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Historia y memoria en Kosovo

“Multietnicidad”, “derecho al regreso de los refugiados”, “protección de las minorías”: tal es la orientación definida por la cumbre europea de junio, en vista de las negociaciones que deben abrirse este año sobre el estatuto de Kosovo. Más allá de sus relecturas nacionalistas, la historia incita a poner fin al juego pendular secular entre kosovares serbios ortodoxos y albaneses musulmanes, para garantizar los derechos de todos. La comunidad internacional favorece un Kosovo exclusivamente albanés, contradiciendo los valores de una sociedad abierta.

A unos kilómetros de Pristina, la capital de Kosovo, se enfrentan dos lugares de la memoria. Una torre conmemora el recuerdo de la batalla de Kosovo Polje, que una coalición de pueblos cristianos de los Balcanes, liderada por el príncipe serbio Lazar Hrebeljanovic, perdió el 28 de junio de 1389 frente al invasor turco. En Gazimestan, el lugar de esa batalla, Slobodan Milosevic pronunció el 28 de junio de 1989 un discurso en el que rehabilitaba al nacionalismo serbio y firmaba ipso facto la muerte de Yugoslavia ante aproximadamente un millón de serbios. Diez años más tarde, el 28 de junio de 1999, monseñor Pavle, patriarca de la Iglesia Ortodoxa serbia, celebró en el mismo lugar l'opelo (el oficio de los muertos) del príncipe Lazar ante un puñado de fieles, bajo la estrecha protección de los militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que acababan de entrar en Kosovo.

No lejos de allí, se eleva la turbe 1, la tumba del sultán Murad, el otro protagonista de la batalla de 1389. Este hermoso monumento está rodeado por un pequeño jardín y es un sitio tradicional de devoción para los musulmanes de Kosovo. Desde hace siglos el puesto de turbetar (guardián de la tumba) se transmite de padre a hijo en la misma familia, de origen turco. El último turbetar murió en 2001 y su viuda garantiza desde entonces la custodia de los lugares. Esta mujer es una bosnia, una eslava musulmana del Sandjac de Novi Pazar. A pesar de su matrimonio con un turco de Kosovo, nunca aprendió la lengua albanesa ni oculta su animosidad contra los "Shiptari", los albaneses, como los designan con desprecio los serbios y otros eslavos del sur. Dentro de la turbe, un árbol genealógico presenta el linaje de los sultanes osmanlis. La turbe aparece pues como una suerte de monumento reliquia de un Estado que desapareció hace mucho tiempo, el Imperio otomano.

Un territorio en disputa

Seis años después de los bombardeos de la OTAN de la primavera de 1999, Kosovo sigue representando el principal foco de tensiones de los Balcanes. Los bloques políticos remiten a lecturas divergentes de su historia: Kosovo se sitúa en el cruce de las memorias antagonistas de los Balcanes, la memoria serbia y la albanesa, pero también las de los imperios y todos los pueblos que allí se han mestizado.

A priori las posiciones de unos y otros son inconciliables. Los albaneses no quieren hablar de otra cosa que de independencia, una perspectiva inaceptable para los serbios. El lugar que ocupa Kosovo desde hace más de un siglo en los imaginarios nacionales de los dos pueblos está en efecto ampliamente sobredimensionado. Para los serbios Kosovo remite al núcleo territorial controlado desde el siglo XII por la dinastía principesca de los Nemanjic. El hijo menor del fundador de la dinastía, monje en el Monte Athos bajo el nombre de Sava, instituyó la autonomía de la iglesia serbia, reconocida en 1219. Kosovo se encontraba también en el centro de gravedad del Imperio del zar Dusan, proclamado en 1346. Algunos de los más grandes monasterios serbios se encuentran en Kosovo, como Visoki Decani o Gracanica. La ciudad de Pec simboliza la autocefalia -esto es, la independencia eclesial- de la ortodoxia serbia. Aunque resida en Belgrado, el patriarca sigue llevando el nombre de "patriarca de Pec", y recibe simbólicamente su puesto y sus funciones en Kosovo.

Con la batalla de junio de 1389 Kosovo simboliza también la desaparición política de la nación serbia. Los historiadores recuerdan que el resultado de esta batalla no fue decisivo, porque la victoria turca de la Marica en 1371 ya había abierto las puertas de los Balcanes a los conquistadores otomanos. Por otra parte, en 1389 el príncipe serbio Lazar Hrebeljanovic comandaba un ejército que agrupaba desprendimientos de todos los pueblos cristianos de los Balcanes, como los bosnios del rey Tvrtko. El ejército del príncipe Lazar no tenía pues un carácter nacional serbio, dado que el término es anacrónico en la Edad Media.

La batalla del Campo de los Mirlos (Kosovo Polje) ocupó muy pronto un lugar primordial en el imaginario nacional serbio: las canciones populares saludan las proezas de los héroes de esa batalla, al modo de las canciones de gesta de la Edad Media occidental.

Sin embargo, el paso entre esta memoria religiosa y popular de la batalla y la afirmación de una reivindicación política serbia sobre Kosovo sólo se franqueó en el siglo XIX. A partir de los años 1850 el principado serbio, autónomo desde 1830, trataba de extenderse hacia el sur: esta orientación estratégica fue definida por el ministro Ilija Garasanin, el "Bismarck serbio", en su famoso Esbozo (Nacertanje). En efecto, el imperio de los Habsburgo bloqueaba las perspectivas de expansión de Serbia hacia el norte y hacia el oeste, mientras que los territorios que seguían bajo control turco se veían agitados por revueltas recurrentes y sublevaciones nacionales cada vez más virulentas.

El nacionalismo serbio del siglo XIX se apoyará pues sobre la tradición literaria y religiosa referida a Kosovo para justificar sus reivindicaciones políticas: el nacionalismo moderno transforma el mito en reivindicación territorial. El quinto centenario de la batalla de Kosovo Polje, celebrado en 1889, fue la oportunidad para afirmar el nuevo estatus político de Kosovo. Aunque sobre todo debido a la opción mística del príncipe Lazar 2 hasta entonces era la Iglesia Ortodoxa la que celebraba el mito, en realidad ésta sólo desempeña una función marginal en su reescritura. Es cierto que la Iglesia serbia, privada de su centro de Pec desde la supresión del patriarcado en 1776, y replegada en Sremski Karlovci, en Voivodine, entonces territorio austríaco, se vio poco implicada en la emergencia moderna del Estado serbio.

Relecturas nacionalistas

El problema estriba en que al mismo tiempo el naciente nacionalismo albanés se desarrollará también en Kosovo. La Liga de Prizren en 1878 representa en efecto la primera manifestación de ese nacionalismo albanés contemporáneo. Sólidamente integradas en las estructuras del Imperio otomano, las poblaciones albanesas de los Balcanes no se vieron inmediatamente afectadas por la emergencia del nacionalismo, que se afirma en toda la Europa del siglo XIX. Mientras que las rebeliones de los pueblos cristianos hacían vacilar al Imperio turco, las reivindicaciones de los delegados albaneses reunidos en Prizren seguían siendo ambiguas. Se querían súbditos leales entregados al sostenimiento del Imperio, al tiempo que reivindicaban la reunificación y la autonomía administrativa de los territorios albaneses. Al lado de una gran mayoría de musulmanes se cuentan algunos delegados católicos, lo cual subraya el carácter no confesional de la emergencia política de la nación albanesa.

La afirmación concomitante de los dos nacionalismos en un período de crisis aguda del Imperio otomano provocó las primeras violencias "interétnicas" en Kosovo. Mientras que campesinos serbios y albaneses habían cohabitado sin conflictos importantes durante siglos, las violencias se multiplicaron a partir de fines del siglo XIX, desatando el mecanismo infernal de la venganza. La realidad plurisecular de una coexistencia regida por sutiles normas de buena vecindad (komsiluk) no resistió a la afirmación moderna de las naciones.

A partir del momento en que los dos nacionalismos se estructuran y desarrollan reivindicaciones completamente inconciliables sobre Kosovo, proceden también a relecturas contradictorias de la historia de la región.

En esta movilización del pasado, los albaneses parten con graves desventajas. En efecto, la toponimia de Kosovo es ampliamente eslava. Hoy las formas albanesas de los nombres de lugares, cuyo uso quieren generalizar los nacionalistas, suelen ser formas recientemente albanizadas de nombres eslavos. Obligados a reconocer esta realidad, los albaneses la explican por la violencia de la colonización eslava a partir de la Edad Media, subrayando que los serbios habrían llegado tardíamente a la región.

Los albaneses hacen hincapié en las políticas de repoblamiento concertado de Kosovo en los años 1930 y en los años 1990, aun cuando estas dos oleadas de poblaciones nunca concernieron a más de varias decenas de miles de personas que abandonaron Kosovo a partir de 1999.

Los albaneses subrayan además su dimensión de "pueblo autóctono", exaltando sus raíces ilirias. La tribu antigua de los ilirios pobló gran parte de los Balcanes occidentales, tanto que la mayor parte de los pueblos de la región poseen un importante sustrato ilirio, sobre todo en las regiones costeras de Albania, Montenegro o Dalmacia. Nada permite sin embargo afirmar un vínculo privilegiado entre los ilirios de la Antigüedad y los albaneses actuales. Este vínculo en el que insisten los historiadores militantes tiene como objetivo principal exaltar el carácter autóctono de los albaneses, que así pueden presentarse como "el pueblo más antiguo de Europa", comparándose incluso con los griegos 3.

De todos modos, la presencia de los eslavos en la región no es anterior a las migraciones de los siglos VI y VII. Si la historia serbia se desarrolla ulteriormente en Kosovo, si la toponimia de la región es eslava, poco importa, ello resultaría desde la óptica militante albanesa de una conquista "colonial" 4... Lo cual permite a los nacionalistas albaneses concluir que los serbios no tienen "ningún derecho" sobre Kosovo.

Del catolicismo al islam

Los serbios desarrollaron teorías paralelas, subrayando que la ventaja demográfica de los albaneses no apareció verdaderamente sino a partir del siglo XX: el fenómeno no remitiría a una evolución natural, sino a la invasión masiva de inmigrantes procedentes de las montañas del norte de Albania. Los medios nacionalistas serbios anticomunistas acusaban al régimen del mariscal Tito de haber favorecido esta invasión después de 1945, para debilitar a Serbia y al pueblo serbio, al tiempo que leyes restrictivas impedían volver a Kosovo a los colonos de los años 1930. En realidad, las únicas leyes votadas concernían a la reforma agraria, y en algunos casos pudieron ser efectivamente desfavorables a los colonos serbios o montenegrinos que se habían instalado en el período de entre-guerras y habían sido privados de sus tierras.

Otra "ventaja" serbia que los albaneses cuestionan: los monasterios e iglesias ortodoxas. Los nacionalistas albaneses explican de buena gana que estos lugares de ortodoxia habrían sido construidos sobre las ruinas de iglesias y monasterios católicos, naturalmente más antiguos, recordando que antes de su conversión al islam, bastante tardía (se generalizó sólo en los siglos XVII y XVIII), los albaneses de Kosovo eran católicos.

La reasunción oficial de esta teoría nacionalista por la diócesis católica de Kosovo bloquea todas las perspectivas de diálogo ecuménico. En relación a los monjes serbios confinados en monasterios transformados en campos fortificados protegidos por los soldados de la OTAN, los extremistas albaneses persiguen una estrategia doble de denegación: mientras que cerca de 150 lugares de culto ortodoxos fueron objeto de actos vandálicos, profanados o totalmente destruidos desde junio de 1999, los albaneses pondrían en cuestión incluso la identidad ortodoxa de los monasterios todavía intactos...

Esta polémica revela que la batalla por la memoria sigue en su apogeo. En 2002 los diputados serbios decidieron boicotear el Parlamento de Kosovo, como consecuencia de una provocación notoria, que no acarreó reacciones suficientemente fuertes de la autoridad de tutela internacional: el hall de la Asamblea fue decorado con frescos que evocan la historia del pueblo albanés y "olvidan" la historia de los demás pueblos de Kosovo. En realidad, cada uno de los dos pueblos sigue afirmando el carácter exclusivo de sus propios derechos sobre Kosovo. La presencia de los "otros" no puede ser sino el resultado de una usurpación, de la violencia o de la colonización.

La islamización tardía de los albaneses de Kosovo permitió también a ciertas corrientes nacionalistas, sobre todo en torno de Ibrahim Rugova, presidente de Kosovo, presentar esta conversión al islam como un "accidente de la historia". El catolicismo sería la verdadera religión ancestral de los albaneses de Kosovo y permitiría incluso fundar su especificidad identitaria en relación con los albaneses de Albania. En esta construcción ideológica, la reducida comunidad católica de Kosovo (menos del 5% de la población albanesa) goza de una posición privilegiada, así como las comunidades de tradición "cripto-católica", que para eludir las discriminaciones practican un islam de fachada pero siguen siendo católicos 5.

En Albania se atribuyó a las comunidades bektashíes un rol similar en la construcción de la identidad nacional. Esta orden de derviches era particularmente influyente en el sur de Albania, y muchos intelectuales implicados en el movimiento del "renacimiento nacional" (rilindja) de fines del siglo XIX y comienzos del XX surgieron de allí. Sumamente heterodoxo en relación con el Islam sunnita, el bektashismo pudo ser percibido incluso como una confesión específica.

Sin embargo la realidad actual es muy amarga. Desde 1999 la comunidad católica de Kosovo fue víctima de una cantidad de ataques físicos y los derviches, pertenezcan a la orden de los bektashíes o a otras cofradías, son blanco favorito de la intolerancia de quienes tratan de imponer la norma de un sunnismo rigorista. Decenas de turbe fueron destruidas en medio de la indiferencia general, aunque representaban una parte esencial del patrimonio histórico y espiritual de Kosovo.

También allí prevalece una doble lógica. Ibrahim Rugova trata de fundar la identidad de Dardania -por el nombre de la provincia romana cuyo territorio correspondía parcialmente al actual Kosovo- que hundiría sus raíces en el pasado católico de la región, y algunos intelectuales agrupados sobre todo alrededor de la revista Java profesan un anti islamismo militante. Estos intelectuales, como Milgjen Kelmendi, buscan también rehabilitar las variantes locales de la lengua albanesa, estandarizada de acuerdo con la norma tosca 6, vigente en el sur de Albania. Estos esfuerzos persiguen un objetivo concomitante: afirmar una identidad nacional de los kosovares, distinta de la de los albaneses de Albania.

Frágil equilibrio

Este proyecto político fue elaborado a partir de los años 1980, sobre todo en la década siguiente, a propósito de la resistencia contra el régimen serbio de Milosevic. Los intelectuales reagrupados alrededor de la Liga Democrática de Kosovo no perseguían en efecto el objetivo de la "Gran Albania", mucho más cercano para las corrientes surgidas de la guerrilla del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK). Sin embargo este proyecto está a punto de ser barrido por las reivindicaciones de unificación de las tierras albanesas de los Balcanes y la afirmación de un islam sunnita normalizado, que trata de afirmar su poder sobre la sociedad.

¿Cabe imaginar un movimiento de péndulo histórico? Kosovo fue integrado al reino de Serbia en 1913. En el marco de la Yugoslavia real, de 1918 a 1941, se llevaron a cabo enérgicas políticas de centralización y serbización en desmedro de las poblaciones albanesas, que se vengaron durante la Segunda Guerra Mundial. Entonces Kosovo fue desmembrado, el sector minero del norte fue colocado bajo la administración alemana directa, otro sector fue asignado a los ocupantes búlgaros, mientras la mayor parte del territorio integraba la "gran Albania", creada bajo la égida de la Italia de Mussolini.

El movimiento plurinacional de los partidarios comunistas del mariscal Tito se desarrolló sólo muy tardíamente en Kosovo: la Segunda Guerra Mundial vio oponerse fundamentalmente los chetniks (ultranacionalistas serbios) a las fuerzas de ocupación y a sus colaboradores albaneses 7.

Los períodos de dominación de un pueblo sobre otro se alternan: predominio serbio de 1918 a 1941, predominio albanés de 1941 a 1945, predominio serbio en los primeros tiempos de la Yugoslavia socialista, dado que el ministro del Interior, el serbio Aleksandar Rankovic, llevó a cabo una política centralizadora muy suspicaz ante toda manifestación susceptible de apoyar la reemergencia del nacionalismo albanés. La caída de Rankovic en 1965, y sobre todo la nueva Constitución yugoslava descentralizadora de 1974 volverían a dar ventaja a los albaneses. Entre 1974 y 1981 Kosovo pasó por una edad de oro, bajo la dirección de los cuadros comunistas locales, mayoritariamente albaneses.

El desarrollo de las reivindicaciones nacionales albanesas no tardaría en poner en cuestión este frágil equilibrio. Las manifestaciones albanesas de 1981, violentamente reprimidas, apuntaban a elevar a Kosovo al rango de República Federada de Yugoslavia, y las dos orientaciones políticas se desarrollaron a partir de ese momento fundador. Mientras los profesores de la Universidad de Pristina, creada en 1968 y foco del renacimiento nacional, afirmaban la identidad específica de Kosovo, sus estudiantes se incorporaban a los movimientos clandestinos que preconizaban la "Gran Albania", controlados por la Albania estalinista de Enver Hoxha. En los años 1990 estos movimientos, muy implantados en la diáspora albanesa en Europa occidental, dieron nacimiento a la UCK 8.

Desde la supresión de la autonomía en 1989 hasta el año 1999, el régimen serbio de Slobodan Milosevic hizo pesar una mano de hierro sobre Kosovo. Sin embargo la estrategia elegida por los dirigentes albaneses, reunidos en el seno de la Liga Democrática de Kosovo (LDK) de Ibrahim Rugova, que era la "resistencia pasiva no violenta", se tradujo en la edificación de una contra-sociedad, que respondía a la violencia de Belgrado, pero que comprometió también toda posibilidad de futura reconciliación.

Esta creación de una contra-sociedad albanesa se vio acompañada de una intensa propaganda en el exterior, que apuntaba a comparar el status de Kosovo a una situación colonial, donde la población "indígena" (albanesa) sería oprimida por el poder extranjero. En esta perspectiva no faltaron las aproximaciones demográficas: se difundía que más del 90% de los habitantes de Kosovo eran albaneses, aunque las cifras del último censo realizado en 1981 indicaban el 81%.

Los historiadores serbios teorizaron los derechos específicos de su pueblo oponiendo los derechos "históricos" de Serbia a los derechos "demográficos" de los albaneses, netamente mayoritarios, por lo menos desde mediados del siglo XX. Tanto entre los serbios como entre los albaneses, los manuales escolares contribuyen ampliamente a reproducir y fortificar esas lecturas contradictorias del pasado. Seguramente habrá que contar entre los grandes fracasos del protectorado internacional sobre Kosovo la ausencia de toda reforma real de los contenidos de los programas escolares, así como de toda iniciativa que lleve a las diferentes comunidades a superar sus proyectos identitarios antagónicos 9.

Los bombardeos de la OTAN de la primavera de 1999 tenían el objetivo oficial de hacer cesar las exacciones del ejército y la policía serbia, que respondían al desarrollo de la guerrilla albanesa. Los albaneses percibieron sin embargo el compromiso de la Alianza atlántica como un apoyo a su reivindicación de independencia, y recibieron a los soldados de la OTAN como "liberadores"; estos últimos no hicieron nada para impedir la "limpieza étnica en revancha" de la que fueron víctimas los serbios y otras comunidades no albanesas. En realidad, las fuerzas occidentales utilizaron las reivindicaciones albanesas para justificar sus propios objetivos, que consistían fundamentalmente en debilitar el régimen serbio de Milosevic.

¿Los serbios han perdido hoy Kosovo? Si la comunidad internacional debiera comprometerse en un reconocimiento de la independencia de Kosovo sería muy probable un nuevo éxodo de unos 100.000 serbios, que siguen viviendo en lo que cabe denominar un "protectorado internacional".

Al optar por privilegiar y legitimar un discurso nacional, la comunidad internacional carga con una responsabilidad agobiante, porque ha pisoteado los valores, que ella misma proclama, de una sociedad abierta y tolerante.

Al favorecer la emergencia de un Kosovo exclusivamente albanés, sin querer hasta el momento reconocer formalmente su independencia, la comunidad internacional se ha metido además en una terrible trampa, que corre el riesgo de cerrarse sobre todas las poblaciones de Kosovo y hasta podría arrastrar a toda la región a una nueva espiral de violencia.

  1. Las turbe son las tumbas de un santo derviche, a quien se le reconoce un poder de intercesión (como los marabouts en el norte de África) y que son objeto de devoción popular.
  2. En vísperas de la batalla un ángel le habría preguntado al príncipe Lazar Hrebeljanovic si prefería la victoria y el reino de este mundo o el reino espiritual. Lazar optó por el segundo, de acuerdo con el modelo crístico.
  3. Esta proyección en el pasado de la nación moderna es una constante de los nacionalismos. Cabe citar por ejemplo la exaltación de los orígenes "dacio-romanos" de los rumanos, desarrollada bajo el régimen de Nicolás Ceausescu. Entre otros, estos mecanismos fueron estudiados por Ernest Geller, Nations et nationalisme, Payot, París, 1999.
  4. Rexhep Qosja resume las tesis albanesas en La question albanaise, Fayard, Paris, 1995.
  5. Los católicos se concentran en el oeste de Kosovo, en las regiones de Prizren y Djakovica, mientras que la tradición del cripto-catolicismo ha sido particularmente vivaz en Vitina o Gnjilane.
  6. El tosco es un dialecto albanés que se habla en el sur de Albania (N. de la T.)
  7. El padre de Rugova, miembro del movimiento Balli Kombetar, fue ejecutado en el marco de las políticas de depuración llevadas a cabo al final de la guerra.
  8. Christophe Chiclet, "Aux origines de l'Armée de libération du Kosovo", en Le Monde diplomatique, París, mayo de 1999.
  9. Besnik Piula, "Kosovo: l'école et l'experience de l'Etat", Le Courrier des Balkans.
Autor/es Jean-Arnault Derens
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 73 - Julio 2005
Páginas:30-31
Traducción Marta Vassallo
Temas Minorías, Estado (Justicia), Migraciones
Países Albania