosas no hay que tomarlas a la ligera. Luego, la dirección anunció que cerraría la planta, que todo el personal sería despedido y que era culpa del sindicato... A causa de eso, las otras chicas nos insultaban, nos arrojaban piedras y sachets de agua. Fue terrible. La cosa duró varias semanas y algunas se quebraron".

El cierre de una empresa "sindicalizada" suele producirse cuando las veleidades reivindicativas de las obreras no pudieron ser previamente desalentadas. Se invoca entonces la falta de rentabilidad o la necesidad de una reestructuración para justificar el cierre de la planta... que vuelve a abrir poco después, bajo otro nombre o en un país vecino. Previsor, el gerente de Dong Bang Fashion, una maquila de Chimaltenango, se anticipó: "Cuando oyó hablar de sindicato -relata Zelada- hizo llamar a un grupo de trabajadores conocidos por formar parte de una mara (pandilla violenta) y les dijo que si se creaba un sindicato en la empresa, serían los primeros despedidos: que decidieran ellos lo que debían hacer. Dada la violencia de esas bandas, era como una espada de Damocles sobre la cabeza de los disconformes. Resultado: todavía no se pudo crear un sindicato en Dong Bang".

La caza de brujas se manifiesta también en la confección de listas negras con los nombres de militantes notorios o de supuestos simpatizantes sindicales, nóminas que se intercambian los gerentes de las maquilas, aunque lo nieguen. Zelada afirma: "El gerente de Rotex (una maquila de Chimaltenango) reconoció delante de mí que recibía esas listas regularmente, aunque, por supuesto, decía que no las tenía para nada en cuenta". No obstante, la libertad de asociación figura inscripta en el código de conducta que las empresas se comprometen a hacer respetar en las maquilas que producen para ellas.

"Cuando Liz Clairborne, nuestro principal cliente, nos pide que hagamos una auditoría -explica Lucrecia Bautista- le enviamos un informe confidencial mensual. Las violaciones a la libertad de asociación forman parte de las irregularidades frecuentemente señaladas en esos informes. Nuestras recomendaciones son a veces tenidas en cuenta cuando se trata de construir un nuevo sanitario o de instalar una salida de emergencia. Pero no conozco ningún caso de un sindicalista injustamente despedido que haya sido reintegrado a su trabajo. Las maquilas a veces reciben advertencias, pero no las tienen en cuenta. Y las marcas, en lugar de cambiar de proveedor, argumentan que para elegir uno nuevo deberían hacerlo auditar y que el tramite se vuelve demasiado complicado..."

Logros escasos 

Como consecuencia del hostigamiento de que son objeto las organizaciones sindicales, su presencia en ese sector disminuye. Según un informe de la Plataforma Sindical Única Centroamericana 10, sólo hay delegaciones sindicales en 45 de las 1.212 maquilas de América Central... y sólo en 3 de las 236 existentes en Guatemala. En El Salvador hay un caso de éxito sindical (ver recuadro), cuya ejemplaridad no pasó desapercibida a los gerentes de las demás maquilas, preocupados ahora por evitar el contagio.

Los sindicalistas de Nobland International Factory (NB), en Ciudad de Guatemala, celebraron en la puerta de la empresa el primer aniversario de la delegación sindical con un grupo de mariachis. Cada obrera que llegaba era invitada a compartir café y tamales. Algunas se dejaron convencer. Para otras la presencia de un representante de la dirección que observaba la escena con una libreta de notas en la mano, mientras el servicio de orden se alineaba ostensiblemente en la vereda de enfrente, tuvo un efecto de disuasión. Después de Choishin y de Cimatextiles, NB es la tercera maquila "sindicalizada" de Guatemala, pero los logros parecen escasos: fuera de una prima mensual de 50 quetzales (16 dólares) o la autorización de ir al baño sin informar a la jefa de turno, se limitan al reconocimiento de los derechos que ya figuran en el Código Laboral. "Esperábamos que el ejemplo cundiera, pero los patrones se mantuvieron firmes y fomentan las divisiones para debilitar al sindicato", reconoce Mary Mejía, coordinadora del Centro de apoyo a las trabajadoras de las maquilas, surgido de FESTRAS. Y añade: "Nuestra situación es más precaria que nunca y no podremos conseguir ninguna mejora sin la solidaridad internacional".

  1. Esas empresas surgieron a lo largo de la frontera norte de México en la década de 1960. En América Central, la mayoría de ellas trabaja en la confección.
  2. Exención de la tasa profesional, de impuestos locales, del IVA, de gravámenes de importación sobre las materias primas, y garantía para sacar del país el capital y los beneficios...
  3. Oxfam International, "Trabajo de muchas, ganancia de pocos", Londres, mayo de 2004.
  4. La Prensa Gráfica, San Salvador, 16-9-04.
  5. El PPP concierne a nueve Estados mejicanos (Puebla, Campeche, Guerrero, Oaxaca, Tabasco, Veracruz, Quintana Roo, Yucatán y Chiapas) y a siete países de América Central (Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá). Ver Braulio Moro, "El Plan Puebla-Panamá. Una recolonización disfrazada", en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, diciembre de 2002.
  6. Maurice Lemoine, "Les travailleurs centraméricains otages des ‘maquilas'", Le Monde diplomatique, París, marzo de 1998.
  7. El CEADEL trabaja junto a las obreras de las maquilas de Chimaltenango.
  8. CISL, "Fin des quotas, drames sociaux en vue", Bruselas, noviembre de 2004.
  9. "Políticas laborales en Centroamérica, ¿oportunidades o barreras al desarrollo?", Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN), Ciudad de Guatemala, 2004.
  10. Maquilas en Centroamérica - PSCC , San Salvador, 2003.

En El Salvador, la lucha se mundializa

Revelli, Philippe

A primera vista, Just Garments casi no se diferencia de las otras maquilas centroamericanas: una empresa de confección instalada en un gran galpón, iluminada por tubos de neón, con filas de máquinas de coser sobre las cuales se afana una mano de obra mayoritariamente femenina. Los salarios son apenas más altos que en otros lados, “pero actualmente –declara una de las obreras, Marlene Alvarado– el ambiente de trabajo no tiene nada que ver con el que había cuando la empresa todavía se llamaba Tainan“.  
En mayo de 2000 la sociedad taiwanesa Tainan S.A. se instaló en la zona franca de San Bartolo (en la periferia de San Salvador). Pocos meses después, una decena de trabajadores decidió formar una sección sindical. El primer conflicto con la dirección se produjo inmediatamente después del terremoto de enero de 2001: los locales de la empresa resultaron dañados y numerosos trabajadores perdieron a seres queridos o quedaron sin vivienda. Sin embargo, Wu Tao Chang, gerente de Tainan, se negó a conceder un día libre, y a pesar de que las condiciones de seguridad en la planta eran precarias, ordenó que se reanudara el trabajo. Rubén Orellana, uno de los fundadores de la sección sindical recuerda: “Me subí a una silla y llamé a los trabajadores a que volvieran a sus casas. Todos abandonamos la fábrica“.
Esa combatividad sorprendió tanto a la dirección de la empresa como a FENASTRAS, la central sindical a la que estaba afiliada la sección de Tainan. FENASTRAS ya no tenía nada de la organización combativa que era en la década de 1980. En noviembre de 1989, en plena guerra civil y durante la gran ofensiva guerrillera del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) sobre San Salvador, un atentado explosivo diezmó a la dirección, y los últimos dirigentes “históricos“ se vieron obligados a exiliarse. Los líderes actuales –que tienen excelentes relaciones con la patronal y con el Ministerio de Trabajo– mantienen congeladas las secciones sindicales: en caso de conflicto, proponen sus servicios de mediación y negocian acuerdos desventajosos, mediando comisiones o porcentajes sobre las sumas no pagadas a los trabajadores.
Luego de haber intentado infructuosamente moderar a sus militantes de la planta Tainan, FENASTRAS los desafilió. Los obreros se pasaron entonces al Sindicato de Trabajadores Textiles. A los abusos y suspensiones decididas por la dirección para tratar de quebrar el movimiento, la respuesta fue una mayor movilización. El 18 de abril de 2002 habían logrado sindicalizar a más de la mitad de los asalariados de la empresa. Al haber alcanzado así la cuota legal, presentaron un pedido de negociación colectiva ante la Inspección de Trabajo. Cuatro días más tarde Tainan anunció el fin de sus actividades en El Salvador. Inmediatamente las obreras ocuparon la planta para impedir que se retiraran las máquinas y lanzaron un llamado a la solidaridad internacional.
En Estados Unidos obtuvieron el apoyo de la AFL-CIO, mientras que la United Students Against Sweatshops (USAS) y la Campaign for Labour Rights 1 reclamaron ante los comanditarios de la empresa (GAP, Land Ends, Footlocker…) por la violación del código de conducta. Invitada a Estados Unidos, María Luz Panameña –obrera de Tainan– logró ingresar a la asamblea general de accionistas de GAP e interpeló al presidente, que acababa de elogiar la política social de la firma: “Señor Fish, yo vengo de El Salvador, y estoy orgullosa de fabricar indumentaria para GAP, pero eso que usted dice es mentira...“.  
El 13 de junio de 2002, en 31 ciudades de Estados Unidos se produjeron manifestaciones frente a los locales de Footlocker, que se negaba a tomar posición sobre el tema del respeto de la libertad sindical en las empresas que fabricaban sus productos. En Taiwán, los militantes de Focus on Globalization manifestaron ante la sede de la empresa. En Camboya, los trabajadores de las plantas Tainan amenazaron con una huelga 2. En San Salvador, las obreras desfilaron ante la embajada de Taiwán. Al día siguiente, Tainan aceptó el principio de una reunión entre sindicalistas y la dirección, con la presencia de observadores internacionales.
Finalmente, el 21 de noviembre, en una suite del hotel Radisson de San Francisco, las partes en conflicto llegaron a un acuerdo. Tainan se comprometió a invertir el capital necesario para la reapertura de una maquila de 120 máquinas –con la posibilidad de llevarla a 600 máquinas si la demanda lo permite– y a financiar un fondo de compensación para indemnizar a los sindicalistas víctimas de listas negras. Además, los trabajadores estarían representados en el seno de la junta directiva y recibirían el 50% de los beneficios anuales. La nueva empresa adoptó como nombre Just Garments (indumentarias justas).

Margen de maniobra reducido


Sin embargo, ese acuerdo no terminó con los problemas de las obreras. Primer obstáculo: Ricardo Safi, miembro de una de las grandes familias salvadoreñas, que posee el 80% de las tierras e inmuebles de la zona franca de San Bartolo, se negó a alquilar sus locales a una empresa “sindicalizada“. Los otros propietarios decidieron seguir el ejemplo 3. Obligada a recurrir a galpones en mal estado, Just Garments no podía comenzar a producir antes de octubre de 2003: la demanda empezó a escasear.
Gilberto García, miembro del Centro de Estudio y de Apoyo a los Trabajadores (CELA), estrechamente vinculado a la experiencia, asistió a las negociaciones de San Francisco. García recuerda que “el representante de GAP hizo entonces una breve aparición pero se negó a comprometerse en la continuación de la experiencia“. La inédita situación surgida del acuerdo firmado con la empresa taiwanesa pone en evidencia la actitud ambigua de las compañías estadounidenses, que se niegan a entrar en el juego.
Enfrentadas a una nueva campaña de opinión, GAP y Lands End se libraron del problema atribuyendo cada una de ellas una donación a Just Garments, con la que cortaron toda relación. La empresa soporta además el boicot solapado de otras maquilas. “La subcontratación entre maquilas –explica Nelson Morales, el nuevo gerente– representa una parte importante de la actividad del sector. Pero los colegas a los que consulté se niegan a trabajar con nosotros, sugiriendo que sería diferente si la empresa no estuviera ‘sindicalizada’“. En agosto de 2004, cuando ya estaba al borde de la quiebra, Just Garments logró por fin obtener los primeros pedidos.
La lista de pedidos fue creciendo, y actualmente un centenar de obreras trabajan en condiciones diferentes de las que existen en las otras maquilas. Y las muchachas aprecian el cambio: “Puedo hablar con quien trabaja a mi lado, ir al baño o tomar un vaso de agua sin que vengan a reprenderme“. “Una chica embarazada no corre peligro de que la despidan.“ “Nos pagan las horas extras, no tratan de estafarnos.“ Y las que recién llegan a la empresa se llevan otra sorpresa: “Los sindicalistas no se esconden“.
Sin embargo, amortigua Morales, “somos una empresa que enfrenta una competencia despiadada y debe demostrar que es rentable; no somos una ONG que vive del financiamiento externo. Es difícil encontrar un equilibrio entre el ideal inicial y esas limitaciones“. Así es como los salarios son sólo unos céntimos superiores al mínimo legal, y al cabo de un ejercicio anual difícil, la empresa –que apenas llega a equilibrar sus cuentas– no tiene beneficios para repartir entre las obreras (como lo prevé el acuerdo firmado con Tainan).
Para poder ofrecer algún día a sus trabajadoras salarios decentes, Just Garments cuenta con un aumento de la productividad –las obreras y el gerente discuten sobre las mejoras que podrían introducirse en la cadena de producción– y busca nuevos clientes en la red del comercio justo. “Pero no hay que vivir de ilusiones –reconoce García–. Mientras nuestros comanditarios –las marcas y las cadenas de distribución– sigan pagando 2,45 dólares la docena de remeras, que revenden cincuenta veces más caras en sus locales, nuestro margen de maniobra será reducido.“
  1. http://www.studentsagainstsweatshops.org/; Campaign for Labour Rights.
  2. El 22-1-04 fue asesinado Chea Vichea, el dirigente sindical camboyano que había firmado el mensaje de solidaridad con los obreros salvadoreños.
  3. En cuanto a los propietarios inmobiliarios de las zonas francas, el estudio de la PSCC (ver nota N° 10 del artículo principal) indica que constituyen un eslabón a menudo ignorado de la cadena productiva de las maquilas y que para ellos la “paz social“ es un argumento de venta.


Autor/es Philippe Revelli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 73 - Julio 2005
Páginas:7,8,9
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Movimientos Sociales, Trabajo (Economía)